Zona
de guerra
Por Nydia Egremy

"Daños colaterales"

De Sierra Leona a Ruanda en África, Kosovo, Irlanda del Norte o Chechenia, en Europa hasta Colombia, en América, el mundo del siglo XXI es testigo de una violencia sin precedente cuyo origen se remonta al siglo XIX, como en el conflicto Levantino.

Actualmente mil 300 millones de personas en el mundo padecen hambre y pobreza endémica mientras aumentan el bienestar y la riqueza de una minoría.

En la última década fue notable la correlación entre pobreza y conflictos armados, como lo demuestra el hecho de que 18 de 25 países con el índice de desarrollo humano (IDH) más bajo viven conflictos armados o apenas salieron de ellos.

La dinámica de los conflictos internos es compleja, como en casos de genocidio (Ruanda o Camboya), de pugnas étnicas (Burundi, Somalia, Liberia o Sri Lanka) o de amalgama de fervores religiosos, ideológicos y políticos (Bosnia-Herzegovina, Afganistán, Timor Oriental o Kosovo).

En el origen de estas confrontaciones subyacen el reparto injusto de la riqueza, el autoritarismo, la militarización, la discriminación étnica y las violaciones a los derechos humanos.

También persisten lances de guerra sucia que van desde el terrorismo de Estado (del tipo GAL en España o ejército israelí contra civiles palestinos) hasta masacres que buscan intimidar a la población (la matanza de Acteal en México).

Un informe de la Cátedra UNESCO para la Paz y los Derechos Humanos (2000) reveló que en los años noventa casi la mitad de los países menos desarrollados vivió un conflicto armado. Se deduce así que existe un vínculo directo entre pobreza y guerra, en que la primera converge en violencia y guerra civil.

“Cuando recursos estratégicos como el agua o la tierra apta para la agricultura son escasos, la lucha por su acceso puede derivar en conflictos armados entre países”, cita el informe.

Se da también la paradoja de que la riqueza de algunos países no sólo no los salva de la guerra sino que los sumerge en ella. Ahí están los ejemplos de Angola, Sierra Leona o de la República Democrática del Congo (RDC), donde la lucha por el control de los diamantes o el petróleo condujo a guerras crónicas.

Según reporta el Alto Comisariado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), el hecho de que en estos conflictos la población civil sea blanco de guerra da lugar a una crisis humanitaria mundial.

El organismo estima que en los últimos diez años entre 65 y 90% de las víctimas de los conflictos fueron civiles, y proporciona dos datos complementarios: hoy hay más de 14 millones de refugiados y más de 20 millones de desplazados internos por esa causa.

Otro estudio, éste de Oxfam Internacional, agrega que de esa cifra 9 millones de refugiados provienen tan sólo de cinco conflictos: Ruanda, Liberia, la antigua Yugoslavia, Afganistán y Palestina.

Los menores de edad son especialmente vulnerables a los efectos de estos enfrentamientos y más de 300 mil han sido movilizados -reclutados forzosos u obligados por la miseria- por los ejércitos gubernamentales o grupos combatientes en más de 30 países.

Guerra y materias primas
El Banco Mundial, en su revelador informe titulado Causas económicas de los conflictos civiles y sus implicaciones políticas (2000), destacó que los países que obtienen más de 25% de su PIB anual por exportación de materias primas tienen cuatro veces más probabilidades de sufrir un conflicto interno que aquellos que disfrutan de economías más diversificadas.

Es así que el control de los recursos naturales constituye una de las principales razones que explican la continuidad de algunos conflictos. El oro, los diamantes, la madera o el petróleo son materias preciosas que financian a los combatientes y alimentan las guerras.

Y pese a la devastación que ocasionan los conflictos armados, hay quienes se benefician de éstos, ya sean personas -dictadores, warlords-- o empresas multinacionales, que por tanto no tienen interés ponerles punto final. Entre ellos hay que contar a los traficantes de armas y a la industria extractiva.

Geopolítica de la guerra

Colombia
En América Latina, Colombia padece la guerrilla desde hace 50 años. Poblaciones enteras han sido desplazadas, masacradas o desaparecidas por esa causa. En la actualidad hay 2 millones de personas refugiadas en el interior del país, donde también paramilitares, cárteles de la droga, campesinos y asociaciones civiles que buscan influir en las decisiones políticas mantienen otras formas de lucha.

