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Cuando
autoridades del Instituto Mexicano del Seguro Social
(IMSS) declararon públicamente que los teatros
de esta institución harían más
de estacionamientos si no funcionaban, la comunidad
artística y teatral reaccionó con sorpresa
e indignación ante la poca valía que
en este nuevo sexenio se le otorgaba a los 74 foros
cerrados y al aire libre que conforman la red de teatros
más importante en Latinoamérica, construida
entre 1958 y 1964.
Varios
de éstos abandonaron la inactividad gracias
a los comodatos que se otorgan desde 1996.
Luisa
Huertas, vocal de la Academia Mexicana de Arte Teatral,
señala que en esta administración
no vemos claro, pues desde que entró el gobierno
foxista el IMSS tardó más de año
y medio en ponerse de acuerdo con el Conaculta,
dependencia que se encarga de hacer la convocatoria
Teatros para la Comunidad Teatral y que
selecciona los proyectos ganadores que presentan los
grupos artísticos.
De
ahí que los comodatarios se unieran para pelear
por la continuidad del programa de comodatos, dado
que se consideraba la posibilidad de que desaparecieran,
afirma el propio director de Prestaciones Económicas
del IMSS, Antonio Sheleske Farah. Pero nuestra
lucha valió la pena, ya que se volvió
a lanzar la convocatoria y firmaremos contrato nueve
ganadores, comenta Rodolfo Arriaga, comodatario
en Sinaloa.
No
obstante el logro, el nuevo contrato contiene cláusulas
que parecen haber sido redactadas para destruir lo
construido por los comodatarios sobrevivientes. Prueba
de ello es la cláusula que pide 10 % de las
entradas para el IMSS por medio del fideicomiso establecido
para tal fin, misma que ahora les impide subarrendar
los espacios, aunque éstos no hayan sido para
muchos una constante en sus temporadas.
Estas
nuevas medidas no son bien comprendidas por los ganadores,
pues las entradas a las funciones se reinvertían
en las puestas en escena, y el dinero obtenido por
una renta subsanaba los gastos necesarios del inmueble,
pero no constituían en modo alguno un paliativo
para la crisis por la cual atraviesa el IMSS.
Piensan
que nos estamos haciendo ricos con el teatro. Para
ser sinceros, la compañía al año
gana 30 mil pesos, precisa Mauro Mendoza, comodatario
en el Teatro Isabela Corona (ubicado en Eje Central,
a un costado de la Clínica 27 del IMSS), al
referirse a las nuevas cláusulas.
Realmente
no es por eso que estamos aquí, la ganancia
para la compañía es, primero, ver su
proyecto cristalizado y, segundo, tener un foro donde
poder crear cosas que no todos podemos hacer.
Pero
la cláusula más incómoda es la
que le otorga al IMSS la facultad de retirarles los
teatros a los comodatarios en el momento que le parezca,
por razones de política institucional,
como explica Gilberto Guerrero, comodatario del Teatro
Santa Fe en la ciudad de México: Lo firmamos
así porque la estrategia sugerida por los abogados
fue métanse y no los van a sacar y si lo intentan
recurrimos al amparo´, entonces discutiremos
en otros términos la procedencia jurídica
de esta otra cláusula.
Berrinche
institucional
Si bien la mayoría decidió firmar a
pesar de todo, Ángel Norzagaray, comodatario
en Mexicali, Baja California, sufre ahora las consecuencias
de haber encabezado la pelea por el espacio teatral
ganado bajo el marco legal que estableciera el Consejo
Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) vía
el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, pues
su contrato no le ha sido enviado, aun cuando él
está dispuesto a firmarlo.
El
IMSS está incurriendo en una irregularidad
muy grave porque se niega a enviarme el convenio para
firmar, con todo y que aprobamos los requisitos y
ganamos el derecho a tener legalmente el inmueble
y las aportaciones. Pero tiene un inconveniente especial
con la obra Mexicali a secas sólo porque no
les gusta que nosotros hablemos o critiquemos la forma
centralista como está operando, señala
Norzagaray.
El
Fonca, a través de Ana Cecilia Martorell, directora
de Promoción y Difusión, declara que
es al IMSS al que le corresponde aclarar por qué
de esta situación.
