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El IFE es una
de las instituciones con mayor credibilidad, pero ahora tiene
el reto de organizar elecciones menos dispendiosas. En sus entrañas
se libra una guerra de cabilderos entre partidos, consejeros,
funcionarios y candidatos externos.
Árbitro
confiable pero blandengue, el Instituto Federal Electoral (IFE)
renueva su Consejo General enmedio de una disputa interna y
como telón de fondo las ambiciones partidistas para colocar
a consejeros.
En ese río
revuelto salió a relucir la ropa sucia del IFE: jaloneos
por las cuotas de poder entre consejeros y altos funcionarios,
uso discrecional del presupuesto, que podría ser eventual
fuente de corrupción en las licitaciones y concesiones
de servicios profesionales.
En realidad,
en el cambio de noviembre próximo del Consejo General
del IFE se juega mucho, pues además de garantizar la
continuidad de elecciones confiables, enfrentan el reto de reducir
el costo de los comicios y cerrar definitivamente la puerta
al fraude electoral. Pero más que todo, propiciar una
democracia deliberativa que sea atractiva y enorgullezca a los
mexicanos.
La Cámara
de Diputados deberá elegir o ratificar a más tardar
el 31 de octubre a los nueve consejeros electorales -incluido
el sustituto de Woldenberg -, además de los sustitutos,
para integrar el Consejo General, la máxima autoridad
del IFE, y en ese proceso los partidos PAN, PRI y PRD están
en plena negociación. Por la composición en la
Cámara, a Acción Nacional le corresponderían
proponer tres, al PRI cinco y sólo uno al PRD.
Y una vez más el IFE, será una cuota de los partidos,
más que de los ciudadanos.
Consejeros
ciudadanos
Desde 1991 cuando se constituyó el IFE, la ley ha tenido
al menos dos cambios sustanciales. En la primera etapa, la ley
identificaba a los miembros del Consejo General como consejeros
ciudadanos, pero en la reforma de 1996 se les denomina
consejeros electorales.
Ese cambio, explica
Bernardo Bolaños --profesor de derecho y filosofía,
que actualmente concluye un doctorado en la prestigiosa Universidad
de La Sorbona--, es importante, pues se buscaba que fueran menos
personalidades públicas y más especialistas de
derecho electoral y ciencia política.
En 1996, cuando
se nominó a ciudadanos distinguidos sin vínculos
aparentes con los partidos políticos y con prestigio
social gracias a su profesión (periodistas, abogados),
el Consejo General del IFE lo integraron mayormente académicos
de El Colegio de México, la Universidad Nacional Autónoma
de México y el Instituto Tecnológico Autónomo
de México.
Lo que pesó
entonces, añade Bolaños, no fue tanto su prestigio
como ciudadanos y la confianza que les depositara la gente (pocos
mexicanos sabían de su existencia), sino la certeza de
los partidos en sus conocimientos como juristas y politólogos.
Eso, independientemente de sus simpatías políticas
y que supieran que su corazón latía por la izquierda,
el centro o la derecha. Ese equilibrio de parcialidades
ilustradas resultó viable y hasta exitoso, agrega
Bolaños.
El éxito
despertó el interés de otros académicos
que aspiran a beneficiarse del prestigio, la proyección
política, el salario y hasta el glamour del puesto.
Ahora, los puestos parecen que se repartirían entre el
ITAM y el Centro de Investigación y Docencia Económica
(CIDE).
Quizá
por eso suenen como posibles sustitutos de Woldenberg, Carlos
Elizondo Mayer-Serra, director del CIDE, y Federico Reyes Heroles,
director de Transparencia Mexicana, aunque éste se excusó
públicamente.
Para consejeros
por el CIDE suenan José Antonio Crespo Mendoza y Luis
Carlos Ugalde, ambos investigadores de la división de
Estudios Políticos.
Por el ITAM están nominados José Ramón
Cossío (profesor de Derecho), Alejandro Poiré
(director del área de Ciencias Políticas) y Jesús
Silva Herzog-Márquez (profesor de Derecho).
También
se menciona al exsubsecretario de Desarrollo Político
de la Secretaría de Gobernación, Luis F. Aguilar.
