Antirretrovirales
Medicamentos vs. SIDA, ¿son aún negocio?
Por Ma. Luisa Aguilar.
Foto: Julio César Hernández

Dr. Luis Soto

Paradójicamente cuando las vacunas preventivas contra el virus del Sida han disminuido su costo, los laboratorios farmacéuticos han perdido en el interés por invertir en el antaño prometedor negocio debido a que el mal “sólo” crece en el llamado Tercer Mundo

Aunque México no forma parte de los países que fabrican medicamentos para el control del Síndrome de Inmuno Deficiencia Adquirida (SIDA), los grandes laboratorios farmacéuticos han vuelto sus ojos a nuestra nación ya que la catalogan como uno de los “mercados vírgenes” más reconocidos para completar su aplicación en seres humanos.

Incluso, el año pasado el Departamento de Infectología del Instituto Nacional de la Nutrición comenzó a trabajar en la investigación de una molécula natural que “mide” la entrada del virus a través de la vagina de la mujer, lo que corta la posibilidad de infección vía transmisión sexual, una de las formas más comunes de contagio. El financiamiento del proyecto está a cargo del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), en colaboración con instituciones estadounidenses.

Con un negocio valorado en varios miles de millones de dólares, sucede que las trasnacionales farmacéuticas han comenzado a perder el interés por combatir una de las enfermedades modernas más devastadoras para la humanidad.

La razón es muy sencilla: mientras las investigaciones que se realizan para tratar de acabar con el llamado mal del siglo XX resultan altamente costosas, en este inicio de centuria pocos son los países que pueden integrar en sus políticas de salud pública el alto costo de los tratamientos antirretrovirales.

Además, los países desarrollados, con campañas de prevención y combate altamente eficaces, han dejado de reportar números alarmantes de infectados, lo que reduce el campo de acción de los laboratorios, los cuales, al final del día, se mueven por la rentabilidad de sus negocios.

Al igual que la Organización Panamericana de la Salud (Paho) –adscrita a la Organización Mundial de la Salud (OMS)--, el Centro Nacional de Control y Prevención del Sida (Censida) y los centros de investigación epidemiológicos, las compañías farmacéuticas coinciden en que el virus reporta modificaciones importantes en sus tasas de prevalencia en países desarrollados y que las naciones más pobres o en vías de desarrollo serán las que más padecerán este mal durante el siglo XXI.

Las grandes firmas jugadoras en este mercado --Roche, Glaxo, Merck, Abbott y Boehringer-- concluyen que si bien durante las dos décadas pasadas la atención del SIDA demandó enormes recursos económicos, humanos y sociales, en la actualidad la tendencia es disminuir este ritmo debido a que la enfermedad se ha centrado en puntos muy específicos del orbe: en donde prevalece la pobreza.

Otra postura levanta ámpula en varios ámbitos: el papel de algunas Organizaciones no Gubernamentales (Ong’s) en esta lucha, que muchas veces --de acuerdo con fuentes médicas especializadas en el tema-- opaca las demandas más apremiantes en función de sus propias necesidades de sobrevivencia.

A diferencia de Brasil, donde el SIDA ha pasado a ser una de las seis principales causas de muerte entre la población, en México el rango de incidencia es mínimo. Con el lugar 74 en la lista de países afectados por la epidemia y la posición 14 en América Latina, en México sólo 0.90% de personas padecen este mal, lo que quiere decir que uno de cada 500 mexicanos es seropositivo.

Sin embargo, la falta de políticas de Estado relacionadas con la prevención provoca que el virus sea la principal causa de muerte entre la población infectada de entre 25 a 45 años.

