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Aunque
México no forma parte de los países
que fabrican medicamentos para el control del Síndrome
de Inmuno Deficiencia Adquirida (SIDA), los grandes
laboratorios farmacéuticos han vuelto sus ojos
a nuestra nación ya que la catalogan como uno
de los mercados vírgenes más
reconocidos para completar su aplicación en
seres humanos.
Incluso,
el año pasado el Departamento de Infectología
del Instituto Nacional de la Nutrición comenzó
a trabajar en la investigación de una molécula
natural que mide la entrada del virus
a través de la vagina de la mujer, lo que corta
la posibilidad de infección vía transmisión
sexual, una de las formas más comunes de contagio.
El financiamiento del proyecto está a cargo
del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología
(Conacyt), en colaboración con instituciones
estadounidenses.
Con
un negocio valorado en varios miles de millones de
dólares, sucede que las trasnacionales farmacéuticas
han comenzado a perder el interés por combatir
una de las enfermedades modernas más devastadoras
para la humanidad.
La
razón es muy sencilla: mientras las investigaciones
que se realizan para tratar de acabar con el llamado
mal del siglo XX resultan altamente costosas, en este
inicio de centuria pocos son los países que
pueden integrar en sus políticas de salud pública
el alto costo de los tratamientos antirretrovirales.
Además,
los países desarrollados, con campañas
de prevención y combate altamente eficaces,
han dejado de reportar números alarmantes de
infectados, lo que reduce el campo de acción
de los laboratorios, los cuales, al final del día,
se mueven por la rentabilidad de sus negocios.
Al
igual que la Organización Panamericana de la
Salud (Paho) adscrita a la Organización
Mundial de la Salud (OMS)--, el Centro Nacional de
Control y Prevención del Sida (Censida) y los
centros de investigación epidemiológicos,
las compañías farmacéuticas coinciden
en que el virus reporta modificaciones importantes
en sus tasas de prevalencia en países desarrollados
y que las naciones más pobres o en vías
de desarrollo serán las que más padecerán
este mal durante el siglo XXI.
Las
grandes firmas jugadoras en este mercado --Roche,
Glaxo, Merck, Abbott y Boehringer-- concluyen que
si bien durante las dos décadas pasadas la
atención del SIDA demandó enormes recursos
económicos, humanos y sociales, en la actualidad
la tendencia es disminuir este ritmo debido a que
la enfermedad se ha centrado en puntos muy específicos
del orbe: en donde prevalece la pobreza.
Otra
postura levanta ámpula en varios ámbitos:
el papel de algunas Organizaciones no Gubernamentales
(Ongs) en esta lucha, que muchas veces --de
acuerdo con fuentes médicas especializadas
en el tema-- opaca las demandas más apremiantes
en función de sus propias necesidades de sobrevivencia.
A diferencia
de Brasil, donde el SIDA ha pasado a ser una de las
seis principales causas de muerte entre la población,
en México el rango de incidencia es mínimo.
Con el lugar 74 en la lista de países afectados
por la epidemia y la posición 14 en América
Latina, en México sólo 0.90% de personas
padecen este mal, lo que quiere decir que uno de cada
500 mexicanos es seropositivo.
Sin
embargo, la falta de políticas de Estado relacionadas
con la prevención provoca que el virus sea
la principal causa de muerte entre la población
infectada de entre 25 a 45 años.
Durante
el 2002 el sector público mexicano erogó
120 millones de pesos en la adquisición de
productos antirretrovirales, según datos de
Onusida --organismo dependiente de la Organización
de las Naciones Unidas (ONU)--, lo que significa una
tasa de crecimiento de 30% en cinco años.
Veredictos opuestos
Contrario
a los dictámenes de organismos internacionales,
Censida lanza una alerta. Informa que los pronósticos
sobre esta enfermedad son pesimistas y que si bien
los recursos económicos para su combate son
limitados, lo que más preocupa es la falta
de voluntad política para contar con perspectivas
de control efectivo.