Ahora, los suspirantes,
añade el investigador, suelen presentarse ellos mismos,
cabildear con los jefes de bancada en San Lázaro y acudir
a los partidos con sus líderes nacionales y políticos
influyentes en la estructura.
En esa pasarela,
que se aceleró en los últimos días, también
incluye aparecer en los medios impresos. Es recomendable
publicar algunos artículos que convenzan a los partidos
y diputados que el candidato tiene simpatías por ellos.
Basta elogiar ésta o aquélla proeza y felicitarse
de la madurez lograda, añade Bolaños.
Desde luego tienen
ventaja los académicos que escriben en los diarios de
circulación nacional, explica.
Así que
los candidatos a consejeros electorales con más posibilidades
son quienes pueden entrar en contacto con las élites
políticas y ostentan alguna medalla al mérito
profesional.
El PRI, con mayor
peso a la hora de votar, podría proponer a Carlos Elizondo
Mayer-Serra -con cercanía con el grupo de la líder
de la bancada priísta Elba Esther Gordillo- y bien visto
por el PAN y PRD.
Nacos y
trampolín
El IFE, dice Bolaños, se ha convertido en un vivero de
la clase política y en una incubadora para el Poder Legislativo
y la administración pública.
Y en efecto,
basta recordar el paso del actual secretario de Gobernación,
Santiago Creel, y de los diputados José Agustín
Ortiz Pinchetti, Juan Molinar Horcacitas (exsubsecretario de
Gobernación y vocero del PAN hasta febrero pasado) y
Emilio Zebadúa González (fugaz secretario de gobierno
en Chiapas).
El senador panista
Felipe de Jesús Vicencio Alvarez dijo que se desvirtuaría
el trabajo y la credibilidad del IFE si los partidos políticos
imponen a los consejeros electorales o crean cuotas.
Quizá
porque no vota en este caso, el senador Vicencio Alvarez añadió
que espero que los partidos políticos no caigan
en la tentación de aprovechar la renovación de
los consejeros electorales para caer en el regateo de cuotas.
Una cosa es que exijamos un IFE ciudadanizado y otra que sea
una institución donde cada partido tenga su parcela,
agregó.
En tanto, la
senadora priísta por Sinaloa, Martha Tamayo Morales,
estableció que tendremos que cuidar los perfiles
de los aspirantes para no escoger a una persona con algún
sello partidista.
Se quejó
de la falta de imparcialidad, y señaló el caso
del consejero Alonso Lujambio. Es insostenible su afirmación
de imparcialidad. Es a todas luces antipriísta como en
los casos Pemexgate y Amigos de Fox. Sus decisiones estuvieron
cargadas de esos elementos. Hay que ver sus parientes y familias,
han estado involucrados en el PAN, sostuvo.
Desde París,
dice que Bolaños, los mejores candidatos son quienes
tengan una trayectoria profesional en las ciencias humanas (politólogos,
juristas, sociólogos, historiadores, filósofos
políticos) o en el servicio electoral (funcionarios de
carrera del IFE).
El profesor Bolaños,
un pensador polémico y hasta provocador, indica que es
conveniente que no tengan nexos directos con algún partido
político e, incluso, que existan algunos cuya vida la
hayan consagrado al estudio de la democracia que existe fuera
de los partidos políticos (en la ciudadanía, los
movimientos sociales, la cultura política).
También
es importante que representen la diversidad del país,
que vengan del sur y del norte del país.
Voy a decir
algo polémico que, sin embargo, creo profundamente: sería
muy sano si la Cámara de Diputados nombrara a algunos
`nacos` como consejeros electorales. Es decir, a personas que
no tengan ni abolengo, ni tez clara ni hayan estudiado en Estados
Unidos o en España, agrega el catedrático.
Porque ahora,
dice el también profesor de derecho y filosofía,
existe la impresión de que el IFE reúne al jet-set
de una intelectualidad que vive de usar el lenguaje de la democracia.
Pues bien, hace falta ver allí a algunos plebeyos (esos
que buscaban la transición desde movimientos semiclandestinos
en los años 70, antes de que el Grupo San Angel asumiera
esa bandera cuando se puso de moda).
