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Tuvieron
que pasar 23 años para que -sin temor
a perder la vida- Arthur Rüggeberg pudiera
denunciar la serie de atropellos que sufrió
por un conflicto de índole personal entre las
familias Rüggeberg y López Portillo.
Además
de amarga y dolorosa, la historia también ha
sido trágica, pues hace cuatro años
Kenneth Rüggeberg, un joven de 18 años
de edad procreado por Berbel Rüggeberg y José
Ramón López Portillo Romano, se ahorcó
al no poder superar sus problemas de identidad derivados
del rechazo de su padre a reconocerlo.
Arthur
Rüggeberg, tío de Kenneth, pretende ahora
reconstruir la historia en un libro que está
por concluir y cuya trama aborda los detalles del
exilio a que fueron condenados los Rüggeberg
vía el acoso, la persecución y amenazas
de miembros del Estado Mayor Presidencial (EMP), organismo
que en opinión del autor controla hasta los
detalles más íntimos de los integrantes
de la familia presidencial y complace hasta sus más
excéntricos caprichos.
Cinco
años duró la relación entre los
Rüggeberg y los López Portillo (de 1975
a 1980), tiempo suficiente para que Arthur viviera
y conociera de cerca la operación interna del
poder presidencial, permanentemente observado por
el EMP, en una especie de relación enfermiza.
En
el segundo aniversario del suicidio de Kenneth, noviembre
del 2000, su tío Arthur informó al expresidente
López Portillo sobre el trágico suceso
por medio de una carta y una fotografía del
occiso que lo conmovieron tanto que éste reconoció
públicamente su error en 2001 y dijo que no
tenía duda de que se trataba de su nieto.

José López
Portillo, el abuelo cuando era presidente |
Al
ver la fotografía algo se me rompió
por dentro. Yo estaba en la edad de que pues no esperaba
más dolores ni más amores y este muchachito
me conmovió, sobre todo al enterarme del fin
que tuvo, un fin absurdo que me dolió muchísimo,
como pocas cosas me han dolido en mi vida. Desde luego,
en mi vida de viejo, ninguna equivalente.
Yo
no tengo duda, y el rostro noble de ese muchacho me
conmovió, me tocó fibras. Y las fibras
que corresponden a la sangre, me las tocó todas.
El expresidente lamentó haberle creído
a su hijo José Ramón de que nunca había
tenido relaciones con Berbel: Yo le creí
y lo respaldé, infortunadamente, porque se
hubiera podido evitar la tragedia espantosa, como
para mí resultó.
Años mozos
Fue
en el Colegio Alemán donde se conocieron los
hijos de las familias López Portillo y Rüggeberg
Barber. Allí estudiaban también los
hijos de otros personajes, como Luis Echeverría
Álvarez y Carlos Hank González. Algunas
veces los padres se saludaban en las convivencias
escolares.
En
1975, Erwing, el séptimo de diez hijos de la
familia Rüggeberg, se hizo novio de Paulina,
la hija menor de Carmen Romano y José López
Portillo, quien entonces era secretario de Hacienda.
Llevan buena relación. Ambas familias comenzaron
a intimar y a frecuentarse.
En
1977, la familia López Portillo invitó
a la familia Rüggeberg a pasar la Navidad en
Los Pinos. Allí se conocieron Berbel, de 17
años de edad, y José Ramón López
Portillo Romano, de 22, quien se había graduado
como licenciado en derecho por la Universidad Anáhuac.
A las pocas semanas se hicieron novios.
En
1980, en el cuarto año del gobierno de López
Portillo, José Ramón embarazó
a Berbel Rüggeberg. Ante su padre, José
Ramón lo negó y juró bajo su
palabra de honor que no había tenido relaciones
con ella, y todavía sostuvo que el verdadero
padre del niño era su jefe de escoltas, un
teniente del Estado Mayor de apellido Morán.
Carmen
Romano no aceptó por ningún motivo la
posibilidad de que Berbel fuera la esposa de su hijo.
Logró separar esa relación de una forma
muy violenta y radical, como era su estilo,
dice Arthur y añade que como consecuencia de
esta ruptura, el noviazgo entre Erwing y Paulina también
terminó de golpe.
La
primera reacción de la familia presidencial
fue cancelar la concesión de una gasolinería
que los Ruggeberg habían obtenido a su favor.
Lo
peor, agrega Arthur, es que miembros del Estado
Mayor Presidencial, escoltas de ella y de su hija
Paulina, amenazaron de muerte no sólo a Berbel
sino también a Erwing Rüggeberg. Nuestra
familia fue vigilada y agredida verbalmente por soldados.
En pláticas familiares decidimos que mis hermanos
se fueran del país porque sus vidas peligraban.
José
López Portillo y su esposa abusaron del poder,
pues todas las órdenes y todas las ejecutorias
se canalizaron a través del Estado Mayor Presidencial.

José López
Portillo, secretos reveladores |
-¿Pudieron
haber cumplido esas amenazas?
-Por supuesto que sí pudieron haberlas realizado,
porque el Estado Mayor Presidencial no juega. Ejecutó
varias cosas radicales a favor de la familia presidencial,
era su trabajo y lo sigue siendo.
Después
de la ruptura con los López Portillo, Erwing
y Berbel Rüggeberg huyeron a Houston, Texas,
donde nació Kenneth, el 17 de septiembre de
1980. Antes de que su hijo cumpliera un año
de vida, Berbel contrajo matrimonio con el estadounidense
George Todd, quien adoptó a Kenneth y le dio
su apellido. La nueva pareja tuvo cinco hijos.
