En el primer bienio
de gobierno del presidente Vicente Fox la agenda de derechos humanos
en nuestro país sigue intacta. No se ha logrado la reforma
del sistema de impartición y procuración de justicia,
frenar la incorporación de militares al ámbito civil,
reconocer los derechos de los pueblos indios ni asegurar el ejercicio
pleno de los derechos económicos, sociales y culturales.
Este es el balance
general sobre la política de derechos humanos de la administración
foxista realizado por el Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín
Pro Juárez (Prodh), el cual enfatiza que la falta de una
reforma al sistema de justicia mantiene prácticas violatorias
como detenciones arbitrarias, tortura y privación de la libertad.
No basta con las liberaciones de los ecologistas Rodolfo Montiel
y Teodoro Cabrera, de José Francisco Gallardo y de los pescadores
de Pátzcuaro Aurelio Guzmán y Leocadio Asencio Amaya,
ya que las decisiones para su liberación fueron tomadas como
medidas políticas y por la presión internacional,
justo cuando Fox debía informar a la Comisión Interamericana
de Derechos Humanos (CIDH) sobre estos casos.
Edgar González, director de este centro, afirma que quienes
integran hoy el sistema de justicia y tienen el discurso de defensa
de derechos humanos son en su mayoría los mismos funcionarios
públicos; cuerpos policiacos y militares que en administraciones
pasadas hacían lo contrario, lo que significa que las inercias
para violentar derechos se mantienen.
José Antonio Guevara, coordinador del Programa de Derechos
Humanos de la Universidad Iberoamericana, observa que el discurso
y la voluntad de respeto a los derechos humanos en la administración
foxista es novedosa y favorable para México, porque los gobiernos
anteriores se negaban a cumplir con las recomendaciones de la CIDH.
Ahora por lo menos en el discurso se trata de cumplir.
Reconoce que los resultados no han sido satisfactorios porque el
gran pendiente desde los años ochenta para cumplir con las
recomendaciones internacionales es que el poder judicial no persigue
ni sanciona a los responsables.
Esta práctica permanece en el gobierno de Fox, donde
no hay luces de cambio para perseguir y sancionar a los culpables
de violaciones a derechos humanos. Las investigaciones en torno
a la muerte de Digna Ochoa o los crímenes de lesa humanidad
cometidos en la guerra sucia del 68 y del 71 parecen no avanzar,
asienta.
El Prodh señala a la Secretaría de Hacienda como una
de las responsables del incumplimiento en el respeto a los derechos
económicos, sociales y culturales, debido a las restricciones
de presupuesto que impone a las demás dependencias del Ejecutivo.
Edgar González
dice que los 60 millones de pobres en el país no salieron
de la nada, son producto de políticas económicas que
agravan las desigualdades sociales y la falta de conocimiento sobre
las obligaciones del Estado para garantizar los derechos al trabajo,
salud, vivienda, educación y cultura.
Edgar Cortés encabeza el Centro
de Derechos Humanos Agustín Pro
Fernando Valadez Pérez, director de Acción de los
Cristianos para la Abolición de la Tortura (ACAT), dice que
lo más grave en la administración de Fox es
continuar con la dinámica de militarizar los cuerpos policiacos,
algo que no sólo viola la Constitución sino que propicia
la impunidad en los aparatos represivos del gobierno.
La tortura como método
de investigación
La tortura
en nuestro país se aplica de manera sistemática para
conseguir declaraciones y fabricar culpables en un proceso de investigación
policiaca. Esta práctica es recurrente en los distintos cuerpos
policiacos, en militares y funcionarios públicos, anota
el Prodh.
El reporte 2001 registra
217 víctimas de tortura entre 1998 y 2001, de las cuales
13 murieron. Las autoridades responsables fueron 52 elementos policiacos
estatales, principalmente del estado de Guerrero, con 24 de estos
casos. El segundo lugar lo ocupan las policías municipales,
con 22 expedientes, seguidas de los cuerpos militares, con 18, y
las policías federales, con 17, en el contexto de sometimiento
de la delincuencia organizada, la violencia política, el
narcotráfico, en los centros penitenciarios y la homofobia.
Valadez Pérez
afirma que el aparato represivo sigue siendo el mismo y el
cambio (de gobierno) sólo fue en los colores partidistas,
porque quienes violan los derechos humanos con estas prácticas
siguen en el sistema policiaco y, en particular, en el ejército.