Eso no significa
que estos candidatos deban carecer de méritos profesionales:
es conveniente que cuenten con un posgrado, que hayan impartido
clases en la universidad, publicado en alguna revista académica
y participado en organizaciones civiles. Si, como dicen en privado
y a veces en público nuestras élites, México
es un país de nacos, entonces hay que comenzar
a compartir con ellos el poder.
--Con las reformas
de 1996, parecería que los consejeros representarían
a las élites de las academias, ¿ahora se corre
el riesgo de que puedan representar a las élites políticas
no partidistas y a la intelligentsia nacional?
--Esa tendencia
se observa en los rumores que corren. Pero como aún no
han sido nombrados los consejeros, es inútil hacer profecías.
Lo que llamas élites políticas no partidistas,
se podrían identificar más precisamente como las
personas que creen haber diseñado y empujado la transición
democrática ellas solas, desde las cenas que organizaban
en sus casas, y que creen que aun no han recibido su recompensa.
Jorge Castañeda, Elba Esther Gordillo, Santiago Creel
o Vicente Fox ya cosecharon lo que querían, ahora su
entorno intelectual quisiera ir al IFE.
Es legítimo
que hagan su luchita, pero algunos de esos intelectuales son
engreídos e ignorantes, porque ignoran a propósito
que la transición fue una conquista de movimientos sociales
desde antes de 1968, afirma.
El IFE no debe
ser una pasarela hacia los altos puestos del gabinete o del
Legislativo, porque la sociedad sentiría que pasó
del PRI a una partidocracia estilo priísta.
Los que
quieren
El consejero presidente José Woldenberg no repetirá
y lo ha dicho a los cuatro vientos -aunque Contralínea
pidió entrevista, pero no fue atendida-, porque ya está
harto, cansado y satisfecho.
Se limitará
a convocar a una única sesión --aunque podrían
ser dos: la última de despedida-- ordinaria del Consejo
General antes de concluya su encargo, que será maratónica.
Ahí se establecerá la sanción económica
a la Alianza por el Cambio que ascendería a unos 600
millones de pesos, dividida entre los dos partidos.
José Barragán
Barragán, igual que Woldenberg, propone una renovación
paulatina (tres consejeros electorales) del Consejo General,
con la idea de darle continuidad a las tareas institucionales
y no perder la experiencia de los consejeros.
La fórmula
de Barragán Barragán es que el Congreso designe
a seis consejeros (presidente y cinco consejeros electorales).
Suele decir a quien lo quiera escuchar que él es el primer
propuesto para ser relevado del cargo y regresar a la academia
y al terreno jurídico en su natal Guadalajara.
Jaime Cárdenas
también se autodescartó y anunció que regresa
a la academia y a la abogacía. Dos poderosas razones
lo llevaron a tomar esa decisión: primero, sabe que su
radical postura en el caso Amigos de Fox le ganó el rechazo
del PAN, y en segundo lugar, porque está harto del vacío
que le hicieron sus colegas consejeros.
Su excesivo y
radical protagonismo colmó la paciencia del consejero
presidente. El último episodio, que lo llevó a
una abierta confrontación, fue cuando denunció
que la encuestadora Berumen y Asociados incumplió con
el contrato de monitoreo sobre la publicidad de partidos políticos
en medios electrónicos. Eso, añadió Cárdenas,
imposibilita al IFE a mantener una herramienta propia que fiscalice
los recursos públicos otorgados para las campañas
políticas.
Harto, Woldenberg
le pidió vía telefónica que llevara la
fiesta en paz y lo dejara acabar tranquilo su periodo.
Alonso Lujambio
se da por perdido, porque a sus 40 años de edad suma
dos infartos que lo mantuvieron fuera de la vida pública.
Por si fuera poco, le tocó bailar con las más
feas, pues tuvo la voz cantante como presidente de la Comisión
de Fiscalización en dos de los más polémicos
asuntos y que marcarán la gestión del IFE: Pemexgate
y Amigos de Fox.
Hijo de un fundador
del PAN, Amigos de Fox le pondrá una mancha más
al ya moteado tigre con su partido de origen.
