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Jaque Mate en Colombia
Texto y fotos: William Fernando Martínez
El pasado 8 de noviembre recuperó su libertad Gilberto Rodríguez Orejuela, el capo más fuerte de la mafia colombiana, luego de purgar siete años en pisión. Con mucha habilidad su equipo de abogados aprovechó las fisuras del sistema judicial colombiano.

BOGOTÁ, COLOMBIA.- Decenas de periodistas, camarógrafos de televisión y fotógrafos extranjeros se apostaron contra la reja de la cárcel de Cómbita, a tres horas de Bogotá, el día que se informó que Gilberto Rodríguez Orejuela, conocido como "el Ajedrecista", saldría libre. Durante doce horas se desató una lucha entre los poderes Ejecutivo y Judicial que terminó poco después de las 10 de la noche, cuando los canales nacionales de televisión interrumpieron las telenovelas de más alta audiencia para transmitir en directo la salida de Rodríguez.

A los ojos de más de 30 millones de colombianos, caminó 200 metros, atravesó la reja donde estaban los periodistas y se subió a un Toyota Land Cruiser blindado que tras el chirrido de sus llantas se perdió en la autopista protegido por una caravana de escoltas fuertemente armados.

Minutos después, en el Palacio de Nariño, el presidente Álvaro Uribe comenzó una rueda de prensa con estas palabras: "No tenemos como ponerle la cara al mundo. Pero hicimos todo lo posible para evitarlo".
A pesar de haber librado la más difícil batalla jurídica desde que llegó al poder, fiscales especializados volvieron a examinar uno a uno los expedientes, funcionarios de prisiones sometieron a Gilberto Rodríguez a los más exhaustivos procedimientos: exámenes médicos, nueva toma de huellas y entrega detallada de la celda.

Hasta el gobierno de Estados Unidos rebuscó en sus archivos en busca de cualquier indicio de los crímenes no confesados por el capo, pero todo fue inútil. A las 10 de la noche un vocero de Presidencia dio el parte de derrota en el forcejeo con el narcotráfico.

"El Ajedrecista" y sus abogados lo habían planeado todo de manera milimétrica. Teniendo en cuenta que el habeas corpus -figura jurídica que le daba la libertad- es un derecho consagrado en la Constitución, el gobierno contaba con apenas unas cuantas horas. Los fiscales intentaron establecer si había mérito o no para abrirle un proceso a Rodríguez y dejar sin sustento el habeas corpus. El vicepresidente Francisco Santos, de otro lado, declaraba: "No vamos a violar la ley. Estamos recurriendo a todos los mecanismos jurídicos".

Pero todos los esfuerzos fueron insuficientes. Apenas terminaba un aguacero que duró todo el día y dejó empapados a los periodistas que esperaban la salida de "el Ajedrecista" en la cárcel de Cómbita, se escuchó una voz que luego se repitió como un eco: "ahí viene". A las 10:23 de la noche, Rodríguez Orejuela, apareció en la distancia, vistiendo un buzo de lana blanco y un pantalón café. Lo acompañaba su abogado, Antonio Cajelly, quien cargaba una bolsa negra con objetos personales.

La sociedad reaccionó de inmediato. La indignación de miles de colombianos que pedían justicia retumbó sin cesar en la radio, la televisión y en la prensa escrita. Familiares de personas que sirvieron como "mulas" al narcotráfico y que hoy cumplen condenas de más de diez años de prisión en diferentes cárceles del mundo protestaron airadamente. Por su parte, el Departamento de Estado de los Estados Unidos, por medio de su vocero, dijo que no compartía la falta de efectividad de sistema judicial colombiano.

Conexión en México
Desde sus celdas, los hermanos Miguel y Gilberto Rodríguez Orejuela continuaron controlando el tráfico de cocaína de Colombia hacia México, a través de un abogado de apellido López que los visitaba en prisión para definir las nuevas rutas. Así lo testificó el agente especial de aduanas Edward Kacerosky en una corte federal de Miami con base en conversaciones con José Luis Pereira Salas, uno de los seis acusados en el juicio de "Piedra angular" en contra de los Rodríguez.

Pereira, detenido en la Ciudad de México el 28 de mayo de 1996, está acusado de participar en la importación de cerca de 200 toneladas de cocaína entre 1993 y 1995 y de ser la conexión entre los carteles de Cali y de Juárez, que lideraba el desaparecido Amado Carrillo Fuentes.

El gobierno mexicano tenía la intención de deportarlo a Bolivia, su país de origen, pero el avión hizo una escala en Miami, donde fue detenido por las autoridades, entre las que se encontraba el agente Kacerosky. Éste declaró que entró al avión y empezó a hablar con Pereira hacia las 10 de la noche del 29 de mayo de 1996 y le informó que tenía un proceso pendiente en Estados Unidos por cargos de conspiración y lavado de dinero.

Poco a poco Pereira le fue contando a Kacerosky algunas de las intimidades del cártel de Cali y de la conexión mexicana. Pereira le reveló que se había reunido varias veces con Miguel Rodríguez Orejuela, pero que su hermano Gilberto era el responsable de la ruta de México y que las relaciones entre los carteles se habían deteriorado por una deuda no cancelada por los mexicanos, por lo que los Rodríguez pusieron en duda su propia fidelidad.

