Tamaulipas
La hidra del narco ajusta cuentas
Por Manuel Pineda

El control del narcotráfico en el norte del país, ha enfrascado en un enfrentamiento a muerte a los principales protagonitas, los cárteles de Juárez y del Golfo, con su secuela de ejecuciones sin control.


Osiel Cárdenas

Nuevo Laredo Tamps.-- Las ráfagas de AK-47 rompieron el silencio y la quietud de esa madrugada en el kilómetro 22 de la carretera Anáhuac-Nuevo Laredo, a la altura de la antigua garita. Edson Ramírez Rubio, vigilante de la empresa ferroviaria TFM, las escuchó y ya no pudo estar tranquilo. Él sabe que esa es la zona utilizada por narcotraficantes para las "ejecuciones".

Sin encender su lámpara, caminó pegado a la vía del tren que corre paralela a la carretera y sólo se detuvo cuando escuchó el paso de varias camionetas a toda velocidad.

Luego el silencio. Más tarde se enteraría de que esa madrugada del 2 de abril se acababa de perpetrar la última masacre por la disputa del control del narcotráfico en la franja fronteriza de esta entidad.

¿Los responsables de la masacre?: los Zetas, un grupo armado que usa como disfraz uniformes militares y que sigue el patrón y el estilo de los "escuadrones de la muerte" que operan en Centroamérica y que están al servicio del Cártel del Golfo. Este grupo de sicarios ha sembrado el terror en toda la frontera de Tamaulipas, revelan informes de la Procuraduría General de la República.

Con tácticas y prácticas paramilitares, los Zetas han sido la punta de lanza para enfrentar la penetración en esta frontera de otras poderosas organizaciones, como los cárteles de Juárez y Sinaloa, de acuerdo con datos de inteligencia militar y de la propia Unidad Especializada en Delincuencia Organizada (UEDO).

La estela de sangre y muerte, el olor a pólvora y la violencia que ha dejado la lucha por el control de las rutas del narcotráfico en esta parte de la frontera norte del país tiene ya una larga historia.

Sin embargo, el actual capítulo comenzó a escribirse el pasado 14 de marzo, cuando en Matamoros, Tamaulipas, fue detenido el jefe del Cártel del Golfo, Osiel Cárdenas Guillén.

La recomposición de esta organización criminal, sus enfrentamientos con otros cárteles y el combate de las autoridades en su contra son algunos de los factores que han provocado la ola de violencia que hoy mantiene a Tamaulipas en el centro de la atención nacional.

Captura de Osiel Cárdenas
El 13 de marzo, el día de san Humberto, el patrono de los cazadores y obispos que tienen que gobernar regiones problemáticas, el jefe del Cártel del Golfo, Osiel Cárdenas Guillén, estaba totalmente tranquilo y seguro.

Nada lo perturbaba. Decidió que, a pesar de ser jueves, no era mal día para celebrar el cumpleaños de su hija. Ordenó comida, mariachis y bebidas para un festejo a lo grande.

Ordenó también a la policía municipal, a los agentes federales que lo cuidaban y a sus guardaespaladas vigilar toda la zona de la casa de seguridad en donde se encontraba viviendo con su familia.

El festejo se prolongó durante horas y sólo ya entrada la madrugada la música cesó. Nadie sospechaba del operativo que se preparaba, con la aprobación de Los Pinos, desde las entrañas de la Secretaría de la Defensa Nacional.

En punto de las 9:57 horas elementos del Grupo Aeromóvil de Fuerzas Especiales (Gafes) y de la Fuerza Aérea Mexicana (FAM) entraron a la residencia que ocupaba el capo del narcotráfico en la calle Virgo, en el fraccionamiento Satélite, propiedad que algunas versiones atribuyen a un importante empresario de medios de comunicación de esa entidad.

Lo sorprendieron aún dormido. Sus guardias y pistoleros fallaron esta vez y no pudieron repeler la acción que los militares venían preparando desde hacía seis meses. Incluso, algunas versiones, señalan que desde el arribo a Matamoros del operativo militar se bloquearon las líneas telefónicas del aeropuerto y de la zona donde se encontraba Cárdenas Guillén.

Hubo un intento del jefe del Cártel del Golfo por escapar, pero todo fue en vano. Apenas segundos después de que empezó el operativo, Osiel Cárdenas trató de huir saltando por una barda de la parte trasera de la residencia que ocupaba. Ahí lo esperaban varios militares que lo encañonaron sin que pudiera oponer resistencia.

Es más, antes de que lograra llegar a esa barda, los guardaespaldas que cubrían la parte trasera de la casa tuvieron que escapar ante el fuego que recibían de militares. Estaba todo perdido para quien encabezó hasta ese día la organización criminal que fundó, con el apoyo del otrora cacique Juan N. Guerra, el sobrino de éste, Juan García Ábrego, primer líder del Cártel del Golfo.

De inmediato, Osiel Cárdenas Guillén fue trasladado a la Ciudad de México y de ahí al penal de máxima seguridad de La Palma. Terminaba así el reinado dentro del Cártel del Golfo de este ex madrina y ex roba coches.

Se esfumaba así su efímero poder, al que había llegado tras asesinar --no por nada se le apodaba el Mata Amigos-- o aliarse con sus rivales o competidores dentro del cártel, el cual opera desde la década de los setenta y ochenta en la zona fronteriza de esta entidad.

