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Maquillaje al templo de Quetzalcóatl
Nancy Flores

Los trabajos de restauración en el templo de Quetzalcóatl, Teotihuacan, ponen en riesgo la conservación total de los relieves y esculturas que adornan su fachada por negligencia de las autoridades del INAH


Necesaria restauración multidisciplinaria

   
   

El templo de Quetzalcóatl, “Dios del viento”, se pierde por la arbitrariedad de los funcionarios del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), quienes ignoran intencionalmente el estudio científico que realizan sus arqueólogos y algunos especialistas de la Universidad Nacional Autónoma de México y de la Universidad Autónoma de Chapingo.

El 1 de julio de 2003, el INAH inició los trabajos de restauración de la fachada, ignorando el estudio científico que realizan, desde hace más de cinco años, sus arqueólogos y algunos especialistas de la Universidad Nacional Autónoma de México y de la Universidad Autónoma de Chapingo.

Geólogos, arqueólogos, ingenieros y químicos investigan, al margen de la restauración, cuál es el origen de los daños en el inmueble y cómo pueden aminorar sus efectos. La fecha para concluir estos trabajos aún no se sabe.

Manuel Reyes, especialista en materiales del Instituto de Investigaciones Antropológicas (IIA) de la UNAM, colaborador del estudio, reconoce que “la restauración en el templo es una escenografía; están maquillándolo, no están atacando el problema porque no trabajan a partir de un estudio multidisciplinario”.

Asegura que la falta de análisis en el proceso de rescate de cualquier monumento en lugar de beneficiar recrudece el daño. “Sin un estudio que revele cuáles son las causas y cuáles los efectos del deterioro, el trabajo de restauración podrá contar con mucha buena voluntad pero no beneficia al inmueble; si no se emplean los materiales correctos en lugar de ayudar, se perjudica más al patrimonio”.

“Hasta ahora las intervenciones no han servido de nada, al contrario, le han perjudicado porque los productos que se le han aplicado en lugar de proteger han creado barreras”, dice Reyes.

En la actualidad, sólo la fachada conserva parte de las vistosas esculturas que le dan el carácter de monumento artístico; pues el templo, ubicado en la Ciudadela, ha perdido más del 80 por ciento de los atavíos prehispánicos que recubrían todo el contorno cuadrangular.

Restauraciones desafortunadas
Hace 27 años Luis Torres, investigador especialista en materiales del IIA, realizó el primer estudio para conocer las condiciones de vida del templo. El experto recuerda que el área presentaba niveles de deterioro normal. “El desgaste que tenía era lo que se esperaba en el edificio a partir de su exposición al ambiente”.

Dice categórico: “el problema no era muy grave; pero hace seis años cuando Rubén Caldera, entonces arqueólogo curador de la zona, nos llamó (a Manuel Reyes y a él) el deterioro era terrible y no se correspondía con el nivel normal de desgaste previsto a partir del primer estudio; desde ese momento empezamos a analizar el fenómeno”.

Contrario a lo que se espera de una intervención especializada, las restauraciones son la mayor amenaza para las serpientes emplumadas que adornan la fachada del edificio con mayor valor estético de Teotihuacan.

Al respecto, Luis Torres explica que “durante los últimos 20 años, algún arquitecto o arqueólogo, no se sabe quién, tomó la decisión unilateral de ponerle al templo una concha de concreto con piedra que permite la filtración de agua pero no su evaporación natural”.

Para los monumentos históricos, y en general para cualquier construcción, el elemento más perjudicial es el agua. En el caso del templo de Quetzalcóatl, hasta ahora los especialistas han encontrado niveles alarmantes de humedad.

“Hemos comprobado que la piedra está muy deteriorada. El grado de alteración es muy avanzando y si no le ponen atención en pocos años perderemos el monumento. Sus relieves y esculturas se volverán piedras sin forma, los restos perderán su belleza estética y todo será lavado por la lluvia”, advierte en entrevista Manuel Reyes.

Al referirse a la actual intervención del INAH en la fachada, el especialista enfatiza, “aunque los restauradores tengan la mejor intención, si no hay un estudio y si la conservación no ataca las causas, el proceso de degradación continúa aún por debajo de los productos que se le aplican”.

Señala un ejemplo muy claro: “durante la toma de muestras encontramos que algunos relieves en forma de caracoles se sostienen por una costra de polímero (plástico empleado en las restauraciones). Por debajo de esta cáscara la piedra está totalmente pulverizada, el daño es irreparable; en estas condiciones la restauración no hace nada más que ocultar el deterioro”.
Humedad en el “dios del viento”

Los estudios han revelado que el mayor problema en el templo de Quetzalcóatl es el exceso de humedad. Además de la capa de concreto que le fue aplicada para sellar el paso de la lluvia, la zona de la Ciudadela carecía de un sistema de drenaje.

Con estas características, la única salida que tiene el agua es a través del material más poroso ubicado precisamente en la fachada, pues el concreto no permite que el agua se evapore y salga a la superficie.

Además de la humedad, las piedras padecen otro problema: las sales (tanto del suelo como del cemento) que son arrastradas hacia la fachada y se depositan y cristalizan durante el proceso de secado en el interior de éstas.

Manuel Reyes explica que “las sales ejercen presión en el sistema poroso de la piedra, con varios ciclos de humectación y secado el material llega a debilitarse y se fisura, los fragmentos se desprenden y caen provocando nuevas entradas al agua de lluvia, el fenómeno se incrementa con el paso del tiempo. Por eso, dice, es importante atacar las causas del deterioro”.

El proyecto de conservación del templo de la serpiente emplumada contempla dos áreas: la arqueológica y la de restauración. Pese a que los arqueólogos habían denunciado ante las autoridades del INAH las condiciones del templo, no fue sino hasta este año cuando recibieron presupuesto para reconstruir el drenaje en la zona norte de la Ciudadela.

Desde hace un año, aún sin el reconocimiento de las autoridades, comenzaron los trabajos para rehabilitar el sistema de drenaje prehispánico. El proyecto también pretende restituir los pisos del conjunto residencial que se encuentra al norte del templo, y así evitar las filtraciones por el subsuelo.

La arqueóloga francesa encargada del proyecto, Julie Gazzola, explica brevemente que como parte de los estudios hace un año se colocaron tres estaciones meteorológicas para tomar la temperatura del ambiente y de las piedras, también existe un registro fotográfico de los daños, y se analizan algunas piedras para saber de que material se trata y con qué productos fueron restauradas anteriormente. “Los análisis están todavía en curso”, aclara.

Las autoridades del INAH han ignorado estos esfuerzos, dice Torres: “el estudio es una parte mínima pero muy importante en el trabajo de restauración; casi nunca se hace porque no hay conciencia de su valor. Muchas veces nos piden análisis posteriores a la restauración, y si los materiales empleados no eran adecuados, ni modo, ellos ya terminaron el trabajo”.

 

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