Kacerosky le preguntó a Pereira si era verdad que en cada avión que salía de Cali hacia México, a través de San Andrés, venían 40 mil kilos de cocaína, y éste le dijo que se despachaban hasta 45 mil en cada vuelo y reconoció su participación en por lo menos uno de esos envíos.

Durante la conversación, Pereira también le dijo al agente que reemplazaron los aviones por barcos pesqueros que salían del Pacífico colombiano al puerto de Mazatlán. Contó que tres hombres de Carrillo manejaban la operación colombo-mexicana: Lucio Cabañas, "el brujo", en el Distrito Federal; Alcides Magaña, en Cancún, y Eduardo González, "Lalo", en Mazatlán.

Pereira también confesó en ese momento que había dos formas de introducir la droga a Estados Unidos distintas a la ruta de Ciudad Juárez. Una, a través de San Isidro, en California, y otra por Laredo o Bronsville, en Texas. Dichos envíos se hacían en cargamentos de tortillas o de tomates.

La sentencia
A Gilberto Rodríguez Orejuela le correspondía seguir en la prisión de Cómbita, en la cárcel de máxima seguridad, hasta el año 2016. Sin embargo, desde que lo capturaron el 5 de junio de 1995, Rodríguez aplicó junto con sus abogados todas las estrategias posibles para lograr descuentos en el número de años de reclusión y poner a su disposición todas las oportunidades que los códigos penales le permitían.


"El Ajedrecista" fue encontrado culpable de enviar 68 embarques de cocaína al exterior, la falsificación de documento privado y públicos, y portación ilegal de armas. Inicialmente, el juez impuso una pena de siete años de prisión, pero después la condena aumentó a 21 años por otras acusaciones.

Las primeras rebajas se dieron en enero de 1997 cuando un juez sin rostro de Cali le dio su primer descuento de penas. El juez tuvo en cuenta el que Rodríguez, ante la Fiscalía, un año después de su captura, aceptara su culpabilidad y por eso le rebajo 42 de los 252 meses, es decir o, la sexta parte. La cifra siguió bajando porque Rodríguez se acogió a una figura legal conocida como la "sentencia anticipada". Por eso le restaron 84 meses, quedando la condena en 126, que equivalen a 10 años y seis meses.

Tras su captura, con su hermano Miguel, fue trasladado al pabellón de máxima seguridad de la penitenciaría La Picota en Bogotá. El 29 de septiembre del 2000 fueron remitidos a la penitenciaría de Palmira (Valle). Gilberto trabajó en prisión durante 14 mil 584 horas en diferentes actividades, por eso la jueza primera de Ejecución de Penas, María Cristina Saavedra, otorgó una redención de penas por los años laborados y de estudio en el penal del Valle.

La jueza aseguró que los Rodríguez fueron alumnos a distancia de un programa de educación superior en la Universidad de Santo Tomás de Aquino. También se beneficiaron de convenios suscritos entre el Inpec y las universidades Luis Amigó, Antonio Nariño y Santiago de Cali para realizar estudios en contabilidad, crecimiento personal, espíritu empresarial, habilidades gerenciales, dirección de talento humano, gestión administrativa, inglés, mercadeo y ventas, pedagogía activa, sistemas. Además, recibieron capacitación uno como entrenadores.

En cuanto al trabajo se dedicaron a la fabricación de muñecos de peluche, cajas de cartón y empaques para regalos. "En las cárceles se busca mantener ocupados a los reclusos, en Palmira hay un programa de embellecimiento del penal, otras de cría de porcinos y plantaciones", dijo la funcionaria. Los hermanos habrían cursado parte de los programas de extensión universitaria y nivelación de educación primaria y secundaria que beneficiaron a los 284 reclusos del penal. Por lo anterior, Miguel Rodríguez obtuvo una redención de 37 meses y 17 días, y Gilberto, de 35 meses.

El balance también incluye a la penitenciaría Picota, donde según la fiscalía: "Ellos pagaban un profesor de inglés y solicitaron que les dejaran introducir un violín y un violonchelo". Además se les permitió adecuar una cafetería donde vendían refrescos y otros productos. Después pidieron cursos de literatura y de otro idioma distinto al inglés. Como consecuencia, al cumplir siete años y cinco meses de prisión, más de tres quintas partes de la pena, el juez segundo de Ejecución de Penas, Pedro Suárez, decidió darle la libertad condicional a Gilberto Rodríguez Orejuela.

Los códigos Penal y de Procedimiento Penal del año 2000, aprobados por el Congreso de la República después de un largo trámite de más de dos años, fueron objeto, en su momento, de un estudio minucioso por parte de la casi totalidad de las universidades, colegios de abogados, jueces y fiscales y todas las instancias de Estado. Los proyectos de ley respectivos, que respondieron a un esfuerzo serio de reforma judicial, fueron preparados por una comisión de la Fiscalía y por el doctor Carlos Arturo Gómez Pavajeau, hoy viceprocurador general de la nación. Esa comisión alternó en sus sesiones de análisis con los más connotados profesores de derecho penal del país.