Otro de los descartables,
por su gris actuación, es Virgilio Rivera, el exrector
de la Universidad Autónoma de Zacatecas, a quien reclaman
en su estado por presuntos malos manejos en el presupuesto,
además de su mala relación con el gobernador Ricardo
Monreal.
Otro es Gastón
Luken Garza, el joven y casi silente consejero bajacaliforniano
que ha dicho que en caso de no continuar, regresaría
a sus actividades empresariales en el noroeste, donde nadie
lo extraña.
Luken Garza fue
consejero distrital del IFE en Tijuana, consejero ciudadano
en el Instituto Estatal Electoral de BC --el único que
mantiene una estructura paralela al IFE, empezando por credencial
local para votar-- y luego presidente consejero del instituto
bajacaliforniano.
Sin conocerlo,
Cuauhtémoc Cárdenas lo invitó a su gobierno
como contralor general y a la salida de éste, fue asesor
de Rosario Robles. En diciembre del 2000 llegó al IFE,
pues fue suplente desde 1996 y ocupaba el primer lugar en la
lista de prelación. Aquí se le cuestiona su indefinición
política, que lo haría repetir en el cargo o,
paradójicamente, regresar a Baja California.
Formó
parte del grupo inicial (Consejo de Notables) de personalidades
que analizarían y propondrían una coalición
entre el PAN y el PRD para la contienda presidencial en el 2000.
Jacqueline Peschard,
única mujer en el Consejo General, tiene varios puntos
a su favor: discreta, respetuosa, capaz, ecuánime. Muchos
afirman que tiene todo para repetir, más porque en ella
el IFE cumpliría su cuota de género, que por su
capacidad.
Por la cuota
de género también se apuntaría a la investigadora
de El Colegio de México, Soledad Loaeza; Rosa María
Mirón Lince, del Instituto Electoral del Distrito Federal.
Si no es electo
consejero presidente y hace honor a su palabra, Jesús
Cantú regresaría a Monterrey, pues no aspira a
menos. Sin embargo, podría repetir en el cargo debido
a su movilidad y heterodoxia política (acomodaticio,
dicen sus detractores).
La alta burocracia
del IFE lo ve con malos ojos, porque, dicen en voz baja, su
convicción es la conveniencia. Algunos directores se
quejan de que utiliza los consejos locales y distritales a su
conveniencia y para presionar sobre diversas situaciones en
el Consejo General. Mantiene una imagen de conocer a fondo al
IFE, aunque en realidad sólo es una pose propia y de
sus asesores.
Tiene en la nómina
del IFE a amigos personales, como denunció en su momento
el exdirector del Registro Federal de Electores, Eduardo Badillo
Gutiérrez.
Hace mancuerna
con Arturo Sánchez Gutiérrez --director ejecutivo
de Prerrogativas y Partidos Políticos-- para cabildear
en el PAN a favor de ambos. Los panistas lo ven con recelo por
su indefinición política y en la Cámara
de Diputados se considera que tendría el voto del PRI.
El consejero
Mauricio Merino Huerta adelanta que se queda en el IFE siempre
y cuando sea como consejero presidente. Su espacio natural es
el Servicio Profesional Electoral, cuya dirección está
en manos de una de sus fuerzas personales: el PRI de Felipe
Solís Acero, a través de Marco Antonio Baños.
Es otro que si hace honor a la palabra regresaría a la
academia.
Marco Antonio
Baños Martínez, director ejecutivo del Servicio
Profesional Electoral, es otro de los de casa que aspira a ser
consejero electoral y cuenta con el respaldo de Felipe Solís
Acero. Los priístas en la Cámara de Diputados
también votarían por él.
El director ejecutivo
de Prerrogativas y Partidos Políticos, Arturo Sánchez
Gutiérrez, también quiere ser consejero a partir
del cobijo que le brinda Juan Molinar, exconsejero electoral,
exsubsecretario de Gobernación, exvocero del CEN del
PAN y actual diputado federal, de quien recibe llamadas inclusive
cuando funge como Secretario Técnico de la Comisión
de Fiscalización o en pleno Consejo General.
