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Para la industria
editorial mexicana la competencia desleal genera una merma del
60 por ciento en sus utilidades. Las editoriales, las librerías
y los autores pierden entre 2 mil y 3 mil millones de pesos
al año por la piratería, cifra que representa
tan sólo el 20 por ciento del derrame. La reprografía
(fotocopiado) constituye el otro 40 por ciento.
En fotocopiado
no autorizado y piratería editorial nuestro país
es el número uno de América Latina, afirma el
presidente del Centro Mexicano de Protección y Fomento
de los Derechos de Autor (Cempro), Ángel Quintanilla.

Ángel Quintanilla |
Dos de cada
diez libros que se comercializan son piratas; el sector privado
produce cien millones de ejemplares al año, entonces,
estamos hablando de 3 mil millones de pesos que pierden proporcionalmente
las librerías, las casas editoras y los autores, asegura.
Mercado
Negro
Pese a que México ocupa el penúltimo lugar en
los índices de lectura de la Organización de Naciones
Unidas para la Ciencia, la Educación y la Cultura entre
los 108 países que la integran, con 1.2 libros por habitante
al año, los piratas mantienen 20 millones de ejemplares
a la venta en el mercado negro.
Los puestos
informales en el Zócalo capitalino y en otras ciudades
como Monterrey y Guadalajara son considerados por el Cempro
como principales puntos de distribución, no obstante,
los alcances de esta industria aumentan y algunos negocios establecidos
comienzan a vender ejemplares falsos.
Quintanilla
reconoce que sí hay librerías que comercian material
pirata, pero esto no quiere decir que estén participando
de manera consciente, sino que los involucraron de alguna forma,
y como no tengo información específica de que
estén actuando de mala fe al soltar un nombre podría
dañar la reputación de alguien que no está
participando.
Para Gonzalo
Araico, presidente de la Cámara Nacional de la Industria
Editorial Mexicana (Caniem), los encargados de las librerías
o están en contubernio con este comercio ilegal o reciben
libros piratas por originales con algún tipo de factura
apócrifa, el problema es complejo, no quiero pensar que
el comercio formal está comprando libros piratas para
comercializarlos, eso sería muy grave.
Aunque
no existen registros en México, la industria ilegal extiende
su mercado al resto del continente, Ana María Cabanellas,
presidente del Grupo Interamericano de Editores, con sede en
Argentina, ha denunciado que la proliferación de la piratería
es tal que se han exportado libros apócrifos. De Colombia
y de México se exporta material ilícito a Centroamérica,
sentencia.
En nuestro
país este ilícito se ha sofisticado en la parte
editorial; en oposición a los primeros libros piratas
que eran de muy baja calidad, ahora hasta el realzado en las
portadas se copia, comenta el presidente de la Caniem.
La calidad
del papel, de la impresión o el precio, que es entre
10 y 50 pesos más barato, son las únicas diferencias
que un lector puede detectar entre la edición ilícita
y la original.
Uno de
los casos más relevantes es el de Los Hornos de Hittler,
publicado por editorial Diana, entre la versión original
y la copia no hay diferencias porque ambas se realizan con los
negativos de la casa editora; este título reporta ventas
de entre 5 mil y 8 mil ejemplares al año.
El nivel
de sofisticación de la industria pirata no tiene más
que una explicación, y es que se trata de una industria
rentable. Aún cuando un ejemplar pirata no sea exactamente
idéntico al original la calidad es aceptable, expresa
Raúl Zorrilla, director general de publicaciones de Conaculta.
Dificultades
jurídicas
Pese a la evidente comercialización en el centro de la
ciudad de México, según informes del sitio de
Internet de la Procuraduría General de la República
(PGR), de 1997 a 2003 se han confiscado tan sólo 98 libros
de los 20 millones de ejemplares que se producen por año
en imprentas clandestinas.
Para poder
decomisar la mercancía apócrifa los afectados
deben denunciar el hecho, presentar testigos y pruebas de la
violación a sus derechos ante el Ministerio Público
Federal, para que éste las analice y solicite al juez
acciones específicas como operativos o cateos. La ley
no facilita la persecución de estos delitos porque la
piratería no se persigue de oficio, sólo por denuncia
del afectado o de sus representantes, dice Quintanilla.
Ernesto
Villanueva, miembro del Instituto de Investigaciones Jurídicas
de la UNAM, comenta que debería de hacerse algo más
expedito, no podemos pedir que sea un delito que se persiga
de oficio porque las autoridades no tienen los elementos para
analizar e investigar cuando hay un requerimiento de una persona
moral o de una persona física afectada, pero sería
positivo que hubiera un procedimiento sumario.
El sumario
consiste en la reducción de los tiempos tradicionales
que establece la ley para el proceso administrativo y el proceso
judicial, así, un asunto que abarcaría de seis
meses a año y medio se tardaría tres o cuatro
meses.
La piratería
editorial se combate a través de tres instituciones:
el Instituto Nacional de Derechos de Autor (INDA), el Instituto
Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI) y la PGR.
Pero estas
instituciones sólo actúan si el afectado presenta
denuncia; el INDA puede establecer una junta de avenencia con
los supuestos infractores para llegar a un acuerdo. El IMPI
tiene autoridad para combatir violaciones en materia de comercio
pero sólo si así lo solicita el afectado; y para
que la PGR proceda se tienen que levantar una denuncia ante
el Ministerio Público.
Alfredo
Rendón, presidente general adjunto de propiedad industrial
del IMPI, expresa que en el caso de la piratería editorial,
las denuncias que nos presentan son mínimas, porque los
titulares de los derechos de esta industria acuden directamente
a la PGR.
Para Raúl
Zorrilla, los resultados en el combate a la piratería
se entienden porque estos son delitos que se han dejado pasar,
es inexplicable que vayas al centro histórico y esté
lleno de libros apócrifos y nadie pueda hacer nada al
respecto.
Es un hecho
que el incremento y la sofisticación de la piratería
amenazan al ramo editorial y que de no combatir este ilícito,
el sector podría enfrentar una importante crisis. En
el largo plazo la piratería daña a la industria
e inhibe la producción, sentencia Zorrilla.

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