|
El
silencio de Caracas en los días de paro se
rompe por el estruendo de enormes motocicletas Harley
Davidson y BMW que preceden una nueva marcha de la
oposición. El golpeteo de los motores y el
aspecto de sus pilotos evocan a una invasión
de hippies aventureros de las películas estadounidenses
que llegan por sorpresa a un pueblo lejano.
Cada
una de las motos acelera y frena desafiante. Relucientes
en sus partes cromadas y exhibidas con orgullo, llevan
en sus asientos traseros a mujeres rubias de ancestros
italianos, morenas esbeltas y mestizas con sonrisas
perfectas. Todas ellas con las estrellas de Venezuela
ajustadas a sus cuerpos en licras de tres colores:
amarillo, azul y rojo.
Pero
no son hippies de Hollywood quienes encabezan esas
marchas. Son hombres maduros acompañados por
sus mujeres, veteranos de la bonanza petrolera de
los años 60 y 70, que acumularon sus fortunas
cuando Venezuela era considerada por la revista National
Geographic la Arabia Saudita de Latinoamérica.
Entonces,
los venezolanos vivían el derroche y suntuosidad
que hoy se niegan a perder. Eran los mayores importadores
de automóviles alemanes después de Estados
Unidos y también los mayores consumidores en
promedio, de whisky del continente.
Éstas,
entre otras características, conformaron la
personalidad del venezolano de clase alta y media
alta con una vida cómoda y lejos de las vicisitudes
de otra Venezuela que crecía en las laderas
y que tomó el poder a fines del siglo pasado
con un "aprendiz de dictador" como
llama despectivamente la oposición al presidente
Hugo Chávez, quien dijo al tomar posesión,
que cambiaría todo "ante la moribunda
constitución venezolana de 1961".
Sin
embargo, las cosas no han cambiado y la oposición
acusa a Chávez de crear una máscara
democrática ante el mundo. Se reprocha que
el Tribunal de Justicia esté lleno de chavistas
y la Asamblea Nacional impida los contrapesos al poder
Ejecutivo, se evita un verdadero equilibrio entre
los poderes.
Chávez
se mantiene en la cuerda floja en días de incertidumbre,
de marchas multitudinarias y noches invadidas por
el sonido de ollas y cacerolas que no cesa en la penumbra.
Sobre él se habla en las calles, en el metro,
en los taxis, en las plazas de Caracas. En las fiestas
decembrinas el tema de las familias venezolanas fue
¿qué pasará con Venezuela?
De
las historias sobre el presidente, la más imaginativa
es la de Abelardo Sánchez, un taxista nocturno
de 53 años, quien asegura que: "el presidente
está tan loco que cuando se reúne con
sus ministros deja una silla vacía a su lado
derecho a la que no se sienta nadie, porque según
él, ahí está El Libertador -Simón
Bolívar- cuyo fantasma sólo puede ver
Chávez".
Tomás
Eloy Martínez, el escritor argentino recordó
en su columna del diario El Nacional que: "en
agosto de 1999 en el palacio de Miraflores, cuando
hablé a solas con el teniente coronel Hugo
Chávez Frías, justificó su alzamiento
popular de siete años antes contra el presidente
Carlos Andrés Pérez porque era
preciso acabar con el mercado de ladrones en que se
había convertido Venezuela y con las tragedias
nacionales que sufría el país.
Le
dije que un golpe contra el poder legítimo
sería un crimen contra la constitución..
Impaciente, Chávez replicó que no era
un crimen cuando se trata de salvar una nación
porque un patriota nunca retrocede. Cumple con
su deber cueste lo que cueste...".
Según Tomás Eloy ese argumento se volvió
contra Chávez a partir del 2 de diciembre de
2002, cuando millones de personas exigieron su renuncia
en las calles.
Al
inicio del paro el 2 de diciembre- convocado
por la Coordinadora Democrática, que integra
a la Confederación de Trabajadores de Venezuela
(CTV), Confecámaras (los empresarios) y movimientos
de oposición, un arreglo parecía cuestión
de días.
