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A ojos de la opinión pública mundial el gobierno de Luiz Ignacio Lula da Silva en Brasil aún representa la gran esperanza democrática para América Latina, no así para los miembros del Movimiento de los Trabajadores Sin Tierra (MST), que contribuyeron con los miles de votos que llevaron a Lula al poder, y que hoy se muestran escépticos y desencantados de su administración.
La causa: Lula aún no envía al Congreso la iniciativa de reforma agraria –principal demanda del MST- y en los últimos meses el acoso contra los campesinos sin tierra se ha recrudecido a manos de grupos paramilitares, financiados por los hacendados, para desintegrar el movimiento social más importante de América Latina, y para mantener en sus manos el 46 por ciento de la extensión territorial del país.
A pesar de la represión, el MST no cesa en su lucha; de enero a noviembre de 2003, según estadísticas del Ministerio de Desarrollo Agrario, el movimiento ha incrementado la ocupación de tierras en un 70 por ciento, con respecto al año anterior.
Al mismo tiempo, la dirigencia del MST califica como poco significativos los avances de la administración de Lula y peor aún, señalan que si al concluir el primer año de gobierno no se observan resultados, comenzarán los peores años de la lucha por la tierra en Brasil.
Rogerio Mauno, miembro de la dirigencia nacional del MST, señala que la administración de Lula Da Silva está llena de contradicciones porque dentro del gabinete hay lo mismo políticos de la izquierda histórica del Partido del Trabajo que representantes de la derecha.
“Incluso representantes de los terratenientes, y sabemos que éstos están ejerciendo mucha presión sobre Lula, aunque el presidente ha manifestado su interés en la reforma agraria, no basta sólo con la voluntad política, falta que actúe”, destaca.
El principal problema que enfrentan los campesinos de Brasil, es el de la tierra, que es el mismo gran problema que hay en todo el mundo, dice Sebastian Pyneiro, otro de los dirigentes del MST.
“El problema de la tierra es el más grave en toda América Latina, igual que en México, donde los campesinos aunque tengan tierra no reciben del gobierno los apoyos suficientes para trabajarlas. Los campesinos bolivianos no tienen tierra, los paraguayos tampoco, los argentinos son expulsados de las tierras, los uruguayos también.
Tenencia de la tierra
Enmedio del clima hostil de tensión y represión social que ejercía el régimen militar de Joao Baptista da Oliveira Figueiredo en el país con mayor desigualdad distributiva de América Latina, en 1984 surgió el Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra, bajo la influencia de grupos religiosos que propagaban la Teología de la Liberación, entre ellos la Comisión Pastoral de la Tierra (CPT).
Sacerdotes y laicos recorrían el campo pregonando la necesidad de que el campesinado se organizara para luchar y resolver sus carencias y algunos de ellos les tomaron la palabra, se organizaron en pequeños grupos de familias para la ocupación de tierras.
A diecinueve años de su fundación, el MST ha conseguido asentar por éstas vía a unas 400 mil familias y a otras 100 mil distribuirlas en 500 campamentos en 23 de los 27 estados de Brasil.
Se trata de un movimiento social que no cuenta con estatutos ni una dirigencia personal, sino colectiva. Su estructura se basa en principios organizativos, dividida en Comisiones de Bases, de Municipios y Estatales, y la Comisión Coordinadora Nacional, el órgano máximo de representación.
Las bases las forman grupos de 20 o 30 familias en cada campamento, que aguardan el momento para ocupar alguna tierra, y formar pequeñas comunidades rurales llamadas ‘agrovilas’.
La lucha nunca cesa. Ocupadas las tierras, los campesinos realizan marchas, manifestaciones, huelgas de hambre, campamentos improvisados en las ciudades o a la orilla de las haciendas, para que se les permita trabajar las tierras, sin el riesgo a ser desalojados por los latifundistas, hecho que infunde un temor constante.
Paramilitares en oferta
Paraná es un estado situado en la región sur de Brasil, con una extensión de 199.709 kilómetros cuadrados, es una de las zonas con mayor presencia del MST, y también el escenario donde los campesinos sin tierra han sufrido la mayor represión por parte de los hacendados en toda la historia del movimiento.
Semanas después de que Lula tomara el poder, los hacendados hicieron lo propio, reforzando a los grupos paramilitares que les servían para detener y asesinar campesinos. Una de estas organizaciones paramilitares merece atención especial. El Sindicato Nacional de Productores Rurales (Sinapro), que desde el mes de julio comenzó a promocionar un servicio de seguridad privada que incluye a personal fuertemente armado, cuenta con helicópteros, vehículos y perros para “cazar” a los miembros del MST a fin de evitar las ocupaciones.