El sucesor, otro detenido
Una semana después de la captura de Osiel Cárdenas, su principal lugarteniente y posible sucesor, Víctor Manuel Vázquez Mireles, el “Meme loco”, fue detenido en Veracruz por un error imperdonable. Se encontraba bebiendo en la vía pública con otros siete de sus cómplices. Policías municipales lo arrestaron y hoy hace compañía a su jefe en el penal de máxima seguridad de La Palma.

Esta es la segunda ocasión en que es detenido el “Meme loco”.
En enero de 1999 logró fugarse con la ayuda de un comando armado que lo liberó cuando era trasladado al juzgado donde se le seguía un proceso penal por el transporte de casi una tonelada de mariguana a Estados Unidos.

Él y Cárdenas Guillén conformaban el primer mando del Cártel del Golfo, pero tras la aprehensión de ambos quien se perfila como el más seguro heredero de la organización criminal es Jorge Eduardo Castillo Sánchez, el Coss, siguiente en el orden de la estructura de mando del Cártel del Golfo, ampliamente conocido en Matamoros, que es el principal bastión de esa banda criminal.

Enfrentamientos con otros cárteles
La última restructuración del Cártel del Golfo había dejado a Osiel Cárdenas Guillén como el más fuerte líder de la organización en Tamaulipas. Sólo un hombre le hacía sombra, el líder de los Chachos, Dionisio Román García.

Tanto Cárdenas Guillén como Román García sabían que el enfrentamiento era inevitable. El líder de los Chachos se replegó hacia Nuevo León, desde donde controlaba Nuevo Laredo, pero poco a poco la presión del Mata Amigos se acrecentaba, lo mismo que su poder y violencia.

Román García buscó alianzas para enfrentar al jefe del Cártel del Golfo y entonces acudió a "los Beltrán", ligados al Cártel de Juárez. A ello se sumó otro frente con el Mayo Zambada, además de otros líderes del Cártel de Juárez. De manera que la guerra se dio entre los cárteles de Juárez y del Golfo.

Atentados como el cometido en contra de Eduardo López, “El Yeyo”, el cual también se atribuye a “Los Zetas”, integran una larga lista que concluye con la muerte del mismo Dionisio Román García, “El Chacho”, y su lugarteniente Juvenal Torres, “El Juve”, quienes fueron secuestrados en Monterrey y posteriormente ejecutados en Reynosa por “Los Zetas”.

Los dos crímenes de los líderes de “Los Chachos” se produjeron días antes de la captura de Osiel Cárdenas, y su arresto arreció de nueva cuenta los crímenes entre ambos bandos.

El secuestro en Nuevo Laredo de las nueve personas y su posterior ejecución en territorio de Nuevo León no fue sino la última expresión de la disputa que mantienen el Cártel del Golfo y “Los Chachos”, éstos con el apoyo del Cártel de Juárez, por el control de las drogas en esta frontera.

El brazo armado
Ex militares, algunos de ellos de grupos de élite, ex y agentes policiacos, además de narcotraficantes, conforman el grupo conocido como los Zetas. Su actuar es por demás cruel con sus víctimas. Son precisos y meticulosos. Esto les ha valido enfrentarse y retar de tú a tú al Ejército y los agentes federales.

El director de la UEDO, José Luis Santiago Vasconcelos, conoce la capacidad de respuesta de este grupo criminal, y lo define como uno de los más peligrosos que han existido.

A los Zetas se les atribuye el secuestro, desaparición o ejecución de policías y ex policías, el rescate de penales de miembros de la organización, además de la purga de narcotraficantes de bandas rivales.

La primera vez que se oyó en Nuevo Laredo mencionar a los Zetas fue el 27 de enero del 2002. En esa fecha y antes de la medianoche, un convoy de al menos 12 camionetas tipo Suburban entraron a esa ciudad y se instalaron frente al parque de la Iglesia del Santo Niño.

Un grupo de policías municipales se percató de ello. Se acercaron a los vehículos y sus ocupantes les hicieron una advertencia: "lárguense, es un operativo que no les importa". Los uniformados se retiraron, pero buscaron confirmar la existencia de algún operativo de esa magnitud. "Es falso", les informaron.

Los policías pidieron refuerzos y nuevamente trataron de acercarse al convoy de vehículos, donde se presume estaba hasta el mismo Osiel Cárdenas Guillén. La respuesta fue una ráfaga que hizo retroceder a los uniformados.

Las camionetas arrancaron en medio de un nutrido tiroteo. Se inició la persecución y unos minutos después recibieron una extraña orden. "Suspendan la persecución. Orden superior", les dijeron y todo concluyó ahí ese día.

Antes de recibir esa orden, por las frecuencias de radio policiacas se escucharon las claves con que se comunicaban los integrantes del convoy. Todos se identifican con la letra zeta y un número.

El responsable de aquella operación era Z-1, quien murió en un enfrentamiento con militares. Al igual que el jefe de los Zetas, el resto de sus integrantes están ya identificados por las autoridades, pero a partir de esa fecha se inició la guerra entre los cárteles del Golfo y de Juárez por el control de la frontera.

Comando armado, terror entre policías
Desde entonces, es decir, desde hace más de 14 meses y hasta la fecha, han sido asesinados seis policías municipales y diez más fueron secuestrados --entre ellos cuatro agentes de la Agencia Federal de Investigaciones--, además de que otros dos han resultado lesionados a manos del grupo conocido como los Zetas.

Tras la aparición del comando de hombres vestidos de militares o de negro, la ejecución de policías y narcotraficantes en esta frontera ha ido en aumento. Tan sólo seis policías preventivos fueron asesinados, entre ellos mandos directivos de la corporación municipal.

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