Fuerzas Armadas
Los expedientes negros de la Sedena
Por José Vilchis
Foto: Fernando luna José Woldenberg, prueba de fuego
Desde hace años,
en las filas del Ejército han retumbado escándalos
de violaciones de derechos humanos. La justicia militar está
en entredicho por la poca atención que le ha prestado a las
denuncias de familiares de los afectados.
Fue un intento de
secuestro y una advertencia: Es mejor que no sigan ofendiendo
al Ejército. El teniente Orlando Muñoz desertó.
Se van a arrepentir si siguen difamando al Ejército,
les espetó a doña Guadalupe Guzmán y a su hija
Guadalupe Muñoz un sujeto de aspecto militar, vestido de
civil y de casquete corto, en la esquina de Álvaro Obregón
y Monterrey, en la colonia Roma, al tiempo que trataba de sacarlas
del auto.
A mediados de octubre del 2000 estuvieron a punto de ser secuestradas.
A bordo del carro de atrás iban dos hombres. Cuando uno de
ellos forcejeaba con ellas apareció una patrulla. Los policías
les pidieron a los sujetos que se identificaran, después
de lo cual los dejaron ir.
Ambas mujeres comprendieron más tarde que aquellos individuos
querían evitar su presencia en la primera audiencia en la
Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), que se realizó
en Washington, DC, el 18 de octubre del 2000. Ahí obra el
caso de la desaparición del teniente Miguel Orlando Muñoz
Guzmán, de 25 años, desde el 4 de diciembre del 2000.
Antes, relata Lupita Guzmán, ya había recibido llamadas
telefónicas amenazantes. Ellas vivían en San Julián,
Jalisco, y entonces fue intimidada con toda clase de advertencias
porque dio a conocer públicamente la desaparición
de su hijo, ocurrida el 8 de mayo de 1993.
Madre e hija cuentan su historia y muestran documentos en los que
constan las diligencias que hicieron ante la Procuraduría
de Justicia de Chihuahua, en el Cuartel del 26 Batallón de
Infantería, en Ciudad Juárez, al que estaba asignado
el teniente de Infantería; ante la Comisión Nacional
de Derechos Humanos (CNDH) y ante la Procuraduría de Justicia
Militar.
Refieren que hablaron con el presidente Salinas y su esposa, Cecilia
Occelli de Salinas, quienes las escucharon pero no les respondieron.
También se entrevistaron con Zedillo, y éste les prometió
que haría todo lo posible para resolver el caso de la desaparición
del oficial.
En julio, después del triunfo electoral de Vicente Fox, y
luego de platicar con el entonces senador Adolfo Aguilar Zínser,
acudieron al rancho de San Cristóbal, Guanajuato, y por conducto
de una de las hermanas del mandatario y de su madre, Mercedes Quezada,
entregaron un escrito en el que relatan cómo desapareció
el teniente. Dos años después, todavía no tienen
respuesta.
Teniente Orlando Muñoz
Originalmente se abrió la averiguación previa SC/139/93/V
en la quinta agencia del Ministerio Público Militar por deserción
del teniente Muñoz; más tarde se abrió otra
por su desaparición en la Comisión Nacional de Derechos
Humanos, la CNDH/121/93, y una más en Ciudad Juárez,
la CHI/ S03994.000. Años después también las
averiguaciones SC/003/98-E y SC/005/99-E.
Según estos documentos --de los que esta publicación
tiene copia-- el 8 de mayo de 1993 el teniente Muñoz habló
por teléfono con su madre y le dijo lleno de alegría
que había sido aceptado en la Escuela Superior de Guerra,
donde haría cursos especiales que le facilitarían
alcanzar el grado de capitán.
En esa ocasión le dijo que volvería a hablar con ella
el 10 de mayo, como en años anteriores. Doña Lupita
recuerda que le pidió a su hijo que se cuidara mucho y él,
quien seis meses atrás había estado en San Julián
de vacaciones, le contestó: no te preocupes, madre.
