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Los oligopolios
aliados a la expansión imperial estadounidense, guían
ya el destino del petróleo del Mar Caspio, inducen leyes
regionales, trazan fronteras y elecciones ad hoc en las ex repúblicas
soviéticas al tiempo que confinan a Irán y excluyen
de todo reclamo a una Rusia que reclama su papel de potencia.
A semejanza del
modus operandi de las Compañías mercantiles del
siglo XVII que dominaron el comercio de Europa con Asia, África
y el Nuevo Mundo, la Chevron, Standard Oil, Royal Dutch/ Shell,
Texaco y otras, apelan a militarizar los estados petroleros
mientras contaminan el hábitat local.
Hoy como ayer,
poseer petróleo no implica paz para los pueblos. Legitimadas
por la lucha contra el terrorismo que emprendió Washington
desde el 2001, las nuevas compañías mercantiles
de hidrocarburos recurren -al igual del siglo XVII- a estrategias
y tácticas militares a la par de una combativa diplomacia
global de la superpotencia.
Durante la colonización
de África, Asia y América, las Compañías
por acciones fueron la expresión más típica
del capitalismo comercial. Las potencias les otorgaban cartas
que les concedían privilegios, a veces monopólicos
y desarrollaron funciones colonizadoras y administrativas.
Para alcanzar
su objetivo, los consorcios actuales transportan el petróleo
y el gas hacia el mercado mundial, eligen mandatarios locales,
otorgan préstamos e influyen para enviar asesores en
la lucha antiterrorista de las regiones que dominan.
Esta política
de total connivencia entre consorcios, política exterior
y despliegue militar, quedó asentada en la primavera
de 1992 en la Guía para una política de Defensa,
redactada por Paul Wolfowitz y Lewis Libby, importantes miembros
de la élite en el poder que ejecuta ya el Proyecto para
el Nuevo Siglo Estadunidense (PNAC, por sus siglas en inglés).
Con ese nuevo
orden energético mundial, los corporativos petroleros
expanden su territorio en Irak, Afganistán y fomentan
desde los noventa, la balcanización del Caspio que posee
entre 25 mil y 100 mil millones de barriles del total de reservas
extraibles y a futuro será una vital fuente de energía
mundial mientras despojan a Rusia de esos recursos.
Una docena de
países participan en la explotación y transporte
del petróleo y del gas licuado que existe en el Caspio.
Por otra parte, enormes intereses comerciales de compañías
de muchos otros países invierten cuantiosas sumas en
promocionarse para conseguir contratos.
El debate actual
se centra en la división entre los países vecinos
de los beneficios. Aunque Washington afirma públicamente
su respeto al reparto de los estados ribereños, Ross
Wilson, embajador estadounidense en Azerbaiyán, apoya
la agenda de las transnacionales.
Según
el Servicio de Información del Departamento de Estado,
el 4 de junio pasado, Steven Mann y Ross Wilson, sostuvieron
una conferencia de prensa en Baku, capital de Azerbaiyán,
durante la que admitieron que han impulsado a esa nación
así como a Kazajastán y Turkmenistán a
crear un clima propicio a las inversiones porque ante
la apertura del sector energético en Irak, los países
del Caspio competirán por ellas.
Steven R. Mann,
asesor especial del secretario estadounidense de Energía
sobre el Caspio, admitió que el mensaje del Presidente
Bush y su administración consiste en dar un fuerte apoyo
al desarrollo de los recursos energéticos de Azerbaiyán
y de transportarlos a través del corredor Este-Oeste.
A su vez, Wilson
el embajador para Azerbaiyán, afirmó que su país
sigue una agenda de desarrollo energético, económico
y de democratización por muchos años. Sin
embargo, la pasada elección presidencial en ese país
fue criticada por su falta de transparencia, por lo que ahora
Washington se deslinda de apoyar a un candidato.
Con respecto
a la integración de Irán en el reparto del petróleo
del Caspio, Mann enfatizó que los Estados Unidos se
oponen absolutamente a proyectos de ese tipo. Es materia tanto
de política como de legislación estadounidense
y expone que cualquier compañía que se comprometa
en ese tipo de proyectos se expone a potenciales sanciones
de su país.
En aras de mantener
a resguardo un recurso vital para su seguridad nacional, la
política estadounidense se traduce bien en la reciente
afirmación del ex secretario de Estado norteamericano
Caspar Weinberger: "Desde el punto de vista estratégico,
los hidrocarburos del Caspio son mucho más importantes
que la ampliación de la OTAN a los países del
Este".