Sin
embargo, las negociaciones se paralizaron y la lentitud
de Gaviria, secretario de la Organización de
Estados Americanos (OEA) molesta a los venezolanos
que se ven al borde de un colapso financiero nunca
antes registrado en la historia de aquel país.
La
oposición, que agrupa a toda la clase alta,
la mayor parte de la clase media y algunos de los
menos favorecidos -que en conjunto representan el
70% de los venezolanos-, afirma que Chávez
destruye la economía y trata de imponer un
gobierno autoritario.
El presidente, elegido en 1998 y reelecto en 2000,
responde que él encabeza una revolución
a favor de la justicia social y los oprimidos.
Desde
luego, Chávez ha dado mucho qué hablar.
Sus efusivas visitas a Hussein en Irak y a Khadafi
en Libia, sus contactos con las guerrillas colombianas
y su parangón en uno de sus discursos sobre
la muerte de civiles en Afganistán con el sacrificio
de las víctimas de las Torres Gemelas de Nueva
York.
Con
sus desafíos, Chávez es la gota que
rebosa los populismos en América Latina. El
profesor Christopher Lingle, de la Universidad Francisco
Marroquín de Guatemala sostiene que cuando
los funcionarios sugieren que la pobreza se reduce
sacándole al rico o aprobando leyes que aumentan
salarios, produce en los pobres la sensación
de que su condición puede eliminarse por ley,
olvidando que la pobreza es resultado del bajo crecimiento
económico.
Es entonces cuando asegura Lingle "aparece
el líder carismático y justiciero".
Este
oleaje suramericano por el populismo se fortaleció
con el ascenso a la presidencia de Brasil del ex obrero
metalúrgico Luiz Ignacio Lula Da Silva, seguido
del triunfo en Ecuador del coronel golpista Lucio
Gutiérrez y en esta tendencia podría
seguir Argentina con Adolfo Rodríguez Saa,
excluido por la clase política y que hoy se
ostenta como adalid de la anticorrupción y
es el mejor situado en las encuestas.
En
Venezuela, 54 por ciento de la población popular
ya no sigue a Chávez. En La Pastora, zona chavista
por excelencia, la gente tocó cacerolas en
un desfile de guardias presidenciales el 7 de diciembre.
Pero
ni la parálisis de la producción y exportaciones
petroleras, ni el cierre de bancos, ni la exigencia
estadounidense de elecciones anticipadas han hecho
mella en el gobierno que no cede a la exigencia opositora
de un referendo consultivo el primer trimestre de
este año. Ni la oposición cede ante
la respuesta oficial de realizarla en agosto, a mitad
del período presidencial, como lo consagra
la Constitución.
El
mismo Cesar Gaviria, Secretario General de la OEA,
expresó: "los países signatarios
no pueden aceptar que bajo situaciones de impopularidad
de un mandatario, se modifique la Carta Magna o se
realicen elecciones forzadas".
Los escenarios
El
enfrentamiento entre el chavismo y la oposición,
liderada por Carlos Ortega, presidente de la Confederación
de Trabajadores de Venezuela no es una lucha por el
poder político dentro del sistema democrático,
opina el analista económico Alberto Quirós
Corradi.
Ésta
es la "lucha entre dos sistemas que no pueden
coexistir, por lo que no es posible negociar para
que gane uno u otro bando como en un sistema democrático.
Nadie negocia su propia destrucción, por ello
Chávez no va a renunciar voluntariamente.
Si
lo hace, será bajo enormes presiones y sólo
para reagrupar sus fuerzas e intentar el regreso.
Chávez no se va a medir electoralmente a sabiendas
de que perderá. Si lo hace será en elecciones
generales apostando a que la oposición no tendrá
un candidato único. Eso le permitiría
hacer un buen papel y ganar.
Además
en las elecciones generales el chavismo colocaría
a algunos gobernadores, alcaldes y diputados en la
Asamblea Nacional para tener presencia en el sistema".
