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El Ballet Teatro del Espacio (BTE), una de las compañías de danza contemporánea más importantes de la historia del arte de ‘Terpsícore’ en México, con reconocimiento internacional como pocas agrupaciones dancísticas del país, se ve obligado a cerrar sus puertas.
El Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) se lava las manos. Ante una problemática financiera real de la compañía, la titular del Consejo, Sari Bermúdez, dice que se trata de un “problema administrativo” al interior del Ballet y, sin propuesta alguna, acepta la decisión de la compañía artística de dar por terminadas sus actividades.
El público, de pie y algunos con lágrimas que escurren despavoridas, ovaciona por diez minutos al cuerpo de baile que tampoco contiene el llanto. Gladiola Orozco y Michel Descombey, directores asociados de la compañía, con el rostro adusto, han anunciado que se trató de la última función del Ballet.
Descombey baja la cabeza después de intentos infructuosos de permanecer impávido y llora también por unos momentos. Sólo Gladiola Orozco, frágil en apariencia, permanece como un roble. Mira a su público. Dice gracias. Y de las butacas se oye: “No, gracias a ustedes. Gracias por su danza.”
Entonces la frustración se vuelve palabra. Desde los asientos el público discute qué hacer para “que no nos quiten esto que es nuestro”. Lanza críticas a los gobiernos federal y capitalino, al Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) y a los medios de comunicación.
El auditorio del Ballet es heterogéneo. Se encuentran vestidos formalmente, artistas e intelectuales, como el músico Mario Lavista, las coreógrafas Rossana Filomarino y Lydia Romero y la poeta Adriana Arrieta; pero también estudiantes de mezclilla y mochila a la espalda, contadores y un vendedor ambulante que, interesado en un inicio por mejorar sus pasos de salsa, entró a tomar hace dos años una clase de danza contemporánea a la Escuela del Ballet. Desde entonces no falta a sus lecciones.
El problema
El Ballet es una de las cuatro compañías dancísticas independientes que reciben subsidio del Conaculta a través del INBA. Las otras son el Ballet Nacional, que dirige Guillermina Bravo; el Ballet Independiente, de Magnolia Flores y la Compañía Nacional de Danza Folclórica, con Nieves Paniagua a la cabeza.
Desde 1998, el subsidio del Ballet se congeló y quedó en 144 mil 705 pesos mensuales. De acuerdo con el Banco de México, la inflación acumulada del 1 de enero de 1998 al 31 de diciembre de 2002, es del 60.17 por ciento. Efectivamente, el Ballet declara que necesita 350 mil pesos mensuales para salarios del personal, producir y mantener la escuela, el teatro y la galería de arte.
Las autoridades han contestado que no pueden otorgar más dinero, pues, por “normatividad” no pueden comprometer recursos que aún no han sido asignados.
Sin embargo, el 8 de octubre pasado se anunció el programa México en escena, que cuenta con una inversión del Conaculta de 150 millones de pesos para el periodo 2003-2006.
El Ballet da trabajo a 35 personas: dos directores, 25 bailarines, un director de ensayos, dos administrativos, dos secretarias, un contador y dos técnicos. Los salarios más altos, entre ellos los de los directores, son de 6 mil 500 pesos al mes. Los más bajos llegan apenas a los mil 200 pesos. Cinco artistas tienen más de 20 años trabajando en el Ballet.
“Los bailarines tienen su seguro y luchamos porque se les reconozca amplia y dignamente como lo que son: artistas que han desarrollado un cuerpo y una capacidad de interpretación. Por eso no podemos irnos años atrás y perder lo que se ha conseguido”, explica Gladiola Orozco.
El director de la compañía, Descombey, insiste en que no han pedido aumento alguno, “sino que nos repongan, en relación con la inflación, el subsidio al que tenemos derecho. Hemos perdido, de 1998 a 2003, el 60 por ciento de nuestro subsidio. No podemos continuar.”
De acuerdo con Descombey, el Ballet tiene razón de existir porque “es la compañía de danza contemporánea que tiene más público, sea en el Palacio de Bellas Artes o en su propio teatro.”
Las actividades no decaen. La escuela atiende a aficionados a la danza y a profesionales estudiantes y egresados de las escuelas del INBA. “Esto está vivo. Es absurdo que quieran enterrar a un vivo”, lamenta Gladiola Orozco, a quien, paradójicamente, le fue entregado este año el Premio Nacional de Danza Guillermina Bravo, por su trayectoria artística.
La sede del Ballet en 1977 era un taller mecánico. El propio Ballet, con apoyo de la Secretaría de Educación Pública y después del Conaculta, construyó el teatro. Constituye un oasis de cultura en la zona rosa: entre antros, bares, restaurantes y tiendas, el espacio sirve para funciones de danza, teatro, escuela de danza y exposiciones de arte.
Descombey señala que el presupuesto destinado a las artes en México es escaso “y más aún, el destinado a la danza. Y la solución no es, como ya vislumbran las autoridades, matar a una compañía para apoyar a otras tres o cuatro pequeñas. Debemos de luchar por salvar a la Danza en general, no hablo nada más de nosotros.”
Más allá de la poesía
“Cuando las palabras ya no alcanzan para decir lo que queremos, viene la danza. Está más allá de la poesía. Y la danza es poesía en sí, porque es una secuencia de metáforas”, sostiene Michel Descombey, ex director de Danza de la Ópera de París cuando Rudolf Nureyev fue primer bailarín de dicha compañía.
Al mismo tiempo, la danza del BTE es “una danza comprometida con la sociedad que nos rodea y con la problemática existencial de cada ser humano” señala Descombey, quien por la influencia de su amigo Jean Paul Sartre, sus primeras obras, a finales de los años 60, constituyeron una protesta contra el racismo. Himnos Humanos fue censurada por la embajada estadunidense en París.
“Más allá de la danza en sí y del movimiento, estamos buscando un acercamiento al público receptor para que ese mismo público intente con nosotros salir de su soledad”, explica quien es también Caballero de la Legión de Honor Francesa y condecorado con la Orden del Águila Azteca.
También autor del libro La danse, Descombey advierte que “tenemos que tomar lo que está pasando como una señal de alerta. Si el problema sigue en la misma dirección, lo que va a pasar es un golpe tremendo no solamente al Ballet, sino a la cultura y a la danza en general.
“Tenemos que luchar -continúa- porque la Danza tenga el reconocimiento de las autoridades como un arte mayor, adulto, y no como creen: que es un divertimento que no tiene mucha importancia.”
Para Gladiola Orozco, el BTE ha sido “un semillero, un hogar profesional y un manantial. Por qué cerrar un manantial -se pregunta-, si hace que crezcan las flores, que surjan las personas que el país necesita para crecer en su educación y en su cultura.”
El repertorio del Ballet asciende a más de 70 obras, pues produce más de dos al año. De las coreografías con resonancia mundial, destacan: Sinfonía Fantástica, La Opera Descuartizada, A Rudolf Nureyev y Año Cero.
El porcentaje del presupuesto que se destina a la cultura en México: 0.08 por ciento. La recomendación de la UNESCO es de 1 por ciento.

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