Roberto Hernández y José
Martínez Güitrón encubrieron y participaron en
el fraude a constructoras, inversionistas y a la banca comercial para
beneficiar al Grupo Plan, el nuevo emporio turístico que ahora
prefiere guardar silencio.
A punto de ser liquidado,
el Grupo Situr la compañía que llegó
a controlar una mayor extensión de reservas territoriales
que el propio Fondo Nacional de Apoyo al Turismo (Fonatur)
podría desaparecer sin aclarar cientos de fraudes que concretaron
sus directivos en contra de sus propios contratistas vía
la extorsión.
El mecanismo era casi perfecto: Situr, la principal subsidiaria
de Sidek, logró incrementos históricos en sus ventas
año con año así como un crecimiento explosivo
en su cartera de propiedades gracias a la extorsión a constructoras
a las cuales, a cambio de contratos en sus desarrollos turísticos,
las obligaban a adquirir tiempos compartidos, condominios y otros
bienes inmuebles.
A cargo de los hermanos Jorge, Guillermo y José Martínez
Güitrón, el Grupo Situr controló hasta 1996 activos
por más de 3,200 millones de dólares. El problema
fue que su pasivo aumentó al mismo ritmo hasta superar los
2 mil 600 millones de dólares.
Bajo el amparo de la administración de Carlos Salinas de
Gortari, los Martínez Güitrón junto con los dos
cerebros del grupo, el inglés Kenneth Prysor y Gabriel Ruíz
Huerta, armaron una compleja estructura financiera que les permitió
obtener recursos en los mercados financieros internacionales así
como de la banca nacional y extranjera.
Como garantía ofrecían pagarés que respaldaban
millones de dólares en compromisos de ventas por los intercambios
a cargo de los contratistas que ganaban concursos de obra en los
megadesarrollos. Sin embargo, una gran cantidad de dichos contratos
nunca fueron reales, pues formaban parte de los acuerdos extralegales
que pusieron en marcha las dirección de Finanzas y el Jurídico
de Situr. Por ello, una gran parte de esos contratos nunca se llegaron
a concretar.
Para obtener un convenio con Sidek-Situr, los contratistas tenían
la obligación de ceder un porcentaje del contrato como enganche
inicial para la compra de bienes en los desarrollos turísticos
del propio grupo con sede en Jalisco, tales como villas y tiempos
compartidos.
Los contratos de obra y de venta se cerraban mediante intercambios
de cheques por el 15 porciento del valor delos contratos que, en
la mayoría de las veces, era de uno a uno. Además,
se les obligaba a firmar pagarés para la liquidación
del monto total. Con esos documentos, los ejecutivos de Situr respaldaron
la emisión de instrumentos a mediano plazo conocidos como
Mexican Acceptance Corporates (MACs).
La crisis del Grupo Sidek, el más acabado ejemplo de un Enron
a la mexicana, se presentó cuando la pirámide llegó
a su cúspide y el flujo de efectivo nunca se presentó,
pues los contratistas iniciaron una cadena de incumplimientos en
los compromisos forzosos, pues no se les pagaba el avance de sus
obras.
Representantes legales de contratistas que formaron parte de la
estrategia armada por los Martínez Güitrón describieron
a Contralínea el mecanismo que explica la crisis de pagos
y liquidez que obligó a Situr y a su controladora Sidek a
convertirse en la primera compañía en suspensión
de pagos después de la devaluación de diciembre de
1994.
De manera paralela a las ventas ficticias, una sociedad que también
fue constituida por los Martínez Güitrón, la
sociedad anónima Estratur, sí cobraba en efectivo
comisiones equivalentes a 10% de las supuestas ventas. Las comisiones
en este caso no se limitaban a las ventas sino también a
los intercambios que no generaban un flujo real.
Sin embargo, el despacho Galaz, Gómez Morfín, Chavero,
Yamasaky (Deloitte Touche Tomatsu Internacional), los auditores
de cabecera de los Martínez Güitrón, nunca reportaron
dichas anomalías ni las inconsistencias en la valuación
de inventarios pues los lotes que conformaban la cartera de propiedades
se reportaban con una importante sobrevaluación en los activos
circulantes.
El equipo de directivos de Situr recibía indicaciones precisas
de los Martínez Güitrón de fondear las necesidades
financieras para la operación del corporativo con el flujo
real de la compañía a fin de no tocar los recursos
que se obtenían por medio de financiamientos y colocaciones
públicas. Dicho capital, por tanto, se concentraba en cuentas
en el extranjero así como en paraísos fiscales.
