|
|
La "Estrategia para la Seguridad Nacional de Estados Unidos" enviada por el Presidente George W. Bush al Congreso estadounidense en septiembre de 2002, muestra sin ningún eufemismo la forma en que piensa materializar su categoría de máxima potencia militar, económica y financiera del mundo actual.
Bush manifiesta su decisión de asegurar la preeminencia de los intereses nacionales de EU recurriendo a toda forma de presión contra quien intente interponerse en su camino: diplomática, financiera, económica y militar, por resolución de la ONU o por decisión unilateral, advierte el Centro de Militares para la Democracia Argentina (Cemida).
Señala que el nacimiento y la aplicación de la Doctrina de Seguridad Nacional hasta su conversión en el SIAD (Sistema Interamericano de Defensa), plantea como objetivos de política exterior de EU para el Continente Americano:
Apoyo irrestricto a la democracia representativa, por ser la que se puede manejar con sobornos, amenazas y otros métodos; asegurar la libre circulación de capitales y mercancías, no así de personas, con estados nacionales de limitado poder y con prohibición de interferir o competir con la actividad privada (el principio básico del ALCA); y mantener el orden interior de cada país para posibilitar el logro de dichos objetivos.
Los organismos que le dieron vida a la Doctrina de la Seguridad Nacional fueron: la Junta Interamericana de Defensa (JID), el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), la Organización de Estados Americanos (OEA), los Programas de Ayuda Militar (PAM), los Ejercicios Combinados entre fuerzas militares de EU y de países latinoamericanos, la Doctrina Militar de Guerra Contrarrevolucionaria o Antisubversiva y las Reuniones de Jefes de Ejércitos, Marinas y Fuerzas Aéreas de los países americanos.
En 1994, en la Cumbre de Jefes de Estados Americanos realizada en Miami, se dispuso la realización periódica de "Reuniones de Ministros de Defensa" con la misión de fijar las nuevas políticas de Defensa Continentales en reemplazo de la Doctrina de la Seguridad Nacional.
En la primera de tales reuniones, realizada en Williamsburg (EU) en 1995, se dio por finalizada la Doctrina de la Seguridad Nacional y se reemplazó por el SIAD (Sistema Interamericano de Defensa).
Si bien todos los organismos que le dieron vida a la antigua doctrina continúan existiendo, dice el Cemida, sus funciones quedaron limitadas estrictamente al campo estratégico-militar ya que se acordó que la Reunión de los Ministros de Defensa, a través de su nuevo órgano de trabajo, el Consejo de Seguridad Hemisférico, sería la encargada de fijar las políticas de Defensa.
De esta forma, la tarea rectora quedó en manos de políticos que se forman en el "Centro de Estudios Hemisféricos de Defensa", integrado a la National Defense University de EU, y se especializan en asuntos de defensa y militares (los egresados superan el millar).
El mensaje de Bush al Congreso de EU, fijó su intención de establecer a nivel mundial un sistema represivo similar al aplicado en el orden interno de cada país americano, por las dictaduras militares que nos asolaron en las décadas de los años 70 y 80 del siglo pasado.
En ese sentido, la Conferencia Especial Magistral Hemisférica celebrada en México los días 26,27 y 28 de octubre, presumiblemente sirvió de telón para reafirmar a las fuerzas armadas de la región que la potencia imperialista no cejará un ápice en su política de control del subcontinente por todos los medios.
México, indicador de EU
En la división geográfica de los Comandos Regionales de EU, dice en entrevista Javier Oliva, presidente del Secretariado Adjunto de Seguridad Nacional de México, por primera vez incluyeron al Mar Caspio, China, Rusia y México que al principio generó polémica de que si esos comandos estuvieran por encima de los comandantes de los ejércitos respectivos. Para EU es una división en términos de manejo para el costo de oportunidades para cubrir determinada problemática.
