|
Después
de siete años de trabajo en los que logró el reconocimiento
de la ciudadanía por la imparcialidad en sus actuaciones,
principalmente en las elecciones presidenciales de 2000, el
Consejo General del Instituto Federal Electoral (IFE) se enfrentará
a la renovación de sus integrantes con la deuda de no
haber resuelto el caso de los Amigos de Fox, lo que merma la
imagen del instituto.
El próximo
31 de octubre la nueva legislatura de la Cámara de Diputados
tendrá que elegir a los nuevos integrantes del Consejo
General de IFE. El Código Federal de Instituciones y
Procedimientos Electorales (Cofipe) establece que los consejeros
electorales serán electos por el voto de las dos terceras
partes de los miembros presentes de la Cámara de Diputados,
a propuesta de los grupos parlamentarios, por un periodo de
siete años, pudiendo ser reelectos.
Esto significa
que la elección de los consejeros electorales se debe
dar por consenso de los diferentes grupos parlamentarios, para
garantizar tanto la pluralidad de ideas como la imparcialidad
y objetividad de sus integrantes.
Sin embargo, al ser el IFE un actor clave para las elecciones
del 2006, se prevé una lucha intensa en la Cámara
de Diputados entre los diferentes partidos políticos
para colocar a las personas más cercanas a sus intereses.
Para Luis Hernández
Avendaño, especialista en temas electorales de la Universidad
Iberoamericana, la renovación del IFE será reñida,
no tanto al interior del propio órgano electoral como
dentro del Congreso, porque es una oportunidad innegable para
que los partidos coloquen en el Consejo a aquellas personas
que sientan más cercanas a sus posiciones.
Carlos Casillas,
profesor e investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana
(UAM), coincide en que la conformación de la Cámara
de Diputados generará conflictos, pues uno de los criterios
que se utilizan para la integración del Consejo es que
ninguno de los candidatos puede ser vetado por los partidos,
de manera que quienes sean presentados deben contar con el apoyo
de por lo menos dos fuerzas políticas.
Es la primera
vez que se va a elegir al Consejo en condiciones como las que
tenemos. Desde 1997 no se ha elegido un Consejo y seguramente
va a haber más dificultades para que el Congreso se ponga
de acuerdo en el nombre de los personajes que ocuparán
esos cargos.
Pero posiciones
más conservadoras contemplan la posibilidad de que en
la elección de los nuevos consejeros del IFE haya consensos
por parte de los partidos políticos.
A decir de la
consejera ciudadana del IFE Jacqueline Peschard Mariscal, habrá
una difícil negociación dentro de la Cámara
de Diputados, aunque asegura que de alguna manera por el hecho
de que la ley requiere la elección por las dos terceras
partes, obliga a los partidos a sentarse a platicar y analizar
cuál es la mejor conformación del Consejo.

Jacqueline Peschard Mariscal
|
Si bien la situación
en los últimos meses ha sido muy álgida debido
a las campañas de desprestigio previas a las elecciones
del 6 de julio, el catedrático de la Universidad Iberoamericana
Juan Luis Avendaño cree que este ambiente tenderá
a la distensión, pues las fuerzas políticas están
ávidas de llegar a acuerdos, como lo quiere la ciudadanía
y la clase política y los empresarios.
Quiero ser optimista
y pensar que el ánimo en el Congreso será más
de construcción que de confrontación. La elección
de consejeros del IFE se hará de forma pacífica
y no en un ámbito de confrontación política.
El Congreso no tendrá mayor problema para llegar a consensos
y no creo que esto resulte en un conflicto político,
advierte.
Renovación-reelección
El tema de la renovación o reelección de algunos
integrantes del Consejo General del IFE supone opiniones encontradas.
Por un lado se plantea la posibilidad de renovar sólo
una parte del Consejo y por otro su totalidad.
Jacqueline Peschard
plantea que la renovación del Consejo General se debe
dar por partes, como en el caso del Consejo de la Judicatura.
Esto permite -alega- que lleguen opiniones frescas con una parte
que ya acumuló experiencia. Esta combinación le
daría mayor garantía a la continuidad de los trabajos
y estabilidad al proceso de construcción de los acuerdos
de los órganos colegiados.
La ley no impide
que haya una reelección. Entonces eventualmente pudiera
ocurrir sin que hubiera ninguna reforma de ley, pero esta es
una decisión de la Cámara de Diputados. Al final
el IFE puede vivir con una cosa o con otra y no se alterará
el trabajo cotidiano del instituto.
Sobre el tema,
el investigador de la Universidad Nacional Autónoma de
México (UNAM) Valeriano Ramírez considera que
la renovación del Consejo se dará con base en
la propuesta del presidente del IFE, José Woldenberg,
que contempla que la presidencia del nuevo Consejo quede en
uno de los actuales consejeros. Algo que garantizaría
la experiencia necesaria para conocer la forma de trabajo del
instituto, la comunicación que ya se estableció
con los partidos y la relación con el Ejecutivo.

