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Mayas en extinción
Ana Lilia Pérez

Los Chunes, Quintana Roo.- A sesenta kilómetros de la cabecera municipal de Felipe Carrillo Puerto, cuna de la guerra de castas, se ubica esta región reconocida como la de mayor pobreza en la Península de Yucatán.


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Para el acceso se debe recorrer un largo y sinuoso camino que en época de lluvias se inunda y deja incomunicados a sus habitantes hasta por una semana.
Aquí viven indígenas mayas que se rigen por la ley de usos y costumbres, con una estructura religioso-militar que data de hace más de 500 años.

Conservar su autonomía les ha valido menosprecio del gobierno municipal, estatal y federal. Ninguno los contempla en sus planes de desarrollo y tampoco atiende sus problemas.

Acosados por el hambre, la miseria y enfermedades agudas, en Los Chunes los pocos mayas que habitan la Península mueren cada día.

Las comunidades que integran Los Chunes son Chumpón, Chun-Yah y Chun-Yache, enclavadas en la selva y distribuidas en tierras ejidales; cada familia cuenta con dos hectáreas para el autoconsumo, sólo en años en que la cosecha ha resultado excepcionalmente fructífera, los campesinos designan uno o dos bultos de cada semilla para su venta en el mercado que se ubica en Carrillo Puerto.

Foco de epidemias
En Los Chunes cualquier medida sanitaria parece impensable, no hay agua potable, drenaje ni luz eléctrica. Los nativos obtienen el agua de cenotes y lagunas como la de Chunyaxche.

A pesar de que la zona se encuentra relativamente cerca de la Biosfera de Sian Ka’an, (decretada como reserva en 1986), poco a poco los cenotes comienzan a secarse y con ello el agua a escasear.


Esperanza inutil

El calor extremoso propio de la región selvática, sumado a las precarias condiciones de vida y los altísimos niveles de desnutrición de los mayas, los hacen blanco fácil de paludismo y conjuntivitis que afectan a los habitantes de las tres comunidades. La conjuntivitis afecta principalmente a los adultos; los ojos sumamente inflamados y enrojecidos, que no dejan de llorarles y los lagrimales comienzan a sangrar.

Algunos indígenas manifiestan que están perdiendo la visión, no tienen agua limpia para lavar sus ojos y mucho menos medicamentos para desinfectarlos. Entre los niños lo que más los debilita son la deshidratación y fiebres nocturnas.

Buen recuerdo de un mal gobernador
Por sus negocios ilegales Mario Villanueva Madrid es recordado como uno de los peores gobernadores que ha tenido Quintana Roo; sin embargo la gente de Los Chunes lo recuerda como el único que tuvo iniciativas para Chumpón y Chun-Yah, donde instaló dos clínicas comunitarias.

En Chunpón la clínica permanece como la construcción mejor edificada de toda la comunidad, donde impera la burocracia y sólo atiende de lunes a jueves de 9:00 a 13:00 horas y no hay médicos de base.

A pesar de que el Centro Nacional de Desarrollo Municipal refiere que en todas las comunidades de los municipios de Quintana Roo los servicios médicos se encuentran cubiertos al cien por ciento.

Los medicamentos son cosa aparte.
Durante un fin de semana que esta reportera recorrió la zona de Los Chunes, las clínicas permanecían cerradas. En la puerta un grueso candado resguardaba los escasos muebles. A través de las ventanas los anaqueles lucían vacíos. Solamente unos frascos de jarabe para la tos y gotas para los ojos.

Los indígenas se quejan de que para cualquier enfermedad los “enfermeros” como llaman a los encargados de las dos clínicas, les entregan los mismos medicamentos, cuando los hay.

En emergencias en casos de parto o picaduras de víbora -las más constantes- los indígenas deben hacer viajes urgentes hasta la clínica de Carrillo Puerto, sobre una carretera de alto peligro donde se registran asaltos y volcaduras de viejísimas camionetas en las que viajan.

Los sesenta kilómetros que unen a Carrillo Puerto con los Chunes, están llenas de cruces de madera, fierro y cemento que dan cuenta de los muertos caídos en el trayecto.