“México, geopolíticamente hablando, es un indicador importante para EU, porque es donde comienza Latinoamérica en términos culturales y no solamente geográficos. En ese contexto, frente a un gobierno de la Casa Blanca donde la arrogancia y la aparente suficiencia militar les permitiría buscar la subordinación de las fuerzas armadas americanas y en la medida en que no tiene un desafió continental fuerte, les permite un manejo de los destinos de los países del área.
La doctrina Monroe no es una broma, subraya el especialista: ‘América para los americanos’. En esa tesitura, dice, la forma en que han actuado los EU, es muy previsible que vayan a negociar la Conferencia Especial Magistral Hemisférica (la entrevista con Oliva se realizó un mes antes de la Cumbre), orientada a la reducción de tropas, lo cual requiere sofisticar equipo militar y de la administración de las fuerzas armadas por civiles. Ya hay casos notables como Chile y Brasil, donde la parte administrativa la lleva un ministro de defensa.
“En México no se ha dado con esa profundidad, sin embargo, observamos cambios importantes en las divisiones de las fuerzas armadas a partir del gobierno de Ernesto Zedillo. No es un cambio que coincida con el 1 de diciembre del año 2000, en todos los ejércitos existe un estado mayor y hay cierta lógica en la que funcionan las fuerzas armadas”.
Javier Oliva considera que Estados Unidos va adquiriendo poder porque su presupuesto crece año con año y aquí en México es al revés. A las Fuerzas Armadas mexicanas se les confieren más atribuciones, pero con menos presupuesto, es una especie de contrasentido ya que se tiene que hacer más con menos.
El general Wesley Clark, precandidato del Partido Demócrata de EU, señaló el 13 de septiembre de 2001 que los problemas de las fuerzas armadas de EU y de inteligencia, era que descansaban más en las cuestiones tecnológicas que en el sentido común de la interpretación de la información. Como buscar traductores del árabe al ingles y viceversa y recurrir a estudiantes porque la CIA no tenía espías bilingües en Afganistán, por ejemplo.
“Doy este contexto porque las presiones de EU sobre las fuerzas armadas latinoamericanas, particularmente las brasileñas, chilenas, argentinas y mexicanas, desde su formación doctrinal, son las más consistentes. Por ejemplo el ejército de Chile es invencible ya que nunca ha perdido una batalla, en el caso de Brasil su industria armamentista derivó en conflicto por la venta de misiles árabes. Recientemente EU frenó la compra de aviones de combate brasileños que había adquirido Colombia”.
En ese sentido, Oliva estima que en el contexto de seguridad de las Américas, va ser muy importante los papeles que se vayan asignando a las fuerzas armadas y que comience a dibujarse un panorama continental a raíz de las exigencias de la Casa Blanca y en el nuevo escenario de la potencia norteamericana.
Nuevo milenio
Las dificultades para alcanzar un consenso a nivel hemisférico en materia de seguridad y defensa son múltiples. Las dos principales son: la importancia que los distintos países otorgan a su seguridad nacional como elemento prioritario, y la preeminencia de diseños de seguridad global que trascienden y buscan determinar las políticas y compromisos a nivel hemisférico, señala Raúl Benítez Manaut.
Experto en seguridad nacional y militarismo, Benítez Manaut explica en un extenso análisis sobre las fuerzas armadas al fín de milenio que en el primer caso, las naciones del Continente Americano otorgan y elaboran su agenda de seguridad nacional de acuerdo a diferentes elementos, entre ellos destacan:
Ubicación geopolítica; principales amenazas a su seguridad interior; distintos roles asignados a las fuerzas armadas y cuerpos de seguridad e inteligencia; capacidades y limitaciones para cumplir roles sub-regionales o hemisféricos de las fuerzas armadas, cuerpos de seguridad y servicios de inteligencia; y compromisos internacionales signados o no.
Se agregan elementos adicionales que condicionan la posibilidad de que los gobiernos efectivamente se comprometan a políticas de seguridad a nivel hemisférico, como es el respaldo interno a los gobernantes (tanto político-legislativo como el apoyo de la opinión pública) y las capacidades financieras.