Estos códigos -que fueron criticados por su severidad punitiva- aumentaron significativamente las penas previstas para los delitos de narcotráfico. Entre otros, el delito de testaferrato pasó de una pena máxima de seis años a 15 años de prisión. El tráfico de estupefacientes se incrementó de seis a 20 años a una pena de ocho a 20 años de prisión.

El mecanismo de la libertad condicional -que ha existido siempre- ya venía regulado en la ley 415 de 1997. Los condenados a penas superiores a tres años, pueden recurrir a este beneficio una vez cumplidas las tres quintas partes de la condena, siempre que hayan observado buena conducta en el establecimiento carcelario.

Otras posibilidades de rebajas punitivas, tales como la confesión y la colaboración, reguladas en disposiciones anteriores sin estas restricciones, fueron recortadas drásticamente en sus alcances por los códigos del año 2000, pero los Rodríguez están amparados por el Código Penal y por sometimiento a la justicia según la ley 81 de 1993.

Gilberto Rodríguez Orijuela

Al ser capturado | Al salir de la cárcel

El resto del cártel
A los hermanos Rodríguez Orejuela, cabezas del cártel de Cali, le seguían en orden jerárquico José Santacruz Londoño, Hélmer Herrera Buitrago, Víctor Patiño Fómeque, Phanor Arizabaleta Arzayús y Henry Loaiza Ceballos. Los cinco están con vida, y hoy cuatro continúan detenidos.

Gilberto Rodríguez Orejuela goza de libertad condicional desde el pasado jueves 8 de noviembre. "El Ajedrecista" fue encontrado culpable de enviar 68 embarques de cocaína al exterior, además de falsificación de documento privado y público y de portación ilegal de armas. Inicialmente se le impuso una pena de siete años de prisión. Pero después, cuando la condena aumentó a 21 años por otras infracciones, comenzó la cuenta regresiva por beneficios.

Miguel Rodríguez Orejuela, conocido como "el Señor", fue condenado a 16 años de cárcel en 1996 por narcotráfico. Un juez de Palmira le concedió este año una rebaja de 37 meses y siete días de su condena por estudio y trabajo en las cárceles La Picota y Palmira. Cuando estaba a punto de salir de la cárcel de Cómbita, un fallo del Tribunal Superior de Bogotá lo mantuvo en esa prisión: fue hallado culpable del delito de cohecho, por lo que tendrá que pagar 48 meses de prisión.

José Santacruz Londoño fue capturado por las autoridades en 1995, pero se fugó de La Picota, en Bogotá, el 11 de enero del año siguiente. Las autoridades lo abatieron en las afueras de Medellín dos meses después. Santacruz fue llamado a juicio por ser el presunto autor intelectual del asesinato del gobernador de Antioquia, Antonio Roldán Betancur, ocurrido el 4 de julio de 1989. También era procesado por violación a la Ley 30 o de estupefacientes, enriquecimiento ilícito y daño en bien ajeno. En Estados Unidos afrontaba un proceso por el asesinato de un periodista.

Hélmer Herrera Buitrago fue acribillado dentro de la cárcel de Palmira (Valle) cuando jugaba un partido de futbol el 5 de septiembre de 1998. Dos años después de entregarse a la justicia, "Pacho", como se le conocía, reconoció ante un juez sin rostro que introdujo clandestinamente a Colombia 125 millones de dólares, producto del tráfico de narcóticos entre 1983 y 1993. La sentencia preliminar le señalaba 80 meses de prisión y el pago de mil 160 millones de pesos, pero esta fue duplicada por el Tribunal Nacional.

Phanor Arizabaleta Arzayús es considerado como el sexto jefe del cártel. Se entregó a las autoridades colombianas en julio de 1995 y fue condenado a 28 años de prisión por el delito de secuestro. Está en la cárcel de Palmira. No ha sido condenado jamás por narcotráfico, delito por el que era buscado por las autoridades colombianas, que llegaron a ofrecer 500 millones de pesos por su captura.

Henry Loaiza Ceballos, "el Alacrán", se entregó a las autoridades el 19 de junio de 1995. Está recluido en la cárcel La Picota de Bogotá. También se le conoce como "El hombre de la motosierra".
Pues las autoridades lo señalaban como estrategia de las acciones armadas del cártel de Cali. Está acusado de participar en la matanza de Trujillo (Valle), en la que murieron 107 personas, y tiene un proceso por enriquecimiento ilícito.

Víctor Patiño Fómeque, conocido en la mafia como el "Químico", fue capturado el 9 de abril pasado en Bogotá con fines de extradición.
El gobierno de Estados Unidos lo responsabiliza de tráfico de drogas. Patiño se sometió a la justicia colombiana el 24 de junio de 1995, en el batallón de Policía Militar número 13, en Bogotá, y recuperó su libertad el 14 de agosto del 2001, tras cumplir una condena por enriquecimiento ilícito. Actualmente está recluido en el penal de Cómbita (Boyacá), de donde salió libre "el Ajedrecista".

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