Venezuela
El año del tunel
Texto y fotos: William Fernando González

Tomas Eloy Martínez

El quinto exportador de petróleo en el mundo vive la mayor crisis económica de su historia por el paro nacional. La bonanza y el confort son historia en la Venezuela que hoy enfrenta a sus clases sociales mientras el populismo detona en Sur América

El silencio de Caracas en los días de paro se rompe por el estruendo de enormes motocicletas Harley Davidson y BMW que preceden una nueva marcha de la oposición. El golpeteo de los motores y el aspecto de sus pilotos evocan a una invasión de hippies aventureros de las películas estadounidenses que llegan por sorpresa a un pueblo lejano.

Cada una de las motos acelera y frena desafiante. Relucientes en sus partes cromadas y exhibidas con orgullo, llevan en sus asientos traseros a mujeres rubias de ancestros italianos, morenas esbeltas y mestizas con sonrisas perfectas. Todas ellas con las estrellas de Venezuela ajustadas a sus cuerpos en licras de tres colores: amarillo, azul y rojo.

Pero no son hippies de Hollywood quienes encabezan esas marchas. Son hombres maduros acompañados por sus mujeres, veteranos de la bonanza petrolera de los años 60 y 70, que acumularon sus fortunas cuando Venezuela era considerada por la revista National Geographic “la Arabia Saudita de Latinoamérica”.

Entonces, los venezolanos vivían el derroche y suntuosidad que hoy se niegan a perder. Eran los mayores importadores de automóviles alemanes después de Estados Unidos y también los mayores consumidores en promedio, de whisky del continente.

Éstas, entre otras características, conformaron la personalidad del venezolano de clase alta y media alta con una vida cómoda y lejos de las vicisitudes de otra Venezuela que crecía en las laderas y que tomó el poder a fines del siglo pasado con un "aprendiz de dictador" —como llama despectivamente la oposición al presidente Hugo Chávez—, quien dijo al tomar posesión, que cambiaría todo "ante la moribunda constitución venezolana de 1961".

Sin embargo, las cosas no han cambiado y la oposición acusa a Chávez de crear una máscara democrática ante el mundo. Se reprocha que el Tribunal de Justicia esté lleno de chavistas y la Asamblea Nacional impida los contrapesos al poder Ejecutivo, se evita un verdadero equilibrio entre los poderes.

Chávez se mantiene en la cuerda floja en días de incertidumbre, de marchas multitudinarias y noches invadidas por el sonido de ollas y cacerolas que no cesa en la penumbra. Sobre él se habla en las calles, en el metro, en los taxis, en las plazas de Caracas. En las fiestas decembrinas el tema de las familias venezolanas fue ¿qué pasará con Venezuela?

De las historias sobre el presidente, la más imaginativa es la de Abelardo Sánchez, un taxista nocturno de 53 años, quien asegura que: "el presidente está tan loco que cuando se reúne con sus ministros deja una silla vacía a su lado derecho a la que no se sienta nadie, porque según él, ahí está El Libertador -Simón Bolívar- cuyo fantasma sólo puede ver Chávez".

Tomás Eloy Martínez, el escritor argentino recordó en su columna del diario El Nacional que: "en agosto de 1999 en el palacio de Miraflores, cuando hablé a solas con el teniente coronel Hugo Chávez Frías, justificó su alzamiento popular de siete años antes contra el presidente Carlos Andrés Pérez ‘porque era preciso acabar con el mercado de ladrones en que se había convertido Venezuela y con las tragedias nacionales que sufría el país’.

“Le dije que un golpe contra el poder legítimo sería un crimen contra la constitución.. Impaciente, Chávez replicó que no era un crimen cuando se trata de salvar una nación porque un patriota nunca retrocede. ‘Cumple con su deber cueste lo que cueste’...".

Según Tomás Eloy ese argumento se volvió contra Chávez a partir del 2 de diciembre de 2002, cuando millones de personas exigieron su renuncia en las calles.