Sin embargo, Patricia Pineda, directora técnica
del Fideicomiso de Administración de Teatros
y Salas de Espectáculos del IMSS, a pesar de
reconocer que la cartera a su cargo es responsable
del envío de los contratos, no respondió
a más preguntas, por política
del instituto, pues comunicación
social dará la información correspondiente.
Sólo
el delegado del IMSS en Baja California, Fortunato
Álvarez, dijo que esto se debe a que
la Contraloría interpuso un recurso en virtud
de que argumentan tener asuntos pendientes con el
señor Norzagaray, pero no sabe a ciencia
cierta a qué se refieren dichos asuntos.
Lo
anterior resulta algo confuso, pues la Contraloría
funge como juez no como parte acusadora. Nosotros
no podemos interponer ningún recurso,
argumenta el contralor interno de la Secretaría
de Control Administrativo (Secodam) en el IMSS, Roberto
Lara Arreola: Sé que existen problemas
con Norzagaray, pero legalmente no hay nada, ya que
no he recibido ninguna inconformidad en contra de
él.
Para
resolver su situación, Norzagaray no ve otro
camino más que recurrir a la Contraloría,
demanda que retrasa porque considera que cada día
que pasa es más conveniente para Mexicali a
secas: No saben ni qué explicar, porque
es mentira, no puede haber nada en contra mía,
es más bien un berrinche institucional.
El
IMSS ya no puede
Hoy, el futuro de este programa que rescata sólo
nueve espacios teatrales es incierto, porque
a como va el país es difícil determinarlo,
opina Rodolfo Arriga, comodatario en Sinaloa.
Pero
es más incierto el de los que no forman parte
ni del programa ni de los cinco teatros comercialmente
productivos que tiene el IMSS en el Distrito Federal,
como el Tepeyac, el Hidalgo o el Morelos, o de aquel
de nombre Reforma y que ahora hace las veces de bodega.
Y es
que la incapacidad del IMSS es evidente, pues retiró
el apoyo de 23% del presupuesto otorgado para el programa,
arguyendo que su trabajo es sólo fomentar la
cultura, pero es el Fonca el que tiene los recursos
para apoyar el desarrollo y las actividades del teatro.
Si esto se concibe así, ¿por qué
se niega la posibilidad de que los teatros puedan
pasar a otro organismo cultural que pueda darles su
otrora esplendor?
Fausto
Martínez reconoce esta necesidad: El
Seguro Social tiene otro tipo de actividades sustantivas,
y creo que ésta es una actividad marginal.
Los teatros no deben ser manejados por el IMSS sino
por los sectores que se dedican a promover la cultura.
Pero
la razón de que esto no ocurra va más
allá de una defensa de la propiedad de los
derechohabientes, como lo manifiesta Gilberto Guerrero:
La administración foxista ha llegado
a contemplar al IMSS como una empresa privada, que
no tiene claro cuáles son sus objetivos de
trabajo y esto lo ha ido demostrando también
frente a varios de sus problemas, como las guarderías,
igual que el problema de los pensionados.
TRADICION
POPULAR
El
teatro es una de las más arraigadas tradiciones
populares del país. Su práctica se remonta
a la época prehispánica, aunque sus
características eran muy diferentes al teatro
europeo.
La
tradición de escenificaciones prehispánicas
favoreció el desarrollo de las primeras representaciones
que se llevaron a cabo en el tiempo de la Colonia
con la finalidad de evangelizar principalmente. Los
frailes organizaban obras de teatro con temas religiosos
educativos, auxiliares en la labor de catequesis de
los antiguos mexicanos.
En
los inicios del siglo XX, el teatro es una parte de
la vida cultural de México, sobre todo con
el teatro popular mexicano, que surge del pueblo,
como las tandas y la revista mexicana.
Hacia
mediados de siglo surge un teatro más académico,
propositivo, sin perderse el popular, y que incorpora
a México a los países desarrollados
en la dramaturgia, los intercambios culturales entre
los países. Esa forma de hacer teatro es auspiciada
por instituciones como la Secretaría de Educación
Pública y, marcadamente, el IMSS.
La
importancia de los teatros del IMSS es reconocida
hasta por connotados expriistas, como Ricardo García
Sáinz, exdirector del instituto, quien señala
que los espacios escénicos deben ser
reubicados administrativamente y entregados intactos
a la sociedad.
No
se puede disociar el desarrollo histórico y
financiero de la seguridad social de nuestro país
con la construcción, el desarrollo y el futuro
de los espacios teatrales, según García
Sáinz.
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