Moscú
reacciona
La Rusia de Vladimir Putin se propuso mejorar de manera significativa
sus relaciones con Kazajastán y Turkmenistán e
Irán -que comparte el objetivo de Moscú de restar
la influencia de Washington en la zona-, y a convocar a un referéndum
en la separatista Chechenia.

Vladimir Putin |
Además,
disputó con Azerbaiyán la soberanía de
los campos en el litoral, argumentando que el Caspio es un lago,
no un mar, y por tanto, los cinco países ribereños
deben compartir sus recursos. Sin embargo, la seducción
de las transnacionales sobre Bakú minó todo esfuerzo
del Kremlin.
Como prevención
a la injerencia occidental sobre el Caspio, el Ministro iraní
del Petróleo, Bijan Namdar Zanganeh y el vicecanciller
ruso, Viktor Kalyuzhny, enviado especial del Presidente ruso
para asuntos del Mar Caspio, acordaron cooperar en materia petrolera
desde enero de 2001
En respuesta
al establecimiento de una base aérea estadounidense en
Kazajastán, el ministro de Defensa ruso, Sergei Ivanov,
estimó la posibilidad de que su país, Kazajastán
y los países ribereños establezcan una fuerza
de defensa conjunta.
Venas abiertas
El Caspio, rodeado por cinco países está aislado
de las importantes rutas marítimas de transporte, por
lo que se construyó un oleoducto que conduce el petróleo
de Azerbaiyán, que comienza en el puerto de Bakú
y termina en Georgia en el puerto de Supsa.
Existen
al menos 8 diferentes proyectos para construir otros oleoductos.
Cada grupo de intereses, en el que participan varios países
a la vez, tiene su oferta y todas implican grandes inversiones
y riesgos inherentes a los conflictos político-militares.
Se requiere
que cada opción cruce varios países y las alianzas
son imprescindibles, por lo que los consorcios han hecho sus
apuestas en aras de disfrutar el próximo siglo del combustible
seguro en un territorio accidentado de un complejo mapa político.
En septiembre
de 1994, la Azerbaiyan International Operating Company (AIOC)
- integrada por nueve petroleras -las firmas estadounidenses
poseían más de un tercio de las acciones- firmó
el «acuerdo del siglo»para invertir 8 mil millones
de dólares en tres campos petrolíferos azerbaijanos
para producir 3 mil 800 millones de barriles de crudo con miras
a producir 700 mil barriles diarios en 2010.
Rusia optó
por participar en la gran fiebre del petróleo y cuando
Aliiev reemplazó a Elchibei, en Azerbaiyán, la
Lukoil rusa obtuvo el 10% de las acciones de la AIOC -sus principales
accionistas eran la British Petroleum y Amoco, con el 17,1 y
el 17%, respectivamente-.
Otra oportunidad
clave para Moscú en Transcaucasia era transportar el
petróleo de Azerbaiyán a los mercados mundiales
por el zigzagueante oleoducto por el Cáucaso septentrional
hasta Novorossiisk en el Mar Negro, que llevaría el crudo
de Tengiz, en Kazajstán.
Ahí
nació el escenario de los corredores. Todos destinados
a sangrar a las ex repúblicas soviéticas de su
petróleo para que los consorcios lo comercien en el mundo
con la mayor ganancia.
Georgia
propuso un corredor alterno: un oleoducto desde Bakú
al puerto de Supsa, en el mar Negro, que pasara de Azerbaiyán
y Armenia a Turquía, pero la guerra de Abjasia, la del
Alto Karabaj y las sanciones económicas de EU contra
Irán, constituían un obstáculo.
En 1995
hubo un pacto temporal: aunque las petroleras deseaban que el
flujo de petróleo del siglo XXI, pasara por Georgia,
para llegar a Ceyhan, en la costa meridional de Turquía,
tanto la opción rusa de Novorossiisk como el oleoducto
a través de Georgia hasta Supsa llevarían el petróleo
«primario».
También
se planea conectar Tengiz con Bakú por el Caspio, con
lo que incluso Asia Central sortearía a Rusia. Esta región
huele a petróleo y se dice que en el Cáucaso norte,
con sólo decir «nefteprovod», o «el
oleoducto», todos saben lo que significa: el oleoducto
Bakú-Novorossiisk tiene impacto en la guerra en Chechenia.
En septiembre
de 2002, The Washington Times, (Las nuevas fronteras del petróleo)
enfatizaba que "gracias al acercamiento del presidente
ruso, Vladimir Putin, a Bush, la relación ruso-estadunidense
se encuentra sobre pies firmes. Y Kazasajtán, el país
más rico del mar Caspio, siente una fuerte solidaridad
por EU".
