Un reclamo sensato
Jorge Meléndez


En el número 9 de nuestra revista (diciembre del 2002) aparece un trabajo de Jorge Torres titulado: “El negocio de los protocolos”.

El texto, correctamente, trae una serie de opiniones acerca del tema, investigación de cómo se llevan a cabo dichos procesos y el punto de vista de Rodolfo Pérez, un paciente que recibe medicamentos especiales.

Al inicio del escrito se cita --sólo una vez-- al médico Alfonso Vega, quien junto con los laboratorios Abbott realiza el “protocolo de investigación”.

En una carta a este Ombudsman, el mencionado Vega hace algunas aclaraciones que sintetizamos.

No se le entrevistó. Lo realizado con el señor Pérez no es protocolo ya que éste se diseña de otra manera. Es falso que no se hayan realizado evaluaciones clínicas. El medicamento no era desconocido para doctores y pacientes. Y otras más.

Desde luego que es conveniente publicar completa la misiva del inconforme para que el público conozca su opinión.

Desde luego que este encargado de atender a los lectores asimismo obtuvo la opinión del compañero reportero Jorge Torres.

Dijo que buscó una sola vez al multicitado Vega. Que habló con Rodolfo Pérez y éste quedó de enviar una carta reiterando los puntos de vista aparecidos en Contralínea. Y Torres aseveró que abundaría más acerca de lo tratado.

Lo primero que salta a la vista, para este tecleador, es que según la primera acepción del Diccionario de la Lengua Española, el protocolo es una “Ordenada serie de escrituras matrices y otros documentos que un notario o escribano autoriza y custodia con ciertas formalidades”.

Hay otras dos definiciones que si bien tienen sentido y son importantes, no resultan tan claras como la inicial.

Para que exista un protocolo, por tanto, tiene que haber acuerdo del paciente, seguimiento de lo que se hace, evaluación sistemática de cómo van sucediendo los hechos, anotación metódica de lo acontecido y una conclusión final de lo ocurrido.

Pareciera que en este punto se encuentra lo importante: ¿Existe o no un acuerdo y se da el seguimiento respectivo, donde el interesado principal --el enfermo-- obtenga reportes sistemáticos?

Resulta curioso que entre los citados en este asunto: Jorge Rodríguez, gerente médico de Abbott en México; doctor Onofre Muñoz, director de Prestaciones Médicas del IMSS y otros, ninguno haya reclamado sobre lo señalado por Jorge Torres. Más que el médico Alfonso Vega, que envió su correo electrónico por medio de Gonzalo Monterrosa.

No obstante, nos encontramos ante un reportaje que ha levantado revuelo en diversos lugares. En algunos se prefirió el silencio y en otro, el caso de Vega, por la aclaración que publicamos, la cual posiblemente tenga respuesta. Es mejor, según nuestra concepción de la información, que ocurra lo segundo, pues sólo es posible acercarse a la verdad a través de la discusión, el diálogo, incluso la polémica.

En este debate será de particular importancia la posición de Rodolfo Pérez. Él no sólo resulta el centro de atención sino además quien recibe los perjuicios o beneficios de una experimentación médica.

Estaremos atentos a lo que suceda y, como siempre, aceptaremos los reclamos sensatos, oportunos de los lectores que son a quienes se debe este mensuario.

info@contralinea.com.mx