Según
la Paho, México es uno de los países
más destacados en su lucha contra el llamado
mal del siglo XX. Datos de Censida reflejan que su
ritmo de crecimiento se ha mantenido estable desde
1994, con 4 mil 500 casos anuales. Sin embargo, la
historia no siempre fue igual.
Nuestro
país lleva a cuestas una experiencia negativa.
A principios de los ochenta, cuando surgieron los
primeros casos de infección, la tasa de crecimiento
de personas infectadas empezó a duplicarse
cada tres meses. De haber mantenido esa dinámica,
México hubiera tenido un destino similar al
de África, continente que sufre una epidemia
generalizada de este mal pues más de 35% de
su población, unos 28 millones de personas,
son portadoras del virus.
¿Que
el SIDA está completamente controlado en el
país?, yo te puedo afirmar que no. Es más,
la tendencia sobre el futuro del combate del SIDA
es bastante pesimista, advierte Griselda Hernández
Tepichín, secretaria técnica del organismo.
Madeleine
de Boer, representante de la oficina de México
de la Paho, afirma que nuestro país cuenta
con uno de los servicios médicos más
eficientes para atacar y controlar el SIDA.
No
obstante, De Boer, con un doctorado en epidemiología
de la John Hopkins School of Hyginic and Public Health
de Baltimore --uno de los centros de investigación
epidemiológica con más peso en Estados
Unidos-- recomienda al gobierno y a las organizaciones
sociales y civiles llevar a cabo una mayor labor entre
la población migrante y grupos vulnerables
para que las estadísticas no vuelvan a dispararse.
Censida
reporta que ni las limitaciones presupuestales constituyen
focos de atención tan preocupantes como el
regreso de prácticas nocivas que habían
sido erradicadas. Pone de ejemplo a la comunidad gay,
uno de los grupos tradicionalmente más conscientes
sobre las secuelas devastadoras del SIDA cuyas nuevas
generaciones han perdido la perspectiva de la problemática,
salvo algunos casos reconocidos por su nivel de organización.
Hernández
Tepechín señala que otros focos rojos
se encienden en las zonas fronterizas, en donde se
están incrementando las adicciones de drogas
por la vía sanguínea; en las regiones
marginadas y en las áreas expulsoras de migrantes.
Es decir, en casi todo el país.
Cuestión
de costos
El poderoso laboratorio Merck Sharp and Dohme (MSD)
hace eco de las palabras de Robert Gallo, uno de los
nombres más reconocidos en la historia médica
del VIH. Asegura que para curar este mal sólo
hace falta completar algunas piezas del rompecabezas.
Foto: David Jaramillo
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La
firma, con ingresos netos anuales por arriba de los
5 mil millones de dólares, añade que
si bien el diagnóstico de la sociedad médica
internacional pronosticaba que la cura contra el SIDA
vendría con el cambio de siglo --lo que no
se cumplió--, en la actualidad los trabajos
dirigidos a la elaboración de una vacuna biológicaestán
muy adelantados.
Mediante
este tratamiento los pacientes infectados verán
fortalecido su sistema inmunológico, lo que
impedirá el progreso de la infección
creada por este virus. Asimismo habrá una vacuna
profiláctica que será justamente aplicada
de manera preventiva entre la población en
general.
Los
esfuerzos en ese sentido sí han rendido frutos
y lo que buscamos es que los tratamientos vayan siendo
durables, potentes y amigables. También se
exploran nuevos medicamentos a partir de nuevos blancos
terapéuticos, apunta Javier Baéz-Villaseñor
Moreno, de la dirección médica de MSD.
Como
una iniciativa tendiente a abatir los costos de los
medicamentos antirretrovirales, en abril del 2001
el laboratorio farmacéutico comenzó
una agresiva política de precios en naciones
como México, Argentina y Chile, lo que trajo
consigo una baja de hasta 80% y que en países
pobres como Botswana, en África, o aquellos
localizados en el sudeste asiático, llegó
a 90 por ciento.