Otra que quiere
es María del Carmen Alanís, a través del
PRI y el grupo UNAM, al que pertenecería el actual presidente
consejero.
Y qué decir del secretario ejecutivo Fernando Zertuche
Muñoz, el hombre más poderoso en el ejército
burocrático del IFE, quien actualmente teje alianzas
y realiza un intenso cabildeo.
Renglones
torcidos
A principios de este año, el Consejo General del IFE
votó --con la oposición del propio Woldenberg
-- un acuerdo en el que sujeta a la burocracia --10 mil 719
individuos-- y funcionarios de consejos distritales y locales
a la fiscalización de la Contraloría Interna y
a la Ley de Servidores y Funcionarios Públicos. Pero
deja un enorme vacío legal sobre los consejeros electorales,
pues como son los propios consejeros quienes aprueban la elección
del contralor, no pueden ser fiscalizados por esa instancia.
Así que en los hechos, nadie los fiscaliza y eso permite
una manga anchísima.
Todo indica que
existe un manejo discrecional en el otorgamiento de asesorías
y servicios por honorarios que tienen al guiño de un
par de consejeros electorales.
Contralínea
solicitó una entrevista con el consejero presidente para
que ofreciera un balance de su gestión y también
el manejo del presupuesto de poco más de 5 mil millones
de pesos este año. La respuesta fue que tenía
la agenda cubierta las próximas dos semanas.
El reportero
solicitó a la Unidad de Enlace para la Transparencia
y Acceso a la Información, que depende del secretario
ejecutivo Fernando Zertuche Muñoz, información
sobre el presupuesto del 2002 y 2003 del IFE. Específicamente
del presupuesto ejercido por el Centro de Formación y
Desarrollo y la Dirección de Capacitación, así
como el nombre del proyecto de servicio de asesores para capacitación
en el 2003. Otro requerimiento fue la estructura laboral de
los consejos distritales y locales.
Primero fue atendido
por Alejandra Servín, quien ofreció enviar la
información vía correo electrónico. Pero
nunca llegó. Más tarde, Raúl Torres de
la Unidad de Enlace, precisó que no tenía conocimiento
previo de la solicitud del reportero y que esa información
no estaba disponible, además la petición tenía
que hacerla personalmente en las oficinas del sur de la ciudad,
mediante un escrito, con una copia, dirigido a Zertuche Muñoz.
Todo indica que
existe un manejo discrecional en el presupuesto, al menos en
el Centro de Formación y Desarrollo y la Dirección
de Capacitación Electoral y Educación Cívica.
Estas estructuras
son las encargadas de formar a los funcionarios de casilla y
aunque existe personal capacitado para proporcionar cursos (pedagogía,
estrategia, evaluación de pedagogía, diagnóstico),
menudeó la contratación de asesores externos,
contratación de familiares, amigos y recomendados de
consejeros electorales.
Elena Verdugo
Quiñones es la coordinadora del Centro de Formación
y Desarrollo, y María del Carmen Alanís Figueroa,
directora ejecutiva de Capacitación Electoral y Educación
Cívica.
A ambas se les
reconoce por su capacidad y entrega al trabajo, pero también
por mantener un conflicto personal más allá de
lo laboral y la afición a las asesorías externas.
Con nexos familiares
y de filiación con el PRI de Baja California, la carrera
de Verdugo Quiñones comenzó en el IFE en 1991,
como vocal ejecutiva distrital. En 1994 su jefe, el priísta
Alberto Raza Saldaña, dejó la vocalía ejecutiva
estatal en Mexicali y regresó al PRI del estado.
A invitación
de Woldenberg, Verdugo Quiñones vino a la ciudad de México
para ocupar la Dirección Ejecutiva de Organización
Electoral --que depende de Junta General Ejecutiva del IFE--
en sustitución del también priísta Felipe
Solís Acero.
Elena Verdugo
estudió ciencias políticas en la Universidad Autónoma
de Baja California, pero cuando fue nombrada directora no cumplía
el requisito de haber concluido una licenciatura cinco años
antes de su nombramiento.