Cuando
Kenneth cumplió 17 años de edad, su
madre le reveló la identidad de su verdadero
padre, José Ramón López Portillo
Romano. Un año después, el 4 de noviembre
de 1998, atormentado por los problemas emocionales
derivados de su falta de identidad, Kenneth se ahorcó.
Los
ojos del EMP
Arthur Rüggeberg sostiene que el poder en México
se conoce al estar cerca de la familia presidencial.
Fue entonces cuando los Rüggeberg se dieron cuenta
de que tenían que aprender a vivir con el Estado
Mayor Presidencial.
Se
vuelven parte de ti, sin que tú lo pidas. Están
contigo las 24 horas, te levantas con el Estado Mayor
Presidencial, te bañas con el Estado Mayor
Presidencial, vas al baño con el Estado Mayor
Presidencial, vives todo el día con el Estado
Mayor Presidencial, y duermes con el Estado Mayor
Presidencial. Es agobiante, es enfermante.
Es
un servicio no solamente de seguridad, sino de inteligencia,
porque están llevando un registro meticuloso,
constante, permanente, de todas las actividades, tanto
de la familia presidencial como de los allegados.
Arthur
asegura que los miembros del EMP son los ejecutores
del poder de la Presidencia, quienes cumplen caprichos
y encargos de la familia real. El jefe de esta
corporación es la sombra del presidente de
la República, siempre pegado atrás de
él, en la espalda, atento a cualquier mandato,
comentario, necesidad, capricho, orden.
Durante
seis años, ve, escucha, obedece, sugiere, resuelve
o complica cualquier movimiento personal que el señor
presidente tenga, así como su familia o los
allegados a ella.
El
Estado Mayor conoce toda la vida privada, íntima
de los presidentes, inclusive interviene directamente
en las relaciones amorosas: La relación
más íntima que tiene un mandatario es
con el Estado Mayor Presidencial.
No
sólo es una convivencia física total
y permanente, sino también emocional, personal
y política. A tal grado es de íntima
la relación con el EMP -señala- que
uno de los amantes de Carmen Romano fue su jefe de
escoltas, un capitán de apellido Audifred.
Este
militar, que salvaguardaba la integridad física
de la primera dama de la nación, acabó
siendo su amante.
El
general Miguel Ángel Godínez, jefe del
Estado Mayor, no únicamente sabía de
las amantes del presidente de la República,
sino que inclusive las facilitaba o las ponía
enfrente del primer mandatario, para que tuviera sus
ratos de asueto. Eso lo vivimos muchas veces.
Arthur
recuerda el último año de gobierno del
presidente Luis Echeverría, cuando destaparon
a José López Portillo como candidato
del PRI a la Presidencia de la República.
El
Estado Mayor entró en juego no sólo
para la campaña presidencial, sino para la
integridad del candidato y su familia. La relación
entre Erwing y Paulina se volvió una relación
muy cuidada y vigilada por el EMP. Había guardias
presidenciales hasta en la casa de la familia Rüggeberg.
Una
vez que López Portillo se convirtió
en presidente de México, el 1 de diciembre
de 1976, la seguridad se volvió total. Si los
novios querían ir a la finca de los Rüggeberg
en Tepoztlán, Morelos, había avanzadas
a todos niveles, a las que se incorporaban elementos
de las policías Judicial y Federal de Caminos
para inspeccionar el viaje y el lugar. Éste
era custodiado por soldados antes, durante y después
de la visita.
El
Estado Mayor también se encargaba de los gastos
de la familia presidencial y sus invitados. El
jefe del Estado Mayor Presidencial, Miguel Ángel
Godínez, el Negro como le decían, y
los jefes de escolta de los hijos y esposa del presidente
de la República, tenían toda la facultad
y toda la liquidez para afrontar cualquier gasto que
hubiera, cualquier capricho del presidente, su esposa
y sus hijos, refiere Arthur Rüggeberg.
Por
ejemplo, añade, viajes de los hijos del presidente
a los que invitaban a una serie de gentes. Fletaban
aviones presidenciales, hacían reservaciones
en cualquier hotel de recreo importante de Europa,
de México, a nivel nacional y mundial, y con
toda la comodidad rentando yates y disponiendo de
bufetes señoriales. Utilizaban helicópteros
del Estado Mayor para asuntos personales. Yo fui a
algunos de esos viajes.
Si
la hija del presidente le quiere regalar a su novio
un caballo pura sangre o un auto sport importado o
lo quiere invitar a Europa un mes o le quiere regalar
una gasolinería o quiere llevar a la familia
de su novio en el avión Quetzalcóatl
a Las Hadas, con un yate pagado en la playa, o lo
que ella quiera, lo podía hacer.
Si
al hijo del presidente le gustó una casita
a la orilla de alguna playa o si se le antoja vender
petróleo no registrado de Pemex, y enviarlo
de Campeche a Rotterdam, pues lo hace.
Pero
los caprichos de Carmen Romano eran especiales, según
Arthur Rüggeberg. Yo viví sus excentricidades,
sus abusos de poder. Los gastos que se hicieron la
primera dama y sus hijas en la remodelación
de sus habitaciones en Los Pinos fueron bestiales.
A mí
me parece una estupidez lo que dicen que gastó
Vicente Fox en unas toallas, aunque parezca mucho.
Las cabañas donde vive ahora el presidente
de la República se mandaron construir para
que los hijos de José López Portillo
pudieran ir con sus novios en las tardes. Qué
devaluados estamos.
Y remata:
La política es un juego complejo: se
trata de cuidar, de grabar, de investigar, de tener
agarrados los hilos, para poder estar accionando a
favor de los intereses creados por el mismo poder.
Me pregunto: ¿el Estado Mayor está para
cuidar al señor presidente de la República
o para cuidar lo que hace, y tenerlo totalmente manejado
y controlado?
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