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Confieso que de Charles Dickens (1812-1870) sólo tengo el libro Tiempos difíciles. Y recientemente lo he releído pues estamos ante el bicentenario de su nacimiento. Fue traducido al español (al igual que su obra completa que revisó y corrigió Fernando Galván) por Amando Lázaro Ros. Cuenta con 37 capítulos divididos en tres partes y redactados con la maestría de la narración, donde el factor común es el drama laboral, es decir, el abuso de los patrones y empresarios en el auge de la industrialización inglesa. Reinterpreta la realidad social de su tiempo (y un asunto un tanto jalado de los cabellos: el matrimonio), en la que busca desacreditar a la Escuela Utilitarista, creada por Jeremy Bentham (1748-1832).
 
Es la concepción literaria de las desgracias humanas al inicio del liberalismo económico de Adam Smith (1723-1790). Examina cuanto tenía lugar en Inglaterra hacia el siglo XVIII, en el que el hambre, las enfermedades y la pobreza devastaban al pueblo. El periodista Dickens, tal vez pionero del periodismo de investigación, se hacía de información de primera mano para elaborar su creación novelada. Es una lectura para tiempos como los de Grecia, que en la Atenas de Pericles hubo la primera revolución democrática, y que hoy está sumida en los tiempos difíciles del neoliberalismo, la corrupción de políticos y banqueros y los tentáculos del Fondo Monetario Internacional. Esto puede generar la otra revolución, una de nuestro tiempo y expandirse por todo el mundo.
 
Dickens sabía del reto de escribir: “La primera página escrita me está mirando fijamente”. Y narra las huelgas, el malestar obrero, la miseria y desesperación de mujeres y niños (¿nuestros rarámuris?) que no tenían qué comer y vagabundeaban buscando desperdicios. Publicados como reportajes durante cinco meses (en la revista dirigida por él, Household Words), entretejen “los vicios de la vida social, industrial y política”, sin comprender el auténtico significado del sindicalismo. En el texto podemos conocer los tiempos difíciles tras el derrumbe del Muro de Berlín en 1989. Sigue con la Primavera Árabe, las crisis de los capitalismos, la disputa Nueva York-Pekín y el presente caótico de la Unión Europea. El escritor Benjamín Prado publicó una reseña de la obra dickeniana, donde permanece la concepción del célebre inglés sobre la humanidad (El País, 7 de febrero de 2012).
 
Hay que leer y releer Tiempos difíciles, no para caer en la falsa teoría de la repetición de la historia, sino para entender que los nuevos problemas sociales en aumento de este siglo se parecen a los de 1854, cuando se publicó y donde los personajes nos cuentan una historia no muy distinta a la nuestra. Una narración de la realidad social de su época en la que cualquier parecido con la presente es pura coincidencia. Así, la crisis de nuestros problemas, parecidos a aquéllos, hacen de la lectura una obra “para comprender a los seres humanos de más humilde condición”, como si Dickens en su novela, con su misma pregunta “¿hasta dónde alcanzaba él en el futuro?”, tuviera implícita la respuesta al mirar nuestros propios tiempos difíciles.
Ficha bibliográfica:
 
Autor: Charles Dickens
 
Título: Tiempos difíciles
 
Editorial: Cátedra
 
*Periodista
 
 
Fuente: Contralínea 286