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Sábado
por la noche. El gobierno municipal de Puebla de los
Ángeles decide declarar en riesgo tres casas
coloniales ubicadas en la zona del Convento de San
Francisco, la parte más antigua de la ciudad.
El
lunes por la mañana ninguno de los tres monumentos
existía ya. Habían sido demolidos. Nuevamente,
un gobierno local demostraba ignorancia e ineficiencia
a la hora de manejar uno de los 23 sitios de patrimonio
cultural de la humanidad que hay en México.
Peor
aún, el caso de estas tres casas forma parte
de una larga lista de agravios contra el Relicario
de América, declarado patrimonio mundial en
1987. Como fichas de dominó, muchos otros sitios
de valor histórico han sido demolidos, esto
se ha acentuado en los últimos dos años
para dar paso al proyecto Puebla 2000. Sobre los escombros
de la arquitectura colonial y la historia perdida
de su industria textil, los gobiernos local y estatal
han levantado un Centro de Convenciones y un parque
temático inconcluso.
Icomos,
observador cultural
Ramón Bonfil Castro, presidente de Icomos México,
organización a cargo del seguimiento de los
sitios declarados patrimonio mundial, apunta que hoy
no hay sitio en mayor riesgo que la ciudad de Puebla:
La última nueva del gobierno municipal
es la intención de levantar el zócalo
para construir un estacionamiento subterráneo,
con el cual se perdería la traza de la ciudad.
Icomos,
en su carácter de órgano consultivo,
ha enviado al gobierno de aquella ciudad cartas de
inconformidad: Cuando Manuel Bartlett fue gobernador,
intentamos detener la demolición en la zona
de San Francisco, y logramos, incluso, el compromiso
de un cierto rescate de la arquitectura colonial.
Pero
el actual gobierno municipal nos ha respondido que
la decisión del estacionamiento y de todo lo
que hay en la ciudad únicamente le concierne
a ellos.
Puebla es representativa de una situación que
se repite en otros lugares de patrimonio mundial en
el país. Ramón Bonfil resume en cuatro
palabras el escenario nacional: Eficiente cuidado,
deficiente manejo. Y a pesar de este deficiente
manejo, México acaba de dar a conocer su lista
indicativa con 23 propuestas presentadas ante la UNESCO.
René
Coulomb, ex director del Fideicomiso del Centro Histórico
y actual presidente de Ciudad y Patrimonio, explica
que hay un error de apreciación. Suele
pensarse que la declaratoria llegará junto
con un montón de dinero. En realidad, más
que un premio es casi un castigo. No hay tal montón
de dinero y, en cambio, hay la responsabilidad de
cuidarlo y conservarlo.
A decir
de René Coulomb, el ansia por la declaración
de patrimonio mundial está alentada en mucho
por los gobiernos locales con vistas a atraer turismo
internacional.
En
los textos del Banco Interamericano de Desarrollo
se pondera la idea de que la comercialización
del patrimonio financiará su propia conservación.
Es --explica René Coulomb-- una idea
un poco caricaturizada del problema.
El
investigador Salvador Díez-Berrio, quien formó
parte del Comité de Patrimonio Mundial durante
10 años, señala que la tendencia debe
apuntar hacia la limitación o restricción
del ingreso a los sitios, pues el turismo masivo pone
en alto riesgo su existencia.
Tajín,
daño arqueológico
En México, el caso más representativo
y polémico es El Tajín, con el festival
que cada año organiza el gobierno de Veracruz
con apoyo de empresas privadas.
En
sus primeras ediciones, el festival incluía
un espectáculo masivo dentro de la zona arqueológica,
con escenario y gradas levantadas a escasos metros
de las pirámides. La oposición de arqueólogos
e investigadores los llevó a reunir pruebas
de daño arqueológico, como desprendimiento
de estuco, remoción de estelas y excavación
dentro de la zona.
Sin
embargo, los daños a El Tajín, declarado
patrimonio cultural de la humanidad en 1992, siempre
han sido valuados en muy poco por parte del Instituto
Nacional de Antropología e Historia (INAH).
Cuando mucho, 2 mil 500 pesos, comenta
Ramón Bonfil.

Ramón Bonfil |
El
Tajín --continúa el presidente de Icomos
México-- es un tema delicado. La intención
del gobierno estatal es ejercer sobre la zona una
total autonomía en su manejo. Eso va en contra
de lo que marca la ley.
El
festival se convierte en una invasión descontrolada
que banaliza los valores de esta zona con intereses
de televisoras y refresqueras. Hay, otra vez, un pésimo
manejo de la zona arqueológica. El Tajín
no es Disneylandia.
El
INAH, por su parte, ha respondido a través
de su Consejo de Arqueología con un dictamen
favorable en todo momento a la realización
del festival.
En
su informe 2002, por ejemplo, descartó posible
daño arqueológico, pues el Parque Temático
se ubicaba 1.5 kilómetros fuera de la poligonal
declarada por la UNESCO, además de que los
montículos arqueológicos habían
sido identificados y protegidos con cercas.
Sin
embargo, los argumentos no convencen a algunas organizaciones
civiles que presentaron este año un recurso
de amparo contra la Cumbre Tajín 2003 y están
promoviendo un juicio político contra el gobernador
del estado Miguel Alemán Valdés por
favorecer a un pequeño grupo de empresarios
en obvio detrimento de la inversión social
en educación, salud y vivienda.