En este conflicto armado con cariz de guerra civil se violan los derechos humanos por el reclutamiento forzoso de la población (sobre todo indígena), por el uso de minas antipersonales por parte del ejército y por las guerrillas contra los habitantes locales, entre otros.

Destaca, además, la intervención extrajera. El Plan Colombia, impulsado por Estados Unidos, exhibe la participación de otros Estados en un conflicto que ya no es local ni en sus orígenes ni en su evolución futura.

El Centro para Política Internacional (CPI), con sede en Washington y fundado en 1975, brindó recientemente el porcentaje relativo al monto de la ayuda estadounidense destinada al ejército colombiano, sin incluir el apoyo para erradicar cultivos ilícitos:

El gasto militar de este país es por demás elevado: 4 mil millones de dólares, según cifras de 1998, lo que equivale a 3.6% del PIB y un gasto militar per capita de 103 dólares.

El panorama actual es difícil. Se combate en varios frentes contra la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN) y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), que ya figura en la lista de grupos terroristas de Estados Unidos.

A un año del fin del proceso de paz, Estados Unidos tiene más injerencia en la complejidad colombiana luego de que envió tropas a Arauca tras el secuestro de tres agentes que hacían labores de inteligencia, cerca de la llamada “zona de distensión”.

Israel-Palestina
La característica de este conflicto armado es que no hay una línea que separe a los combatientes, pues sus diferencias están muy difuminadas y alimentan una lógica de desconocimiento “del otro”, sin que se perciba la transición al reconocimiento “del nosotros”.

La violencia en la región Levantina es doble. Por un lado, los 6 millones de judíos muertos en el Holocausto que legitiman un Estado (Israel), que se creó imponiendo a los habitantes árabes un régimen sin su voz ni su voto.

Por el otro, la lucha política del pueblo palestino por su autodeterminación y la instauración de un Estado propio con Jerusalén como capital, que desembocó en la violencia armada ante la incapacidad política.

En este conflicto, que no respeta las reglas de la guerra convencional y sí en cambio se perfila como una guerra de baja intensidad, han intervenido Estados Unidos, la ex Unión Soviética y la Unión Europea, tanto para facilitar las operaciones de los combatientes como para colaborar en un proceso --estancado-- de paz, sin asomo de solución.

Más allá del problema territorial que se disputa, se combate asimismo por el agua. Israelíes y palestinos viven de reservas de agua de Cisjordania. Aunque los agricultores israelíes disponen de grandes cantidades para riego, el vital líquido se raciona a localidades y campamentos de refugiados palestinos.

Fuerza y quebranto
Los palestinos desplazados desde el origen del conflicto, en 1948, por la creación del estado de Israel y la guerra de 1967 son: 700 mil en territorio israelí, un millón 500 mil en Cisjordania, 800 mil en la Franja de Gaza, otros en países del Oriente Medio y Europa e importantes concentraciones en Chile, Brasil, Estados Unidos. A 1997 los refugiados sumaban 7 millones.

La escalada actual se remonta al 28 de septiembre de 2000, cuando Ariel Sharon -actual premier israelí- visitó la Explanada del Templo en Jerusalén Oriental y provocó con ello a los árabes. De entonces a noviembre de 2002 el saldo es de 2 mil 009 muertos, en su mayoría civiles y menores de edad, y 179 líderes asesinados.

La radiografía de los 41 mil palestinos heridos es la que sigue. Cisjordania: 35.7% niños, 32.4% por munición real, 64.9% en los miembros superiores. Fanja de Gaza: 20% niños, 37% por munición real, 60% en los miembros superiores. De acuerdo con UNICEF, hay 7 mil niños heridos con secuelas irreversibles.

También, siete periodistas palestinos y un italiano fueron asesinados; 75 reporteros han sido heridos; 167 agredidos por soldados y colonos israelíes y sus equipos confiscados o destruidos.

Se establecieron cercos internos: más de 300 puntos de vigilancia en las áreas palestinas, además de que ambas zonas están aisladas del resto del mundo (Cisjordania está dividida en 120 sectores y la Franja de Gaza en 3).

El Aeropuerto Internacional de Gaza está cerrado desde febrero de 2001, el Corredor de Seguridad entre Gaza y Cisjordania también fue clausurado, desde octubre del 2000 --contrariando los Acuerdos de Oslo--, lo mismo que los puentes que ligan Palestina con Jordania y Egipto.

