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Después
de haber enfrentado con éxito una elección
presidencial que concluyó con la derrota histórica
del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y que
representó el ascenso al poder de Vicente Fox
y el Partido Acción Nacional hace ya casi tres
años, el Instituto Federal Electoral (IFE)
enfrenta ahora una batalla por su propia credibilidad,
lastimada por los escándalos políticos
derivados de las investigaciones que lleva a cabo
la Comisión Fiscalizadora.
Cuestionado
por el PRI por la supuesta parcialidad con que ha
manejado el caso Amigos de Fox, en relación
con el Pemexgate, el IFE encara la elección
del 6 de julio y la renovación de su Consejo
Nacional con problemas internos que ponen en peligro
su estabilidad.
Al
IFE se le han reconocido varios logros, entre ellos
la organización de los procesos electorales;
la validez del padrón electoral; los programas
de capacitación, y el programa de resultados.
Sin embargo, los problemas comienzan a partir de que
empieza a cumplir sus funciones fiscalizadoras.
Los
consejeros electorales han sido blanco de ataques
sistemáticos. Mientras el consejero Juan Molinar
es acusado de panista por el PRI, Jaime Cárdenas
ha sido tachado de priista por el PAN.

Jaime Cárdenas |
El
diputado priista Salvador Rocha Díaz comenta:
Creo que los consejeros del IFE han sido el
fiel reflejo de la sociedad, pues todos afirmaron
ser apartidistas, pero con una cierta rapidez mostraron
cuáles eran sus preferencias políticas.
El más patente de los casos fue el de Juan
Molinar.
Los
priistas vemos una gran diligencia por parte del IFE
para sancionar al PRI, pues no es la misma para sancionar
a los Amigos de Fox y eso políticamente desgasta.
Yo no digo que los consejeros estén bajo el
mandato de Fox, no. Simplemente la sociedad mexicana
ha visto con absoluta claridad que la PGR no ha actuado
con las mismas normas en el asunto del Pemexgate y
los Amigos de Fox, dice el diputado.
Jaime
Cárdenas, el consejero ciudadano que ha sido
señalado de priista por del PAN por la información
que ha sacado a la luz en la investigación
de Amigos de Fox, considera que estos ataques son
parte de una lucha política normal.
De
cara a las elecciones del 6 de julio y con el escenario
político tan caldeado, reconoce que el IFE
llegará a los comicios con su imagen mermada
luego de las constantes críticas por no haber
resuelto el caso Amigos de Fox y por la venta ilegal
del padrón electoral, que aunque no tiene un
efecto electoral directo fue un hecho lamentable
que mina la credibilidad del instituto.
Juan
Luis Hernández Avendaño, experto en
asuntos electorales y coordinador de la Licenciatura
de Ciencia Política y Administración
Pública de la Universidad Iberoamericana, coincide
con el consejero electoral y dice que estos ataques
son normales porque el PRI siempre se negó
a la autonomía del IFE, ya que era práctica
común que las elecciones fueran organizadas
desde la Secretaría de Gobernación.
Esta
situación --admite el catedrático--
coloca al IFE en una posición muy difícil
porque el la fiscalización es un tema que está
poco desarrollado en la ley, por lo que el reto que
tendrá el nuevo Consejo en el IFE será
proponer una legislación que le dé mayores
atribuciones a la autoridad electoral en temas de
fiscalización.
En
este momento los temas de la credibilidad y la transparencia
en el IFE son fundamentales, porque si los actores
políticos, en este caso el PRI, no confían
en el IFE y no lo ven como una autoridad imparcial
o lo perciben medianamente parcial respecto de uno
de los actores, se está resquebrajando uno
de los principios de la democracia, que es la credibilidad
en el árbitro electoral. De esa manera nuestra
democracia estaría dando uno o dos pasos para
atrás, advierte enfático.
Pero
la guerra no sólo proviene del exterior. Dentro
del propio instituto se han dado algunos altercados
entre los consejeros que ponen de manifiesto las diferencias
ideológicas en cuestiones relacionadas con
la fiscalización y la democracia interna de
los partidos; la relación y la equidad de las
campañas en los medios electrónicos
de comunicación y el papel de la iglesia en
los procesos electorales.