En el caso de las políticas de seguridad extra-hemisféricas, la presencia hegemónica de EU lleva a este país a querer exportar su agenda de seguridad global, para lo cual los gobiernos, fuerzas armadas, cuerpos de seguridad y sistemas de inteligencia, deben cooperar de acuerdo a su diseño de prioridades.
Otro factor es que, aunque las prioridades puedan coincidir, pueden diferir los medios a emplear o simplemente las capacidades (o incapacidades) de las instituciones de seguridad en los países latinoamericanos.
A inicios del siglo XXI se ha ampliado notablemente el abanico de amenazas, donde el terrorismo claramente se está ubicando como riesgo principal a enfrentar, subsumiendo (o intentando subordinar) las agendas nacionales de riesgo.
Las naciones de América Latina confrontan amenazas internas de seguridad de muy distinto tipo. Claramente la amenaza terrorista (de origen interno) sólo tiene prioridad en los países andinos; el narcotráfico subordina las agendas de seguridad de los Andes, el Caribe, Centroamérica y México.
Estados Unidos, después del 11-S, ha elaborado la estrategia de seguridad domestica-territorial (Homeland) como elemento prioritario en su estrategia de seguridad nacional, que responde a su diseño global de defensa frente a la amenaza terrorista internacional, y reorientándo su política de seguridad hemisférica.
Canadá y México, dice en su análisis el también profesor universitario, por la determinante geográfica, se vuelven prioritarios en esta estrategia, y la misma abarca un número importante de medidas que pueden tener impacto a nivel hemisférico.
En primer lugar, la redefinición del rol de las fuerzas armadas, otorgándole capacidades en su propio territorio; autorización para el trabajo internacional del FBI y redefinición de prioridades de inteligencia de la CIA, la DIA y la DEA.
En segundo lugar, la protección inteligente de las fronteras (concepto "Smart Borders") está transmitiéndose como elemento básico de seguridad, siendo la prioridad la reformulación de la seguridad de los aeropuertos y la información de pasajeros; de empresas que realizan actividades comerciales con Estados Unidos, y la protección de las fronteras físicas, donde la modernización tecnológica-informativa, el control y supervisión militar y la vigilancia fronteriza extraordinaria, está llevando a programas de cooperación inéditos con Canadá y México.
En tercer lugar, la redefinición global de los Comandos, lleva a que, a partir del 1 de octubre de 2002, opere el llamado Comando del Norte (NORTH-Command) en la misma base del Comando de América del Norte (NORAD) canadiense-estadounidense. El Comando se complementará al Comando Sur y abarcara a Canadá, Estados Unidos, México y Cuba. Todo lo anterior lleva a EU a intentar evitar un ataque similar al del 11 de septiembre y a comprometer a los países del hemisferio a la necesidad de que se sumen a la cruzada contra el terrorismo.
Hay países donde hay muchas reservas para compartir la agenda de seguridad de EU o hemisférica, como es el caso de México y Brasil. México considera que los mecanismos existentes a nivel del sistema interamericano, como el TIAR deben ser reformulados, y Brasil tiene muchas reticencias para respaldar las políticas de EU.
La cooperación
Sin embargo, a pesar de las limitantes nacionales y de formulaciones individuales de políticas de seguridad y defensa, existen elementos de consenso que deben ser tomados en cuenta y que apuntan a elementos específicos de cooperación. Un listado de los elementos sobresalientes positivos que en la historia reciente del continente han ejemplificado el éxito de las políticas de cooperación es el siguiente:
La cooperación entre EU y Canadá en materia de defensa bajo el acuerdo de defensa de América del Norte (NORAD); el esfuerzo conjunto para el combate a las drogas y el crimen organizado, bajo el amparo del sistema interamericano (OEA-CICAD) a nivel subregional y bi-nacional; ejercicios militares conjuntos entre diversos ejércitos, armadas y fuerzas aéreas, profundizando el conocimiento mutuo y la cooperación en materia tecnológica y operativa.