Durante los 15 meses de Intifada, los daños materiales ascendieron a 305 milones de dólares y los perjuicios por los ataques del ejército israelí sumaban 361 millones. Desde el inicio del levantamiento, más de 720 casas fueron completamente demolidas y más de 11 mil 553 parcialmente destruidas, 4 mil predios afectados, al igual que 30 mezquitas, 12 iglesias, 134 pozos de agua y depósitos.

La tasa de desempleo es de 67% en Gaza --Israel prohíbe a 125 mil palestinos trabajar en su territorio-- y 48% en Cisjordania. 75% de los palestinos vive en la pobreza, con menos de dos dólares al día. La capacidad de producción cayó 69 por ciento.

El País Vasco
El separatismo vasco se concibe como un problema violento en torno a la soberanía de un territorio cuya raíz, fundamentalmente política, suma componentes sociales y culturales que lo hacen complejo.

En este 2003 el conflicto es especialmente delicado y corre el riesgo de enquistarse o alcanzar más altas cotas de confrontación si no se apuesta decididamente por un proceso de paz. El panorama político-ideológico generado a partir de este caldo de cultivo ubica los siguientes escenarios.

1.- Triunfo ideológico del Estado y el sistema. “El Estado, que hoy más que nunca es el pueblo” (imagen que transmiten los medios), es el mayor beneficiario de la situación, pues se refuerza ante la violencia de ETA.

2.- Avance del autoritarismo. Se apuesta a la mano dura. Aprovechando el fragor popular, se aprobó la ley de videovigilancia y se anunciaron reformas al Código Penal que restringe derechos y libertades.


Simpatizantes vascos por la autodeterminación

En este contexto, la paz no significa únicamente ausencia de violencia armada y no se reduce a “que ETA deje de matar”, como rezan los lemas de las marchas. Una estrategia de paz pasa por la puesta en marcha de un proceso en que el pueblo vasco defina democráticamente un marco político y jurídico para una paz estable y duradera.

Irlanda del Norte
Irlanda del Norte es una zona de ocupación en la que conviven civiles y fuerzas armadas británicas. Los irlandeses católicos buscan su autodeterminación mientras los irlandeses protestantes se afilian al gobierno británico a favor de un régimen unionista.

Los antecedentes de este conflicto se remontan a 1920, cuando seis condados de la provincia del Ulster se separaron del resto de Irlanda y se vincularon con Gran Bretaña, lo que rechazó el Estado Libre de Irlanda.

1925. Se fijó la frontera entre ambos territorios. La población protestante de Irlanda del Norte pensó que esto garantizaba el dominio de su credo y posición mientras que los católicos lo interpretaron como una injusticia británica.
1949. El Estado Libre de Irlanda se convierte en república y el Parlamento británico ratifica la condición de Irlanda del Norte como parte del Reino Unido.
1955. Los militantes del Ejército Republicano Irlandés (ERI) inician atentados para unificar las dos Irlandas.
1969. Gran Bretaña envía a su Ejército, en lo que fue el más grave choque en 50 años.
1974. Termina el control directo británico tras colapsar la administración ejecutiva. El ERI atenta contra ciudadanos británicos.
1976. El ERI anuncia un alto al fuego luego del triunfo de Anthony Blair. Seis semanas más tarde, el Sinn Féin se une por primera vez a las negociaciones de paz y el 10 de abril de 1998 se firma el Acuerdo de Viernes Santo entre los gobiernos británico e irlandés y ocho partidos políticos.
2000. Ante la insatisfacción protestante por el no desarme del ERI, el secretario británico para Irlanda del Norte, Peter Mandelson, suspende la asamblea. El presidente estadounidense William Clinton negocia la paz con varios líderes de Irlanda del Norte.

En octubre, el Sinn Féin pide oficialmente al ERI su desarme. Un día después el grupo acepta, "para salvar el proceso de paz" en Irlanda del Norte, un gesto sin precedentes en la historia de la organización.

2002. El Sinn Féin se sitúa como cuarta fuerza política en Irlanda y logra por primera vez la alcaldía de Irlanda del Norte. El 8 de octubre, Londres anuncia la suspensión del Gobierno Autónomo del Ulster.
2003. Cada vez más británicos opinan que Irlanda del Norte debería ser una Irlanda unificada, en lugar de pertenecer al Reino Unido, según encuesta del diario The Guardian.

La separatista Ikhteria
Las confrontaciones entre Chechenia (Ikhteria en lengua propia) y Rusia han traspasado los siglos, si bien las de mayor envergadura han ocurrido en el siglo XX. En 1922 Chechenia se constituyó como una región autónoma de la República Socialista Federativa Soviética de Rusia y en 1936 se transformó en la República Autónoma Checheno-Ingusha.