La diferencia es
que tienen cuidado de no dejar huellas físicas, porque se
orientan más a realizar la tortura psicológica precisamente
por la vigilancia más activa de las organizaciones no gubernamentales.
Al respecto, Edgar
González plantea que la práctica de este delito está
acompañada de una cadena de violaciones a otros derechos
que generalmente inician con detenciones arbitrarias, encarcelaciones
injustas y privación de la vida. En el primer semestre del
2002 el Prodh ha detectado 16 casos en que se aplicó la tortura.
De éstos,
35 personas fueron torturadas. En 12 participaron policías
judiciales y emplearon este método para fabricar culpables,
y en tres estuvieron implicados policías de seguridad pública.
Otras prácticas de tortura fueron ´tácticas´
empleadas comunmente por militares.
Tortura,
práctica común
La recomendación 7/2002 de la Comisión de Derechos
Humanos del Distrito Federal (CDHDF) sustenta que Salvador González
Centeno, interno en el Reclusorio Norte, fue víctima de tortura.
Una custodia
me solicitó que le elaborara un cuadro como los que realizaba
en el taller de manualidades del centro penitenciario, y como anticipo
me dio 70 pesos. Pasaron 15 días y recibí los primeros
golpes y amenazas del custodio apodado el Reicito, porque
no le había entregado el trabajo.
González Centeno,
ahora interno en el Reclusorio Sur denunció los daños
que sufrió: estallamiento de vísceras y amputación
de un brazo.
El 14 de diciembre
era un día normal para González Centeno, hasta que
fue trasladado al servicio médico --rutina para certificar
su estado de salud-- por los custodios David Ponce de León
Mendoza y Pedro Montalvo González, a quien reconoce como
el Reicito, quien posteriormente lo llevó al
área de segregación y lo golpeó.
El recluso narra:
Me golpeó con la palma de las manos en los oídos,
con el puño cerrado en el estómago y me dio varias
patadas en las espinillas, y al terminar de golpearme me dijo: en
el próximo turno me liquidas o de lo contrario habrá
problemas´ .
Después de
esta primera agresión e intimidación los dos custodios
llevaron al González Centeno a su dormitorio, el número
cuatro de la zona 4, en la sección conocida como estancia.
Yo no entendía por qué me había amenazado
si no le debía ninguna deuda al custodio, y entonces pensé
que se refería al cuadro que no le había entregado
a una custodia, de la que no sé cómo se llama.
Pasaron tres días
y el 17 de diciembre, a las 19:30 horas, al pasar por el auditorio,
González Centeno nuevamente fue agredido y torturado por
el Reicito: Me aplicó la llave china para
tirarme al suelo boca arriba.
Me sujetó
de las manos, se me subió encima y me dio un rodillazo en
el estómago. De inmediato sentí como si algo me hubiera
explotado en el interior del estómago y le dije al Reicito:
ya me rompiste la madre´. Entonces puso cara de asustado,
se aventó hacia atrás, se puso de pie y se fue de
inmediato diciéndome: ´no le juegues al loco´.
Con la ayuda de otros
internos González Centeno acudió al servicio médico
del reclusorio y a las 21:00 horas fue trasladado al Hospital General
La Villa, donde estuvo en observación. Después lo
regresaron porque en los estudios que le hicieron no detectaron
el estallamiento de vísceras y sólo le aplicaron unas
inyecciones para calmar su dolor.
Al siguiente día
--18 de diciembre--, en la unidad médica del reclusorio,
el doctor en turno ordenó el traslado del interno al Hospital
de Tepepan. Durante el trayecto la camioneta de Reclusorios chocó
y González Centeno perdió el conocimiento por el impacto.
Esto obligó a que lo llevaran al Hospital General Balbuena.
Ahí, el 19
de diciembre le practicaron una laparotomía exploradora por
contusión abdominal, laceración de páncreas
y extirpación parcial de páncreas, así como
la amputación de un brazo. A partir de esa fecha González
Centeno perdió la salud y presenta deficiencia de producción
de enzimas pancreáticas y de insulina, por lo que el resto
de su vida tendrá que tomar medicamentos para procesar los
alimentos y producir enzimas.
Luego de las investigaciones
realizadas por la CDHDF, el custodio Pedro Montalvo González,
a quien se le comprobó su responsabilidad en los hechos,
sólo fue inhabilitado de su cargo durante un año y
no fue sentenciado por el delito de tortura.