El verde (el Ejército) es nuestro enemigo si lo provocamos.
No voy a hacerlo.
Han pasado nueve años y siete meses y aún se ignora
su paradero. El 16 de mayo Miguel Muñoz García indagó
vía telefónica y le informaron que su hijo había
desertado del batallón.
Dos llamadas anónimas le informaron a papá que
su hijo había sido trasladado clandestinamente al Campo Militar
Número Uno la madrugada del 9 de mayo de ese año,
cuenta Lupita Muñoz. De San Julián se trasladó
a Ciudad Juárez, para buscar a su hijo.
El teniente Filiberto Ortiz, compañero de cuarto del teniente
Muñoz, le dijo que sabía quién tenía
el portafolios de su hijo, pero después ya no se supo nada
de él.
En el cuartel le dijeron que Miguel había desertado y le
mostraron una copia del acta que se levantó dos días
después de la desaparición, el 11 de mayo, en donde
se le acusa del delito de deserción franca.
Se trata de un documento en el que falsificaron la firma de
mi hermano --de acuerdo con un peritaje del 12 de marzo de 1994--
y en el que supuestamente había solicitado la devolución
de sus documentos porque ya no iría a la Escuela Superior
de Guerra, lo cual se antoja inverosímil, comenta Lupita
Muñoz.
Ella resalta en la carta al presidente Fox una contradicción
por parte de las autoridades militares, pues el agente del Ministerio
Público Militar que le informó de la falsificación
también le dijo a Muñoz García que se
olvidara de la falsificación, pues quien lo hizo no pretendió
cometer ilícito. E insiste: Ello es señal
de que no hay voluntad de encontrar a mi hermano.
Después de haber buscado a su hijo en todos lados y haberse
decepcionado por la negativa de las autoridades militares para encontrarlo,
Miguel Muñoz García, quien se agravó por la
diabetes que padecía, murió el 31 de enero de 1997.
Perdió la esperanza; falleció pensando que ya
no encontraríamos a mi hermano.
La convicción de los familiares es que fue desaparecido y
responsabilizan a jefes de la milicia que tuvieron motivos para
no permitir el avance del joven militar, porque antes estuvo comisionado
en el 16 Batallón, en Nuevo Laredo, Tamaulipas, donde supuestamente
se enteró de militares involucrados en el narcotráfico.
En el 26 Batallón apenas llevaba seis meses, después
de haber pasado un mes de vacaciones en San Julián, con su
familia.
En Nuevo Casas Grandes, Chihuahua, Miguel Orlando Muñoz Guzmán
fue comandante de Partida y al término de esta comisión
tramitó su ingreso a la Escuela Superior de Guerra.
Con documentos en la mano, madre e hija comentan que a casi 10 años
de lo sucedido el expediente SC/003/98-E contiene 17 tomos. Tan
ineficaces son que a la fecha no han averiguado nada sobre la desaparición
de mi hermano.
Responsabilizan en la carta dirigida a Fox: Inicialmente como
presunto responsable de su desaparición al capitán
primero José de Jesús Morales García, ya que
por información de elementos del mismo batallón esta
persona no perdía oportunidad de molestarlo injustamente
y buscaba cualquier pretexto para arrestarlo sin motivo alguno.
Es Obvio que esta persona no iba actuar por sí misma, así
como quienes falsificaron la firma, sino que por órdenes
superiores; al comandante del 26 Batallón de Infantería,
teniente coronel Gutiérrez López, quien según
testimoniales que obran en el expediente tiene en su poder y revisó
todos los objetos que se encontraban en el interior de un maletín
que dejó el teniente Muñoz antes de su desaparición.
Había incluso mil pesos. También al general Luis Montiel
López, quien fuera comandante de la quinta zona militar y
de la Brigada Blanca y jefe de los generales Quirós Hermosillo
y Acosta Chaparro durante la guerra sucia.
