Guerra sucia
en el magisterio
Por Leticia Tecla/Juan Gerardo Estrada

Escribir sobre la guerra sucia es algo más que investigar con la curiosidad e interés del científico social o escribir buscando un estilo literario precioso y definido.

Define un compromiso y sella una obligación con los otros a partir de la acepción literal de que la guerra busca terminar con el enemigo, conquistarlo, someterlo o dominarlo por medio de las armas o su destrucción total, ejerciendo la violencia institucional del Estado.

El término guerra sucia implica que sea no declarada, sin reglas ni normas; que se suprima todo derecho posible a ejercer y no se respeten las garantías individuales a los disidentes, a los perseguidos, a los secuestrados.

La guerra sucia se inscribe como uno de los mecanismos que utiliza el Estado para socavar, reprimir y exterminar los movimientos sociales que escapan a su control, utilizando los campos militares como campos de concentración y a grupos represores como Brigadas Blancas, Batallones de la Muerte, que en América Latina han servido para aplastar a la izquierda.

La guerra sucia se caracteriza por ser una forma institucional de violencia del Estado sin respetar el marco jurídico y en violación absoluta de los derechos humanos, aplicando la tortura como mecanismo para obtener información. Las mutilaciones, las vejaciones, las desapariciones políticas y las ejecuciones se convierten en regla y forma de resolver los conflictos.

El movimiento magisterial ilustra una de las facetas de la guerra sucia. Basten algunos testimonios de sus líderes:
Víctor Echeverría, líder en Guerrero, informa que en la entidad hay 152 asesinatos sin resolver, el último de ellos ocurrido en 1979. Como desaparecido político está Gregorio Alfonso Alvarado López, secuestrado el 26 de septiembre de 1996, a la salida de una reunión de la organización 500 Años de Resistencia. Su caso fue llevado a Amnistía Internacional, y ante la Fiscalía Especial, así como una exhortación al propio gobernador para el esclarecimiento de este hecho.

A decir de Víctor Echeverría, la Fiscalía Especial no ha tenido la sensibilidad política ni la voluntad para resolver las diferentes denuncias. Sostiene que ésta ha servido como cortina de humo para ocultar la incapacidad del gobierno foxista, para ser congruente con sus promesas de castigar a los protagonistas de la guerra sucia.


Rosario Ibarra, por los desaparecidos

Como responsable de estos asesinatos señala a Elba Esther Gordillo que, de acuerdo con declaraciones del mismo Jonguitud Barrios, pagaba al grupo de Los Chiquilines a razón de nueve mil pesos por homicidio.

Claudio Flores Osorno, líder en Oaxaca, explica que en esta etapa de la guerra sucia se presentaron varias denuncias en diferentes instancias para acusar a los culpables que han asesinado, torturado y desaparecido maestros en ese estado con el fin de mantener el control del sindicato.

Estas denuncias se han presentado en la Fiscalía Especial para Delitos Electorales por malversación de fondos y uso de las cuotas magisteriales para fines electorales en contra de Jonguitud Barrios y de Elba Esther Gordillo, así como en la PGR por enriquecimiento ilícito.

En ellas se asienta que en la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) ha habido más de 150 asesinatos, en los estados de Guerrero, Oaxaca, Chiapas y Michoacán.

Benjamín Melgarejo, de la Sección XXXVI, responsabiliza a Elba Esther Gordillo del asesinato de Misael Núñez Acosta en 1981. Gordillo habría ordenado que lo emboscaran al salir de una asamblea de padres de familia.

Los autores materiales del crimen fueron detenidos, pero sospechosamente se les dejó escapar del Cereso. En el proceso a que fueron sometidos se comprobó que Rufino Vences, Natividad Vences y Jorge Mejía dispararon a bordo de un automóvil Le Barón rojo contra Núñez Acosta. Los homicidas cobraron 300 mil pesos a Elba Esther Gordillo.

El líder de la CNTE en Michoacán, Eugenio Rodríguez Cornejo, comenta que la muerte de Francisco Javier Acuña Hernández estuvo envuelta en la sospecha, la duda y la ironía. Murió en un extraño accidente a unos kilómetros de Zamora, en los primeros minutos de 2000.

Asegura que en esa ocasión los servicios periciales, la Policía Federal de Caminos y el Ministerio Público brillaron por su desconcertante celeridad, rapidez y desempeño, cerrando el caso en cuestión de horas, sin que se esclarecieran las causas del deceso, provocado por la embestida de una camioneta reforzada, cuyo conductor fue liberado de inmediato.

Y recuerda la declaración que hizo el exgobernador Víctor Manuel Tinoco Rubí, el 28 de diciembre del mismo año, cuando se le preguntó si consideraba al magisterio como su enemigo: “No, en el magisterio sólo tengo tres enemigos: Sergio Espinal, Juan Pérez y Francisco Javier Acuña Hernández”. Por tanto, “llegamos a la conclusión de que Tinoco estuvo implicado en este homicidio”, agrega el dirigente.

A la luz de estos testimonios llegamos a las siguientes conclusiones:


1. La guerra sucia se extendió a todos los movimientos sociales.
2. Sucede así porque la situación que privaba en ese entonces le daba a los charros toda la cobertura política estructural y partidaria.
3. Se podía llevar a cabo porque estaban en el gobierno, y en el poder, eran parte orgánica de las fuerzas que gobernaban este país.
4. La Fiscalía Especial es un simulacro de justicia, pero había que utilizarla para demostrarlo con los resultados en la mano: hoy, lo vemos ya, exoneró en la práctica a Elba Esther Gordillo, a quien todos los testimonios señalan como responsable de estos homicidios.
5. El gobierno de Fox se convierte en su cómplice y sella por medio de Marta Sahagún su compromiso de privatizar la enseñanza.

No quitaremos el dedo del renglón para aclarar todos los asesinatos y desapariciones políticas de la guerra sucia. Lucharemos desde la resistencia civil y permaneceremos por congruencia en la disidencia organizada.

A la salud de todos ellos son estas letras que hoy escribo, para las Artemisas, las Violetas, los Adolfos, los Franciscos, los Artemios, las Saturninas, los Víctores, los Eugenios, los Danieles, las Ana Marías, los Jesuses y tantos, tantos otros. Para los Misaeles, para los Claudios y los Alejandros. Para las mujeres, los hombres, los jóvenes y los niños que comparten este sueño, vaya este artículo. Señores, a quien corresponda.


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