Durante el 2002 el sector público mexicano erogó 120 millones de pesos en la adquisición de productos antirretrovirales, según datos de Onusida --organismo dependiente de la Organización de las Naciones Unidas (ONU)--, lo que significa una tasa de crecimiento de 30% en cinco años.
Veredictos opuestos

Contrario a los dictámenes de organismos internacionales, Censida lanza una alerta. Informa que los pronósticos sobre esta enfermedad son pesimistas y que si bien los recursos económicos para su combate son limitados, lo que más preocupa es la falta de voluntad política para contar con perspectivas de control efectivo.

Según la Paho, México es uno de los países más destacados en su lucha contra el llamado mal del siglo XX. Datos de Censida reflejan que su ritmo de crecimiento se ha mantenido estable desde 1994, con 4 mil 500 casos anuales. Sin embargo, la historia no siempre fue igual.

Nuestro país lleva a cuestas una experiencia negativa. A principios de los ochenta, cuando surgieron los primeros casos de infección, la tasa de crecimiento de personas infectadas empezó a duplicarse cada tres meses. De haber mantenido esa dinámica, México hubiera tenido un destino similar al de África, continente que sufre una epidemia generalizada de este mal pues más de 35% de su población, unos 28 millones de personas, son portadoras del virus.

“¿Que el SIDA está completamente controlado en el país?, yo te puedo afirmar que no. Es más, la tendencia sobre el futuro del combate del SIDA es bastante pesimista”, advierte Griselda Hernández Tepichín, secretaria técnica del organismo.

Madeleine de Boer, representante de la oficina de México de la Paho, afirma que nuestro país cuenta con uno de los servicios médicos más eficientes para atacar y controlar el SIDA.

No obstante, De Boer, con un doctorado en epidemiología de la John Hopkins School of Hyginic and Public Health de Baltimore --uno de los centros de investigación epidemiológica con más peso en Estados Unidos-- recomienda al gobierno y a las organizaciones sociales y civiles llevar a cabo una mayor labor entre la población migrante y grupos vulnerables para que las estadísticas no vuelvan a dispararse.

Censida reporta que ni las limitaciones presupuestales constituyen focos de atención tan preocupantes como el regreso de prácticas nocivas que habían sido erradicadas. Pone de ejemplo a la comunidad gay, uno de los grupos tradicionalmente más conscientes sobre las secuelas devastadoras del SIDA cuyas nuevas generaciones han perdido la perspectiva de la problemática, salvo algunos casos reconocidos por su nivel de organización.

Hernández Tepechín señala que otros focos rojos se encienden en las zonas fronterizas, en donde se están incrementando las adicciones de drogas por la vía sanguínea; en las regiones marginadas y en las áreas expulsoras de migrantes. “Es decir, en casi todo el país.”

Cuestión de costos
El poderoso laboratorio Merck Sharp and Dohme (MSD) hace eco de las palabras de Robert Gallo, uno de los nombres más reconocidos en la historia médica del VIH. Asegura que para curar este mal sólo hace falta completar “algunas piezas del rompecabezas”.

Foto: David Jaramillo

La firma, con ingresos netos anuales por arriba de los 5 mil millones de dólares, añade que si bien el diagnóstico de la sociedad médica internacional pronosticaba que la cura contra el SIDA vendría con el cambio de siglo --lo que no se cumplió--, en la actualidad los trabajos dirigidos a la elaboración de una vacuna biológica“están muy adelantados”.

Mediante este tratamiento los pacientes infectados verán fortalecido su sistema inmunológico, lo que impedirá el progreso de la infección creada por este virus. Asimismo habrá una vacuna profiláctica que será justamente aplicada de manera preventiva entre la población en general.

“Los esfuerzos en ese sentido sí han rendido frutos y lo que buscamos es que los tratamientos vayan siendo durables, potentes y amigables. También se exploran nuevos medicamentos a partir de nuevos blancos terapéuticos”, apunta Javier Baéz-Villaseñor Moreno, de la dirección médica de MSD.