Georgia, es el otro actor en esta partida de ajedrez. En diciembre
de 2001 el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld se reunió
con dirigentes políticos y militares de Azerbaiyán,
Armenia y Georgia para estrechar vínculos militares.
En este
marco de cooperación el ejército georgiano, ha
recibido diez helicópteros Huey y a 70 soldados de las
Fuerzas Especiales que entrenarán a sus tropas.
Es notable
que la administración Bush tiene un objetivo estratégico
más ambicioso: controlar las importantes reservas de
petróleo del mar Caspio y eliminar la influencia de Rusia
en el Cáucaso Norte, pues Georgia es estratégica
para explotar las importantes reservas de petróleos del
Caspio.
Informes
geológicos señalan que en su lecho marino hay
reservas por 250 mil millones de metros cúbicos de gas
natural y 150 mil millones de barriles de petróleo -7%
de la producción del crudo mundial, suficiente para satisfacer
las necesidades de petróleo de los Estados Unidos por
cuarenta años-.
Tales reservas
han atraído a 11 firmas estadounidenses y 24 empresas
de otros países que han suscrito contratos por 100 mil
millones de dólares para explotar estos recursos naturales.
El juego
chino
En junio pasado, el presidente de China, Hu Jintao, y su colega
de Kazajstán, Nursultan Nazarbayev, acordaron cooperar
en el combate a los terroristas, separatistas y extremistas.
Este Tratado de Buena Vecindad y de Cooperación Amistosa,
guiará el futuro de las relaciones chino-kazajas.
El beneficio
para Beijing se traduce en que el gobierno kazajo reiteró
que el gobierno de China es el único gobierno legítimo
y que no establecerá relaciones oficiales con Taiwán;
además, en materia de energía, el Tratado indica
que realizarán proyectos conjuntos e investigarán
la viabilidad de construir un gasoducto Kazajstán y China.
Kazajastán
apoya el esfuerzo de China para explorar petróleo en
el lecho marino del Mar Caspio.
Shi Wei,
agregado de prensa de la República Popular de China en
México, comentó que aunque su país posee
hidrocarburos, recurre a importaciones de Medio Oriente, también
pretende obtener concesiones en el Caspio sin pretender competir
de manera desleal con las petroleras rusas o transnacionales.
Finalmente,
nos encontramos ante un escenario por demás real: la
neocolonización de un territorio que hasta 1991 fue coto
ruso por parte de la potencia hegemónica mundial.
Fusiones
peligrosas
Danielle Knight describió en Tierramérica, un
portal de información independiente, la preocupación
de grupos ambientalistas sobre la creciente concentración
de poder y riqueza en la industria del petróleo que perjudica
el ambiente, las comunidades y los consumidores de todo el mundo,
tras el anuncio de la compra por Chevron Corporation de Texaco
Inc. por 36 mil millones de dólares, con lo que será
la cuarta mayor firma petrolera mundial.
British Petroleum
Amoco y ARCO (Atlantic Richfield Company) combinaron sus compañías
y crearon un grupo valuado en 200 mil millones de dólares;
desde 1999, se fusionaron Exxon Corporation y Mobil Corporation
por 82 mil millones de dólares.
Grupos de defensa
de los consumidores y del ambiente temen por igual la concentración
de poder resultante de estas fusiones. Arguyen que las fusiones
deshacen la historia al reponer algunas de las piezas del imperio
de Standard Oil, dividida en 34 empresas por la Corte Suprema
de Estados Unidos en 1911.
Exxon -originalmente
Standard Oil de Nueva Jersey- y Mobil, era la Standard Oil de
Nueva York. Atlantic Refining resultó de la división
de Standard Oil, y en 1965 cambió a ser ARCO. Standard
Oil de California fue redenominada Chevron, la Standard Oil
de Indiana mutó a Amoco y en 1987, Standard Oil de Ohio
fue adquirida por British Petroleum.
Esa tendencia
aumenta el poder de las grandes empresas en políticas
de ambiente y energía la influencia de las compañías
petroleras sobre los legisladores estadounidenses por contribuciones
económicas para sus campañas y grupos de presión
impide la ratificación del protocolo, y a medida que
se unen, su opinión es más dominante, advirtió
Wenonah Hauter, directora del Proyecto de Energía del
Ciudadano Público.
Danielle Knight,
observa que esas empresas fusionadas se opusieron al acuerdo
internacional sobre cambio climático conocido como Protocolo
de Kyoto, que exige a los países industrializados reducir
sus emisiones de gases de invernadero, causados por la combustión
de carbón y petróleo.