Lidereados por Narciso Rocha Clara (quien enfrenta siete procesos judiciales por distintos delitos en distintos estados de Brasil), el Sinapro anunció la llamada “Operación Tolerancia Cero”, un paquete de seguridad creado por el Sindicato en coadyuvancia con la agencia de seguridad privada American Security, que ofrece a los hacendados los servicios de los pequeños ejércitos fuertemente armados, cuyos miembros son seleccionados por el propio Narciso Rocha.
Por el pago de una cuota mensual, Rocha ofrece a los hacendados además un seguro de vida y una especie de jubilación.
Otro de los grupos paramilitares que operan en Paraná son la Unión Democrática Rural (UDR) y el Primer Comando Rural (PCR). La UDR es el grupo paramilitar que más ha cobrado la vida de los campesinos.
Los grupos paramilitares rinden buenas cuentas a sus contratistas. En lo que va del 2003, 30 campesinos han sido asesinados a manos de estos grupos, denuncia Carlos Lima, representante de la Comisión Pastoral de la Tierra de la Iglesia Católica brasileña.
Además de los muertos, hay decenas de campesinos en prisión con penas mínimas de dos años, debido al decreto de junio de 2001, del entonces presidente Fernando Henrique Cardoso, de condenar a dos años de prisión por cada invasión de tierra.
Gregorio Dionis, representante del Equipo Nizkor, organismo de defensa de los derechos humanos con sede en Estados Unidos, señala que la mayor represión contra el MST viene desde el gobierno de Jaime Lerner, en 1995, y es que, tan sólo ese año fueron asesinados 16 campesinos, encarcelados otros 468, y 322 más sufrieron torturas.
Por otro lado, la Comisión Pastoral de la Tierra indica que en los últimos ocho años, en Brasil han sido asesinadas alrededor de 2 mil personas, entre líderes, sindicalistas, religiosos, abogados e incluso diputados estatales miembros del Partido de los Trabajadores (PT), en crímenes ligados a conflictos agrarios.
De todos estos casos, sólo 58 han sido llevados a los tribunales, por los que se han dictado 11 condenas, de ellos 8 acusados se dieron a la fuga y únicamente tres cumplen condena en distintas prisiones de Brasil.
Amnistía Internacional señala que como parte del Pacto Internacional de los Derechos Humanos, el gobierno de Brasil está obligado a proteger a los activistas que pugnan por una reforma agraria, además de garantizar los derechos humanos en conjunto. El organismo recibe denuncias constantes por maltrato de los campesinos, principalmente del estado de Paraná a manos no sólo de los grupos paramilitares, sino de la Policía Militar brasileña.
Otra de las denuncias que ha hecho pública el MST es la enorme corrupción que existe entre la Policía Federal de Brasil con los fazendeiros que utilizan milicias armadas, incitan a la violencia y mantienen vínculos con el narcotráfico y el contrabando de armas
El dilema de Lula
La relación entre el presidente Luiz Ignacio Lula da Silva y el MST es añeja, desde que se desempeñaba como líder del movimiento obrero en Brasil (1984), Lula simpatizó con el recién concebido movimiento. Luego, la relación política se fortaleció cuando tomó el cargo de presidente del Partido de los Trabajadores (PT).
En las cuatro ocasiones en que se postuló como candidato a la presidencia de Brasil, el MST le brindó todo su apoyo de manera abierta, y el que finalmente desde enero pasado ocupara la presidencia, significó para la lucha del MST un nuevo aliciente, sin embargo, ahora los ánimos son otros.
El pasado 2 de julio la dirigencia del MST se reunió con Lula para presentar una propuesta para la reforma agraria a manera de que el presidente la llevara ante el Congreso, en la que destaca la petición de que los 100 millones de hectáreas de tierra reportadas por el Instituto Nacional de Colonización y Reforma Agraria como tierra ociosa, sean expropiadas por el Estado y entregadas a los campesinos.
Con las tierras en manos de los campesinos, el MST garantiza la producción de alimentos a bajos precios y sobre todo la eliminación de los monocultivos bajo los que los latifundistas han limitado la producción del campo con una visión no de consumo interno, sino de exportación hacia los países industrializados.
Sobre la reforma agraria la exigencia es que ésta debe desarrollarse como un proceso amplio, permanente y de largo plazo.
