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La
Fiscalía Especial para Movimientos Sociales
y Políticos del Pasado (Femospp) recibió
denuncias por los 532 casos de guerrilleros desaparecidos
en la década de 1970 y 1980, que motivaron
su creación y muy pronto se sumó las
matanzas de Tlatelolco, 10 de junio, Aguas Blancas,
los 600 desaparecidos del Partido de la Revolución
Democrática durante el salinato, los perseguidos
del Ejército Popular Revolucionario en Oaxaca
y 170 homicidios de maestros disidentes.
Atrapada
en la inercia de recibir todas las denuncias que le
presentan, la Femospp acumula un volumen de trabajo
que rebasa su capacidad. Actualmente desarrolla siete
indagatorias, que involucran poco más de mil
500 casos de desaparición forzada, tortura,
ejecución extrajudicial, entre otras violaciones
graves a los derechos humanos.
La
fiscalía cuenta con 25 agentes del Ministerio
Público Federal, un equipo de investigación
histórica y documental -seis expertos- y un
comité ciudadano.
Su titular, Ignacio Carrillo Prieto, enfrenta además
las limitaciones que impone la legislación
sobre prescripción para investigar delitos
y por si fuera poco candados y reservas que impiden
la plena aplicación de la legislación
internacional en derechos humanos.
En
el caso de la masacre del 68, que en agosto pasado
el fiscal Carrillo Prieto citó como el de mayor
avance, no existen consignaciones de presuntos responsables,
que según la propia dependencia serían
unos 60 o 70.
En
el caso de la guerra sucia que influyó decisivamente
en la creación de la Femospp, apenas comienzan
las comparecencias de los presuntos indiciados.
El resto de las demandas están en proceso de
ser recibidas y darle curso formalmente si es el caso.
En
esa vorágine de denuncias, la PGR recibió
casos que no le corresponden, como las denuncias contra
Elba Esther Gordillo y Carlos Jonguitud Barrios por
desaparición y asesinato de maestros normalistas.
Como se recordará, el decreto de creación
de la Femospp establece que investigará delitos
cometidos por servidores públicos,
que no es el caso de los exdirigentes sindicales.
Entre
los más críticos al desempeño
de la fiscalía para desaparecidos se encuentra
la Asociación de Familiares de Detenidos Desaparecidos
y Víctimas de Violaciones a los Derechos Humanos
en México (Afadem), que asegura tener documentadas
más de mil 200 desapariciones, entre miembros
de grupos guerrilleros, activistas de organizaciones
políticas de la década de 1970 y otros
luchadores sociales de las dos décadas siguientes.
Julio
Mata Montiel, secretario ejecutivo de la organización,
asegura que no hay avance en las indagatorias. La
PGR ha recibido la ratificación de varias denuncias
y realizado comparecencias, pero no hay trabajo
de campo; los expedientes son copias de los de la
CNDH que, a su vez, son copia de las denuncias ante
la PGR y otras instancias.
La
Fiscalía se convirtió en el chiquero
del Estado, ahí mandan todo lo que no quiere
investigar la PGR. No va a poder con el paquete, porque
ni siquiera están haciendo investigaciones.
Llaman a declarar a la gente, como pasó con
(Luis) Echeverría y (Miguel) Nassar Haro, pero
no hay investigación de campo y ni siquiera
en los expedientes hay cosas nuevas. Todo es una serie
de repeticiones, afirma.
El
inoperante Comité Ciudadano
A un año de su instalación, el Comité
Ciudadano de Apoyo a la Fiscalía -que debía
coadyuvar con el fiscal y aportar elementos históricos,
jurídicos y sociales para la investigación-
no ha funcionado como se esperaba. De muestra un botón:
A lo
largo del año pasado ningunos de los miembros
originales - el penalista José Luis Isunza,
la académica Juliana González, los exdirigentes
estudiantiles Salvador Martínez della Roca
y Luis González de Alba y el exmiembro del
Partido de los Pobres, Mario Ramírez Salas-
pudo presentar una propuesta de trabajo conjunta ni
se reunieron conjuntamente al menos en una ocasión
para discutirla.
Sólo
Martínez della Roca y Ramírez Salas
desarrollaron algunas actividades principalmente de
enlace entre las víctimas y familiares de desaparecidos
con la Fiscalía. El exguerrillero Ramírez
Salas decidió pasarse al bando de la PGR y
entrar a la nómina: fue nombrado por el fiscal
Carrillo Prieto director de Coordinación y
Participación Ciudadana.
El
ahora funcionario explicó que entre los nuevos
integrantes del Comité Ciudadano están
articulista Denisse Dresser; el rector de la Universidad
de Puebla, Enrique Doger, y Miguel Arroyo, de la organización
México Unido contra la Delincuencia.
Detectives
óseos
La Fiscalía Especial para Movimientos Sociales
y Políticos del Pasado (Femospp) iniciará
en breve exhumaciones en Guerrero en busca de restos
desaparecidos de la guerra sucia. En esta ocasión
participará un grupo independiente de expertos
del Equipo Mexicano de Antropología y Arqueología
Forense (EMAAF).
La
participación de los especialistas se logró
por la insistencia de la Asociación de Familiares
de Detenidos Desaparecidos y Víctimas de Violaciones
a los Derechos Humanos en México (Afadem),
como una condición para validar las investigaciones,
explicó Julio Mata Montiel, secretario ejecutivo
de la organización.
La
Fiscalía aceptó el convenio porque sabe
que la participación de peritos independientes
le dará credibilidad a las investigaciones
y porque nosotros no vamos a aceptar que la Procuraduría
General de la República haga las identificaciones
de restos humanos sin conocimiento de los familiares,
manifestó.

Ignacio Carrillo Prieto
y Emilio Álvarez Icaza |
Como
coadyuvante en la investigación participa también
la Fundación Diego Lucero de Michoacán,
que decidió, junto con Afadem, utilizar los
servicios de los forenses independientes que identificaron
el año pasado los restos de Lucio Cabañas,
fundador del Partio de los Pobres.
Aunque
las exhumaciones iniciarán en Guerrero, el
proyecto es localizar fosas clandestinas en Michoacán,
Sinaloa, Chihuahua, y Chiapas, destacó Mata.
Sabemos
que en el informe de la Comisión Nacional de
los Derechos Humanos (CNDH) se presentó una
relación de unos 20 sitios donde podrían
existir cementerios clandestinos. Nosotros tenemos
identificados varios más, dijo.
Otro hecho revelante del convenio es que por primera
vez en 30 años organizaciones de familiares
de víctimas de la guerra sucia
admiten la posibilidad que los desaparecidos estén
muertos.
No
podemos cerrarnos a esa posibilidad; sabemos que algunos
cuando los desaparecieron tenían 60 o más
años de edad. Es importante la consigna vivos
los llevaron, vivos los queremos, pero ante
todo queremos saber la verdad de lo que les ocurrió,
manifestó Mata.
Sin
embargo, este proyecto enfrentará varios problemas.
El primero es que los lugares donde habrían
inhumado los cuerpos tiempo después se construyó,
como el caso del Hotel Copacabana en Acapulco o se
levantó club de golf.
Pero en muchos otros no es necesario y además
tenemos el sitio preciso.
El
segundo problema son los costos de las investigaciones.
Porque una vez el sitio de la excavación el
equipo forense debe permanecer mucho tiempo.
Proponemos que la PGR asuma el mayor costo, aunque
nosotros ya buscamos financiamiento internacional,
señaló Mata.
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