El
paro cívico nacional provocará un
caos cuyas consecuencias no están claras
y se delinean varios escenarios:
a)
En breve se agotarán la gasolina y el combustible
diesel y será difícil transportar
personas, bienes y servicios. Ante ello, el gobierno
inició una campaña contra el sector
petrolero confiando en que la población cansada
espere el fin del conflicto. Entonces, Chávez
negociará con los petroleros para que retornen
a sus cargos.
b)
La resistencia civil continúa el paro. La
ciudadanía culpa al gobierno por el desabasto
y una campaña mediática evidenciaría
los desaciertos del régimen y su carácter
represivo. La calle se radicalizaría contra
Chávez pondría al régimen contra
la pared y obligan a la renuncia.
c)
Ninguna parte logra administrar el paro a su favor.
El caos sobreviene cuando la población, doblemente
frustrada se lanza a la calle; habrá saqueos,
muertos, destrucción de propiedades y en
todo el país la violencia será una
constante.
En este marco, interviene la Fuerza Armada para
restituir el orden público y mantiene al
gobierno en el poder a costa de militarizar a la
sociedad y se vería como un autogolpe de
Chávez.
d)
Las Fuerzas Armadas no apoyan al gobierno, presionan
con la oposición a una salida electoral inmediata
a la crisis. Esta sería la apuesta de la
oposición y por eso mantiene la presión
en el paro.
e)
Hay un futuro aún más incierto. Hay
una división en las Fuerzas Armadas (a favor
del Gobierno y otros por la oposición). Se
decidiría según el poder de fuego
de cada facción y de la disposición
de los civiles armados. Hay una guerra civil.
f)
Finalmente, de renunciar Chávez, su sucesor
puede estar entre dos gobernadores, un dirigente
petrolero, un político sin mucho carisma,
el alcalde de Caracas y un obrero de izquierda.
Son ellos: Enrique Mendoza, tres veces electo alcalde
del municipio Sucre; Enrique Salas presidente de
Proyecto Venezuela, un partido de centro derecha;
Carlos Ortega, sindicalista amigo de Carlos Andrés
Pérez; Julio Borges, del partido Primero
Justicia; Alfredo Peña, ex chavista de tendencia
derechista; y Andrés Velásquez, líder
de La Causa Radical.
El
colapso económico
La huelga de la petrolera estatal y el gobierno del
presidente Hugo Chávez es una guerra de desgaste
que diario causa pérdidas al país por
50 millones de dólares. Este paro es el puntal
de la estrategia opositora para forzar la salida de
Chávez o una nueva elección especial
en el 2003.
Mientras
el gobierno proclama su victoria contra los huelguistas,
ejecutivos disidentes de Petróleos de Venezuela
(Pdvsa) acusan a Chávez y a sus ministros de
hacer una propaganda basada en 'mentiras'. Lo cierto
es que el abasto de combustible es escaso.
El
quinto mayor exportador de petróleo del mundo
ha sido forzado a importar gasolina para operar unos
cuantos autos y camiones. A fines de diciembre un
buque brasileño llegó con 22 millones
de galones de gasolina y a mediados de enero otro
zarpó al golfo de Maracaibo desde Trinidad
con 16,8 millones de galones.
Normalmente
la industria petrolera venezolana provee a Estados
Unidos con 14 por ciento de su crudo, ahora bajó
de tres millones de barriles diarios a casi 400 mil.
Varios estudios son pesimistas sobre el futuro venezolano;
según el Energy Intelligence Group (EIG), de
Nueva York, las exportaciones se restablecerán
a fines de febrero gradualmente.
La
batalla por Pdvsa le ha costado al gobierno unos mil
500 millones de dólares y podría reducir
en 80 por ciento sus ingresos por ventas internacionales.
Además, comprar gasolina a casi 60 dólares
el barril y venderla con subsidio en el mercado interno
a 11 dólares es un caro plan de contingencia,
admite Alí Rodríguez, presidente de
Pdvsa.
Compraremos
de fuentes extranjeras cuando lo necesitemos. Es una
medida de precaución señaló
Rodríguez al asegurar en enero que empleados
y ejecutivos leales despacharon 14 buques petroleros
con casi 7 millones de barriles de crudo desde el
2 de diciembre.