“La tierra debe ser entendida como un bien de la naturaleza al servicio de la sociedad. Un bien de todos para atender las necesidades de todos. En este sentido, su propiedad debe estar subordinada al cumplimiento de esa función social. Y por lo mismo será necesario un amplio programa de expropiación de los latifundistas, y su distribución entre quienes trabajan esas tierras”, indica el documento que el MST entregó a Lula da Silva, en que se denuncia la existencia de haciendas ligadas al narcotráfico; que no cumplen con las leyes de trabajo y mantienen a sus empleados en condiciones de esclavitud.
En aquel encuentro Lula les prometió que la reforma agraria sería la prioridad de su gobierno durante el segundo semestre del año, aunque no ha movido un solo dedo al respecto, de allí el desencanto.
Trece días después de la reunión con Lula, fue detenido y condenado a 4 años de prisión José Rainha, uno de los líderes históricos del MST.
La impunidad también se mantiene inalterable, el 2 de septiembre en el estado de Paraná fue asesinado Paulo Sérgio Brasil, otro de los líderes del MST. Luego el 9 de septiembre Luciano Alves da Silva, otro joven dirigente de 28 años de edad también fue muerto a manos de un grupo de hombres que, a bordo de una motocicleta, le dispararon mientras caminaba a por uno de los asentamientos en el estado de Alagoas.
Bernardo Manzano, especialista en movimientos sociales e investigador de la Universidad de Paraná, señala que sólo una reforma agraria integral contribuirá a eliminar gradualmente la gran desigualdad social y económica que existe en el coloso de Sudamérica.
Datos del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística, señalan que el 13.9 por ciento de la población de Brasil recibe el 88.0 por ciento del total de los ingresos, en tanto que 32 millones de brasileños (una quinta parte de la población total del país) sobreviven en la pobreza absoluta y son considerados como indigentes.
Para la Organización Mundial de la Salud, el 50 por ciento de los brasileños (65 millones) se alimentan por debajo de las necesidades mínimas.
Bernardo Manzano agrega: “Lula debe tener conciencia de que a él le corresponde cambiar ésta realidad; que su gobierno debe hacer la reforma agraria, porque si no, tendremos que comenzar la historia nuevamente, iniciar una nueva lucha por la democracia”.
Aunque a lo largo de su historia el MST ha sido descalificado por los distintos gobiernos del país, al exterior ha recibido el reconocimiento del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) que le hizo entrega del premio UNICEF-Itaú por su trabajo educativo con niños y jóvenes, y el gobierno de Bélgica le entregó el Premio Rey Balduino, la más alta distinción de aquél país por su acción a favor de la reforma agraria.
La socióloga chilena Marta Harnecker, directora del Centro de Investigaciones Memoria Popular Latinoamericana, define al MST como uno de los más importantes en la historia de América Latina y señala que “a pesar de los intentos por ignorarlo, aislarlo y reprimirlo, ha logrado crecer y consolidarse como el principal referente nacional de la lucha contra el neoliberalismo, promoviendo la articulación de varios sectores excluidos por el sistema: los sin tierra, los sin techo, los sin trabajo”.
Días de incertidumbre
Fundador del MST, Rogerio Mauno reflexiona: “Antes de que Lula llegara a la presidencia decíamos que el principal problema para la reforma agraria era la falta de voluntad política, ahora con Lula, decimos que el principal problema son las fuerzas contrarias de los terratenientes que tienen mucha presencia en el Congreso; hablamos de más del 20 por ciento de los diputados federales y más del 40 por ciento de los senadores”.
-¿Lula sigue siendo la gran esperanza del MST?
-Tenemos miedo de que la esperanza acabe. Si en los primeros días de enero, cuando comienza el segundo año del gobierno de Lula no cambia la situación, la esperanza estará perdida.
Miembros del MST
detenidos bajo el
gobierno de Lula
José Rainha Júnior, Felinto Procópio, Teodoro Sampaio, Diolinda Alves de Souza, Cledson Mendes, Márcio Barreto, Messias Duda, Eduardo de Morais, Zelitro Luz, Valmir Rodrigues Chaves, Sérgio Pantaleao, Roberto Rainha, Antonio Francisco da Silva, José Inácio da Silva, José Luiz dos Santos, José Martins de Farias, Marcelo Francisco da Silva, Severino José da Cruz, Severino Ramos dos Santos, Ivanildo Francisco da Silva, Josnei Dias, Claudinei Lúcio Soares dos Santos, Valdinei Vicente Silva, Miltos Felipe de Moraes, Carlos Aparecido Ferrari, Antonio Alves de Lima.
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