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Rusia suscribe acuerdos para controlar el petróleo de Asia Central


La guerra de Irak: Hacia un nuevo orden energético mundial

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Neocolonización implacable
Nydia Egremy

Amparadas en la lucha contra el terrorismo estadounidense desde el 2001, las compañías mercantiles de hidrocarburos del tercer milenio recurren igual que sus homólogas del siglo XVII- a estrategias militares y a una combativa diplomacia que consolida la hegemonía global de la superpotencia.


El control del petróleo

 

Los oligopolios aliados a la expansión imperial estadounidense, guían ya el destino del petróleo del Mar Caspio, inducen leyes regionales, trazan fronteras y elecciones ad hoc en las ex repúblicas soviéticas al tiempo que confinan a Irán y excluyen de todo reclamo a una Rusia que reclama su papel de potencia.

A semejanza del modus operandi de las Compañías mercantiles del siglo XVII que dominaron el comercio de Europa con Asia, África y el Nuevo Mundo, la Chevron, Standard Oil, Royal Dutch/ Shell, Texaco y otras, apelan a militarizar los estados petroleros mientras contaminan el hábitat local.

Hoy como ayer, poseer petróleo no implica paz para los pueblos. Legitimadas por la lucha contra el terrorismo que emprendió Washington desde el 2001, las nuevas compañías mercantiles de hidrocarburos recurren -al igual del siglo XVII- a estrategias y tácticas militares a la par de una combativa diplomacia global de la superpotencia.

Durante la colonización de África, Asia y América, las Compañías por acciones fueron la expresión más típica del capitalismo comercial. Las potencias les otorgaban cartas que les concedían privilegios, a veces monopólicos y desarrollaron funciones colonizadoras y administrativas.

Para alcanzar su objetivo, los consorcios actuales transportan el petróleo y el gas hacia el mercado mundial, eligen mandatarios locales, otorgan préstamos e influyen para enviar asesores en la lucha antiterrorista de las regiones que dominan.

Esta política de total connivencia entre consorcios, política exterior y despliegue militar, quedó asentada en la primavera de 1992 en la Guía para una política de Defensa, redactada por Paul Wolfowitz y Lewis Libby, importantes miembros de la élite en el poder que ejecuta ya el Proyecto para el Nuevo Siglo Estadunidense (PNAC, por sus siglas en inglés).

Con ese nuevo orden energético mundial, los corporativos petroleros expanden su territorio en Irak, Afganistán y fomentan desde los noventa, la balcanización del Caspio que posee entre 25 mil y 100 mil millones de barriles del total de reservas extraibles y a futuro será una vital fuente de energía mundial mientras despojan a Rusia de esos recursos.

Una docena de países participan en la explotación y transporte del petróleo y del gas licuado que existe en el Caspio. Por otra parte, enormes intereses comerciales de compañías de muchos otros países invierten cuantiosas sumas en promocionarse para conseguir contratos.

El debate actual se centra en la división entre los países vecinos de los beneficios. Aunque Washington afirma públicamente su respeto al reparto de los estados ribereños, Ross Wilson, embajador estadounidense en Azerbaiyán, apoya la agenda de las transnacionales.

Según el Servicio de Información del Departamento de Estado, el 4 de junio pasado, Steven Mann y Ross Wilson, sostuvieron una conferencia de prensa en Baku, capital de Azerbaiyán, durante la que admitieron que han impulsado a esa nación así como a Kazajastán y Turkmenistán a crear un clima propicio a las inversiones porque “ante la apertura del sector energético en Irak, los países del Caspio competirán por ellas”.

Steven R. Mann, asesor especial del secretario estadounidense de Energía sobre el Caspio, admitió que “el mensaje del Presidente Bush y su administración consiste en dar un fuerte apoyo al desarrollo de los recursos energéticos de Azerbaiyán y de transportarlos a través del corredor Este-Oeste”.

A su vez, Wilson el embajador para Azerbaiyán, afirmó que su país sigue “una agenda de desarrollo energético, económico y de democratización por muchos años”. Sin embargo, la pasada elección presidencial en ese país fue criticada por su falta de transparencia, por lo que ahora Washington “se deslinda de apoyar a un candidato”.

Con respecto a la integración de Irán en el reparto del petróleo del Caspio, Mann enfatizó que los Estados Unidos “se oponen absolutamente a proyectos de ese tipo. Es materia tanto de política como de legislación estadounidense y expone que cualquier compañía que se comprometa en ese tipo de proyectos se expone a potenciales sanciones” de su país.

