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El
Estado mexicano invierte cuatro mil millones de pesos
en la producción y fomento editorial a través
del Programa Hacia un País de Lectores.
Sin embargo, la distribución continúa
siendo el eslabón más débil de
una cadena productiva que aún arroja un promedio
de lectura de medio libro al año.
La Dirección General de Publicaciones del Consejo
Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) es
la editorial del Estado encargada de llevar a cabo
dicha tarea de producción y fomento editorial,
pero la distribución de libros es un punto
endeble, en opinión de algunos autores de ese
fondo.
El
titular de esta dirección, Felipe Garrido,
explica que Conaculta no es una editorial, aunque
publique libros. Su tarea más importante es
apoyar el trabajo de los editores que están
trabajando en México. La intención es
aumentar el nivel de las coediciones.
Sin
embargo, el también escritor reconoce que para
algunas colecciones propias no siempre es fácil
encontrar un coeditor, porque son libros demasiado
especializados que no son de venta rápida.
Por ejemplo, las obras completas de Manuel Altamirano,
que llevan 24 tomos, no es fácil que una editorial
privada entre en una aventura como ésa, porque
es algo que hay que prolongar muchos años.
Los
números avalan esta política: el año
pasado se realizaron 139 coediciones, 44 menos que
en 2001, mientras que los títulos propios ascendieron
a 110. Si se compara el volumen de ejemplares, fue
mayor el de las coediciones, con un millón
576 mil, mientras que el de los libros propios de
Conaculta llegó a 337 mil.
Garrido
dice que parte de las coediciones son tirajes muy
altos y de precio accesible, no más de 30 pesos,
pero precisa que no todos los libros se venden en
ese precio, sólo las colecciones de mayor tiraje,
como Ronda de Clásicos Mexicanos, coeditada
con Planeta, y El Pez Amarillo, coeditada con Alfaguara.
Se trata de títulos que están a la venta
no sólo en librerías y ferias de libros
sino en puestos de periódicos, aunque muchos
dueños y empleados de puestos de periódicos
grandes y bien ubicados en avenidas y zonas céntricas
ni siquiera los conocen.
Si
hubiera más dinero podrían hacerse libros
más caros (en la página electrónica
del CNCA aparece como su libro más vendido
Luis Barragán. Temas y variaciones, con un
costo de 670 pesos), más libros por supuesto.
Quizá el mayor obstáculo para todos
los editores en el país es que hacen falta
más lectores de libros, comenta el funcionario.
Foto: David Jaramillo
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Precisa
que para aumentar el número de lectores la
acción más directa que ejerce la Dirección
General de Publicaciones es la red nacional de salas
de lectura, en manos de un voluntario, que no recibe
salario, con un acervo de cien libros, por lo menos,
que el Conaculta le entrega y trabaja con un grupo
de familiares o de amigos. Una vez a la semana abre
la sala de lectura durante tres o cuatro horas y los
usuarios toman prestados libros que leen por su cuenta.
Se realizan además lecturas en voz alta y debates.
Hay cerca de 3 mil salas de lectura en todo el país.
Garrido
sostiene que en promedio 25 personas frecuentan cada
una de estas salas: El fin de la lectura es
la lectura misma. De vez en cuando alguna deja de
funcionar, porque el encargado se cambia de ciudad
o se aburre. Este programa funciona desde 1995. En
el año 2002 se fundaron mil siete salas. Lo
que permitió que crecieran fue el establecimiento
de un fondo mixto donde el Conaculta y el gobierno
del Estado aportaron cada uno 250 mil pesos. Con ese
dinero se pagan los cursos para los promotores y se
adquieren libros para la salas.
Piensa
que la tarea de conseguir más lectores
está en muchas manos. Hay una parte que tiene
que hacer el Conaculta con la publicación de
libros, salas de lectura y ferias de libros: la SEP,
en las aulas; los editores, mediante el diseño
de nuevas colecciones, y otra parte corresponde a
los ciudadanos.
Un
lector se forma cuando se da cuenta que leer vale
la pena y encuentra motivos de interés, y no
sólo motivos utilitarios; cuando descubre que
además la lectura se hace por placer. En ese
momento se van ganando nuevos lectores.
Sólo hay dos estados donde no existen estos
fondos: Baja California Sur y Yucatán. Las
circunstancia particulares de cada estado, explica
Garrido, como los cambios de gobierno en Yucatán,
es lo que impide su aplicación.
Advierte
que la mejor manera de medir la venta y distribución
de libros es que los libros se vayan agotando.
Las obras completas de Ricardo Garibay han tenido
el éxito que esperábamos. Una novedad
de esta administración es que se ha dedicado
a reimprimir los títulos agotados.
Tierra
adentro, sin respuesta
Acerca de la revista Tierra Adentro, fundada en 1974
por Víctor Sandoval --su publicación
depende de la DGP--, Felipe Garrido señala
que su tiraje aumentó de 4 mil a 5 mil ejemplares:
Y espero que antes de que terminemos la actual
administración rebasemos esa marca a 6 mil
ó 7 mil ejemplares, en la medida en que la
revista tenga una mayor demanda de parte del público.
La revista es parte sustancial de la labor de promoción
y difusión de la obra de jóvenes escritores
del país.
