Irak
La resistencia, ese fantasma
Por Nydia Egremy

La defensa del territorio y la lucha contra la intervención extranjera inspiraron a millones en los países del tercer mundo desde la mitad del siglo XX. Hoy, nuevas formas de organización político-social surgen para resguardar la identidad y autonomía nacional frente a la mundialización de la intolerancia.

Ante la política de hechos consumados de la coalición anglo-estadounidense en Irak, ronda el fantasma de la resistencia. Contra el reparto del botín planetario inspirado en la doctrina del Nuevo Siglo Americano, la movilización civil mundial se nutre de la experiencia del pueblo vietnamita y contra la globalización.

La esperada batalla por Bagdad se perdió por default ante el efectivo trabajo de las agencias de inteligencia y la falta de una resistencia civil. La victoria de Washington y Londres tiene su trasfondo en la orden, según The Washington Post del 16 de junio de 2002, del Presidente Bush a la Agencia Central de Inteligencia (CIA) para realizar operaciones encubiertas contra el régimen iraquí.

Se autorizó a la CIA a “emplear todos los medios posibles para derrocar a Hussein, brindar un mayor apoyo a los grupos de oposición iraquíes, dentro y fuera del país, a través de la entrega de dinero, armas y equipos, así como en entrenamiento e información de inteligencia”.

La agencia debía “tratar de recabar inteligencia dentro del gobierno, el ejército, los servicios secretos y la población iraquí en general”, en una acción encubierta ‘preparatoria’ a un ataque militar.

Las misiones futuras de la inteligencia están previstas en la advertencia del ex director de la CIA, James Woolsey, de que la cuarta guerra mundial ya comenzó y que la amenaza para la ‘civilización liberal’, durará “décadas pero Estados Unidos va a ganar”, según el diario francés Libération.

Contra esas operaciones encubiertas y el nuevo Destino Manifiesto que preconiza la doctrina del Nuevo Siglo Americano, antes y durante la campaña militar en Irak, millones de personas protestaron en el mundo.

Jóvenes y estudiantes, abogados, artistas, legisladores, escritores y veteranos de la guerra de Vietnam, de todos los niveles sociales se opusieron al derrame de ‘sangre por petróleo’, como rezaban los lemas de las marchas.

En respuesta, la Casa Blanca a través del vocero Ari Fleischer los descalificó llamándolos una ‘minoría con voz fuerte’. Sin embargo, la llamada opinión pública estadounidense, ese bizarro conjunto, se dividió más profundamente a partir del operativo militar en Irak.

En el resto del planeta, la movilización contra la opción bélica desperezó a una sociedad civil que, luego de manifestarse audazmente contra los efectos mercantilistas de la globalización busca consolidarse como un movimiento político-social.

 

Para contrarrestar la efectividad de esa resistencia, David Ronfeldt del Instituto de Investigación de Defensa Nacional, de la RAND Corporation, propuso emprender una ‘guerra informativa’ por Internet para que la opinión pública estadounidense apoyara la ofensiva.

En el campo de batalla, los estrategas de la RAND prevén el riesgo creciente para los ejércitos convencionales, del surgimiento de bandas paramilitares y tácticas guerrilleras que libren batallas futuras en los territorios adonde están desplazadas las fuerzas estadounidenses.

Al aparecer el fantasma de la resistencia en la mente de los estrategas, cabe hacer un paralelismo entre lo que fue la lucha del pueblo vietnamita y la respuesta antibelicista de la sociedad civil mundial ante la primera gran batalla del siglo XXI por la hegemonía.

Expulsar al enemigo
La guerra estadounidense en Vietnam y 28 años después, la ofensiva anglo-estadounidense contra Irak, transformaron las relaciones entre los aliados, exhibieron los límites del uso de la fuerza y a Naciones Unidas, incapaz de salvaguardar la paz y la seguridad mundiales.

Además, la derrota de Estados Unidos en el conflicto más crucial de la segunda posguerra, modificó las relaciones entre militares y civiles, entre políticos y periodistas, pero lo más importante fue la gestación de una sociedad civil opuesta a la guerra que germinó en la sala de televisión de las familias y las universidades estadounidenses.