Los chechenos e ingushes fueron deportados por Stalin en 1944 hacia Kazajstán y Kirguistán. En 1957 Nikita Krushov les permitió regresar y restablecer la República Autónoma. Sin embargo, desde el desmantelamiento de la Unión Soviética el afán separatista de los chechenos se perfiló como un conflicto bélico que se convirtió en pivote del interés internacional.

Las víctimas de este separatismo suman miles. El saldo letal para Rusia tan sólo en 2002 sumó mil 200 soldados rusos, según The Chechen Times.

La necesidad de reforzar el poder ruso frente al desafío independentista, la posibilidad de que por ahí pasara un oleoducto ruso desde las reservas del Mar Caspio hacia Occidente y el crecimiento de las mafias y organizaciones de tráfico ilegal produjo la segunda ofensiva rusa a partir de 1999.

Aslán Masjadov, el independentista checheno, perdió su liderazgo al no lograr contener a los warlords locales que criminalizaron --más que modernizar-- la economía local, al mantener a grupos armados que extorsionaban, secuestraban e imponían un sistema de tráfico de esclavos.

Esta situación, sumada a la intención de Grozny de crear una república islámica con Daguestán y al atentado de septiembre de 1999 contra edificios en Moscú y Volgodonsk provocaron la represalia de Rusia con dos objetivos: reforzar la imagen de Vladimir Putin de presidente fuerte y vengar a los militares por el descalabro en la primera guerra de Chechenia.

Este dramático enfrentamiento ha tenido altibajos militares traducidos en derribos de aeronaves rusas y pérdidas de efectivos rusos, así como la práctica destrucción de la infraestructura chechena y el éxodo de miles de habitantes del Cáucaso hacia Ingushetia, Daguestán y la Federación Rusa.

La situación se contuvo tras la constitución de una administración provisional a cargo del mufti Ahmed-Haji Kadyrov, quien combatió contra las tropas rusas entre 1994-95 pero rechazó apoyar al régimen de Masjadov.

Sin embargo, el 23 de octubre de 2002 el conflicto resurgió en el plano internacional cuando un comando de 40 chechenos secuestró a unos 800 asistentes al musical Nord-Ost en un teatro moscovita. Las cifras del sangriento rescate son aún inciertas: 200 o 700 muertos y 500 intoxicados.

Al explorar las causas extraterritoriales de este conflicto, Heiko Jessayan, columnista del diario holandés Het Financieele Dagblad, comenta: “Detrás del drama del secuestro en Moscú, consecuencia del conflicto entre Rusia y Chechenia, están los intereses financieros de empresas petrolíferas transnacionales como Chevron, Exxon Mobil y Unocal”.

Actualmente, el Cáucaso vive un impasse ante el esperado referéndum que se realizará el 23 de marzo.

Congo
En agosto de 1998 la República Democrática del Congo (RDC) se vio de nuevo inmersa en una guerra luego de dos años escasos de paz. La complejidad del conflicto, en el que intervienen fuerzas armadas de varios países de la región y se entremezclan intereses económicos, dificulta su resolución.


Balance letal del armamentismo en África

La RDC guarda en su subsuelo ricos recursos naturales como diamantes, oro, cobalto, cobre o coltan (mineral de alta conductividad, útil en la industria electrónica). También posee maderas tropicales que son devastadas. La explotación de la riqueza de este país por parte de firmas y fuerzas extranjeras causó en menos de cuatro años más de 2 millones y medio de muertos.

Dos exhaustivos informes de expertos de la ONU apremian a actuar al gobierno y sus vecinos para finalizar el conflicto e indican que la solución debe incluir el desarrollo de mecanismos de regulación para controlar el saqueo de los recursos naturales y llegar a un compromiso político por la paz.

Sierra Leona
La pugna interna de Sierra Leona es clasificada no como guerra “tribal” sino “guerra de los diamantes”, mucho más cercana a la realidad de su origen.

El conflicto se agudizó en marzo de 1991, cuando el militar Foday Sankoh y su Frente Revolucionario Unido se levantaron en armas contra el presidente Joseph Momoh e inició una década de guerra civil en la que se asesinó a más de 10 mil personas, mutiló a decenas de miles deliberadamente y obligó a la mitad de la población a emigrar.

En 1997 el acuerdo de paz con Sankoh se rompe y éste es arrestado. Esta es la primera vez en África que los estados vecinos reinstauran a un líder civil después de un golpe de Estado. Sin embargo, continúa el terror y la campaña de los rebeldes para mutilar a víctimas civiles.

