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Según
Norman Mailer, los primeros 15 segundos de un combate
pueden ser la pelea misma. Y es que, argumentaba,
equivalen al primer beso en un affaire amoroso.
Pero
a veces sucede lo que bien observó Mailer:
el primer beso en la guerra de Estados Unidos y sus
aliados contra las huestes de Saddam Hussein fue un
operativo llamado shock and awe (conmoción
y pavor), nombre que recuerda la filosofía
del fear and fury (miedo y furia) que desarrolló
Cus DAmato, el manager que reclutaba escoria
en las calles de Nueva York y, cual moderno alquimista,
la convertía en campeones mundiales. Maestro
de Floyd Patterson o del portorriqueño José
Torres, su pupilo más famoso fue Myke Tyson
y, convencido de su conocimiento profundo de la técnica,
pero sobre todo de la sicología del peleador,
Mohammad Alí lo contrató como su consejero.
¿Cómo
describía DAmato a Alí? Decía
que era un buen pugilista, aunque distaba de ser el
mejor. Sólo que a la hora de controlar ese
miedo y proyectarlo en el cuadrilátero sobre
sus oponentes no tenía rival, entre otras razones
porque en ese proceso Alí construía
un escudo sicológico, como el que le permitió
absorber los bombazos de George Forman y desarrollar
su plan de pelea en el famoso duelo de titanes celebrado
una calurosa noche de 1975 en Kinshasa, Zaire.
Ese
fue el secreto que el veterano entrenador inculcó
a Tyson, convirtiéndolo en el campeón
mundial de los pesos completos más joven de
la historia.
En
el cuadrilátero, por ello, Tyson derrotaba
a sus oponentes desde antes de que sonara la campana.
La mirada que DAmato le enseñó
a lanzar a sus rivales era de miedo y furia. Otro
paralelismo con el amor, pues antes del primer beso
la batalla a ganar es la de las miradas. Y esa es
la gran diferencia entre el fear and fury y un operativo
como el shock and awe: ¿cuándo George
W. Bush y Saddam Hussein se han visto a los ojos?
Ahora
que, ¿quién podía imaginar que
la obsesión de estos hombres, incapaces de
verse a los ojos escudados en la divinidad, volvería
a dar vigencia a Federico Nietzsche y a su obra Así
habló Zaratustra? Tras diez años de
reclusión en la montaña, el profeta
imaginado por el filósofo alemán decidió
"volver a ser hombre" y en el primer encuentro
con un ser humano, un anciano con vocación
de bienaventurado, dialogó así con su
corazón: "¿Será posible?
Ese santo varón, metido ahí en su bosque,
¡no ha oído aún que Dios ha muerto!".
Un viejo chiste imagina un muro donde, junto a la
inscripción "Dios ha muerto", firmada
por Nietzsche, apareció otra tras su deceso,
el 25 de agosto de 1900: "Nietzsche ha muerto".
¿Quién
la signaba? Dios, por supuesto. Lo que este popular
chascarrillo entre estudiantes de filosofía
de instituciones católicas deja de lado es
que, al afirmar la muerte de Dios, Zaratustra no hacía
otra cosa que devolver al hombre la responsabilidad
de sus actos, secuestrada por las teorías que
atribuían a la divinidad la barbarie de seres
del tipo de Bush y su contendiente Hussein.
Volvamos,
pues, a Cus DAmato y su teoría sobre
el fuego interno que es el miedo. Si Bush hubiera
conseguido confrontar sus propios fantasmas y los
de una sociedad que se sabe responsable de agravios
sin fin, como los cometidos contra el pueblo palestino,
el imperio estadunidense tendría futuro.
El
camino de la soberbia, en tanto, supone sólo
haber tomado en cuenta la estrategia del beso inicial.
Gracias al patético liderazgo de Georgie boy
Bush, la rabia del 11 de septiembre dio lugar al fuego
incontrolado que todo lo consume, consecuencia de
un miedo que los pugilistas de la Casa Blanca y el
Pentágono no supieron canalizar en los nuevos
cuadriláteros de la guerra planteada por el
terrorismo.
Un
poeta africano decía que la victoria de Mohammad
Alí sobre el poderosísimo George Foreman
fue el despertar de un elefante dormido.
Otro
George, de apellido Bush, también ha logrado
reanimar a un elefante, gracias a que en su miope
mesianismo ignoró el consejo de Sun Tzu, en
su tratado sobre El arte de la guerra: "No te
metas nunca en esa clase de lugares en los que se
puede entrar muy fácilmente, pero de los que
sólo se puede salir con muchos esfuerzos y
extrema dificultad".
¿Hay
peor escenario que el de haber convertido al pueblo
estadunidense en presa de caza del miedo y la furia
de los cientos de miles de esclavos de esa otra voluntad
de poder, la de los siervos de Mahoma?
capitales@contralinea.com.mx
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