Colombia
secuestrada
Texto y fotos: William Fernando Martínez

Cada día, cuatro hogares en Colombia sufren el secuestro de un ser querido, colocando a este país como el lugar en donde más secuestros se cometen en el mundo.

Cada día, cuatro hogares en Colombia sufren el secuestro de un ser querido, colocando a este país como el lugar en donde más secuestros se cometen en el mundo

Bogotá, COLOMBIA.- En un terciopelo azul están las dos sortijas de matrimonio que nunca se utilizaron. Cubiertas por un polvillo que opaca su brillo, junto a ellas hay un portarretratos con la imagen alegre de Jairo Guzmán, el prometido de Mireya Martínez, secuestrado hace 18 meses a sólo cinco días de contraer matrimonio.

Mireya sigue esperando, pero para evitar pensar en la ausencia de Jairo tiene tres empleos. Ocuparse la libera de las depresiones. Como ella, miles de familias en Colombia padecen las consecuencias de los secuestros, que este año alcanzaron la cifra récord de 12 mil 948.

“La más alta en la historia del país”, cita un informe de la Fundación País Libre, organización no gubernamental que atiende a los familiares de quienes hoy están en cautiverio “en algún lugar de las montañas de Colombia”.

Desde que se rompió el diálogo entre el gobierno y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), el secuestro dejó de ser una modalidad con fines económicos para convertirse en un medio de negociación con propósitos puramente políticos, por medio del cual la guerrilla pretende canjear a sus presos políticos. Una gran tragedia nacional que afecta a miles de personas.

Comerciantes y menores de edad han sido las principales víctimas: mil 657 hombres de negocios y mil 162 niños, seguidos por empleados, funcionarios públicos, ingenieros, ganaderos, conductores, agricultores, policías, estudiantes, militares y amas de casa.

Del total, 3 mil 958 siguen cautivos, 552 murieron en poder de los secuestradores, 5 mil 543 pagaron por su libertad, 183 se fugaron y los Grupos de Acción Unificada para la Libertad Personal (Gaula) rescataron a 2 mil 335 personas.

Antioquia es el departamento que encabeza la lista negra de los más afectados por este flagelo, con 2 mil 534, seguido por El César, Valle del Cauca, Santander, Cundinamarca y Bolívar.

Desde que empezó a ser un negocio para financiar la guerra o “defender ideologías”, el secuestro en Colombia dejó de ser “un mal de ricos” para transformarse en un cáncer que afecta a todos. Tan grave es la situación, que existen organizaciones consagradas a atender psicológica y jurídicamente a los familiares de las víctimas, que en estos casos son también presos del miedo y la incertidumbre.

Olga Lucía Gómez, directora de la Unidad de Psicología de la Fundación País Libre, afirma: “Es fundamental que todo el amor que se tiene hacia esa persona en cautiverio se canalice para unir al grupo familiar y trabajar en equipo. Después de algunos días, debe tornarse a la cotidianidad y buscar un apoyo espiritual. De lo contrario, los secuestrados pueden ser todos”.
Gómez explica que los plagiarios aplican la táctica del sometimiento psicológico, que finalmente bloquea las acciones que deben desarrollar: “Una sociedad con miedo se puede controlar mejor”.

Las víctimas
Entre los secuestrados en Colombia hay 22 políticos, incluidos 12 diputados de la Asamblea del Valle y la excandidata presidencial Ingrid Betancourt. El grupo es un valioso botín de guerra que la insurgencia pretende canjear por guerrilleros presos.

Algunos secuestrados pasaron de ser objetivos económicos de la guerrilla para convertirse en objetivos políticos. El caso más palpable es el del exministro Fernando Araujo --plagiado el 4 de diciembre del 2000--, por el que la guerrilla exigió a su esposa, Mónica Yamhure, una gran suma de dinero para liberarlo. El 5 de julio pasado, en un video, las FARC lo declararon “sujeto de canje”.

El plagio que tuvo mayor impacto internacional fue el de la candidata presidencial Ingrid Betancourt, retenida por las FARC en el Caquetá el 23 de febrero de 2002. Hasta el secretario general de la ONU, Kofi Annan, ofreció sus buenos oficios para liberarla.

En Europa, y particularmente en Francia, hubo muestras de gran solidaridad por Ingrid. El presidente francés Jacques Chirac se refirió al caso y, a un año de su secuestro, unas mil personas se movilizaron en París. Y en Bruselas dos europarlamentarios la postularon al Premio Nobel de la Paz.

Hoy Ingrid sigue en cautiverio. Ni su madre ni su esposo saben de ella, e insisten en enviarle mensajes a través de Las Voces del Silencio, espacio de una emisora radial dedicado a los familiares de los secuestrados.

Otro caso notable es el secuestro de tres estadounidenses por las FARC, que en su comunicado titulado “FARC-EP admiten derribo de avión espía” --publicado en el sitio redresistencia.org el 21 de febrero--, los acusan de realizar labores de espionaje.