Además,
la consolidación mundial de la industria petrolera facilita
el mantenimiento de los precios altos a la Organización
de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), según
James Love, director del Proyecto de Consumidores sobre Tecnología,
con sede en Washington.
Finalmente, el
artículo de Knight señala que esas firmas no están
exentas de violaciones a los derechos humanos: en 1995, se acusó
a la Royal Dutch/ Shell de orquestar las muertes de activistas
en Nigeria. Ese año, Texaco fue acusada de racismo ambiental
contra los indígenas de la Amazonia ecuatoriana y en
1995 la compañía enfrentó un escándalo
por discriminación racial entre sus empleados en Estados
Unidos.
Rusia,
país clave
En relación con la política exterior que mantienen
Moscú y Washington bajo el marco de la disputa por los
recursos de la región del Caspio, Miguel Angel Pérez
Martín, profesor del doctorado de Economía y relaciones
internacionales (Universidad Autónoma de Madrid), consejero
asesor de la Casa Asia y secretario general de la asociación
de amistad hispano-iraní, entrevistado vía electrónica,
señala:
El gobierno
ruso no pactó "de facto" con Estados Unidos
un reparto de las concesiones petrolíferas caspianas.
Durante el periodo Primakov -ex canciller (1996)y premier ruso(1998)-
la política exterior de Rusia con respecto a la "cuestión
caspiana" fue la utilización de la retórica
de amenazas y la confrontación contra las ex-repúblicas
soviéticas del Caspio.
Tal política
en último término tenía como objetivo evitar
la concesión de explotaciones petrolíferas a empresas
occidentales pero el gran caos político-institucional,
económico y militar de la Federación Rusa tras
la disolución de la URRS, no permitía sostener
las aspiraciones de Primakov de mantener la tradicional hegemonía
rusa sobre los recursos petrolíferos caspianos.
En consecuencia
las repúblicas del Caspio fueron firmando sucesivos contratos
con empresas europeas y norteamericanas pese a la oposición
rusa. Moscú no tuvo más remedio que adaptarse
progresivamente a esta nueva situación para no verse
relegada por empresas occidentales de un posible "boom
petrolero y durante la administración Putín,
el gobierno ruso optó por negociar y flexibilizar sus
posturas con respecto al estatus jurídico del Caspio
y al derecho de libre explotación por parte de los países
ribereños de los recursos energéticos del entorno.
El nuevo talante
ruso respecto a la "cuestión caspiana" más
afable y dialogante con las ex-repúblicas soviéticas
del Caspio tiene como propósito asegurar la presencia
rusa en la región.
En relación
con la construcción de un oleoducto que evada el territorio
ruso, el especialista observa que hay varios proyectos en la
región, uno de ellos es el que une Tenguiz (oeste de
Kazajistan) con el puerto ruso de Novorossyks (Mar Negro) y
ya ha sido ya finalizado.
Pero cuenta con
diversos problemas: la terminal petrolífera de Novorossiyks
debe ampliarse pues el flujo de crudo que llega a la terminal
mayor que el que puede embarcarse.
Además,
Turquía limita el paso de petroleros por los estrechos
del Bósforo (única salida hacia el Mediterráneo
del crudo procedente de Novorossiyks por cuestiones medio-ambientales,
y finalmente, en el invierno, la climatología del Mar
Negro no permite un tráfico fluido de petroleros.
Por otra parte,
la ruta Tenguiz-Novorossiyks no es muy lucrativa respecto a
otras rutas alternativas pero es rentable puesto que la empresa
norteamericana Chevrom participa. De todas maneras la explotación
económica del petróleo caspiano es menos lucrativa
que la del crudo extraído en el Golfo Pérsico,
el Mar del Norte ,Golfo de México o Africa subsahariana
pero la localización del petróleo caspiano como
posible abastecedor regional de grandes potencias como China,India
o Japón hacen de su control más que una apuesta
económica una base política.
En relación
a la influencia de las trasnacionales del petróleo en
el diseño de la política exterior estadounidense
con respecto a Rusia, el doctor Pérez Martín señala
que las transnacionales rusas en el diseño de la política
exterior rusa es mayor que en otros países, pues la mayor
parte de las divisas que Rusia consigue en los mercados internacionales
son por la venta de gas y petróleo.
Rusia se ha convertido
en un país exportador de materias primas exportaciones
que complementa con la venta de armas. A pesar de su actual
debilidad sigue siendo un país clave en la región
por su historia, su proximidad geográfica al Caspio y
sus potencialidades económicas y militares.
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