La presión
obligó a Woldenberg a solicitarle su renuncia, pero la
reubicó en la Coordinación del Centro de Formación
y Desarrollo del IFE.
El primer círculo
de colaboradores de Verdugo Quiñones está integrado
por puro cachanilla (mexicalenses) y como buena norteña
tiene fama de temperamental y con carácter.
Mantiene una fluida comunicación con José Woldenberg
y Fernando Zertuche, secretario ejecutivo del IFE, más
allá de que sean sus jefes jerárquicos. De entre
los consejeros, trabaja estrechamente con otro bajaliforniano:
Gastón Luken.
Por su parte,
María del Carmen Alanís Figueroa --hija del exprocurador
del DF, Agustín Alanís Fuentes-- también
rebosa carácter y tiene fama de caprichosa y voluble,
incluso con su propio personal.
María
del Carmen (Macaco, para sus íntimos) va a todas partes
--incluidos viajes al extranjero-- con su secretario particular,
Juan Carlos Cuervo, quien se entiende de sus cuestiones personalísimas,
como cargar el portafolios, entre muchas otras cosas.
Tiene un alto
sentido de las relaciones familiares, como lo demuestra que
uno de sus subdirectores sea su cuñado (está casado
con su hermana).
Alanís
Figueroa llegó al IFE en sustitución de Alberto
Begné, quien buscó la Secretaría Ejecutiva
pero perdió frente a Fernando Zertuche, así que
renunció, y tiempo después fundó la revista
Arcana. Hombre porfiado, insistió en la Secretaría
Ejecutiva y la consiguió, pero la del Instituto Federal
de Acceso a la Información Pública, donde actualmente
despacha.
Macaco mantiene
buena relación con José Woldenberg y Fernando
Zertuche. De los consejeros trabaja íntimamente con Jesús
Cantú Escalante.
Con Verdugo Quiñones, Alanís Figueroa comparte,
además, su cercanía con un sector del PRI, una
fuerte relación con el consejero electoral Jesús
Cantú, quien podría ser apoyado por los diputados
tricolores para suceder a José Woldenberg.
Los que conocen
dicen que los comités distritales y locales son una gran
sangría. Qué hacen el vocal ejecutivo, secretario
y los dos secretarios de Capacitación, Organización
y el del Registro Electoral, cuándo no se trabaja en
proceso electoral. ¿A cuántas personas pueden
atender en el módulo? Y tienen salarios de 30 mil pesos
el jefe y 20 mil el resto.
Y es ahí
donde aterrizan buena parte de los contratos para capacitación
electoral por asesorías externas.
Un caso ejemplifica
la mala fiscalización. En junio del 2001, fue destituido
Eduardo Badillo Gutiérrez de la Dirección del
Registro Federal de Electores por la licitación de alrededor
de 4 millones de pesos a la empresa Niveles, propiedad de Oscar
Rossbach, pues según la Contraloría Interna se
cometieron serias irregularidades.
Al cabo de tres
años, dice Badillo Gutiérrez en entrevista, el
tribunal me dio la razón y se comprobó que no
cometí ningún delito y ahora me tienen que reinstalar.
Cuenta que Niveles
es una empresa que proveía software de computación
(digitalización) y brindaba servicio de mantenimiento
(sistema óptico), pero luego ofreció ser proveedor
de papel seguridad (que sólo se produce en Canadá,
Francia y Argentina) para las boletas y listados.
La verdad es
que la falta de control hizo que muchos --incluidos funcionarios
del IFE, consejeros y proveedores-- descubrieran que el IFE
es una mina de oro en las licitaciones.
Yo creo que es
muy grave que nadie le pida cuentas a los consejeros, dice Badillo
Gutiérrez. Varios hacen y deshacen, sugieren recomendados
y presionan a todo mundo. Desde luego que otros son muy respetuosos
y no se meten a la administración, agrega.
Por lo pronto
se anuncian dos jugosas licitaciones: la elaboración
de la nueva credencial electoral, que la ocasión pasada
obtuvo Unysis y la puesta en marcha del Centro Nacional de Cómputo.