Aunque la embajada estadounidense en Bogotá se reservó las identidades y actividades de los rehenes, un columnista de The Washington Post los identificó como contratistas de la firma California Microwave Systems y agregó que funcionarios de la embajada aceptaron que hacían “una operación de inteligencia electrónica”.

Al conocer el hecho, el presidente estadounidense George Bush envió 150 marines de las fuerzas especiales para intentar rescatarlos recurriendo a una norma que le permite exceder el límite de 400 soldados en Colombia “si se requiere rescatar a estadounidenses”.

En el 2002 fueron secuestrados en Colombia 41 ciudadanos extranjeros. Entre los casos más importantes se cuenta el del industrial japonés Chikao Muramatsu, quien en febrero de 2003 fue plagiado por las FARC en el norte de Bogotá. Se sabe que la guerrilla exige 27 millones de dólares por liberarlo.

También está el de tres alemanes: Urlich Kuensel, director de los proyectos de cooperación técnica alemana GTZ, y los técnicos Raines Bruchmann y Thomas Kuensel fueron plagiados el 18 de julio del año pasado en el Cauca. Ese caso hizo temer por la ayuda económica de la Unión Europea al proceso de paz en Colombia. Hoy, los tres extranjeros se encuentran libres. Uno de ellos, Thomas Kuensel, huyó de sus captores el 23 de septiembre.

Sin embargo, a diferencia de secuestros a extranjeros, los colombianos sufren cotidianamente este delito en todo el país. Ismael, un ganadero del Huila, narra que cuando la guerrilla lo iba a secuestrar --julio de 1999-- cerca del barrio Calixto de Neiva, el grupo eligió a sus mejores hombres, pero muchos se negaron porque se le considera un hombre “sobrenatural a quien lo cuida hasta el diablo”.

Los guerrilleros que lo esperaban abrieron fuego al verlo. Él y sus hombres respondieron a tiros pero un plagiario alcanzó a asirlo y le amarró las manos, mientras le apuntaba con un revólver: “Saqué fuerzas de donde no las tenía, lo empujé, le quité el arma y le disparé. Lo único malo fue que me mataron a Milcíades, mi conductor”.

Hay secuestros macabros. A mediados de mayo el ELN plagió a María Eugenia Villegas, profesora rural en Cocorná. En una nota que envió a Gabriel Arturo Villegas, su padre, prometía soltarla si él asesinaba a Matutei, un paramilitar. A los pocos días apareció el cuerpo de la docente.

Los rescates
Sin duda los efectos más fuertes de un secuestro son las secuelas psicológicas de quienes intentan rehacer su vida una vez en libertad. Muchos colombianos quedan en bancarrota por pagar los rescates. Cientos de policías y soldados liberados por las FARC hoy padecen problemas psiquiátricos.

Debido a la difícil geografía colombiana, los rescates exitosos son escasos. El último intento fallido concluyó el 4 de mayo con la muerte del exministro de Justicia Gilberto Echeverri, del gobernador de Antioquia Guillermo Gaviria y ocho militares.

El gobierno del presidente Uribe responsabilizó a las FARC por la muerte de estas víctimas: “Es falso de toda falsedad que haya habido combates con las FARC”, declaró en respaldo a los mandos militares y respondiendo al comunicado de la guerrilla.

En un mensaje por radio, un hombre que se identificó como integrante de las FARC aseguró que el gobernador Guillermo Gaviria y el exministro Gilberto Echeverri y los militares murieron en una operación de liberación ordenada por la administración Uribe.

Acusó “la actitud prepotente del presidente fascista Álvaro Uribe Vélez”, por lanzarse “a sangre y fuego” al rescate del gobernador de Antioquia y del exministro Echeverri en un operativo militar de más de 600 hombres aerotransportados.

Una semana más tarde, el presidente estadounidense George Bush anunció un paquete adicional de recursos para Colombia de 105 millones de dólares, 34 de ellos serían manejados por el Pentágono y usados en parte para cubrir los gastos de los operativos de búsqueda y rescate, y para mejorar los sistemas de rastreo en lo que a secuestros se refiere.

Otros 71 millones de dólares dependen del Departamento de Estado. Con ello se busca dotar al Estado de mejores instrumentos de inteligencia, entrenar nuevas unidades del ejército y fortalecer los escuadrones antisecuestro.

Canje y acuerdo humanitario
El intercambio de prisioneros mide el pulso político y diplomático entre el gobierno y las FARC. Más que un primer paso para abrir las puertas al reinicio de los diálogos de paz, es una puja en la que cada parte muestra al contrario su firmeza y capacidad de imponer sus propias condiciones de negociación.

El gobierno trata de dejar claro a las FARC que todo acercamiento en representación de un poder legítimo con una fuerza al margen de la ley ya es una concesión que debe producir inmediata y obligatoriamente un alivio para la población que padece la violencia de estos grupos.

