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En varios discursos
resaltó el hecho de haber sido víctima de espionaje
y dejó en claro que este tema sería prioritario
en la agenda de su administración. Sin embargo a tres
años de gobierno ni siquiera se ha hecho el esfuerzo
por definir el concepto de seguridad nacional.
El 8 de enero
de 2002 por decreto presidencial se creo el Consejo de Seguridad
Nacional en sustitución del gabinete de seguridad nacional,
instituido por Carlos Salinas de Gortari, el cual agrupaba a
la Secretarías de Gobernación, Defensa, Marina,
Relaciones Exteriores y Procuraduría General de la República,
designándose la figura de consejero de Seguridad Nacional
a Aguilar Zinder, cuya oficina se encontraba en el centro comercial
Plaza INN.
Aguilar
Zinzer incapaz
Pronto quedó de manifiesto la falta de sustento jurídico
con que fue creado el Consejo y la incapacidad de Aguilar Zinzer
para llegar a acuerdos con los secretarios de Estado encargados
de la seguridad nacional.
Para Javier
Oliva, profesor de postgrado de Sistemas Políticos y
Estructuras de Poder, Políticas Públicas y Seguridad
Nacional en la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM
y asesor del Colegio de la Defensa Nacional, la creación
del Consejo implicó un grave desconocimiento de cómo
funciona esta área tan importante y delicada de la política
del país y sus instituciones.
Constitucionalmente
el comandante supremo de las fuerzas armadas, es el presidente
de la República. Entonces plantearse la situación
de que un intermediario, así fuera propuesto por el presidente
entre el procurador de la República, el secretario de
la Defensa o el de Marina, implicaba violentar la Constitución.
La segunda
incongruencia -dice Oliva- es de carácter política
y radica en el tratamiento que se le da a los temas relacionados
con la seguridad nacional que ya existen desde que se creó
el Centro de Inteligencia y Seguridad Nacional (CISEN).
De manera
que plantear una superestructura burocratizaba un tema en el
cual las decisiones se toman al momento. Por inconsistencia
jurídica y falta de visión política para
su creación no tuvo futuro esa coordinación y
otras que han desaparecido, dice el investigador.
Fox cayó
en un pantano
Es evidente que para Fox el tema de la seguridad nacional, igual
que otros temas estructurales del país, no es prioritario
para su gobierno.

Gertz Manero, Macedo de la Concha,
Vicente Fox |
El presidente
cayó en el mismo pantano que en materia de derechos humanos
y otros temas, dice el investigador Sergio Aguayo. Recuerda
que prometió reestructurar el CISEN, lo cual no ocurrió
porque el diseño institucional supuso que iba a funcionar
con los tres comisionados, cada uno en diferentes partes del
gabinete.
El Consejo
de Seguridad Nacional no funcionó dice Aguayo, primero
porque no estaba contemplado en el organigrama de la administración
pública federal y segundo porque era muy difícil
políticamente que Santiago Creel, Rafael Macedo de la
Concha, Clemente Vega o el CISEN entregaran información
a Aguilar Zinzer para que se encargara de hacer la síntesis
que establecía el decreto.
Las fuerzas
del viejo régimen no estaban dispuestas a entregar sus
parcelas de poder y el presidente fue aceptando gradualmente
esta situación en el campo de la seguridad nacional.
Otro factor fue la incapacidad, indiferencia, impotencia y mediocridad
del Congreso, incapaz de entender la trascendencia de legislar
en materia de seguridad nacional.
Por su
parte, el coordinador del Diplomado de Seguridad Nacional del
Instituto Tecnológico Autónomo de México
(ITAM), Oscar Rocha, reconoce que otro problema que tuvo el
Consejo de Seguridad Nacional es que nunca estuvo claro si estaba
autorizado o no por el presidente, por lo que algunos pensaron
que era una ambición personal de Aguilar Zinzer y ante
la ambigüedad de sus funciones los demás secretarios
terminaron por no hacerle caso.