La tecnología
para producir la credencial se modificó en el 2001 y
se cambió de la foto instantánea (polaroid) a
la digitalizada. El costo de la credencial se redujo de 15 a
6 pesos. El resultado de la nueva licitación, en la que
se inscribieron 19 participantes, se debe conocer la primera
semana de octubre.
En tanto, el
Centro Nacional de Cómputo sustituye a 17 centros regionales
de cómputo en el país y se ubica en Pachuca, Hidalgo.
Los enterados dicen que es la gran apuesta de Jesús Cantú
y amenaza ser un elefante blanco, porque deberá resguardar
los documentos originales de los 60 millones de mexicanos inscritos
al padrón, por lo menos 180 millones de papeles importantísimos.
El proyecto arquitectónico
lo tiene la UNAM y debe entregarse la primera parte en octubre.
Internamente,
Cantú Escalante es mal visto y se le conoce como el consejero
pura vida, pues no se olvida el pachangón de Júrica
--en donde agarró una borrachera de pronóstico
reservado-- y los 101 mil pesos en boletos de avión a
Monterrey con cargo a las arcas del IFE, irregularidades por
las que incluso fue destituido del cargo en agosto de 1999,
aunque finalmente regresó al Consejo General.
El
IFE por dentro
El Instituto Federal Electoral es una entidad pública
autónoma que tiene la responsabilidad administrativa
de preparar, organizar y conducir las elecciones federales (elección
de presidente de la República, diputados y senadores)
de los miembros que integran el Congreso de la Unión.

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El Consejo General
es la máxima instancia del IFE y es el responsable de
vigilar el cumplimiento de la ley en materia electoral. Está
integrado por nueve consejeros ciudadanos (un presidente y ocho
consejeros), que tienen derecho a voz y voto. Son elegidos por
la Cámara de Diputados, a propuesta de los seis grupos
parlamentarios (PAN, PRI, PRD, PT, PVEM, CD).
También
forman parte del Consejo General, los representantes del Poder
Legislativa y uno por partido con registro nacional (seis en
la actualidad) y el Secretario Ejecutivo del IFE, quien es nombrado
por las dos terceras partes del Consejo General a propuesta
del consejero presidente.
Para organizar
y vigilar los comicios, el IFE integra, revisa y actualiza el
padrón y lista electoral y emitir la credencial de electora,
que desde hace unos años se transformó en el documento
de identificación por excelencia en el país. Para
ello cuenta con 32 consejos locales (ubicados en las capitales
de los 32 estados) y en los 300 distritos electorales.
Igualmente, elabora
programas permanentes de educación cívica y concede
registro a los partidos políticos y agrupaciones políticas
para participar en las elecciones. Es el responsable del diseño,
impresión y distribución de materiales electorales
y en un proceso casi se paranoia, se incrementaron increíblemente
las medidas de seguridad y con ellas los costos.
Y desde luego,
el IFE fija el millonario subsidio público y acceso a
los medios de comunicación, otorgamiento de franquicias
postales y telegráficas y trato preferencial en materia
fiscal para los partidos. Casi nada.
El trabajo del
IFE es por etapas y varía de acuerdo con el tipo de elección
intermedia (renovación de la Cámara de Diputados,
como la pasada), que comprende tres etapas y concluye a más
tardar la última semana de agosto. La elección
presidencial -en la que también se renuevan las dos cámaras-
tiene cuatro etapas y concluye en septiembre.
Las tres etapas
de una elección intermedia son la preparatoria, jornada
electoral y resultados y certificación de validez de
las elecciones.
La preparatoria se inicia formalmente con una sesión
del Consejo General del IFE (primera semana de octubre del año
previo a la elección) y concluye el día de las
elecciones.
La etapa de la
jornada electoral es de apenas un día, que invariablemente
se celebra el primer domingo de julio, se inicia a las
ocho de la mañana y concluye con el cierre de los sitios
de votación y cómputo inicial de los votos.
La fase de resultados
y validez de los comisiones se inicia cuando se remiten
los expedientes y documentos electorales de las casillas a las
oficinas distritales del IFE y concluye con el cómputo
y certificación de resultados que realizan los
órganos electorales (IFE y Tribunal Electoral, en su
caso). Esta fase concluye, a más tardar, la última
semana de agosto.
