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Como en la novela de Balzac: un asunto tenebroso, cuyo protagonista, en las sombras de la represión, es el perverso Fouché, ahora tenemos que exhibir el lado oscuro del senador con licencia: Javier Corral Jurado, a quien le fascina iniciar su mediocre biografía pública con un título que lo hace aparecer como periodista y defensor de las libertades duramente conquistadas por generaciones y que están implantadas constitucionalmente.
Pero si es dudoso que todavía sea periodista, se puede asegurar que ha traicionado sus antecedentes en el periodismo y, siguiendo los pasos de su compañero de viaje en el PAN, el señor Fox y más allá de éste, no solamente es un individuo que ataca a quien ejerce auténticamente esas libertades de prensa, sino que además, abusando del poder que le da su cargo (al igual que su otro compinche: Fernández de Cevallos), es un inquisidor.
Resulta que el periodista Samuel Schmidt criticó la conducta del citado senador (y ahora, para desgracia de sus más directos conciudadanos, precandidato a la gubernatura de Chihuahua) y el representante de esa entidad en el Senado, Corral Jurado, de inmediato (y en el filo del uso indebido del servicio público, según el Código Penal), de plano ejerció abuso de autoridad, intimidación y tráfico de influencia para, en su calidad de presidente de la Comisión de Comunicación del Senado –la prepotencia y la impunidad de la nueva moral panista–, presionar a una empresa radiofónica y demandar una inquisición administrativa con acento de censura contra el periodista Samuel Schmidt.
La empresa Radio 13, donde el auténtico periodista Samuel Schmidt tenía su espacio, cedió a la muy probable amenaza implícita en el abuso del poder y le aplicó una inquisición administrativa simultáneamente al establecimiento de una censura, a consecuencia de los coléricos ataques a las libertades de prensa del pseudo-periodista Javier Corral.
Quien por cierto, de dientes para fuera, se ha presentado también como un adalid de esos derechos constitucionales y exigente reclamador de que se cumpla con la Ley de Acceso a la Información. Pero, cuando Samuel Schmidt, ejerciendo la libertad de prensa, le solicitó información sobre su conducta de precandidato y el uso escandaloso de dinero en su precampaña, el señor Corral negó información y pisoteó los artículos 6 y 7 constitucionales.
Corral Jurado quiere ser candidato del PAN a la gubernatura de Chihuahua, donde, ahora mismo, el actual gobernador Patricio Martínez a través de su procurador persigue a la periodista Isabel Arvide, por críticas de ésta al procurador de embestidas a las libertades de prensa.
Así que, suponiendo sin conceder, que Corral Jurado fuera el candidato panista y, además, resultara triunfador en las urnas, entonces Chihuahua continuaría bajo el mismo régimen de abuso del poder contra esas libertades, que ahora ejecuta Patricio Martínez. Javier Corral Jurado es, pues, el doble del actual (des)gobernador. Este del PRI y aquel del PAN, para que se cumpla, palabras más, palabras menos, aquello de que el cambio es para que todo permanezca igual... y hasta peor. Priístas y panistas son más de lo mismo.
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