Considera
que Fox no tenía donde ubicar a Aguilar Zinzer en el
gabinete y cuando éste le propuso ser el consejero de
seguridad nacional, el presidente aceptó sin entender
lo que significaba. Zinzer nunca convenció al presidente
de la utilidad que esto pudiera tener, y la prueba es que cuando
sale cierran su oficina.
El investigador
considera que uno de los mayores errores fue mencionar en los
primeros meses de su gobierno a un supersecretario que fue visto
con recelo por el resto del gabinete.
Aguilar
Zinzer es muy difícil para trabajar en equipo y cuando
fracasa en la oficina de Seguridad Nacional y se encuentra cortado
de todo flujo de información, busca el Consejo de Seguridad
de la ONU lo que causa un distanciamiento con su amigo Jorge
Castañeda pues éste veía como un logro
de la cancillería un lugar en el Consejo de Seguridad
y Zinzer simplemente se fue por la libre.
Algo peculiar,
dice Rocha, es que la oficina se ubicara en el Centro Comercial
Plaza Inn, al sur de la Ciudad de México, pues en política
la cercanía dice que tan importante es alguien.
Cuando
Carlos Salinas era presidente, Córdoba Montoya tenía
sus oficinas en la misma casa de Salinas y no dudo que Durazo
tenga su oficina a milímetros de la de Fox, entonces
mandar al consejero de Seguridad Nacional con lo rimbombante
que esto suena a una oficina en un centro comercial habla de
la poca importancia que tenía este Consejo dentro de
las prioridades de la presidencia.
José
Luis Calderón Arózqueta, director de la maestría
y coordinador del Diplomado en Seguridad Nacional del Instituto
Nacional de Administración Pública (INAP) y quien
trabajó por más de quince años en el CISEN,
considera que al Consejo de Seguridad Nacional le faltó
un operador que tuviera la capacidad para concensar con las
distintas dependencias encargadas de la seguridad nacional y
con capacidad de convocatoria.
Más
allá de los conocimientos, el Consejo necesitaba una
persona capaz de dar confianza, pues la información que
se maneja es muy sensible para la seguridad del país
y no se puede intercambiar con cualquier persona y esa confianza
se tiene ganar y no imponerse por decreto.
Marco jurídico
Los especialistas coinciden en que mientras no haya un marco
jurídico que acote las funciones de los órganos
encargados de la seguridad nacional, difícilmente se
podrá contar con una agenda que incluya a los temas más
importantes en esta materia.
De no legislar
seguiremos viendo que en la agenda de seguridad nacional se
incluyan cada vez más temas que nada tiene que ver en
este sentido y que sólo provoca que las decisiones sean
circunstanciales, sin una planeación y un seguimiento
que nos haga vulnerables a obedecer los caprichos en materia
de seguridad nacional de los Estados Unidos y se le exija demasiado
a instituciones como el ejército.
Es imposible
-dice José Luis Arózqueta- que se le exija a un
gobernador que dé información institucional o
que participe en una comunidad de inteligencia como los hay
en otros países.
¿Quién
sienta a la mesa a aduanas, a la gente del SAT, del CISEN, de
la PGR para decirles que va a haber una reunión mensual
de seguridad para tratar temas como migración, ¿Cuánto
tiempo se llevó para crear una comisión para investigar
el caso de las muertas de Juárez? Si ya tienes a las
instituciones pues ponlas a funcionar, organízalas pero
si ves que un funcionario dice una cosa y otro dice otra, el
estatal una el federal otra, entonces mientras no haya un marco
legal pues no puede funcionar.
Temas como
la escasez del agua, el desempleo, Atenco o narcotráfico,
son sin duda problemas de seguridad nacional. Sin embargo las
agendas en este rubro deben planearse a una o dos generaciones
a lo mucho, dice Javier Oliva.
Pero no
se pueden estar improvisando sexenio tras sexenio por la falta
de una definición y una doctrina en materia de seguridad
nacional y no se puede crear una coordinación o un Consejo
nada más por querer hacer diferentes las cosas, concluye.
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