MSD
destina la mitad de su presupuesto anual para investigación
médica el cual asciende a unos 3 mil
200 millones de dólares-- a la indagación
de nuevos remedios contra el VIH. Báez-Villaseñor
Moreno sostiene que a pesar de que un conjunto de
laboratorios poderosos se comprometieron con la ONU
en mayo del 2001 a reducir los costos de los tratamientos
antirretrovirales, sólo la firma que representa
respetó el acuerdo, en apego a la idea de que
el SIDA es un mal con repercusiones para toda la humanidad.
Estamos
hablando de una infección que tarda de 10 a
12 años en dar síntomas. La gente seropositiva
sigue su vida sin saber que es infectante y, por tanto,
transmite la enfermedad, precisa.
Los
otros laboratorios que se dedican a la investigación
de medicamentos contra el VIH son Glaxo, Roche , Abbott
y Boehringer, que junto con MSD ofrecen una mezcla
de tres productos --conocido en el argot médico
como cocteles--, con un valor regular de 9 mil pesos,
monto que se redujo a 4 mil 500 pesos el año
pasado.
El
mercado de los antirretrovirales es un área
azarosa, costosa y delicada. En MSD financiamos su
investigación con la aportación económica
derivada de la venta de otros medicamentos,
revela Báez-Villaseñor Moreno.
Demanda de acciones conjuntas
A raíz de estas llamadas de alerta el sector
salud prepara una propuesta integral para hacer accesible
el uso de tratamientos antirretrovirales entre toda
la población, a pesar de que no se cuenta con
un sistema único de salud, como ocurre en Cuba
o Brasil.
Estas
iniciativas se vuelven urgentes en un entorno de recesión
económica, pues ante los constantes recortes
de personal en los sectores público y privado
cada vez menos trabajadores tienen derecho a recibir
los servicios médicos del IMSS o del ISSSTE,
organismos que garantizan de forma parcial el suministro
de antirretrovirales.
Hay
otras razones que parecen impedir el acceso a estos
tratamientos. Con la adhesión de nuestro país
a los acuerdos internacionales en materia de propiedad
intelectual, durante la década de los noventa,
los medicamentos antirretrovirales no se distribuyen
de manera masiva debido, en primer lugar, a su alto
costo, pero también a la vigencia del derecho
de patentes.
Aunque
esta normatividad ya caducó para un par de
productos --lo que abre la posibilidad de explorar
la beta de los genéricos en este campo--, en
otras naciones latinoamericanas, como Brasil, los
derechos de patentes no existen, por lo que llevan
la delantera en la fabricación y distribución
amplia de genéricos.
A consecuencia
de este entorno, desde 1992 el sector salud tuvo acceso
a un único grupo de medicamentos para atender
a un universo de 100 pacientes infectados, de los
cuales 40 han sobrevivido a la fecha. Debemos
de trazar la mejor ruta para los pacientes de la nueva
generación, pues si los primeros tratamientos
fueron caros, los segundos y los terceros van a ser
cada vez más, sentencia por su parte
Griselda Hernández.
Por
su parte, el director del Departamento de Infectología
del Instituto Nacional de Nutrición, Luis Soto
Ramírez, reconoce el papel de México
en una de las últimas fases de desarrollo de
las drogas antirretrovirales y admite que sin este
proceso la cadena de investigación no
se completaría.
El
especialista --también único médico
mexicano en el directorio de la International AIDS
Society-- sugiere al gobierno mexicano la promoción
de grupos de investigación calificados para
adoptar decisiones colegiadas ante los intereses de
las grandes farmacéuticas, pues hoy en día
cada institución de salud adopta medidas particulares,
lo que impide integrar políticas que abarquen
desde programas de acción en todas las esferas
de la sociedad --gobierno, escuelas, compañías,
medios de comunicación-- hasta la medición
de los precios de los medicamentos.
info@contralinea.com.mx
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