El gobierno estadounidense, humillado en el sureste asiático vio resquebrajarse a su sociedad internamente. El ‘Síndrome de Vietnam’, sus efectos y causas se debaten aún después del 11-S.

El historiador Michael Beschloss en su libro ‘Taking Charge’ observa que la potencia no tenía ningún interés vital en la región y sabiéndolo, no quiso impedirlo.

Estados Unidos heredó de Francia una guerra de descolonización y la convirtió en guerra ideológica, omitió las causas del conflicto -el control del arroz, estaño y, sobre todo, caucho indispensable para el imperio Michelín-en favor de los grupos de poder.

En Irak, el interés de la superpotencia es el control del petróleo y de una zona estratégica que los artífices del Proyecto Nuevo Siglo Americano programaron desde septiembre del 2000. Para lograrlo, la Casa Blanca cambió de discurso a conveniencia: de afirmar que Hussein poseía armas de destrucción masiva y sus nexos con Al Qaeda, al de instaurar un gobierno democrático.

De igual modo, la ofensiva militar estadounidense en Vietnam (1959-1965) se publicitó como la defensa del Estado libre capitalista de la República de Vietnam del Sur contra la agresión del Estado dictatorial comunista de la República Democrática de Vietnam del Norte.

Ahí se unieron a las tropas estadounidenses las australianas, neozelandesas, coreanas y filipinas apelando al Tratado de Defensa de Asia Sudoriental (SEATO). En Irak, el pacto se selló en las Azores el 17 de marzo apelando a la Ley Patriótica y la lucha antiterrorista.

La lucha desde Hanoi contra el invasor se inspiró en la resistencia para expulsarlo. Dirigido por Ho Chi Minh, el Frente Nacional de Liberación (FNL) sostuvo su carácter nacional y por ello desde 1949 (en su guerra contra Francia) se opuso al envío de voluntarios chinos.

En 1960, el Vietcong tenía unos 10 mil guerrilleros, cuatro años después eran más de 100 mil y a la muerte de John F. Kennedy, controlaba el 80% del territorio y el 60% de la población del sur. El medio millón de hombres y mujeres de la guerrilla, robaba armas -morteros y pequeños cohetes- al Ejército survietnamita.

En 1965 Lyndon B. Johnson aumentó la presencia militar de 23 mil a 120 mil, y a más de medio millón en el 68, con la tecnología militar más avanzada de toda la historia. El Vietcong hizo una guerra de guerrillas y no, como suponía EU, una guerra convencional.

Las pérdidas fueron inaceptables para los estadounidenses, mientras que para la mística vietnamita, sus bajas eran aceptables. De igual manera, los ataques suicidas de iraquíes y organizaciones musulmanas contra las fuerzas de la coalición cobraron algunas víctimas mortales.

En Vietnam como en Irak, el ejército de Estados Unidos bombardeó, sin declaración de guerra, con 14 millones de toneladas de bombas, 10 veces más que en la Segunda Guerra Mundial sobre toda Europa y siempre, ante la solapadora mirada de Naciones Unidas.

El mayor daño para la población provino del napalm arrojado y de 70 millones de litros del herbicida naranja. Murieron tres millones de personas, dos millones de civiles y 58 mil 219 estadounidenses muertos o desaparecidos y unos 153 mil heridos.

En Irak, el recuento de daños está por hacerse. Se ignora el efecto ambiental y sanitario a mediano plazo del arsenal utilizado. Nadie confía en la versión del Comando Central.

Al mensaje hegemónico de la ofensiva militar contra el pueblo iraquí, los Partidos Comunistas de Jordania, Sudán, Siria, Palestina, Líbano y Egipto reiteraron el 2 de abril su condena a la máquina letal y de destrucción sin precedentes contra el pueblo iraquí y expresaron su solidaridad y su orgullo por la tenacidad y la valerosa resistencia en defensa de su patria.

Llamaron a: formar el más amplio frente de resistencia contra esta agresión utilizando todos los medios y potenciales y luchar contra las consecuencias de la guerra sean locales o regionales. Presionar a sus gobiernos para que modifiquen la política de proveer instalaciones a los invasores y para que se comporten según lo que les dicta el deber nacional y patriótico y según los tratados árabes de defensa.