"La
producción, que cayó a casi cero, ahora
está entre 600 mil y 700 mil barriles por día
y llegará a 2 millones este mes", se congratuló.
Estas importaciones son parte de lo que Chávez
llamó 'una guerra para salvar al país
entre nosotros, los patriotas, y los traidores' que
han paralizado Pdvsa, la mayor petrolera de Latinoamérica
con ingresos anuales de 52 mil millones de dólares.
Ante
la crisis venezolana y la inminente guerra de Estados
Unidos contra Irak, Arabia Saudita y otros miembros
de la Organización de Países Exportadores
de Petróleo (OPEP) respaldan un plan para aumentar
la producción hasta dos millones de barriles
diarios.
Los
funcionarios de la OPEP opinan que no compensarán
la pérdida simultánea de la producción
de Irak y Venezuela llamó a los exportadores
no miembros como Rusia, Noruega y México para
que produzcan más barriles.
Pese
a ello, según el Wall Street Journal, hay pocos
indicios de que la industria petrolera se prepare
para el impacto de un conflicto bélico entre
EU-Irak, aceptó Amy Myers Jaffe, estratega
del Instituto Baker, de la Universidad de Rice.
El
mercado internacional podría asumir la crisis
petrolera, pero el gran damnificado será sin
duda Venezuela. Un examen preparado por el Banco provincial
de este país, filial del español BBVA,
estableció que a fines del 2003 habrá
una debacle al decrecer 16,2% el Producto Interno
Bruto.
El
economista venezolano Simón Saba, opina que
si el gobierno sale victorioso del paro: "el
golpe económico será fuerte, las pérdidas
inmediatas y permanentes serán multimillonarias.
Mientras, Chávez seguirá importando
alimentos y ayuda internacional para garantizar el
abasto".
En
este escenario "los perdedores definitivos serían
los habitantes del sector este de Caracas, donde se
ubica el 95 por ciento de las protestas y cierres
de la oposición a escala nacional". El
daño económico también lo sufrirá
la oposición si triunfara pues ya el mal ya
se causó.
El
paro cívico generó una considerable
caída en la oferta de harina de maíz,
aceite, refrescos, leche pasteurizada y sus derivados.
En respuesta el gobierno abandonó su proteccionismo
y abrió su mercado a productos de Colombia,
Argentina, México y República Dominicana.
Para
el ministro de Agricultura, Efrén Andrades
es posible que el exceso de productos importados afecte
la producción nacional, pero opinó que
se trata de evitar que se presione a la población
con la falta de alimentos, "yo no voy a dejar
a mi pueblo sin alimentos", expresó.
Desde
Colombia llegaron en diciembre y enero más
de mil 400 toneladas de alimentos: mil toneladas de
harina de trigo, 250 de carne, 100 de harina precocida
y 50 toneladas de leche, precisó el embajador
de Venezuela en Colombia, Carlos Santiago Rodríguez.
Oswaldo
Carnevalli, viceministro de agricultura, con un equipo
de decenas de personas semanalmente distribuye en
mercados populares del sector de Los Próceres
hasta 860 toneladas de comida entre el gentío
y el caos.
En
centros comerciales venezolanos como el de la Villa
de Montalbán, las filas humanas para comprar
alimentos fueron enormes en Navidad y aunque había
harina de maíz, sólo se permitió
comprar 3 kilogramos por persona, pero hubo familias
que adquirieron, con ingenio, varios paquetes.
En
medio de estos sucesos, Venezuela comienza el 2003
como el año del túnel sin atisbar un
destello de tranquilidad inmediato. Aunque los activos
fijos no se han destruido tras el largo paro, las
empresas carecen de dinero para pagar nóminas,
luz, teléfonos, reposición de inventarios
y cuentas pendientes acumuladas.
De
no transitar por el camino a la reconciliación,
los venezolanos sólo tendrían dos opciones
que se escuchan entre gritos y arengas cuando se enfrentan
en las marchas: "¡Que se vayan a Miami!",
dicen los oficialistas. "¡Y ustedes a Cuba!",
responden los opositores.
lineaglobal@contralinea.com.mx
|