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Alain Renais postuló en una de sus películas que la vida es una novela y, si hacemos caso a David Martín del Campo, quien compara ese género con las artes del cocinero que se vale de todos los recursos gastronómicos en la elaboración de una suculenta olla podrida, la vida política nacional de nuestros días es una pieza para el deleite de los amantes de la llamada basura literaria.
Ya sabemos que la mujer propone, el hombre dispone y, llega la televisión y todo lo descompone, de modo que el síndrome del reality show ha cundido entre los actores de la política. Si de puntos de audiencia hablamos, las élites le han apostado al concepto big brother por sobre a las academias patrulla para jodidos con las que Ricardo Salinas Pliego rinde homenaje al Tigre Azcárraga.
Así es como, del secretario de Gobernación al peje de Gobierno de la Ciudad de México, los famosos están empeñados en mostrar su lado desconocido en proyección nacional.
¿Cómo competir con esos dos corazones que Isabel Madow quiso mostrar a todos los mexicanos? Muy sencillo: Santiago Creel se puso a florear la reata y, al son de José Alfredo, anunció que cual mariachi con aspiraciones presidenciales, se quedó sin fuerza en la mano izquierda.
Aclaró, faltaba más, que en el palacio de Covián hay rienda firme, que no mano dura, y el matiz hubiera querido aportarlo a la novela sin guión del reality show ese que hace el papel de “babazuelo” en funciones de Ministro del Interior en el cautiverio VIP que tiene en su nómina Emilio Azcárraga Jean.
Pero volvamos al funcionario del gabinete foxista, que en el casting para llegar a la silla se ha valido de la comedia campirana y del poeta maldito de la canción vernácula. Conciente de que la épica a caballo sabe a rancio en la aldea global, algunas semanas antes nos confesó que también es bastante ducho con la manguera. ¿Será que un estudio de opinión pública le permitió descubrir que en las fantasías infantiles la profesión de astronauta apenas pinta y, sin embargo, la de apaga fuegos sigue teniendo un sitio privilegiado? El caso es que, vicios privados, virtudes públicas de por medio, Creel se ha disfrazado también del mítico bombero atómico que todo mexicano carga en su niño interno.
Para desgracia del secretario, su manguera más parece la carabina de Ambrosio, de modo que la credibilidad del mariachi devora incendios es equiparable al cuento de que la Madow es otra cosa que turgencias. En cambio, el “dado por muerto” sigue haciéndole al vivo y ya hasta inventó al Peje Man, super héroe de “honestidad valiente” (sic) y futuro indestructible gracias a sus principios de acero.
Experto en los ingredientes indispensables para la olla podrida del comic, Andrés Manuel nos ha hecho saber que, cual Clark Kent, descubrió sus poderes en el edén tabasqueño cuando no era más que un chamaco priísta, como consta en las “confesiones tropicales” que redactó cuando enfrentó al madracismo, engendro nacido al cobijo del villano favorito, para más señas con copete de hueso y grandes orejas, como el mismísimo Lex Luthor.
Pero la trama de Peje Man también tiene sus inconvenientes: Luisa Lane no aparece por ningún lado (a no ser que Rosario Robles nos de la sorpresa) y en cuanto a Lex Luthor, quizás el papel no está a cargo de Carlos Salinas. ¿Será que el verdadero malo de esta historia es Manuel Mondragón y Kalb, que con su bendito alcoholímetro les está robando el alma a honestos borrachines de fin de semana?
Dejemos correr esta vida que es un comic. Permítame el lector contarle que no tengo el gusto de conocer al mariachi de la manguera atómica con despacho en Bucareli, aunque el destino me deparó comparecer, hace algunos meses, en las oficinas del peje de Gobierno en una pretendida reunión de trabajo.
Tras escuchar las andanzas anticorrupción de Peje Man, el super hombre empezó a cabecear. Lógico. Era el mediodía. Tenía una eternidad despierto. En cambio, sus invitados cargábamos pocas horas de vuelo y de menos uno o dos cafés entre pecho y espalda. Pero ni esa explicación me libró de la sensación de que acababa de entrevistarme con un narcoléptico y no con el invencible Peje Man.
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