Está documentado
que los nazis, después de perseguir judíos e incluso
tras haberlos llevado a las cámaras de gases y después
incinerarlos, regresaban a sus hogares, rezaban, acariciaban a
sus hijos y escuchaban música clásica de sus compositores
preferidos.
Su doble personalidad,
en la que obviamente prevalecía la criminal, la represiva,
y a todas luces personalidad autoritaria, les permitía
hacerse los buenos, bien educados y hasta religiosamente piadosos.
Ese nazismo, tiempo
después, se transformó en mccarthysmo y se trasladó
y floreció en una democracia, habiendo nacido, pues, en
una autocracia.
El mccarthysmo
de herraje estadounidense, cuyo renacimiento está siendo
empollado por la perversa presidencia republicana de Bush, se
usó contra las libertades constitucionales. Ayer en nombre
del anticomunismo. Ahora, con el camouflage del antiterrorismo,
de las "guerras preventivas" para apoderarse del petróleo.
El mccarthysmo
a la mexicana ha sido utilizado para aliarse a un nazismo que
persigue a quienes, constitucionalmente, ejercen las libertades
jurídicas establecidas como derechos. Y recientemente para
amenazar --incluso como amenazas cumplidas-- a los periodistas.
El nuevo discípulo
de Joe McCarthy es José Woldenberg y su escudero Mario
Espíndola; consejero-presidente y contralor interno, respectivamente,
del Instituto Federal Electoral.
Como nazis-mccarthystas
decidieron emplazar al reportero Jorge Herrera, del periódico
El Universal. Y al reportero Joaquín López Dóriga,
de Televisa. Esto para que "en un término que no exceda
de cinco días hábiles" proporcionen las fuentes
de la información que difundieron en sus respectivos medios
de comunicación (El Universal: 28 y 31/V/03).
Con su personalidad
nazi-mccarthysta, Woldenberg-Espíndola han decidido no
solamente usurpar funciones y facultades de Ministerio Público
y Tribunal Judicial, sino que transformados (¡oh, Shakespeare!):
en "perrillos que gruñen" contra las libertades
de prensa, buscan intimidar a los periodistas.
En una nota de
los reporteros Jim Cason y David Brooks, del periodismo de investigación,
se informa a la opinión pública sobre el mccarthysmo
de Bush (La Jornada: 31/V/03).
Y el mismo día
en el mismo periódico, la nota de Alma E. Muñoz
nos pone al tanto de que en el 2002 hubo cien agresiones contra
las libertades informativas y cuyo catálogo se presentó
en el aniversario 19 del crimen político, todavía
impune, de Manuel Buendía. En ambos casos debe ingresar,
como uno más de esos hechos, la amenaza de José
Woldenberg McCarthy, y su escudero Mario Nazi Espíndola.