Nada es más
incómodo para quienes abusan del poder desde los órganos
del Estado (como para los que desde sus guaridas privadas irrumpen
al escenario de lo público) que los cuestionamientos de
la opinión pública a partir del ejercicio individual
de los derechos constitucionales. Sobre todo cuando se ejercen
las libertades jurídicas de manifestación de las
ideas sobre cualquier materia para su difusión en los medios
de comunicación.
En lo que va de las dos décadas del neoliberalismo económico
sin liberalismo político, las baterías de los sectores
público y privado han estado atacando, metódica
y sistemáticamente, a los periodistas (reporteros, caricaturistas,
reporteros gráficos y columnistas), como a los que en la
radio y la televisión se desempeñan como periodistas
orales y audiovisuales.
Primero los salinistas. Después los zedillistas. Ahora
los foxistas. CSG y EZPL --presuntos responsables de delitos que
los hicieron candidatos al juicio político y ahora mismo
Zedillo por sus complicidades en el Fobaproa y el escándalo
de los amigos de Fox-- se distinguieron por sus fobias
contra la libertad de prensa. El foxismo no quiere quedarse atrás
y hace uso de las viejas mañas del antiguo régimen
para sus embestidas contra los medios de comunicación.
Los ya 20 años de neoliberalismo (que arrancaron con De
la Madrid, en cuyo sexenio se inauguró la ofensiva sangrienta
contra la información y la crítica con el homicidio
de Manuel Buendía), más los dos años y pico
de la pareja presidencial, han sido el marco de la
creciente arremetida, sobre todo, pues, contra quienes individualmente
se atreven a llevar hasta sus últimas consecuencias las
libertades de prensa.
No cesan de aparecer intimidaciones y amenazas cumplidas contra
los periodistas. El columnista Raymundo Riva Palacio, apenas terminaba
de enlistar los más recientes casos de esos abusos desde
el poder público, cuando desde el poder privado la patanería
foxista, por medio de Lino Korrodi --bajo sospecha judicial de
probables delitos en el financiamiento a la campaña electoral
panista-foxista--, enloquecía ante el noticiario de López
Dóriga y rústico que es, con su lenguaje de cantina:
soez, grosera y coléricamente arremetió contra el
periodista Alberto Barranco.
Y, por si algo faltara, el patán número uno (vergonzosamente
senador de la República): Fernández de Cevallos
y Ramos, también por noticiarios de la radio, embestía
con sus peroratas al periodista Miguel Badillo, con animus iniuriandi.
Riva Palacio escribió: que nadie se equivoque;
no estamos mejor que antes Pero vivimos el hoy, y frente
a esos ataques existe sólo la defensa y la denuncia
(El Universal: 14/II/03).
Así que, denunciando a los Korrodi y los Fernández
de Cevallos, nos defenderemos de los patanes. La recomendación
es: amarre a sus perros, señor presidente.