Textos con pocos lectores
En busca del libro perdido
Por Jaimeduardo García
Foto: Fernando Luna Arce

La Dirección General de Publicaciones de Conaculta imprime más de un millón de libros al año, pero su difusión y distribución es deficiente, y el “Programa Hacia un País de Lectores” es todavía una quimera

El Estado mexicano invierte cuatro mil millones de pesos en la producción y fomento editorial a través del “Programa Hacia un País de Lectores”. Sin embargo, la distribución continúa siendo el eslabón más débil de una cadena productiva que aún arroja un promedio de lectura de medio libro al año.
La Dirección General de Publicaciones del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) es la editorial del Estado encargada de llevar a cabo dicha tarea de producción y fomento editorial, pero la distribución de libros es un punto endeble, en opinión de algunos autores de ese fondo.

El titular de esta dirección, Felipe Garrido, explica que Conaculta “no es una editorial, aunque publique libros. Su tarea más importante es apoyar el trabajo de los editores que están trabajando en México. La intención es aumentar el nivel de las coediciones”.

Sin embargo, el también escritor reconoce que para “algunas colecciones propias no siempre es fácil encontrar un coeditor, porque son libros demasiado especializados que no son de venta rápida. Por ejemplo, las obras completas de Manuel Altamirano, que llevan 24 tomos, no es fácil que una editorial privada entre en una aventura como ésa, porque es algo que hay que prolongar muchos años”.

Los números avalan esta política: el año pasado se realizaron 139 coediciones, 44 menos que en 2001, mientras que los títulos propios ascendieron a 110. Si se compara el volumen de ejemplares, fue mayor el de las coediciones, con un millón 576 mil, mientras que el de los libros propios de Conaculta llegó a 337 mil.

Garrido dice que parte de las coediciones son tirajes muy altos y de precio accesible, no más de 30 pesos, pero precisa que no todos los libros se venden en ese precio, sólo las colecciones de mayor tiraje, como Ronda de Clásicos Mexicanos, coeditada con Planeta, y El Pez Amarillo, coeditada con Alfaguara. Se trata de títulos que están a la venta no sólo en librerías y ferias de libros sino en puestos de periódicos, aunque muchos dueños y empleados de puestos de periódicos grandes y bien ubicados en avenidas y zonas céntricas ni siquiera los conocen.

“Si hubiera más dinero podrían hacerse libros más caros (en la página electrónica del CNCA aparece como su libro más vendido Luis Barragán. Temas y variaciones, con un costo de 670 pesos), más libros por supuesto. Quizá el mayor obstáculo para todos los editores en el país es que hacen falta más lectores de libros”, comenta el funcionario.

Foto: David Jaramillo

Precisa que para aumentar el número de lectores la acción más directa que ejerce la Dirección General de Publicaciones es la red nacional de salas de lectura, en manos de un voluntario, que no recibe salario, con un acervo de cien libros, por lo menos, que el Conaculta le entrega y trabaja con un grupo de familiares o de amigos. Una vez a la semana abre la sala de lectura durante tres o cuatro horas y los usuarios toman prestados libros que leen por su cuenta. Se realizan además lecturas en voz alta y debates. Hay cerca de 3 mil salas de lectura en todo el país.

Garrido sostiene que en promedio 25 personas frecuentan cada una de estas salas: “El fin de la lectura es la lectura misma. De vez en cuando alguna deja de funcionar, porque el encargado se cambia de ciudad o se aburre. Este programa funciona desde 1995. En el año 2002 se fundaron mil siete salas. Lo que permitió que crecieran fue el establecimiento de un fondo mixto donde el Conaculta y el gobierno del Estado aportaron cada uno 250 mil pesos. Con ese dinero se pagan los cursos para los promotores y se adquieren libros para la salas”.

Piensa que “la tarea de conseguir más lectores está en muchas manos. Hay una parte que tiene que hacer el Conaculta con la publicación de libros, salas de lectura y ferias de libros: la SEP, en las aulas; los editores, mediante el diseño de nuevas colecciones, y otra parte corresponde a los ciudadanos.

Un lector se forma cuando se da cuenta que leer vale la pena y encuentra motivos de interés, y no sólo motivos utilitarios; cuando descubre que además la lectura se hace por placer. En ese momento se van ganando nuevos lectores”.
Sólo hay dos estados donde no existen estos fondos: Baja California Sur y Yucatán. Las circunstancia particulares de cada estado, explica Garrido, como los cambios de gobierno en Yucatán, es lo que impide su aplicación.

Advierte que la mejor manera de medir la venta y distribución de libros “es que los libros se vayan agotando. Las obras completas de Ricardo Garibay han tenido el éxito que esperábamos. Una novedad de esta administración es que se ha dedicado a reimprimir los títulos agotados”.

Tierra adentro, sin respuesta
Acerca de la revista Tierra Adentro, fundada en 1974 por Víctor Sandoval --su publicación depende de la DGP--, Felipe Garrido señala que su tiraje aumentó de 4 mil a 5 mil ejemplares: “Y espero que antes de que terminemos la actual administración rebasemos esa marca a 6 mil ó 7 mil ejemplares, en la medida en que la revista tenga una mayor demanda de parte del público”. La revista es parte sustancial de la labor de promoción y difusión de la obra de jóvenes escritores del país.