En 1999 la junta y sus aliados intentan tomar Freetown, la capital, donde mueren 5 mil personas. Ese mismo año, en mayo, se negocia el Acuerdo de Lomé, por el que los rebeldes obtienen cuatro cargos ministeriales en un gobierno de unidad nacional a cambio de abandonar las armas.

El desarme se ha obstaculizado por el tráfico y financiamiento de los diamantes, que benefician a las grandes firmas trasnacionales.

Cachemira
Según los términos de la independencia india, los territorios de mayoría musulmana pasarían a Pakistán. Ante el incumplimiento de este pacto, ambas naciones, poseedoras de armas nucleares, han peleado tres guerras desde 1947, dos de ellas por Cachemira. Una cuarta casi se concretó en 1999.

El conflicto comenzó en 1947, cuando el maharajá de Cachemira, Hari Singh, soberano hindú en un Estado con 80% de población musulmana, decidió incorporar su territorio a la India para impedir el triunfo de la guerrilla, favorable a Pakistán.

Ante ello, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas adoptó la resolución 39 (1948), que establecía la Comisión para India y Pakistán (UNCIP) para investigar y mediar en la disputa.

Un año después seguían las hostilidades y se desplegaron las fuerzas multinacionales (UNMOGIP) para supervisar el cese al fuego acordado entre India y Pakistán en Jammu Cachemira.

En julio de 1999, los choques armados en la Línea de Control sufrieron una escalada cuando en Kargil 400 paquistaníes se infiltraron en la zona administrada por India, que los atacó con helicópteros y aeronaves. Este conflicto espera su solución con la realización de un referéndum, que se ha postergado indefinidamente por la negativa de los estados combatientes.

Argelia
El proceso de transición democrática en este país norafricano quedó congelado tras el diferendo electoral de 1992 y el debate político pospuesto por la irrupción del terrorismo y el fundamentalismo islámico protagonizado por el Frente Islámico de Salvación (FIS).

Desde entonces Argelia ha vivido un permanente estado de emergencia, con gran efervescencia de la oposición política, épocas de represión, periodos de calma y levantamientos populares en la Kabylia y regiones bereberes. Se estima que la escalada de violencia ha cobrado la vida de entre 50 y 65 mil muertos desde enero de 1992.

Recuadros:
Conflictos armados recién concluidos

Contendientes Inicio y fin del conflicto
Indonesia vs. separatistas de Aceh 1976-2002
Angola vs. UNITA 1975-2002
Sri Lanka vs. Tamil Eelan 1978-2002
Chad vs. separatistas musulmanes (MDJT) 1998-2002
Sierra Leona vs. RUF 1991-2002
Talibán vs. Alianza del Norte 1995-2001
Tajikistán vs. Oposición Unida Tajik (UTO) 1992-2000
Indonesia vs. Timor Oriental 1975-2000
Etiopía vs. Eritrea 1998-2000
Fiji vs. Insurgentes 2000

Radiografía de violencia
1.- Los conflictos armados son ya intraestatales. Entre 1989 y 1999 los conflictos entre Estados representaron 6% del total.

2.- El financiamiento de esas guerras intraestatales cambió. Cuando el PCUS financiaba movimientos afines, Estados Unidos también apoyaba a las guerrillas talibán --incluido Bin Laden--, en el que quizá constituyó el mayor gasto aprobado por el Congreso estadounidense a un conflicto en el que no estaba oficialmente involucrado.
Ahora los combatientes recurren a nuevas fuentes: extorsión (“impuesto revolucionario” de ETA o las FARC), secuestro y acceso a materias primas (petróleo), bienes de alta rentabilidad (diamantes) o de gran demanda (drogas) para pagar armas, equipos y asesores.

3.- Los “nuevos ejércitos” de los países ricos, más tecnificados, enfrentan --como fruto de la globalización-- a Estados hostiles (llamados rogue states) y ejércitos en el mismo Estado y fenómenos de terrorismo.

4.- Otra característica incipiente es la tendencia a privatizar la violencia legítima. Los Estados ricos confían cada vez más sus acciones a ejércitos privados de cuya actuación pueden negar su responsabilidad. Así, surgen policías y prisiones privadas en naciones ricas. Resultado de esto es el aumento de la violencia. Fuente: Waldman y Reinares, Sociedades en guerra civil, Paidós, 1999

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