Trump y López Obrador: tal para cual desde su populismo

Trump y López Obrador: tal para cual desde su populismo

Los investigadores de la historia, con respecto de la metamorfosis del fascismo y neofascismo que han derivado en las diversas modalidades del populismo –es decir, la elevación de dirigentes y gobernantes en democracias electorales, no solamente con llamados a los ciudadanos, sino a las mayorías de los pueblos con promesas por cumplir–, han coincidido con periodistas que ejercen las libertades de prensa como contrapoder en el contexto del liberalismo político (Ivan Jaksic y Eduardo Posada Carbó, Liberalismo y Poder: Latinoamérica en el Siglo XIX; FCE, 201l) para concientizar “a la opinión pública, uno de los elementos más novedosos del nuevo orden configurado tras la ruptura con el antiguo régimen, cuya dinámica, motivada por los modernos principios de las libertades de pensamiento y expresión”.

Esto es lo que nuevamente está sucediendo con los excesos que lleva a cabo el populismo, recurriendo a la parte del pueblo que lo apoya para imponer sus fines políticos, económicos y sociales, despreciando la división de poderes, cambiando el federalismo por el centralismo y favoreciendo a los presidentes, a quienes ha colocado a manera de monarcas. Es el caso de Donald Trump. Y de Andrés Manuel López Obrador. Ahora ambos presidentes vecinos que, pues, tienen una extensa frontera común. Y que al primero le parece que debe convertirse en un muro infranqueable para impedir la migración de todo aquel que proceda, tanto de la República Mexicana como de lo que resta del centro y sur del continente americano.

El presidente de Estados Unidos de América ya no quiere más inmigrantes pues ya no los necesita como trabajadores, ya que son suficientes los que allá radican: 11 millones de mexicanos, de los cuales 6 millones cuentan con documentos y son los que envían millones de dólares a sus familias; y que son divisas favorables a nuestra economía. López Obrador ha estado insistiendo en que no contestará las provocaciones de Trump, con su sobada frase: “amor y paz”.

Mientras tanto, alza los dos brazos y con dos dedos hace la figura de la “V” y sonriéndose, como lo acaba de hacer al confesar que 3 días después de que Trump advirtiera el cierre de la frontera militarmente para no dejar entra ni con pasaportes ni permisos, López Obrador se enteró. Y que no obstante que no más de 300 asistentes a su mitin “votaron” para que actuara con prudencia, declaró que el populista de allá lo acusó ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU) por no hacer nada para detener el paso de migrantes por territorio mexicano rumbo a la frontera que los separa del sueño americano.

Los dos son tal para cual. El de allá con sus amenazas para alimentar las promesas que constantemente hace a los votantes de su populismo, pues ya está afanosamente trabajando en pos de su reelección. El de acá, escabullándose de las directas de Trump y no sabiendo qué postura tomar: “si reír o llorar” ante el buscapleitos del bisoñé color platino. El señor Trump llenando de promesas a sus conciudadanos del populismo de derecha, que odian a los negros y por supuesto a los migrantes. Y Andrés Manuel López Obrador con su populismo más de centro que de izquierda, maquillado con muchas promesas y ninguna solución, entre otras cosas a la creciente violencia sangrienta.

Todo esto es el poder a la López… de Santa Anna o país de un solo hombre. La fortaleza del capitalismo yanqui le permite a Trump sus arranques populistas. A López Obrador se le cierra el círculo vicioso de su populismo, porque no hay respuestas al capitalismo neoliberal y a las demandas sociales de todo el pueblo y no solamente a los de Morena.

Álvaro Cepeda Neri

[OPINIÓN] [CONTRAPODER]

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