En aras de mantener a resguardo un recurso vital para su seguridad nacional, la política estadounidense se traduce bien en la reciente afirmación del ex secretario de Estado norteamericano Caspar Weinberger: "Desde el punto de vista estratégico, los hidrocarburos del Caspio son mucho más importantes que la ampliación de la OTAN a los países del Este".

Moscú reacciona
La Rusia de Vladimir Putin se propuso mejorar de manera significativa sus relaciones con Kazajastán y Turkmenistán e Irán -que comparte el objetivo de Moscú de restar la influencia de Washington en la zona-, y a convocar a un referéndum en la separatista Chechenia.

Vladimir Putin
Vladimir Putin

Además, disputó con Azerbaiyán la soberanía de los campos en el litoral, argumentando que el Caspio es un lago, no un mar, y por tanto, los cinco países ribereños deben compartir sus recursos. Sin embargo, la seducción de las transnacionales sobre Bakú minó todo esfuerzo del Kremlin.

Como prevención a la injerencia occidental sobre el Caspio, el Ministro iraní del Petróleo, Bijan Namdar Zanganeh y el vicecanciller ruso, Viktor Kalyuzhny, enviado especial del Presidente ruso para asuntos del Mar Caspio, acordaron cooperar en materia petrolera desde enero de 2001

En respuesta al establecimiento de una base aérea estadounidense en Kazajastán, el ministro de Defensa ruso, Sergei Ivanov, estimó la posibilidad de que su país, Kazajastán y los países ribereños establezcan una fuerza de defensa conjunta.

Venas abiertas
El Caspio, rodeado por cinco países está aislado de las importantes rutas marítimas de transporte, por lo que se construyó un oleoducto que conduce el petróleo de Azerbaiyán, que comienza en el puerto de Bakú y termina en Georgia en el puerto de Supsa.

Existen al menos 8 diferentes proyectos para construir otros oleoductos. Cada grupo de intereses, en el que participan varios países a la vez, tiene su oferta y todas implican grandes inversiones y riesgos inherentes a los conflictos político-militares.

Se requiere que cada opción cruce varios países y las alianzas son imprescindibles, por lo que los consorcios han hecho sus apuestas en aras de disfrutar el próximo siglo del combustible seguro en un territorio accidentado de un complejo mapa político.

En septiembre de 1994, la Azerbaiyan International Operating Company (AIOC) - integrada por nueve petroleras -las firmas estadounidenses poseían más de un tercio de las acciones- firmó el «acuerdo del siglo»para invertir 8 mil millones de dólares en tres campos petrolíferos azerbaijanos para producir 3 mil 800 millones de barriles de crudo con miras a producir 700 mil barriles diarios en 2010.

Rusia optó por participar en la gran fiebre del petróleo y cuando Aliiev reemplazó a Elchibei, en Azerbaiyán, la Lukoil rusa obtuvo el 10% de las acciones de la AIOC -sus principales accionistas eran la British Petroleum y Amoco, con el 17,1 y el 17%, respectivamente-.

Otra oportunidad clave para Moscú en Transcaucasia era transportar el petróleo de Azerbaiyán a los mercados mundiales por el zigzagueante oleoducto por el Cáucaso septentrional hasta Novorossiisk en el Mar Negro, que llevaría el crudo de Tengiz, en Kazajstán.

Ahí nació el escenario de los corredores. Todos destinados a sangrar a las ex repúblicas soviéticas de su petróleo para que los consorcios lo comercien en el mundo con la mayor ganancia.

Georgia propuso un corredor alterno: un oleoducto desde Bakú al puerto de Supsa, en el mar Negro, que pasara de Azerbaiyán y Armenia a Turquía, pero la guerra de Abjasia, la del Alto Karabaj y las sanciones económicas de EU contra Irán, constituían un obstáculo.

En 1995 hubo un pacto temporal: aunque las petroleras deseaban que el flujo de petróleo del siglo XXI, pasara por Georgia, para llegar a Ceyhan, en la costa meridional de Turquía, tanto la opción rusa de Novorossiisk como el oleoducto a través de Georgia hasta Supsa llevarían el petróleo «primario».

También se planea conectar Tengiz con Bakú por el Caspio, con lo que incluso Asia Central sortearía a Rusia. Esta región huele a petróleo y se dice que en el Cáucaso norte, con sólo decir «nefteprovod», o «el oleoducto», todos saben lo que significa: el oleoducto Bakú-Novorossiisk tiene impacto en la guerra en Chechenia.