Al inicio del paro –el 2 de diciembre- convocado por la Coordinadora Democrática, que integra a la Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV), Confecámaras (los empresarios) y movimientos de oposición, un arreglo parecía cuestión de días.

Sin embargo, las negociaciones se paralizaron y la lentitud de Gaviria, secretario de la Organización de Estados Americanos (OEA) molesta a los venezolanos que se ven al borde de un colapso financiero nunca antes registrado en la historia de aquel país.

La oposición, que agrupa a toda la clase alta, la mayor parte de la clase media y algunos de los menos favorecidos -que en conjunto representan el 70% de los venezolanos-, afirma que Chávez destruye la economía y trata de imponer un gobierno autoritario.

El presidente, elegido en 1998 y reelecto en 2000, responde que él encabeza una revolución a favor de la justicia social y los oprimidos.

Desde luego, Chávez ha dado mucho qué hablar. Sus efusivas visitas a Hussein en Irak y a Khadafi en Libia, sus contactos con las guerrillas colombianas y su parangón en uno de sus discursos sobre la muerte de civiles en Afganistán con el sacrificio de las víctimas de las Torres Gemelas de Nueva York.

Con sus desafíos, Chávez es la gota que rebosa los populismos en América Latina. El profesor Christopher Lingle, de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala sostiene que “cuando los funcionarios sugieren que la pobreza se reduce sacándole al rico o aprobando leyes que aumentan salarios, produce en los pobres la sensación de que su condición puede eliminarse por ley, olvidando que la pobreza es resultado del bajo crecimiento económico”.
Es entonces cuando —asegura— Lingle "aparece el líder carismático y justiciero".

Este oleaje suramericano por el populismo se fortaleció con el ascenso a la presidencia de Brasil del ex obrero metalúrgico Luiz Ignacio Lula Da Silva, seguido del triunfo en Ecuador del coronel golpista Lucio Gutiérrez y en esta tendencia podría seguir Argentina con Adolfo Rodríguez Saa, excluido por la clase política y que hoy se ostenta como adalid de la anticorrupción y es el mejor situado en las encuestas.

En Venezuela, 54 por ciento de la población popular ya no sigue a Chávez. En La Pastora, zona chavista por excelencia, la gente tocó cacerolas en un desfile de guardias presidenciales el 7 de diciembre.

Pero ni la parálisis de la producción y exportaciones petroleras, ni el cierre de bancos, ni la exigencia estadounidense de elecciones anticipadas han hecho mella en el gobierno que no cede a la exigencia opositora de un referendo consultivo el primer trimestre de este año. Ni la oposición cede ante la respuesta oficial de realizarla en agosto, a mitad del período presidencial, como lo consagra la Constitución.

El mismo Cesar Gaviria, Secretario General de la OEA, expresó: "los países signatarios no pueden aceptar que bajo situaciones de impopularidad de un mandatario, se modifique la Carta Magna o se realicen elecciones forzadas".
Los escenarios

El enfrentamiento entre el chavismo y la oposición, liderada por Carlos Ortega, presidente de la Confederación de Trabajadores de Venezuela no es una lucha por el poder político dentro del sistema democrático, opina el analista económico Alberto Quirós Corradi.

Ésta es la "lucha entre dos sistemas que no pueden coexistir, por lo que no es posible negociar para que gane uno u otro bando como en un sistema democrático. Nadie negocia su propia destrucción, por ello Chávez no va a renunciar voluntariamente.

“Si lo hace, será bajo enormes presiones y sólo para reagrupar sus fuerzas e intentar el regreso. Chávez no se va a medir electoralmente a sabiendas de que perderá. Si lo hace será en elecciones generales apostando a que la oposición no tendrá un candidato único. Eso le permitiría hacer un buen papel y ganar.

“Además en las elecciones generales el chavismo colocaría a algunos gobernadores, alcaldes y diputados en la Asamblea Nacional para tener presencia en el sistema".