El instituto
electoral tiene tres tipos diferentes de órganos:
los directivos, que se constituyen bajo la figura de consejos,
instancias de deliberación y decisión responsables
de velar por el cumplimiento de las normas constitucionales
y legales.
Técnico-ejecutivos,
concebidos como juntas ejecutivas responsables de las
tareas técnicas y administrativas para la preparación,
organización y desarrollo de las elecciones.
Los de vigilancia,
integrados bajo la figura de comisiones y con atribuciones
exclusivas en el ámbito del registro de electores.
El Consejo General
tiene las atribuciones de designar -a propuesta del consejero
presidente- a los directores ejecutivos del IFE. Y es justamente,
en la Junta General Ejecutiva, el órgano ejecutivo y
técnico de mayor jerarquía. El secretario ejecutivo
es Fernando Zertuche Muñoz) y sus directores son del
Registro Federal de Electores, Alberto Alonso y Coria; Prerrogativas
y Partidos Políticos, Arturo Sánchez Gutiérrez;
Organización Electoral, Jaime Rivera Velázquez;
Servicio Profesional Electoral, Marco Antonio Baños Martínez;
Capacitación Electoral y Educación Cívica,
María del Carmen Alanís Figueroa y Administración,
Alfonso Fernández Cruces.
El IFE tiene
una envidiada burocracia y tiene como columna vertebral al Servicio
Profesional Electoral. Y no está por demás decirlo,
que como en otras estructuras administrativas, constituye un
botín de cuotas de poder para consejeros y altos funcionarios
del IFE, así como eventual fuente de corrupción
por las licitaciones y servicios profesionales.
Así que
también en este renuevo del consejo general, también
están en juego decenas de plazas cómodas, bien
pagadas y hasta con cierto glamour.
El IFE se jacta
de ser uno las instituciones más leales y transparentes
del sector público y aunque en su estructura cuenta con
una Contraloría Interna, curiosamente los consejeros
electorales no son sujetos de esa fiscalización.
Con el pretexto
de que fueron elegidos por la Cámara de Diputados, dicen
que se sujetan a su sólo a su supervisión, con
lo cual logran una manga anchísima, pues la Cámara
no tiene la estructura para fiscalizar su actualización
de ahí que se hayan presentado excesos.
(Miguel Angel Ortega)
El Tribunal Electoral
La otra instancia del IFE, la contraparte, es el Tribunal Electoral
del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) que tiene
facultades para resolver, en forma definitiva e inatacable,
las impugnaciones en las elecciones federales de presidente
de la República, diputados y senadores.
Esta instancia
del Poder Judicial tiene facultades para decidir sobre actos
y resoluciones de autoridades estatales para organizar
y calificar los comicios o resolver controversias. Igualmente
funge como tribunal laboral entre el IFE y sus trabajadores.
Una de las mayores
facultades también es determinar e imponer las
sanciones en materia electoral.

Resoluciones imapelables |
EL TEPJF se integra
con una Sala Superior permanente, compuesta por siete magistrados,
con sede en la Ciudad de México y cinco salas regionales
que funcionan temporalmente (únicamente durante el año
electoral), integradas por tres magistrados. Las salas regionales
tiene como sede las cabeceras de las cinco circunscripciones
electorales plurinominales en que está dividido el país:
Guadalajara, Monterrey, Xalapa, Distrito Federal y Toluca.
Los magistrados
-mayores de 35 años, al menos con licenciatura y 10 años
de antigüedad como jueces- son elegidos por la Cámara
de Senadores a propuesta de la Suprema Corte de Justicia de
la Nación y quienes son elegidos para integrar la Sala
Superior duran 10 años improrrogables. Los magistrados
de las salas regionales duran ocho años.
La administración,
vigilancia, disciplina y carrera judicial del Tribunal Electoral,
está a cargo de una Comisión de Administración,
que se integra por el Presidente del Tribunal Electoral, quien
la preside, un Magistrado Electoral de la Sala Superior designado
por insaculación, así como por tres miembros del
Consejo de la Judicatura Federal.
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