Este
es el testimonio de una de estas jóvenes escritoras:
El Fondo Tierra Adentro es una editorial honesta
y profesional, cada libro que aspira a ser publicado
es dictaminado con toda seriedad. Pero lo que me parece
pésimo es la distribución. Jamás
he visto un ejemplar de mi libro en las librerías
de Educal, que es donde se supone puede encontrarse.
No sé si será porque me tocó
publicar en la última tanda de la anterior
administración o qué. Los autores del
Fondo debemos cuidar ese detalle que le correspondería
a la editorial. Además, a últimas fechas
ya no nos hacen llegar la revista y nos condicionan
los títulos nuevos para hacer reseñas.
Las cosas van de mal en peor.
Habla
otro autor de este fondo editorial: Se produce
mucho pero no se difunde. Educal hace esfuerzos pero
hace falta mayor promoción y distribución
de los libros. Hace falta darle a conocer a los posibles
lectores que los libros ahí están. En
un país que lee poco es complicado pero para
eso están las instituciones encargadas del
fomento a la lectura. Es un problema general de las
editoriales del Estado.
Se
buscó al editor de Tierra Adentro, Enrique
Romo, ocho veces, para conocer su opinión acerca
de estos casos, y nunca hubo respuesta. Un área
vital en la producción editorial del Estado
es Educal, a la que en 1998, por mandato de la presidencia
de CNCA, se le asignó la función de
comercializar y distribuir la producción editorial
de Conaculta.
¿Y el destino de los
libros?
La pregunta es: ¿cómo colocar un millón
576 mil ejemplares en un país que no lee? Raúl
Zorrilla, director de Educal, responde:
La
producción editorial de Conaculta se distribuye
de dos maneras: la primera, en librerías de
Educal, una red de 55 puntos de venta en todo el país;
y, la segunda, en librerías privadas. Comercializamos
libros de literatura, de arte, y tratamos de atacar
el mercado que a cada libro le corresponde. El número
de ejemplares vendidos de Conaculta es equivalente
al número de ejemplares producidos, lo que
quiere decir que los libros que se producen sí
se están vendiendo. En 2001 esta cifra fue
de 1.3 millones de ejemplares, y se produjeron alrededor
de 1.4 millones. Todos los años es esa proporción.
El
titular de Educal precisa que el mercado librero no
funciona por venta sino por consignación: En
las librerías nos pagan hasta que el libro
ya se vendió. No quiero decir que todos los
libros que se producen en 2002 se venden en ese mismo
año. Sin embargo, venimos arrastrando ediciones
de hace muchos años.
El
número de ejemplares vendidos es muy similar
al del número producido en un año. Lo
sabemos por los inventarios que hacemos cada año.
El titular de Educal sólo facilitó los
recursos fiscales de 2002 (12 millones 560 mil 400
pesos) y el número de ejemplares comercializados:
2 millones 165 mil 761. Oficialmente no se proporcionó
un reporte de venta de librerías de Educal
ni de las librerías privadas.
Foto: David Jaramillo
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A la
queja de algunos autores de Conaculta sobre la mala
distribución de sus ejemplares, Raúl
Zorrilla responde que a muchos autores les dice que
sólo les garantiza que el único lugar
donde va a estar su libro es en las librerías
de Educal, pero no puedo garantizar que esté
en Sanborn´s o en Gandhi, porque eso depende
del comprador. Las librerías privadas eligen
los títulos que quieren; pueden ser importantes
en términos de difusión de la cultura
pero no son comercialmente viables.
En
ese sentido, el director de Educal niega que las librerías
privadas establezcan la regla de distribución
de Educal: Marcan la pauta de lo que van a aceptar.
Como cualquier comercio. El hecho de que se publique
un libro no garantiza que esté en las librerías
privadas.
Esto
depende de si les interesa venderlo o no. Por ejemplo,
publicaciones que hacen el INAH pueden ser muy importantes
en la investigación del patrimonio cultural
prehispánico, pero al público al que
le va a interesar es muy reducido. Es muy difícil
convencer a una librería privada de que lo
ponga en su mesa de novedades.
Se
buscó al jefe de Compras de las Librerías
Gandhi para cruzar información, pero al momento
de realizar este reportaje se encontraba de vacaciones.
El
responsable de Compras de Librerías Cristal,
Víctor Chávez, dice que el criterio
de selección es meramente comercial y que se
escogen los títulos de autores conocidos y
ediciones económicas porque es lo que la gente
compra más. El encargado de la librería
El Sótano, José Luis Muñoz Landa,
hizo saber que él manda pedir todo el fondo
pero lo demás corre a cargo del público:
está sujeto a la demanda de la gente,
que compra los más baratos.
Raúl
Zorrila acota que Educal, un intermediario comercial,
tiene muy clara su misión de difundir la cultura
y el fomento a la lectura, sin embargo vive de recursos
propios: Es una empresa que se rige por criterios
comerciales, cuidando el cumplimiento de su objetivo
cultural. Las operaciones que hacemos deben ser autofinanciables.
Un
recorrido por algunas librerías de Educal arrojó
que los libros que más se exhiben son los títulos
de editoriales privadas y autores reconocidos. Los
libros de arte son una premisa en la exhibición,
pero los del Fondo Editorial Tierra Adentro no se
exhiben adecuadamente. Conaculta produce muchos libros,
pero su distribución y difusión es deficiente.
contrasentidos@contralinea.com.mx
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