El paro cívico nacional provocará un caos cuyas consecuencias no están claras y se delinean varios escenarios:

a) En breve se agotarán la gasolina y el combustible diesel y será difícil transportar personas, bienes y servicios. Ante ello, el gobierno inició una campaña contra el sector petrolero confiando en que la población cansada espere el fin del conflicto. Entonces, Chávez negociará con los petroleros para que retornen a sus cargos.

b) La resistencia civil continúa el paro. La ciudadanía culpa al gobierno por el desabasto y una campaña mediática evidenciaría los desaciertos del régimen y su carácter represivo. La calle se radicalizaría contra Chávez pondría al régimen contra la pared y obligan a la renuncia.

c) Ninguna parte logra administrar el paro a su favor. El caos sobreviene cuando la población, doblemente frustrada se lanza a la calle; habrá saqueos, muertos, destrucción de propiedades y en todo el país la violencia será una constante.
En este marco, interviene la Fuerza Armada para restituir el orden público y mantiene al gobierno en el poder a costa de militarizar a la sociedad y se vería como un autogolpe de Chávez.

d) Las Fuerzas Armadas no apoyan al gobierno, presionan con la oposición a una salida electoral inmediata a la crisis. Esta sería la apuesta de la oposición y por eso mantiene la presión en el paro.

e) Hay un futuro aún más incierto. Hay una división en las Fuerzas Armadas (a favor del Gobierno y otros por la oposición). Se decidiría según el poder de fuego de cada facción y de la disposición de los civiles armados. Hay una guerra civil.

f) Finalmente, de renunciar Chávez, su sucesor puede estar entre dos gobernadores, un dirigente petrolero, un político sin mucho carisma, el alcalde de Caracas y un obrero de izquierda.
Son ellos: Enrique Mendoza, tres veces electo alcalde del municipio Sucre; Enrique Salas presidente de Proyecto Venezuela, un partido de centro derecha; Carlos Ortega, sindicalista amigo de Carlos Andrés Pérez; Julio Borges, del partido Primero Justicia; Alfredo Peña, ex chavista de tendencia derechista; y Andrés Velásquez, líder de La Causa Radical.

El colapso económico
La huelga de la petrolera estatal y el gobierno del presidente Hugo Chávez es una guerra de desgaste que diario causa pérdidas al país por 50 millones de dólares. Este paro es el puntal de la estrategia opositora para forzar la salida de Chávez o una nueva elección especial en el 2003.

Mientras el gobierno proclama su victoria contra los huelguistas, ejecutivos disidentes de Petróleos de Venezuela (Pdvsa) acusan a Chávez y a sus ministros de hacer una propaganda basada en 'mentiras'. Lo cierto es que el abasto de combustible es escaso.

El quinto mayor exportador de petróleo del mundo ha sido forzado a importar gasolina para operar unos cuantos autos y camiones. A fines de diciembre un buque brasileño llegó con 22 millones de galones de gasolina y a mediados de enero otro zarpó al golfo de Maracaibo desde Trinidad con 16,8 millones de galones.

Normalmente la industria petrolera venezolana provee a Estados Unidos con 14 por ciento de su crudo, ahora bajó de tres millones de barriles diarios a casi 400 mil. Varios estudios son pesimistas sobre el futuro venezolano; según el Energy Intelligence Group (EIG), de Nueva York, las exportaciones se restablecerán a fines de febrero gradualmente.

La batalla por Pdvsa le ha costado al gobierno unos mil 500 millones de dólares y podría reducir en 80 por ciento sus ingresos por ventas internacionales. Además, comprar gasolina a casi 60 dólares el barril y venderla con subsidio en el mercado interno a 11 dólares “es un caro plan de contingencia”, admite Alí Rodríguez, presidente de Pdvsa.

“Compraremos de fuentes extranjeras cuando lo necesitemos. Es una medida de precaución” señaló Rodríguez al asegurar en enero que empleados y ejecutivos leales despacharon 14 buques petroleros con casi 7 millones de barriles de crudo desde el 2 de diciembre.