Elecciones 2003 |
Esto -sostiene
Juan Luis Hernández, catedrático de la Universidad
Iberoamericana- posibilitaría enfrentar situaciones tan
difíciles como la elección presidencial de 2006:
Con tres elecciones importantes los consejeros tienen la capacidad
para obtener la presidencia del instituto, que necesita consolidarse
como la institución política más importante
del país. Pero dependerá del Congreso.
El académico
de la UAM Carlos Casillas observa a este respecto que la reelección
de consejeros no estaría mal, pues podría ser
un estímulo y una posibilidad de acumular experiencia.
El problema
es que alguno de ellos han sido cuestionados en su actuación,
de manera que reelegir a personajes que no han sido bien vistos
por un sector de la opinión pública pudiera ser
contraproducente en la búsqueda de fortalecer la institución,
agrega.
El
perfil
Con un Congreso eminentemente tripartito, la elección
de los consejeros tiene que darse con la aprobación de
por lo menos dos partidos políticos, y para que algún
personaje logre este consenso debe ser una figura respetable
por su trayectoria profesional y personal.
La ley establece
que no pueden ser dirigentes de ningún partido político,
de ningún nivel estatal o municipal durante los tres
años anteriores para que los vínculos estén
por completo disueltos, en aras de que las decisiones de los
consejeros no estén comprometidas o respondan a alguna
lealtad con un partido político.
La mayoría
de los consejeros saldrá del ámbito académico
y de las organizaciones no gubernamentales: Porque son los
sectores sociales en donde se intuye cierta imparcialidad. Mientras
más lejana sea la currícula respecto de los partidos
evidentemente será mejor, señala Hernández
Avendaño.
De si los candidatos
deben tener algún perfil profesional, la consejera electoral
Jacqueline Peschard cree que esto no importa, pues a nivel nacional
hay consejeros de distintas extracciones profesionales con gran
experiencia en todos los niveles de la institución.
En este sentido,
el académico de la UAM Carlos Casillas piensa que lo
mejor es que sean perfiles lo más neutrales posibles,
ya que ha habido varios consejeros que después han ocupado
cargos en los gobiernos federal y local: Lo más conveniente
es que fueran abogados de oficio y además con experiencia
en los tribunales importantes, para que tengan un criterio estrictamente
legal.
Pero el profesor
de la UNAM Valeriano Ramírez disiente en este punto,
al tomar en cuenta que aunque los abogados tienen de su lado
el manejo de la ley, dejan de lado los acuerdos políticos,
que es lo que prevalece en los procesos electorales.
Debe ser gente
que esté trabajando y esté estudiando los procesos
electorales como línea de investigación y que
pudiera dar alternativas y formas de participación política
relevantes para capitalizar los acuerdos políticos. Los
magistrados pudieran ser referentes innegables, pero no necesariamente
los encargados del Consejo Electoral.
La nueva composición
del Consejo General del IFE, indica Valeriano Ramírez
tendrá que buscar mecanismos de credibilidad, no sólo
en los procesos electorales sino en la credibilidad de los partidos
políticos, para permitir la afluencia de votantes y una
competencia electoral significativa. Creo que es en donde deben
preocuparse los nuevos consejeros y lo que está pidiendo
la sociedad, concluye.
Candidato Natural

José Florencio Fernández
Santillán |
Profesor del
Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey,
investigador, consejero electoral suplente y autor de varios
libros sobre temas electorales, José Florencio Fernández
Santillán es candidato natural para ocupar el cargo de
consejero electoral después de haber rechazado el puesto
a finales de 2000 por causas profesionales.
Hoy en día
el académico es referencia obligada para hablar sobre
el IFE. En entrevista, se refiere a la renovación del
Consejo Electoral del instituto.
-¿Cómo ve usted en términos generales la
renovación del Consejo General del IFE?
-Lo que puedo decir es que yo mismo me encuentro involucrado
porque fui consejero suplente y debí haber entrado en
lugar de Emilio Zebadúa y al declinar en noviembre de
2000 ocupó su lugar el que estaba sembrado detrás
de mí, Virgilio Rivera.
El IFE se ha convertido en uno de los ejes del proceso de democratización
de nuestro país y obviamente gravitan sobre él
intereses políticos de toda índole.
Yo veo dos alternativas. Por una parte, si los partidos siguen
considerando que deben repartirse el botín entre ellos
y poner a gente más o menos cercana a ellos, esto sería
una fragmentación de las posiciones. Lo que propondría
es que se encontraran candidatos más neutrales que dejaran
a un lado la lógica de poder que envuelve a los partidos
políticos.
-Algunos politólogos creen que no habrá problemas
para que los partidos lleguen a consensos. ¿Usted qué
cree?
-Yo compartiría esa idea más que como una previsión
con un propósito normativo, una especie de deber ser,
es decir, un acuerdo entre partidos alrededor de nombres respetables,
destacados, de prestigio y calidad moral y académica
que le pudiera dar lustre a la institución
-¿Los partidos comprenderán esta idea?
-Hay que recordar que los partidos vienen de una contienda en
donde se subieron al ring y se dieron con todo. Y no sé
si el tiempo y el ritmo de la política tan acelerados
lo permitan: que después de darse con todo lleguen a
concordancias. Esa es la gran duda de todos.
-¿A pesar de que el Consejo no tiene nada que ver con
la elección en el interior, ha habido golpes fuertes?
-Es que la propia legislación da lugar a eso, porque
no está claro, si se permite la reelección o no.
Y entonces al quedar ese vacío tiende a ser llenado por
especulaciones que obviamente atañen a la configuración
actual del Consejo General.
-¿No se está viendo al IFE como un trampolín
político?
-De ahí surgió lo que es llamada sin mucho tino
la Cláusula Molinar, que estipula que ellos no puedan
trabajar en el gobierno en cuya elección participaron.
Esto daría más prestancia y menos especulación
respecto de los avatares cotidianos de la lucha por el poder.
-¿El cambio total del Consejo no sería un retroceso?
-No veo por qué. Al contrario, en la vida democrática
y republicana una de las claves es la renovación de los
puestos públicos, y no su perpetuación. Yo veo
con reticencia todo intento de reelección o de permanencia
en los puestos públicos o de elección.
|