Este es el testimonio de una de estas jóvenes escritoras: “El Fondo Tierra Adentro es una editorial honesta y profesional, cada libro que aspira a ser publicado es dictaminado con toda seriedad. Pero lo que me parece pésimo es la distribución. Jamás he visto un ejemplar de mi libro en las librerías de Educal, que es donde se supone puede encontrarse. No sé si será porque me tocó publicar en la última tanda de la anterior administración o qué. Los autores del Fondo debemos cuidar ese detalle que le correspondería a la editorial. Además, a últimas fechas ya no nos hacen llegar la revista y nos condicionan los títulos nuevos para hacer reseñas. Las cosas van de mal en peor”.

Habla otro autor de este fondo editorial: “Se produce mucho pero no se difunde. Educal hace esfuerzos pero hace falta mayor promoción y distribución de los libros. Hace falta darle a conocer a los posibles lectores que los libros ahí están. En un país que lee poco es complicado pero para eso están las instituciones encargadas del fomento a la lectura. Es un problema general de las editoriales del Estado”.

Se buscó al editor de Tierra Adentro, Enrique Romo, ocho veces, para conocer su opinión acerca de estos casos, y nunca hubo respuesta. Un área vital en la producción editorial del Estado es Educal, a la que en 1998, por mandato de la presidencia de CNCA, se le asignó la función de comercializar y distribuir la producción editorial de Conaculta.


¿Y el destino de los libros?
La pregunta es: ¿cómo colocar un millón 576 mil ejemplares en un país que no lee? Raúl Zorrilla, director de Educal, responde:

“La producción editorial de Conaculta se distribuye de dos maneras: la primera, en librerías de Educal, una red de 55 puntos de venta en todo el país; y, la segunda, en librerías privadas. Comercializamos libros de literatura, de arte, y tratamos de atacar el mercado que a cada libro le corresponde. El número de ejemplares vendidos de Conaculta es equivalente al número de ejemplares producidos, lo que quiere decir que los libros que se producen sí se están vendiendo. En 2001 esta cifra fue de 1.3 millones de ejemplares, y se produjeron alrededor de 1.4 millones. Todos los años es esa proporción.”

El titular de Educal precisa que el mercado librero no funciona por venta sino por consignación: “En las librerías nos pagan hasta que el libro ya se vendió. No quiero decir que todos los libros que se producen en 2002 se venden en ese mismo año. Sin embargo, venimos arrastrando ediciones de hace muchos años.

El número de ejemplares vendidos es muy similar al del número producido en un año. Lo sabemos por los inventarios que hacemos cada año”.
El titular de Educal sólo facilitó los recursos fiscales de 2002 (12 millones 560 mil 400 pesos) y el número de ejemplares comercializados: 2 millones 165 mil 761. Oficialmente no se proporcionó un reporte de venta de librerías de Educal ni de las librerías privadas.

Foto: David Jaramillo

A la queja de algunos autores de Conaculta sobre la mala distribución de sus ejemplares, Raúl Zorrilla responde que a muchos autores les dice “que sólo les garantiza que el único lugar donde va a estar su libro es en las librerías de Educal, pero no puedo garantizar que esté en Sanborn´s o en Gandhi, porque eso depende del comprador. Las librerías privadas eligen los títulos que quieren; pueden ser importantes en términos de difusión de la cultura pero no son comercialmente viables”.

En ese sentido, el director de Educal niega que las librerías privadas establezcan la regla de distribución de Educal: “Marcan la pauta de lo que van a aceptar. Como cualquier comercio. El hecho de que se publique un libro no garantiza que esté en las librerías privadas.

Esto depende de si les interesa venderlo o no. Por ejemplo, publicaciones que hacen el INAH pueden ser muy importantes en la investigación del patrimonio cultural prehispánico, pero al público al que le va a interesar es muy reducido. Es muy difícil convencer a una librería privada de que lo ponga en su mesa de novedades”.

Se buscó al jefe de Compras de las Librerías Gandhi para cruzar información, pero al momento de realizar este reportaje se encontraba de vacaciones.

El responsable de Compras de Librerías Cristal, Víctor Chávez, dice que el criterio de selección es meramente comercial y que se escogen los títulos de autores conocidos y ediciones económicas porque es lo que la gente compra más. El encargado de la librería El Sótano, José Luis Muñoz Landa, hizo saber que él manda pedir todo el fondo pero lo demás corre a cargo del público: “está sujeto a la demanda de la gente, que compra los más baratos”.

Raúl Zorrila acota que Educal, un intermediario comercial, tiene muy clara su misión de difundir la cultura y el fomento a la lectura, sin embargo vive de recursos propios: “Es una empresa que se rige por criterios comerciales, cuidando el cumplimiento de su objetivo cultural. Las operaciones que hacemos deben ser autofinanciables”.

Un recorrido por algunas librerías de Educal arrojó que los libros que más se exhiben son los títulos de editoriales privadas y autores reconocidos. Los libros de arte son una premisa en la exhibición, pero los del Fondo Editorial Tierra Adentro no se exhiben adecuadamente. Conaculta produce muchos libros, pero su distribución y difusión es deficiente.

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