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El
líder del Sindicato de Trabajadores de la Industria
Azucarera y Similares de la República Mexicana
(STIASRM) pretende además vender el terreno
de 40 hectáreas en donde estuvo ubicado el
ingenio azucarero, mismo que está valuado en
mil millones de pesos.
Jorge
Ortiz Marín, Hilario Ramírez Ayala y
Andrés Ávila Morales, representantes
de la Asociación Civil Ex Obreros del Ingenio
de Oacalco, y el diputado federal Arturo Herviz Reyes,
aseguraron que con estas y otras pruebas contundentes
procederán penalmente contra Ramos.
El
13 de diciembre de 1990, esos bienes muebles e inmuebles
fueron cedidos al sindicato por el dueño del
ingenio, Agustín Sáenz Muñoz,
como pago del adeudo que tenía con los 13 fideicomisos
de los trabajadores, entre ellos los de vivienda,
jubilación y becas.
En
la dación de pago manifiesta el motivo de cierre
y suspensión definitiva de las operaciones
fabriles y productivas del ingenio de Oacalco y solicita
al gobierno federal un acuerdo favorable en relación
con las prestaciones salariales.
A partir
de esa fecha esos bienes muebles e inmuebles pasaron
a ser propiedad del sindicato, para beneficio de los
obreros de la Sección 100 de ese ingenio, por
acuerdo del entonces líder sindical Salvador
Esquer Apodaca.
Los trabajadores jamás fueron informados, ni
por la administración del Sindicato Nacional
ni por el representante de la Sección 100,
Fausto Cruz Huertero. Por el contrario, los representantes
diluyeron la sección para hacer a un lado a
los obreros.
El
30 de abril de 1997 éstos se presentaron en
el ingenio para exigir cuentas a Cruz Huertero, acompañados
por un juez de paz.
Cruz
Huertero dijo que a él no le correspondía
informar de la disolución y de la venta de
los autobuses, y señaló que Enrique
Ramos dio la orden para desmantelarlos y venderlos
a la empresa Miya S. A. de C. V., que en ese momento
se encontraba en crisis. Fue así como inició
su relación con esta empresa, de la que es
socio importante prácticamente desde 1995.
En
1994 el también diputado federal por el PRI
Enrique Ramos se acercó a Tomás Bernabé
Torres Martínez, dueño de Miya --en
plena crisis-- y le propuso conformar una sociedad
anónima.
Un
año después Ramos comenzó a vender
a esa empresa los motores, llantas, rines y cigüeñales
de las ocho unidades que tenían los trabajadores
del ingenio Oacalco --con valor de 3 millones 927
mil pesos-- y le transfirió recursos sindicales
por más de un millón 300 mil pesos.
Luego,
el 17 de mayo de 1996, ordenó otra operación
por otros 4 millones 308 mil pesos, de la cuenta del
sindicato (74098) del Banco Obrero. De esa cantidad,
un millón 392 mil pesos fueron a parar a la
cuenta 5000285-5 de Bancomer de Tomás Bernabé
Torres Martínez en Orizaba, Veracruz.
El
21 de mayo de ese mismo año Ramos volvió
a transferir a la cuenta de Torres Martínez
2 millones 88 mil pesos, y el 24 de marzo de 1997
otros 900 mil pesos.
El
29 de noviembre de 1996, ante el notario público
120, José Luis Latapí Fox, del Distrito
Federal, con 50 mil pesos, Enrique Ramos constituyó
con su familia la Sociedad Mercantil Grupo Creativo
San Miguel.
Enrique
Ramos Rodríguez quedó con 90 acciones
de 45 mil pesos; Susana López Vázquez
(esposa del líder sindical), con cinco acciones
de 2 mil 500 pesos, y Enrique Ramos López (hijo
de ambos), con una cantidad equivalente, con 2 mil
500 pesos.
Ramos
Rodríguez quedó como presidente del
consejo de administración, Susana López
Vázquez como tesorera y Enrique Ramos López
como vocal.
El
objetivo del Grupo Creativo San Miguel era controlar,
administrar o adquirir acciones de otras sociedades.
Este negocio se concretó el 5 de diciembre
de 1996, cuando la sociedad se registró formalmente
con Tomás Bernabé Torres Martínez,
dueño de Transportes Turísticos Miya,
ante el notario público número 4 de
Orizaba, Veracruz.
Ahora
Tomás Bernabé Torres Martínez
encabezaba la presidencia del consejo de administración
y Enrique Ramos Rodríguez y Susana López
Vázquez fungían como vocales, con 50
por ciento de acciones para el primero y 50 por ciento
para la familia Ramos López.
Con
autobuses de Oacalco y envíos millonarios de
recursos sindicales, Ramos Rodríguez fortaleció
a la empresa de Torres Martínez, hoy la más
exitosa del transporte interurbano en Orizaba, Veracruz,
con la ruta Ciudad Mendoza-Nogales-Río Blanco-Orizaba.
Se
buscó a Enrique Ramos para una entrevista sobre
las denuncias que pesan en su contra, pero hasta el
cierre de la edición no hubo respuesta.
En
la denuncia que el diputado Arturo Herviz entregó
a la Procuraduría General de la República
(PGR) se establece que, dentro del sindicato, Rubén
Nava es la persona que sabe cómo se destinaron
y manejaron los recursos de los fideicomisos.
El
legislador pide que la Comisión Nacional Bancaria
y de Valores informe del manejo de los fideicomisos,
así como de los movimientos que realizaron
los dirigentes del sindicato en las cuentas de Banco
Obrero, Banorte, Afirme, Serfin, y Citibank.
Hay
que decir que el dinero recabado para la constitución
de estos fideicomisos provino de aportaciones de empresarios
azucareros y de descuentos vía nómina
a los trabajadores.
Los
recursos llegaban, vía la Cámara Nacional
de la Industria Azucarera y Alcoholera (CNIA), a un
fideicomiso concentrador y eran administrados por
Financiera Nacional Azucarera (Fina), que los hacía
llegar al sindicato a través del Banco Obrero.
En
un estudio presentado por la CNIA al sindicato en
julio del 2000 sobre los costos históricos
de los fideicomisos, que arrojaban un total
de 21 mil millones de pesos, dice el diputado
que los dueños de los ingenios solicitaban
al sindicato que informara cómo se materializaron
esos recursos para beneficio de los trabajadores.
No
hubo respuesta, porque de todos esos dineros los trabajadores
no tuvieron beneficio alguno, mientras los dirigentes
sindicales viven como magnates.
Esto
sucede en momentos en que más de dos mil viudas
esperan que les liquiden sus pólizas de seguro
de vida. Se trata de recursos millonarios que fueron
administrados en el Fondo de Protección Familiar
desaparecido en 1992 sin explicación alguna.
Uno
de los fideicomisos que mayores recursos recibió
fue el de vivienda, y hasta la fecha miles de trabajadores
siguen reclamando ese derecho.
Los hechos están asentados en las averiguaciones
previas 1378/FESPLE/2001, 235/FESPLE/2002,
cuyas diligencias se desarrollan en la mesa XVIII
de la PGR.
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