Además, la condición es que la otra parte acepte la mediación de un tercero con la suficiente estatura y peso específico que le brinde garantías de seriedad a la sociedad y al Estado, para que los acuerdos de las conversaciones sean cumplidas por estos grupos.

Por su parte, las FARC --que en un principio descalificaron de manera diplomática a las Naciones Unidas como mediadora del intercambio y de un eventual proceso de paz--, ahora parecen dispuestas a aceptar los buenos oficios de esta organización una vez que la ONU rectificó su posición al rechazar la solicitud gubernamental y abrió la posibilidad de ejercer esa función con James Lemoyne, su representante en Colombia, como principal intermediario.

Autoridades nacionales e internacionales ven con buenos ojos una propuesta de “canje” gradual, que incluya en principio a menores secuestrados y madres guerrilleras presas, para concretar un acuerdo humanitario que en el futuro permita liberar a todos los secuestrados. La iniciativa fue hecha en junio por William Vélez, presidente de la Cámara de Representantes, en la instalación del Primer Panel Internacional sobre Acuerdo Humanitario y Niños Secuestrados.

La Fundación País Libre ha advertido que la Ley de Canje de las FARC “perpetuaría el secuestro”. Y precisa: “Sin duda el enemigo más grande del canje entre guerrilleros presos y secuestrados es el presidente Uribe”, quien con un discurso muy severo contra la guerrilla y los demás grupos violentos respondió a las FARC que “no cedería ni un milímetro del territorio nacional para hacer un eventual intercambio humanitario con ese grupo subversivo”.

En la ceremonia de activación de la Brigada Móvil número 9 en Villavicencio, el mandatario sostuvo que “en Colombia no volverá a haber un solo milímetro de territorio desmilitarizado para que una caterva de bandidos siga abusando de la patria”. Uribe contestó así al último mensaje de las FARC, firmado por Manuel Marulanda, quien insiste en la necesidad de una zona desmilitarizada y en designar a nuevos negociadores para discutir un posible intercambio de guerrilleros presos por civiles secuestrados.

El presidente manifestó que la nueva Brigada Móvil, que tiene mil 300 hombres y que operará en la Orinoquía y el sur del país, es la demostración de que la fuerza pública está creciendo y avanzando hasta las zonas dominadas por los guerrilleros.

“Que nos esperen allá tranquilos, porque por más espesa que sea la selva y agreste la topografía allá llegaremos”, sentenció.

Reacción internacional
En octubre pasado un grupo de intelectuales del mundo --entre quienes se encuentran algunos combatientes de la guerrilla latinoamericana, premios Nobel, cineastas, músicos, filósofos y escritores-- denunció y condenó internacionalmente el delito del secuestro en Colombia, a la vez que pidió a los grupos al margen de la ley, entre ellos a las FARC, liberar “a todas las víctimas que permanecen secuestradas”.

También se pronunció Pax Christi, organización católica nacida en Francia después de la Segunda Guerra Mundial que dedicará este año gran parte de sus esfuerzos a promover una campaña mundial contra el secuestro en Colombia, donde en los últimos tres años fueron privadas de la libertad, de manera arbitraria e ilegal, 7 mil 410 personas.

La organización lanzó una campaña en el Instituto Clingendael de La Haya (Holanda), que propone evitar el pago de rescates, perseguir a los secuestradores y el rechazo de la comunidad internacional hacia este flagelo.
En un documento titulado “La industria del secuestro en Colombia, ¿tiene qué ver con nosotros?”, Pax Christi enfatiza en los casos de los ciudadanos europeos secuestrados en Colombia y alerta que los rescates (casi todos de más de un millón de dólares) contribuyen a financiar el conflicto armado en Colombia.

Sostiene que debe ponerse fin a la ambigüedad de los gobiernos colombianos y exige una fuerte presión internacional para perseguir a los integrantes de las bandas de secuestradores. Además, se pronuncia por promover una estrategia europea de concientización sobre la falta de una política respecto del pago de rescates, del papel de las pólizas de seguros, del lavado de dinero por parte de los grupos ilegales colombianos en la Unión Europea y la expedición de visas a los representantes de los grupos que practican el secuestro.

Aún quedan más de 12 mil en cautiverio, como dicen los panfletos de los secuestradores “en algún lugar de las montañas de Colombia”, y sus familiares envían mensajes de náufragos sin saber si algún día llegarán a sus seres queridos.

Envían paquetes, por medio de campesinos e intermediarios o parroquias. Encomiendas que van desde cartas de familiares hasta vitamina C, repelentes, cremas hidratantes y fotografías, todo lo que consideran que necesita un secuestrado en el monte.

Otras técnicas de duelo también pueden ser efectivas, como dice la madre de Ingrid Betancourt: “Le prometí a la virgen rezar el rosario. Lo haré hasta que me muera, hasta que ella llegue. Yo sueño con ese día. Y a veces me da miedo soñar tanto...”


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