-----------------------
La estrategia militar de Estados Unidos en Latinoamérica
James Petras, profesor de Sociología de la State University of New Cork (www.mov-argentinaviva.com.ar) considera que la construcción de un imperio capitalista a principios del siglo XXI, requiere de una elaborada arquitectura militar para expandir, proteger y consolidar los grandes intereses económicos, esenciales para los imperios modernos.
Mientras que los ‘teóricos globalistas’ escriben sobre las ‘clases dominantes mundiales’ y el ‘fin del estado-nación’, el aparato militar del estado imperial de EU, ha crecido enormemente durante la última década y tiene una importancia fundamental en promover y proteger a las corporaciones, bancos y empresas de importación-exportación basadas en EU.
Las instituciones militares estratégicas, así como las políticas dirigidas a América
Latina, han sido detalladas sucintamente por el general Peter Pace, Comandante en Jefe del Comando Sur de EU. Su área de responsabilidad abarca toda América Central y América del Sur, el Caribe, totalizando más de 15.6 millones de millas cuadradas y más de 404 millones de personas.
Bases económicas
La elaboración de la estrategia militar y los programas diseñados para incrementar el poder militar de EU dentro de los ejércitos latinoamericanos, está legitimado por los intereses económicos norteamericanos: beneficios, mercados y acceso a materias primas estratégicas, en particular a fuentes energéticas.
Debido al aumento de los movimientos antiimperialistas y anticoloniales en todo el mundo, los poderes imperiales contemporáneos, aún cuando se involucran en las formas más flagrantes y evidentes de dominación, envuelven sus políticas e instituciones imperiales en una retórica democrática.
"Las amenazas" al poder imperial se expresan en términos moralistas. El expansionismo militar imperial se justifica en términos de la lucha conjunta contra la actividad criminal internacional, que afecta adversamente tanto al centro imperial como a los países latinoamericanos involucrados.
En la práctica, la amenaza real son las fuerzas militares nacionalistas y los sistemas políticos democráticos participativos que desafían la dominación de EU. Los problemas de principio, como son definidos por los estrategas militares norteamericanos, tienen que ver con el control de las consecuencias sociales derivadas de las políticas neoliberales y la explotación económica de América Latina.
La expansión militar de EU y el fortalecimiento de los ejércitos latinoamericanos son la principal amenaza para el surgimiento de la democracia y la estabilidad regional. Los militares, sin embargo, ven las consecuencias - oposición popular - producidas por el dominio y la explotación norteamericana como "la amenaza" para América Latina.
Pace argumenta que "La mayor amenaza para la democracia, la estabilidad y la prosperidad regional de América Latina son la inmigración ilegal, el tráfico de armas, el crimen, la corrupción y el tráfico de drogas ilegales" .
La inmigración ilegal está directamente relacionada con la militarización norteamericana de Colombia, y el empobrecimiento de Perú, América Central y México se deben a la aplicación de políticas neoliberales. Lo que Pace describe como "amenazas" son en realidad las prácticas de los aliados militares del Comando Sur.
El incremento de la emigración ilegal, un antiguo problema en México, está directamente relacionado con las enormes transferencias de beneficios, intereses y pagos de royalties desde México a los bancos y corporaciones norteamericanas.
El equipamiento y entrenamiento de los escuadrones de la muerte colombianos (las llamadas "unidades paramilitares") es parte de una estrategia general para militarizar Colombia y absolver a los militares colombianos de las masacres generalizadas de dirigentes civiles de los movimientos sociales.
La verdadera preocupación del Comando Sur de EU, es que los países vecinos de Colombia (Ecuador, Venezuela, Panamá, Brasil), que sufren los mismos efectos adversos de las políticas neoliberales, se movilicen políticamente contra la dominación militar y los intereses económicos de EU. La militarización regional se denomina ahora "IniciativaAndina".
Arquitectura militar
El Comando Sur de EU, se encuentra ubicado en Miami (con una sub-sede en Puerto Rico). Es responsable de la planificación, coordinación y conducción de la actividad militar de EU en toda América Latina y el Caribe. Ha instalado bases militares con aeropuertos en Aruba-Curacao, en las Antillas Holandesas; en Manta, Ecuador y en Comalapsa, El Salvador.