“Declaramos nuestra disposición a emprender acciones conjuntas con todas las fuerzas patrióticas y nacionales a pesar de cualquier diferencia en pensamientos y políticos para enfrentar esta gran batalla impuesta por la agresión anglo-estadounidense contra nuestros pueblos y contra nuestra nación árabe.

Creemos con certeza en que la firme posición contra esta agresión y el llamado a debilitar todo logro de los objetivos de esta agresión abrirán nuevos horizontes de lucha común en el mundo árabe y en todo el mundo para poner en peligro el plan global de EU”

Contra los presagios de la Rand Corp. no hubo una resistencia que atacara “calle por calle” a las fuerzas de la coalición en la mal llamada ‘batalla por Bagdad’. Sin embargo, ronda el fantasma de la sociedad civil cuya revuelta puede contener el uso masivo de la fuerza contra Estados miembros de la comunidad de naciones.

Resistencia y rebelión

Las raíces filosóficas de la desobediencia civil son profundas en el pensamiento occidental. Cicerón, Santo Tomás de Aquino, Locke, Thomas Jefferson y Henry David Thoreau -ensayista, poeta y filósofo estadounidense que acuñó el término desobediencia civil en mayo de 1849 en su libro titulado Resistance to Civil Government.

Thoreau decidió no pagar impuestos en Massachussets, en protesta por la esclavitud y por la guerra de su país contra México. Su postura fue imitada en el siglo XX por los movimientos anticoloniales que emprendieron una resistencia pasiva ante un gobierno ilegítimo y oligárquico.

Gandhi desarrolló la filosofía de satyagraha contra la ocupación colonial inglesa. Fundó en 1920 el movimiento civil de no cooperación y en 1930, el de desobediencia civil. Inspirado en su ejemplo, la lucha de los derechos civiles de la comunidad afroamericana de 1950 a 1970, tuvo como líder a Martin Luther King.

El principio de desobediencia civil alcanzó cierto reconocimiento en la legislación internacional en los juicios de Nüremberg, donde se afirmó que bajo determinadas circunstancias un individuo podía ser exculpado de incumplir las leyes de su país.

En Perú, la organización civil Imediaperú y el Colectivo Sociedad Civil, practican la resistencia civil frente al autoritarismo del Estado. En su campaña ‘Sacándole la mugre a Perú’, el colectivo manifestó: “En nombre de aquella gente que comenzó a llenar las plazas, a llorar con los gases lacrimógenos, a gritarle no a la dictadura, no a la impunidad, a ganar la democracia para el Perú”.

En Vieques, Puerto Rico, el pueblo ha librado por años la lucha civil que creció en abril de 1999 a raíz de la muerte de un trabajador civil en el polígono de la Marina de Guerra estadounidense.

La resistencia detuvo las maniobras bélicas, integrada por el gobierno, las instituciones religiosas, la legislatura y entidades cívicas que repudian a esa base militar estadounidense.

 

En Colombia, la resistencia civil al conflicto armado ha dado origen a numerosas organizaciones civiles como: Pasalavoz, que promueven la construcción democrática de paz en ese país.

Exige a las partes en conflicto, respeto y protección de la población civil tanto en la que fue la zona de distensión como en las regiones del país adonde hay miles de campesinos atrapados en medio del asedio paramilitar y de la confrontación armada, como Arauca, Catatumbo, Cauca, Nariño y Putumayo.

Guía de acción
Cómo organizar la comunidad y protestar por la presencia de los violentos y exigir el respeto por los Derechos Humanos:


a. Grabar o fotografiar los hechos ocurridos para difundirlos.
b. Preservar la vida e integridad ciudadana es un principio fundamental.
c. La Fuerza pública debe establecer una forma inmediata de comunicación con la población.
d. Activar las alarmas tempranas si se detecta la presencia de extraños en la región.
e. De existir la emisora local; el líder del grupo tomará la vocería para emitir instrucciones a la comunidad y mantenerla unida y cohesionada.
f. Utilizar altoparlantes en sitios estratégicos de la región.
g. Establecer estafetas y mensajeros para facilitar el desarrollo del plan

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