El encargado de las peculiares estrategias de comercialización
de Situr era el ejecutivo estadounidense Keneth Prysor, entonces
director de Situr y responsable de la relación comercial
que iniciaron los Martínez Güitrón con Roberto
Hernández, entonces presidente de Banamex.
Entre las compañías constructoras que se vieron afectadas
por estas operaciones se encuentran Landa & Rubio con participación
en el desarrollo turístico El Tamarindo; Construcciones y
Arrendamientos del Centro cuya actividad se presentó en Cabo,
San Lucas; así como la constructora Gibraltar en Puerto Peñasco,
Sonora.
Banamex, el gran cómplice
Fue Keneth Prysor, quien trabajo para el franco italiano Jean Franco
Briñone ex propietario de Careyes y el Tamarindo en
Jalisco, el promotor de la asociación entre Situr y Roberto
Hernández.
La relación de negocios entre los Martínez Güitrón
y Hernández se concretó a través de la aportación
que hizo el Grupo Financiero Banamex-Accival de sus activos turísticos
como la cadena hotelera Sierra Radison, con lo que adquirió
el 13 por ciento de Situr.
A través de los desarrollos Punta del Mar y Bahía
Dorada, Situr vía su subsidiaria financiera Sitinvest
del Grupo Sidek-Situr, se conformó una alianza adicional
entre Los Martínez Guitrón y Roberto Hernández,
pues en esos dos proyectos participaron en un 50 por ciento en cada
caso. Las partes que firmaron la alianza fueron Situr, por un lado,
y María de Lourdes Hernández, representando los intereses
de Roberto Hernández. Mientras tanto, Grupo Plan sólo
participaba como administrador de los intereses del ex presidente
de Banamex.
Uno de los principales activos de la coinversión fue el desarrollo
turístico El Tamarindo, un espectacular club privado en un
litoral de la costa del Pacífico que se extiende más
de 200 kilómetros entre Puerto Vallarta y el estado de Colima,
con impresionantes bahías y acantilados que delinean
la delicada unión entre el mar y la exuberante vegetación
virgen de la jungla, según la descripción de
la revista especializada Premium Great Status.
El desarrollo ecológico diseñado por el
arquitecto Luis Bosoms, director del Grupo Plan y yerno del banquero,
cuenta con 14 kilómetros de playa, campo de golf profesional
con 18 hoyos, par 72; casa club con salón de socios, servicios
de Spa; restaurante, muelle; amplias calles adoquinadas e iluminadas,
corredores de jardines botánicos y caminos ecuestres, acceso
a los servicios del exclusivo club privado El Tamarindo
operado por St. Regis Luxury Collection y, por supuesto,
seguridad con control de acceso las 24 horas.
Ahora, el Grupo Plan, según Premium Great Status, ofrece
a la venta exclusivos terrenos con superficies de entre 30 y 150
mil metros cuadrados. Los precios de venta van desde 750 mil dólares.
La coinversión entre Hernández y los Güitrón
constituyó 14 sociedades anónimas cuyos principales
propósitos fueron el diseño, estructuración,
planeación, construcción y comercialización
de desarrollos turísticos inmobiliarios. Entre ellas figuraron
las empresas Península de las Estrellas; Desarrollo Playa
Azul (Careyes), Desarrollo Ixpamar, Bahía Dorada, Desarrollo
El Tamarindo; Desarrollo Punta del Mar; Hotel Sierra México;
Promotora de Inmuebles y Espectáculos; Operadora Las Glorias
de Occidente; Châteu de la Motte la controladora de
un castillo del siglo XII, así como la compañía
Imagen y Espectáculos de Lujo.
Para financiar su desarrollo, la coinversión comenzó
a contratar financiamientos a través de Factoraje Banamex,
una de las subsidiarias del grupo financiero que presidía
Roberto Hernández junto con Alfredo Harp.
Adolfo Garcín, exdirector jurídico de Sidek, recuerda
que si bien el desarrollo turístico de El Tamarindo se fondeó,
supuestamente, con el capital aportado por ambas partes, las operaciones
de endeudamiento siempre fueron a cargo de Situr.
Así nació la coinversión entre Hernández
y Situr: con cero capital y alto nivel de apalancamiento.
Situr, asegura el exabogado de Sidek, llegó a contratar financiamientos
con Factoraje Banamex hasta por 50 millones de dólares, operaciones
que también se descontaron en la cartera crediticia de Banamex,
pues las cuentas por cobrar se generaron a partir de las compras
iniciales que hicieron de manera conjunta los Martínez Güitrón
y Roberto Hernández firmando pagarés que fueron descontados
por Banamex.