Estas bases le permiten a EU introducirse tanto en el espacio aéreo de la mayor parte de los países de América Latina, como por mar y tierra. Además, EU tiene una base operacional militar en Soto Cono, Honduras, que proporciona apoyo a helicópteros en las misiones intervencionistas norteamericanas en América Latina y el Caribe.
La facilidad con que los militares norteamericanos pudieron construir esta red de bases al servicio del imperio se debió principalmente al apoyo y entrenamiento a largo plazo de oficiales militares dependientes realizado por el Comando en América Latina.
Efecto imperial
La intervención militar norteamericana, al apuntalar o imponer a sus clientes en un país, proporciona un trampolín para un control regional más general: se dispara una especie de efecto imperial multiplicador.
La construcción de fuerzas militares dependientes requiere una multiplicidad de actividades. Así lo describe el General Pace, "Nuestro enfoque se centra en operaciones combinadas, ejercicios, entrenamiento y educación, ayuda en temas de seguridad y programas de asistencia humanitaria".
Tanto en la forma como en la organización y los contenidos, los oficiales latinoamericanos son entrenados directamente para servir a los intereses estratégicos, económicos y militares del imperio.
Con estos programas, EU exige el fortalecimiento de los militares y el aumento de su capacidad para reprimir a los adversarios según sean estos definidos por EU. En cada región: el Caribe, América Central y el resto de América Latina, el Comando ha estado armando, entrenando y adoctrinando a los ejércitos nacionales para servir a los intereses de EU bajo su liderazgo. La finalidad es evitar la utilización de tropas norteamericanas y de esta forma reducir la oposición política en los Estados Unidos.
El Comando Sur de EU entrena y adoctrina a tropas de tierra y aire de América Central en un programa llamado "Cielos Centrales" - aparentemente para campañas antidroga, son ejercicios con fines múltiples, diseñados para consolidar el control de EU, incrementar la vigilancia aérea contra potenciales insurgentes antiimperialistas, así como campañas selectivas antidroga.
La tercera región en la que el imperio militar ha extendido su alcance es el "Cono Sur", que incluye Chile, Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay. Los últimos años han sido testigos de programas intensivos de adoctrinamiento ("diálogo"), mayor colaboración militar bajo la tutela del Comando Sur ("cooperación en defensa") y "ejercicios multilaterales de entrenamiento" bajo dirección norteamericana.
La cuarta región designada por el Comando Sur es el "Sistema Andino" que incluye a Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia. En medio de las revueltas populares de Ecuador en enero de 2000, los militares norteamericanos, junto con el embajador de EU, desempeñaron un papel relevante instigando a los cuadros superiores del ejército a derrocar a la junta popular y apoyar al nuevo Presidente (Noboa).
Al apoyar al régimen de Noboa, el Comando Sur de EU, pudo asegurar la Base Aérea de Manta en la costa noroeste, una plataforma de lanzamiento clave para extender la vigilancia aérea norteamericana por toda la región andina y, más específicamente, para proporcionar inteligencia aérea al ejército colombiano (y a los escuadrones de la muerte) entrenados y dirigidos por EU, involucrados en actividades de contrainsurgencia.
El proceso de construcción de un imperio militar es por lo tanto un proceso integrado e interrelacionado que comienza por ejercicios militares con los estados clientes ("Naciones Asociadas"), donde se selecciona y entrena a los militares prometedores. Estos oficiales alcanzan posteriormente los puestos más altos y se convierten en activos valiosos para el Imperio, suministrando las bases militares para que las Fuerzas Armadas norteamericanas ocupen el espacio aéreo, terrestre, marítimo y fluvial del país.
Así, la expansión del estado imperial de EU, y la integración de los militares lacayos en sus redes, destacan la importancia del estado en el mundo contemporáneo. Han comenzado varios programas para aumentar la efectividad del Imperio en el control del rebelde pueblo latinoamericano.
|