En septiembre de 2002, The Washington Times, (Las nuevas fronteras del petróleo) enfatizaba que "gracias al acercamiento del presidente ruso, Vladimir Putin, a Bush, la relación ruso-estadunidense se encuentra sobre pies firmes. Y Kazasajtán, el país más rico del mar Caspio, siente una fuerte solidaridad por EU".
Georgia, es el otro actor en esta partida de ajedrez. En diciembre de 2001 el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld se reunió con dirigentes políticos y militares de Azerbaiyán, Armenia y Georgia para estrechar vínculos militares.

En este marco de cooperación el ejército georgiano, ha recibido diez helicópteros Huey y a 70 soldados de las Fuerzas Especiales que entrenarán a sus tropas.

Es notable que la administración Bush tiene un objetivo estratégico más ambicioso: controlar las importantes reservas de petróleo del mar Caspio y eliminar la influencia de Rusia en el Cáucaso Norte, pues Georgia es estratégica para explotar las importantes reservas de petróleos del Caspio.

Informes geológicos señalan que en su lecho marino hay reservas por 250 mil millones de metros cúbicos de gas natural y 150 mil millones de barriles de petróleo -7% de la producción del crudo mundial, suficiente para satisfacer las necesidades de petróleo de los Estados Unidos por cuarenta años-.

Tales reservas han atraído a 11 firmas estadounidenses y 24 empresas de otros países que han suscrito contratos por 100 mil millones de dólares para explotar estos recursos naturales.

El juego chino
En junio pasado, el presidente de China, Hu Jintao, y su colega de Kazajstán, Nursultan Nazarbayev, acordaron cooperar en el combate a los terroristas, separatistas y extremistas. Este Tratado de Buena Vecindad y de Cooperación Amistosa, guiará el futuro de las relaciones chino-kazajas.

El beneficio para Beijing se traduce en que el gobierno kazajo reiteró que el gobierno de China es el único gobierno legítimo y que no establecerá relaciones oficiales con Taiwán; además, en materia de energía, el Tratado indica que realizarán proyectos conjuntos e investigarán la viabilidad de construir un gasoducto Kazajstán y China.

Kazajastán apoya el esfuerzo de China para explorar petróleo en el lecho marino del Mar Caspio.

Shi Wei, agregado de prensa de la República Popular de China en México, comentó que aunque su país posee hidrocarburos, recurre a importaciones de Medio Oriente, también pretende obtener concesiones en el Caspio sin pretender competir de manera desleal con las petroleras rusas o transnacionales.

Finalmente, nos encontramos ante un escenario por demás real: la neocolonización de un territorio que hasta 1991 fue coto ruso por parte de la potencia hegemónica mundial.

Fusiones peligrosas
Danielle Knight describió en Tierramérica, un portal de información independiente, la preocupación de grupos ambientalistas sobre la creciente concentración de poder y riqueza en la industria del petróleo que perjudica el ambiente, las comunidades y los consumidores de todo el mundo, tras el anuncio de la compra por Chevron Corporation de Texaco Inc. por 36 mil millones de dólares, con lo que será la cuarta mayor firma petrolera mundial.

British Petroleum Amoco y ARCO (Atlantic Richfield Company) combinaron sus compañías y crearon un grupo valuado en 200 mil millones de dólares; desde 1999, se fusionaron Exxon Corporation y Mobil Corporation por 82 mil millones de dólares.

Grupos de defensa de los consumidores y del ambiente temen por igual la concentración de poder resultante de estas fusiones. Arguyen que las fusiones deshacen la historia al reponer algunas de las piezas del imperio de Standard Oil, dividida en 34 empresas por la Corte Suprema de Estados Unidos en 1911.

Exxon -originalmente Standard Oil de Nueva Jersey- y Mobil, era la Standard Oil de Nueva York. Atlantic Refining resultó de la división de Standard Oil, y en 1965 cambió a ser ARCO. Standard Oil de California fue redenominada Chevron, la Standard Oil de Indiana mutó a Amoco y en 1987, Standard Oil de Ohio fue adquirida por British Petroleum.

Esa tendencia aumenta el poder de las grandes empresas en políticas de ambiente y energía “la influencia de las compañías petroleras sobre los legisladores estadounidenses por contribuciones económicas para sus campañas y grupos de presión impide la ratificación del protocolo, y a medida que se unen, su opinión es más dominante”, advirtió Wenonah Hauter, directora del Proyecto de Energía del Ciudadano Público.