Otra aportación de Villanueva a Chumpón, donde se le recuerda como “El Picochulo”, fue la instalación de una cancha de básquetbol, cuyos postes son muy altos para la estatura promedio de los mayas, además no tienen redes, ni balón y mucho menos luz eléctrica, así que las canchas son utilizadas como centro de reunión.

Desde hace algunas semanas los campesinos de Chumpón no han salido a trabajar la tierra, su deteriorado estado de salud se los impide.

A Hilario Angulo la conjuntivitis está a punto de dejarlo ciego, se queja de fuertes dolores en los ojos que le inflaman las venas de la cara. Mientras habla, abre y cierra los hinchados ojos en repetidas ocasiones. El contorno totalmente enrojecido, sin poder contenerlas, gruesas lágrimas recorren su sucio rostro.
La infección se ha corrido hasta los oídos.

Hilario sale de la casa, mientras el resto de la familia se fija en el umbral -la típica construcción de una sola planta, a la usanza maya, con el techo de huano-. Dentro, de las esquinas cuelgan tres hamacas en las que duermen los doce integrantes de la familia, los mismos que dependen por completo de la semilla que produzcan las dos hectáreas sembradas de maíz, fríjol y calabaza.

Fuera de las labores en la tierra, en Los Chunes no hay ninguna otra actividad a la cual puedan dedicarse. Hace algunos años cazaban jabalí y venado, pero dicen que cada vez es más difícil pues hay que alejarse mucho de la comunidad hasta una zona donde hay muchas serpientes y no cuentan con suero para combatir las mordeduras.

Tampoco pueden criar animales de corral pues no tienen los medios para alimentarlos.

En 1999 recibieron la visita del gobernador de Quintana Roo, Joaquín Hendricks Díaz, invitado de honor durante la ceremonia maya en la que se recordaba la guerra de castas iniciada por el indígena maya Jacinto Pat en 1847.


Pese al abandono sus creencias religiosas persisiten

En su discurso aquella noche Hendricks dejó ver que los mayas de la zona no volverían a vivir nunca las condiciones que propiciaron la llamada guerra de castas, el maya, dijo “no es más, ni volverá a ser nunca el pueblo vejado y sometido de 1847, porque esta sociedad actual, que ayudaron a formar, no distingue entre blancos e indios, ni entre ricos y pobres”. Aquél día enfatizó el gobernador que su presencia en la zona era para demostrar a los mayas que no estaban solos ni fuera de los planes de su administración. Desde entonces ningún otro funcionario ha pisado la zona.

Al visitar Chumpón el delegado, Margarito Bac observa extrañado a la gente que llega de fuera “nosotros estamos olvidados”, señala.

Visitamos a la mayoría de las familias de la comunidad (habitada por 400 personas), aunque no pudimos hablar con todos, pocos son los que entienden y hablan el español.

-Aquí en Chumpón hay muchas cosas que nos hacen falta- dice Margarito Bac- ante el presidente municipal hemos solicitado la ampliación de caminos, energía eléctrica, agua potable y otros recursos, pero aquí no llegan.
“Solicitamos también la reparación del camino que conduce hasta el crucero de la carretera, porque con las lluvias se inunda y queda bloqueado”.

Esta es una de las zonas del país más afectadas durante la temporada de huracanes y ciclones. Los desastres que causara Isidoro el 14 de septiembre de 2002 aún se tienen presentes.

Aquél año se recogería una buena cosecha, la mayoría de los campesinos planeaba comprar ropa y zapatos para la familia con el ingreso extra. A escasas dos semanas de que se levantara la cosecha llegó el huracán que arrasó con todo.

Los Chunes quedaron incomunicados casi una semana, lapso en el que el presidente municipal de Cancún trató de enviarles despensas, pero el edil de Carrillo Puerto, Javier Nobelo, prohibió a los indígenas aceptarlas con el apoyo de la fuerza pública.