Jaime
Cárdenas señala: Algunos consejeros
hemos tratado de demostrar la importancia de que el
IFE tenga injerencia para fiscalizar a los partidos,
insistiendo en que el secreto bancario no es oponible
en materia de fiscalización o reclamando que
el IFE tiene derecho a conocer la vida interna de
los partidos, pero no ha habido consensos. Hay diferencias
entre nosotros.
La
reelección
En octubre próximo la LIX Legislatura en el
Congreso de la Unión tendrá que elegir
a los nueve miembros del Consejo Nacional del IFE
para el periodo 2003-2011 en lo que será otra
disputa, esta vez entre los partidos políticos
que lucharán para colocar de consejeros a quienes
consideren más adecuados para sus intereses.
Aunque
la ley indica que todos los consejeros serán
removidos, pudiendo quedar uno de ellos como presidente,
se ha desatado una polémica a partir de que
tres magistrados del Tribunal Electoral fueron reelegidos,
y se ha mencionado que los consejeros electorales
también podrían hacerlo. Incluso, varios
consejeros han expresado abiertamente esta inquietud.
Para
Jaime Cárdenas, la sucesión en el IFE
provoca tensiones y posturas encontradas. Tengo
una posición diferente respecto de mis compañeros
en lo que respecta a la reelección.
Hay
quienes creen que sería bueno que una parte
pudiera reelegirse para que haya un tipo de experiencia
institucional y que los nuevos no lleguen de cero,
pero yo creo que la expectativa de quien espera ser
reelecto provoca actitudes cuidadosas para no molestar
a los partidos. Yo no sería partidario de la
reelección porque creo que esto condiciona
muchas de las decisiones de los consejeros electorales.
A cuatro
meses de que la nueva legislatura elija a los nuevos
consejeros electorales aún no se mencionan
los nombres de quienes puedan ser sus integrantes.
Sólo flotan en el ambiente las opiniones encontradas.
He
aquí la de la diputada panista Patricia Martínez:
Los consejeros deben ser personas de la sociedad
civil que puedan desarrollar un buen trabajo dentro
de este órgano electoral. Entonces por una
parte estaría bien que se reeligieran, pero
no todos, para que haya personas que puedan hacer
carrera en esta área.
El
perredista Alfredo Hernández Raigoza no descarta
la reelección, pero comenta que su partido
analizará caso por caso: Están
los casos de Woldenberg, Barragán, Cantú
y Cárdenas para mencionar sólo algunos.
Hay que estudiar bien los casos y esperar al resultado
de los trabajos que están pendientes para hacer
una evaluación completa. Concretamente está
pendiente la investigación del caso Amigos
de Fox.
Salvador
Rocha Díaz, diputado priista, cree que la mejor
opción es la renovación total del Consejo
del IFE. Y prevé que el Congreso tendrá
que hacer un enorme esfuerzo para buscar personas
con una formación tendiente a la imparcialidad.
Un
Consejo que ha tenido una función por tantos
años se va teniendo necesariamente más
inclinación hacia un lado o hacia otro.
Mi
opinión personal es que tendrán que
ser nuevos sin distinción alguna y con entrenamiento
a la imparcialidad, entre ellos el propio Woldenberg,
porque es obvio que tantos años de desgaste
le deben haber provocado reacciones conscientes o
inconscientes que hoy por hoy condicionan sus determinaciones,
sostiene.
Dos
meses definirán el futuro del IFE: julio y
octubre. Las elecciones de diputados y la elección
del nuevo Consejo en el IFE. Lo cierto es que después
de esas fechas la guerra no habrá terminado.
Guillermina
Baena Paz, profesora de la Facultad de Ciencias Políticas
de la UNAM, destaca que el IFE debe poner más
énfasis en la generación de una cultura
política en los ciudadanos.
Ha
faltado mucho el fortalecimiento real de una cultura
política que lleve a una participación
ciudadana más intensa, más consciente,
más racional, en donde tenga más elementos
para que las jornadas electorales sean mejores, porque
el IFE ha trabajado para las elecciones, pero tiene
que trabajar para el ejercicio de la democracia todos
los días.
Y lamenta
que en este momento se critique tanto al IFE: Es
una señal de la situación política
en el país, pues cuando alguien hace alguna
declaración todos se le echan encima. No ven
las cosas buenas, sólo quieren destacar lo
malo. Es sólo un juego de intereses y de ganar
posiciones políticas.
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