Para
el antropólogo Juan Luis Sariego, maestro de
la Escuela Nacional de Antropología, el problema
de fondo es conocer las posibilidades de conservar
el patrimonio sin que éste sea dejado de usar
por todos los sectores de la población o sin
que sea utilizado de manera clasista y privatizada.
Centro
Histórico, otro caso
El Centro Histórico de la Ciudad de México
es ilustrativo de esta problemática. En los
últimos 20 años ha perdido la tercera
parte de su población, en la actualidad no
alcanza ni los 200 mil habitantes.
Representa
apenas 1 por ciento del área urbana del Distrito
Federal, pero reúne la totalidad de sus problemas
y desafíos: deterioro habitacional, desempleo,
subempleo, marginalidad, violencia, drogadicción,
congestión vial, contaminación y demás.
Declarado
patrimonio mundial en 1987, abarca 91 kilómetros
cuadrados, 668 manzanas, 9 mil predios y mil 436 edificios.
El más reciente proyecto de regeneración,
impulsado por el gobierno local, se desarrolló
sólo en 34 manzanas, es decir, unos 500 predios.
Fue, además, un proyecto enfocado a la atracción
de turismo y la recuperación empresarial, y
no tanto hacia la regeneración de su valor
cultural y educativo.
Ramón
Bonfil explica que la restauración operó
sobre los espacios que garantizan a los inversionistas
una ganancia inmediata: El sector atendido es
el sector donde se puede sacar dinero. La parte posterior
a Palacio Nacional y hacia el Oriente tendrá
que seguir esperando.
O como
dice René Coulomb: Es más bonito
restaurar los palacios que invertir en la zona popular,
donde no se puede especular y donde la inversión
es en vivienda y las ganancias a largo plazo.
Hace
dos años el Fidecomiso del Centro Histórico
dejó de ser privado y se convirtió en
un organismo público. Su primera inversión
anual ascendió a 500 millones de pesos. Ahora
puede intervenir sobre lugares públicos pero
ya no puede gestionar la recuperación de sitios
propiedad de particulares. La tercera etapa
--apunta Coulomb-- tendrá que reunir ambas
estrategias.
Mientras,
México espera la solución a sus 23 propuestas
para incluir a la lista de los más de 500 sitios
de patrimonio de la humanidad en todo el mundo. El
presupuesto que reparte la UNESCO es de cuatro millones
de dólares.
Propuestas
de México a la UNESCO
A
partir de 1962 comenzó a utilizarse el término
patrimonio cultural durante la Conferencia General
de la UNESCO. Los bienes con valor universal excepcional
se integran al patrimonio cultural de la humanidad,
independientemente del lugar en que se ubiquen y su
protección compete a la comunidad internacional.
Preservar
el patrimonio cultural y natural mundial involucra
a instituciones gubernamenteales y ciudadanas, las
cuales están encargados de identificar y seleccionar
los sitios y administran el programa:
El
Comité de Patrimonio Mundial, el Centro del
Patrimonio Mundial de la UNESCO, Coordinación
Nacional de restauración del Patrimonio Cultural,
Consejo Internacional de Monumentos y Sitios, la Unión
Internacional para la Conservación de la Naturaleza
son responsables, entre otras.
En
México, el patrimonio cultural es de la incumbencia
del INAH, del INBA y la Secretaría de Desarrollo
Social, entre otros.
El
INAH tramita las declaratorias de los bienes que forman
el patrimonio cultural de la nación. Sin embargo,
no es necesario que exista una declaratoria explicita
para proteger dicho patrimonio.
México
es el país de América Latina que cuenta
con mayor número de zonas históricas
reconocidas por la UNESCO; son 25 sitios dentro de
la lista de patrimonio mundial.
Propuestas
hechas por México para ser nombradas Patrimonio
de la Humanidad por
la UNESCO en 2003:
Misiones de Sierra Gorda, Querétaro
Traza de la ciudad de San Luis Potosí
Castillo de Chapultepec, ciudad de México
Poblado de Álamos, Sonora
Sitio arqueológico de Cantona, Puebla
Templo de Santa Prisca, Taxco
Colegio de Jesuitas en Tepotzotlán,
Morelos
Templos zoque, Chiapas
Ciudad de Chicomostoc-La Quemada, Zacactecas
Sitio arqueológico de Mitla, Oaxaca
Poblado de San Sebastián del Oeste,
Jalisco
Cuevas prehispánicas de Oaxaca
El ahuehuete de Santa María del Tule,
Oaxaca
Acueducto de Tembleque, Hidalgo y Estado de
México
Paisaje agavero, Jalisco
Camino Real de Tierra Adentro, va desde la
ciudad de México hasta Nuevo México,
en Estados Unidos
Fundidora, Cervecería y Vidrierías
de Monterrey
Instalaciones ferroviarias de Aguascalientes
Edificios industriales de Ludwig Van der Rohe
y Félix Candela, Estado de México
Ciudad Universitaria, Casa Museo Luis Barragán,
Museo Estudio Diego Rivera y Frida Kahlo.
Maribel Pinto
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