Como una iniciativa tendiente a abatir los costos de los medicamentos antirretrovirales, en abril del 2001 el laboratorio farmacéutico comenzó una agresiva política de precios en naciones como México, Argentina y Chile, lo que trajo consigo una baja de hasta 80% y que en países pobres como Botswana, en África, o aquellos localizados en el sudeste asiático, llegó a 90 por ciento.

MSD destina la mitad de su presupuesto anual para investigación médica –el cual asciende a unos 3 mil 200 millones de dólares-- a la indagación de nuevos remedios contra el VIH. Báez-Villaseñor Moreno sostiene que a pesar de que un conjunto de laboratorios poderosos se comprometieron con la ONU en mayo del 2001 a reducir los costos de los tratamientos antirretrovirales, sólo la firma que representa respetó el acuerdo, en apego a la idea de que el SIDA es un mal con repercusiones para toda la humanidad.

“Estamos hablando de una infección que tarda de 10 a 12 años en dar síntomas. La gente seropositiva sigue su vida sin saber que es infectante y, por tanto, transmite la enfermedad”, precisa.

Los otros laboratorios que se dedican a la investigación de medicamentos contra el VIH son Glaxo, Roche , Abbott y Boehringer, que junto con MSD ofrecen una mezcla de tres productos --conocido en el argot médico como cocteles--, con un valor regular de 9 mil pesos, monto que se redujo a 4 mil 500 pesos el año pasado.

“El mercado de los antirretrovirales es un área azarosa, costosa y delicada. En MSD financiamos su investigación con la aportación económica derivada de la venta de otros medicamentos”, revela Báez-Villaseñor Moreno.

Demanda de acciones conjuntas

A raíz de estas llamadas de alerta el sector salud prepara una propuesta integral para hacer accesible el uso de tratamientos antirretrovirales entre toda la población, a pesar de que no se cuenta con un sistema único de salud, como ocurre en Cuba o Brasil.

Estas iniciativas se vuelven urgentes en un entorno de recesión económica, pues ante los constantes recortes de personal en los sectores público y privado cada vez menos trabajadores tienen derecho a recibir los servicios médicos del IMSS o del ISSSTE, organismos que garantizan de forma parcial el suministro de antirretrovirales.

Hay otras razones que parecen impedir el acceso a estos tratamientos. Con la adhesión de nuestro país a los acuerdos internacionales en materia de propiedad intelectual, durante la década de los noventa, los medicamentos antirretrovirales no se distribuyen de manera masiva debido, en primer lugar, a su alto costo, pero también a la vigencia del derecho de patentes.

Aunque esta normatividad ya caducó para un par de productos --lo que abre la posibilidad de explorar la beta de los genéricos en este campo--, en otras naciones latinoamericanas, como Brasil, los derechos de patentes no existen, por lo que llevan la delantera en la fabricación y distribución amplia de genéricos.

A consecuencia de este entorno, desde 1992 el sector salud tuvo acceso a un único grupo de medicamentos para atender a un universo de 100 pacientes infectados, de los cuales 40 han sobrevivido a la fecha. “Debemos de trazar la mejor ruta para los pacientes de la nueva generación, pues si los primeros tratamientos fueron caros, los segundos y los terceros van a ser cada vez más”, sentencia por su parte Griselda Hernández.

Por su parte, el director del Departamento de Infectología del Instituto Nacional de Nutrición, Luis Soto Ramírez, reconoce el papel de México en una de las últimas fases de desarrollo de las drogas antirretrovirales y admite que sin este proceso “la cadena de investigación no se completaría”.

El especialista --también único médico mexicano en el directorio de la International AIDS Society-- sugiere al gobierno mexicano la promoción de grupos de investigación calificados para adoptar decisiones colegiadas ante los intereses de las grandes farmacéuticas, pues hoy en día cada institución de salud adopta medidas particulares, lo que impide integrar políticas que abarquen desde programas de acción en todas las esferas de la sociedad --gobierno, escuelas, compañías, medios de comunicación-- hasta la medición de los precios de los medicamentos.

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