"La producción, que cayó a casi cero, ahora está entre 600 mil y 700 mil barriles por día y llegará a 2 millones este mes", se congratuló.
Estas importaciones son parte de lo que Chávez llamó 'una guerra para salvar al país entre nosotros, los patriotas, y los traidores' que han paralizado Pdvsa, la mayor petrolera de Latinoamérica con ingresos anuales de 52 mil millones de dólares.

 

Ante la crisis venezolana y la inminente guerra de Estados Unidos contra Irak, Arabia Saudita y otros miembros de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) respaldan un plan para aumentar la producción hasta dos millones de barriles diarios.

Los funcionarios de la OPEP opinan que no compensarán la pérdida simultánea de la producción de Irak y Venezuela llamó a los exportadores no miembros como Rusia, Noruega y México para que produzcan más barriles.

Pese a ello, según el Wall Street Journal, hay pocos indicios de que la industria petrolera se prepare para el impacto de un conflicto bélico entre EU-Irak, aceptó Amy Myers Jaffe, estratega del Instituto Baker, de la Universidad de Rice.

El mercado internacional podría asumir la crisis petrolera, pero el gran damnificado será sin duda Venezuela. Un examen preparado por el Banco provincial de este país, filial del español BBVA, estableció que a fines del 2003 habrá una debacle al decrecer 16,2% el Producto Interno Bruto.

El economista venezolano Simón Saba, opina que si el gobierno sale victorioso del paro: "el golpe económico será fuerte, las pérdidas inmediatas y permanentes serán multimillonarias. Mientras, Chávez seguirá importando alimentos y ayuda internacional para garantizar el abasto".

En este escenario "los perdedores definitivos serían los habitantes del sector este de Caracas, donde se ubica el 95 por ciento de las protestas y cierres de la oposición a escala nacional". El daño económico también lo sufrirá la oposición si triunfara pues ya el mal ya se causó”.

El paro cívico generó una considerable caída en la oferta de harina de maíz, aceite, refrescos, leche pasteurizada y sus derivados. En respuesta el gobierno abandonó su proteccionismo y abrió su mercado a productos de Colombia, Argentina, México y República Dominicana.

Para el ministro de Agricultura, Efrén Andrades es posible que el exceso de productos importados afecte la producción nacional, pero opinó que se trata de evitar que se presione a la población con la falta de alimentos, "yo no voy a dejar a mi pueblo sin alimentos", expresó.

Desde Colombia llegaron en diciembre y enero más de mil 400 toneladas de alimentos: mil toneladas de harina de trigo, 250 de carne, 100 de harina precocida y 50 toneladas de leche, precisó el embajador de Venezuela en Colombia, Carlos Santiago Rodríguez.

Oswaldo Carnevalli, viceministro de agricultura, con un equipo de decenas de personas semanalmente distribuye en mercados populares del sector de Los Próceres hasta 860 toneladas de comida entre el gentío y el caos.

En centros comerciales venezolanos como el de la Villa de Montalbán, las filas humanas para comprar alimentos fueron enormes en Navidad y aunque había harina de maíz, sólo se permitió comprar 3 kilogramos por persona, pero hubo familias que adquirieron, con ingenio, varios paquetes.

En medio de estos sucesos, Venezuela comienza el 2003 como el año del túnel sin atisbar un destello de tranquilidad inmediato. Aunque los activos fijos no se han destruido tras el largo paro, las empresas carecen de dinero para pagar nóminas, luz, teléfonos, reposición de inventarios y cuentas pendientes acumuladas.

De no transitar por el camino a la reconciliación, los venezolanos sólo tendrían dos opciones que se escuchan entre gritos y arengas cuando se enfrentan en las marchas: "¡Que se vayan a Miami!", dicen los oficialistas. "¡Y ustedes a Cuba!", responden los opositores.

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