En 1996 los socios de El Tamarindo enfrentaron su primera gran crisis,
ya que Roberto Hernández presionó para que la coinversión
pagara los créditos por 50 millones de dólares al
Grupo Financiero Banamex, pues temía sanciones por tratarse
claramente de créditos relacionados sin la adecuada reserva
que determinaba la Comisión Nacional Bancaria y de Valores.
Garcín recuerda que la reunión del consejo de administración
de la sociedad a cargo de El Tamarindo sesionó durante todo
un fin de semana para aprobar el pago preferencial del crédito
a Banamex, a pesar de que Sidek y Situr ya se encontraban en una
seria crisis de liquidez y a punto de pasar al control de la banca
que se encontraba lidereada precisamente por Banamex.
La propuesta para el pago de estos pasivos provino del propio Roberto
Hernández, quien impulsó la venta en 51 millones de
dólares del hotel Sierra México, el mismo activo que
había aportado para ser socio de Sidek. Sin embargo, su participación
en la sociedad nunca disminuyó. Los créditos intercompañía,
en cambio, tuvieron que ser capitalizados por Sidek y Situr, relata
Garcín.
Para Sidek y Situr la pérdida total derivada de su asociación
con Roberto Hernández fue de 72 millones 545 mil 881 dólares,
a pesar de que las auditorías posteriores a las realizadas
por Deloitte indicaban un saldo a favor de Situr por 86.7 millones
de dólares, capital que tendría que haberse dirigido
al pago equitativo de deudas entre bancos e inversionistas. La firma
auditora a cargo de las revisiones posteriores fue KPMG Cárdenas
Dosal.
En 1998, ya bajo el control de la banca y con la gestión
de Luis Rebollar, un ejecutivo que Banamex colocó en la presidencia
de Sidek, el Grupo Plan S.A. de C.V. firmó en abril de ese
año un acuerdo con el Grupo Situr con el propósito
de finiquitar su relación con la compañía que,
en ese momento, ya se encontraba en proceso de liquidación
ante los problemas para saldar sus pasivos totales.
Zona de castillos del siglo XII en Francia:
uno de ellos forma parte de los activos que adquirió
Roberto Hernández al endeudado grupo SITUR.
Fue así como Sitinvest trasmitió al Grupo Plan las
acciones representantivas del capital social de Desarrolladora Punta
del Mar que amparaba los activos de El Tamarindo. La contraprestación
pactada para Situr fue de 13 millones 232 mil 900 dólares,
monto por el cual se suscribió un pagaré sin intereses
con vencimiento al 1 de abril de 2001 con una prenda sobre las mismas
acciones.
El pago se presentó el 4 de abril del 2001 sin que Situr
hubiera ejercido su derecho de prenda, según un dictamen
de la operación realizado por la firma de auditores Pérez,
Manzano, Parra y Asociados. Los 15 bancos que también participaban
en el sindicato de acreedores del Grupo Situr no pudieron ejercer
su derecho al tanto en la operación que benefició
al Grupo Plan, de acuerdo con los documentos de la transacción.
El análisis de esta firma sobre la operación también
revela que Situr pagó alrededor de 20 millones 394 mil dólares,
monto que incluía una penalización por 9.4 millones
de dólares, por concepto de restitución de pérdidas
generadas en la subsidiaria al 50%, Desarrollo Punta del Mar. A
Grupo Plan, a pesar de ser socio en esta firma en un 50%, no se
le aplicó la pérdida proporcional.
Castillo privado
El complejo turístico de El Tamarindo se comercializaba como
una membresía de gran lujo con playa y reserva ecológica.
Sin embargo, en los mejores momentos de su asociación, la
coinversión de los Martínez Güitrón y
Roberto Hernández decidió comprar el castillo Château
de la Motte, para ofrecerlo como un activo de valor agregado
para la membresía.
La compra de Societê du Châtteu de la Motte se cerró
en 28 millones de dólares y los fondos, según Adolfo
Garcín, también provinieron de las arcas de Situr.
Garcín habla con conocimiento de causa, pues fue precisamente
este abogado jalisciense el ejecutivo a quien los Martínez
Güitrón responsabilizaron en 1993 de la compra del antiguo
inmueble francés considerado una joya arquitectónica
del siglo XII con legendarias historias como la estancia de Juana
de Arco.
Al asumir el control de la coinversión, el Grupo Plan tenía
que haber cubierto un saldo por pagar a Situr a cargo de un sindicato
de bancos por 7.7 millones de dólares. No obstante, ese monto
se impugnó y Plan nunca lo cubrió.
A la oficina de Luis Bosoms se le hizo llegar la información
sobre estas irregularidades. Sin embargo prefirieron no hacer comentario
sobre ellas.