El argumento al que Nobelo recurrió para obstaculizar la ayuda fue que a su gente nadie más que él la ayudaría. Aunque su administración no entregó nada.
En toda la zona de Los Chunes los indígenas se quejan de la actuación del presidente municipal, el que se niega a cualquier entrevista.

Devastación
Los meses más calurosos -marzo, abril y mayo- también son de peligro para los habitantes de Los Chunes, en esa época del año, todos los días se registran incendios forestales que salen de control y contribuyen al deterioro de la zona maya, la de mayor número de incendios en la región.

El costo de la autonomía
Como comunidades autónomas regidas por sus propias leyes, el único apoyo externo que reciben -pero no el cien por ciento- es Procampo, aunque no les llega directamente hasta sus comunidades, sino a Carrillo Puerto. Para cobrarlo, pagan 200 pesos de la camioneta de alquiler, un costo muy alto para quien no tiene otros ingresos que la ocasional venta de un bulto de semilla y 860 pesos anuales de Procampo.

Además de los gastos del viaje, el banco les cobra comisión de sesenta pesos, aunado a que el apoyo no llega en una fecha definida ni exacta y se ha retrasado hasta tres meses.


Vivir en el atraso

Único vestigio de los mayas rebeldes, las comunidades de Los Chunes conservan su autonomía, no utilizan el horario de verano, practican la religión heredada por sus antepasados y se rigen por sus propias leyes.

Una mezcla entre la religión maya prehispánica con algunos elementos católicos como la adoración de los santos y la virgen de Guadalupe se practica en el centro ceremonial de Chumpón, uno de los cinco centros mayas que aún se conservan en todo el estado.

Se reza en lengua maya y se invoca a dioses mayas y santos católicos. La estructura religiosa es de tipo militar, la misma utilizada por los mayas antiguos, en ellos se encuentran los cargos de general, comandantes, cabos, sacerdotes y rezadores.

El general tiene el cargo máximo, desde hace seis años lo ostenta el indígena de 65 años de edad, Santo García Chac, quien no vive en la zona sino en Señor, comunidad que se ubica a 35 kilómetros de la cabecera municipal, camino a Chetumal.

En la estructura maya la voz de los ancianos es la más respetada, máxime la de quienes ostentan el más alto grado militar, así, Santo García Chac es el que señalar qué castigo merece quien transgrede la ley.

La falta de respeto hacia los adultos, adulterio, robo, asesinatos y comercializar con imágenes religiosas son los delitos más graves.

Los castigos que aplican las comunidades mayas son azotes con una gruesa rama de bejuco. El General decide cuántos azotes recibirá el trasgresor. De esta manera -dicen los mayas- la comunidad se asegura de castigar a los culpables, contrario a lo que sucede en la aplicación del sistema en el Poder Judicial.

Las comunidades mayas también cuentan con sus propias cárceles, que legalmente se les definiría como prisiones clandestinas.
Fuera de la iglesia, el poder civil está a cargo del delegado de cada comunidad. En Chumpón, Margarito Bac, además de ser el vocero de su comunidad ante las autoridades, es el encargado de la prisión y de establecer las sanciones para los que trasgreden el orden.

Mayas rebeldes
En julio de 1847, armados de machetes, los mayas de la región se rebelaron acosados por la falta de alimento, atropellos e injusticias de las que eran objeto, uniéndose a los comandos de los líderes mayas Cecilio Chí y Jacinto Pat en la llamada Guerra de Castas, que durante más de 80 años mantuvo en lucha a los mayas de la Península.

Para sostener la lucha desarrollaron una economía que les permitió abastecerse de armas compradas de contrabando a los ingleses que vivían en Belice.

A setenta años de concluida la Guerra de Castas, los descendientes de los mayas rebeldes recibieron la visita de las bases del EZLN, quienes trataron de integrarlos a sus filas y definir las comunidades autónomas de Los Chunes como municipios autónomos zapatistas, cuestión a la que se negaron.

Con esta acción, los mayas rebeldes de la Península definieron su postura de autonomía frente al gobierno aún sobre sus propios hermanos indígenas, decisión que poco a poco los conduce al exterminio.

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