Doña Lupita enciende cada día una veladora para mantener
viva la esperanza y la seguridad de que su hijo vive y así
lo quiere de regreso. Primero fue el procurador Mario Guillermo
Fromow García quien insistió en la deserción
y no desaparición del teniente Muñoz, luego Carlos
Calcanasco Santa María, Rafael Macedo de la Concha y ahora
Jaime Antonio López Portillo Robles Gil.
El Ejército, impenetrable
Ahora, después del caso del general José Francisco
Gallardo Rodríguez, quien finalmente obtuvo su libertad el
7 de febrero del 2002, después de haber ingresado al penal
del Campo Militar Número Uno el 9 de noviembre de 1993, el
del teniente Muñoz es el único que se encuentra en
la Corte Interamericana de Derechos Humanos.
El general brigadier Gallardo relata que en el Ejército
suele suceder que en los cuarteles o aun en la cárcel del
Campo Militar Número Uno o en cualquier otra de las que existen
en Jalisco, Veracruz, Monterrey, Sinaloa y Campeche los militares
son golpeados, heridos, desaparecidos o victimados sin que sean
enterados los familiares.
El Ejército es impenetrable; no entra ni la Contraloría
y si lo hace, sólo maquilla y justifica sus actividades.
Narra su experiencia en el penal militar, donde permaneció
hasta el 22 de mayo de 1999: Desde el inicio fui sometido
a tortura, a golpes sin justificación, amenazas, advertencias
intimidatorias; me negaban la visita de los amigos y, no obstante
mi jerarquía de general, había oficiales y guardias
que me golpeaban, y me defendía.
En las visitas de mi familia me quitaban el agua, la luz, o no dejaban
entrar a mi esposa o a alguno de mis hijos.
Convertido en asesor legal de otros militares bajo procesos amañados,
el general Gallardo menciona, por ejemplo, el caso del oficial Isidro
Mitre Sánchez, quien cumplió su sentencia y por motivos
no conocidos sigue preso.
En los números 3, 4 y 5 de Contralínea, correspondientes
a abril, mayo y junio del 2002, se publicaron los casos del subteniente
de la Fuerza Aérea Mexicana (FAM) José Raúl
Vargas Cortés (expediente BAM/06/95), quien según
los peritajes fuera victimado de un balazo en el pecho luego de
haber sido torturado en 1995; y el del sargento escribiente, también
de la FAM, José Gustavo Plaza Rocío (expediente 16/I/1614/1997),
encontrado muerto en el Río Tula en 1997 después de
convivir con jefes militares.
Y la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) no responde,
a pesar que se le solicitó por escrito una entrevista con
el procurador militar, general López Portillo Robles Gil,
para enfrentar los cuestionamientos a efectivos del Ejército
por éstos y otros crímenes.
En la información más reciente de la CNDH, que corresponde
al mes de octubre, se abrieron 288 expedientes, de los cuales 14
incluyen señalamientos directos a la Sedena por violación
a los derechos humanos y 23 contienen menciones tangenciales similares;
uno fue resuelto durante el proceso y cinco se solucionaron por
amigable composición; en 16 se brindó asesoría
jurídica y orientación a los quejosos y en uno se
comprobó que no había competencia de la CNDH.
El 3 mayo del 2001, al clausurar el congreso Las fuerzas armadas
y los derechos humanos, el procurador López Portillo
explicó la no conveniencia de tener un ombudsman militar
--propuesta que motivó el encarcelamiento del general Gallardo--
puesto que según él la CNDH es suficiente para atender
las quejas contra las fuerzas armadas y policiales.
Para esas fechas la información oficial confirmaba que el
organismo había recibido 80 quejas sobre presuntas violaciones
a las garantías individuales, de las que 54 fueron presentadas
por civiles y 26 por personal militar.