Danielle Knight, observa que esas empresas fusionadas se opusieron al acuerdo internacional sobre cambio climático conocido como Protocolo de Kyoto, que exige a los países industrializados reducir sus emisiones de gases de invernadero, causados por la combustión de carbón y petróleo.

Además, la consolidación mundial de la industria petrolera facilita el mantenimiento de los precios altos a la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), según James Love, director del Proyecto de Consumidores sobre Tecnología, con sede en Washington.

Finalmente, el artículo de Knight señala que esas firmas no están exentas de violaciones a los derechos humanos: en 1995, se acusó a la Royal Dutch/ Shell de orquestar las muertes de activistas en Nigeria. Ese año, Texaco fue acusada de racismo ambiental contra los indígenas de la Amazonia ecuatoriana y en 1995 la compañía enfrentó un escándalo por discriminación racial entre sus empleados en Estados Unidos.

Rusia, país clave
En relación con la política exterior que mantienen Moscú y Washington bajo el marco de la disputa por los recursos de la región del Caspio, Miguel Angel Pérez Martín, profesor del doctorado de Economía y relaciones internacionales (Universidad Autónoma de Madrid), consejero asesor de la Casa Asia y secretario general de la asociación de amistad hispano-iraní, entrevistado vía electrónica, señala:

“El gobierno ruso no pactó "de facto" con Estados Unidos un reparto de las concesiones petrolíferas caspianas. Durante el periodo Primakov -ex canciller (1996)y premier ruso(1998)- la política exterior de Rusia con respecto a la "cuestión caspiana" fue la utilización de la retórica de amenazas y la confrontación contra las ex-repúblicas soviéticas del Caspio.

Tal política en último término tenía como objetivo evitar la concesión de explotaciones petrolíferas a empresas occidentales pero el gran caos político-institucional, económico y militar de la Federación Rusa tras la disolución de la URRS, no permitía sostener las aspiraciones de Primakov de mantener la tradicional hegemonía rusa sobre los recursos petrolíferos caspianos.

En consecuencia las repúblicas del Caspio fueron firmando sucesivos contratos con empresas europeas y norteamericanas pese a la oposición rusa. Moscú no tuvo más remedio que adaptarse progresivamente a esta nueva situación para no verse relegada por empresas occidentales de un posible "boom petrolero” y durante la administración Putín, el gobierno ruso optó por negociar y flexibilizar sus posturas con respecto al estatus jurídico del Caspio y al derecho de libre explotación por parte de los países ribereños de los recursos energéticos del entorno.

El nuevo talante ruso respecto a la "cuestión caspiana" más afable y dialogante con las ex-repúblicas soviéticas del Caspio tiene como propósito asegurar la presencia rusa en la región.

En relación con la construcción de un oleoducto que evada el territorio ruso, el especialista observa que hay varios proyectos en la región, uno de ellos es el que une Tenguiz (oeste de Kazajistan) con el puerto ruso de Novorossyks (Mar Negro) y ya ha sido ya finalizado.

Pero cuenta con diversos problemas: la terminal petrolífera de Novorossiyks debe ampliarse pues el flujo de crudo que llega a la terminal mayor que el que puede embarcarse.

Además, Turquía limita el paso de petroleros por los estrechos del Bósforo (única salida hacia el Mediterráneo del crudo procedente de Novorossiyks por cuestiones medio-ambientales, y finalmente, en el invierno, la climatología del Mar Negro no permite un tráfico fluido de petroleros.

Por otra parte, la ruta Tenguiz-Novorossiyks no es muy lucrativa respecto a otras rutas alternativas pero es rentable puesto que la empresa norteamericana Chevrom participa. De todas maneras la explotación económica del petróleo caspiano es menos lucrativa que la del crudo extraído en el Golfo Pérsico, el Mar del Norte ,Golfo de México o Africa subsahariana pero la localización del petróleo caspiano como posible abastecedor regional de grandes potencias como China,India o Japón hacen de su control más que una apuesta económica una base política.

En relación a la influencia de las trasnacionales del petróleo en el diseño de la política exterior estadounidense con respecto a Rusia, el doctor Pérez Martín señala que las transnacionales rusas en el diseño de la política exterior rusa es mayor que en otros países, pues la mayor parte de las divisas que Rusia consigue en los mercados internacionales son por la venta de gas y petróleo.

Rusia se ha convertido en un país exportador de materias primas exportaciones que complementa con la venta de armas. A pesar de su actual debilidad sigue siendo un país clave en la región por su historia, su proximidad geográfica al Caspio y sus potencialidades económicas y militares.

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