Cuando el PRI era gobierno, el Ejecutivo
necesitaba un instrumento para mantener el control de sus funcionarios.
Hoy, el juicio político sirve para ajustar cuentas entre dirigentes
de partidos políticos.
De instrumento ejecutor
contra los priistas indisciplinados del antiguo régimen,
el juicio político en México se convirtió en
arma de defensa y ataque entre los diferentes partidos políticos,
sin importar que es un instrumento ciudadano para destituir a los
funcionarios irresponsables.
A partir de 1997, fecha en que el PRI pierde el control del Congreso,
la Comisión Jurisdiccional de la Cámara de Diputados
reporta que las demandas de juicio político se han incrementado
casi al cien por ciento. La cifra ha aumentado desde que Vicente
fox llegó a la Presidencia. Los 86 juicios políticos
que se han presentado en los últimos 27 meses, desechados
en su mayoría por carecer de elementos, dan cuenta de la
intensa batalla que han sostenido los partidos para someter a sus
rivales.
Entre los funcionarios de alto nivel del Estado demandados de 1999
a la fecha sobresalen los integrantes de la Sala Superior del Tribunal
Electoral del Poder Judicial de la Federación (5); Santiago
Creel, secretario de Gobernación (3); José Ángel
Gurría, exsecretario de Hacienda (3); Arsenio Farell, excontralor
federal (3); Genaro Góngora, expresidente de la Suprema Corte
(2); Francisco Barnés, exrector de la UNAM (2); Roberto Madrazo,
líder nacional del PRI (1); Porfirio Muñoz Ledo, embajador
plenipotenciario ante la Unión Europea (1); Andrés
Manuel López Obrador, jefe del gobierno capitalino (1); Patricio
Chirinos, exgobernador de Veracruz (1); Ernesto Zedillo, expresidente
mexicano (1); Herminio Blanco, exsecretario de Comercio (1); Jorge
Madrazo, exprocurador (1), y Carlos Ruiz Sacristán, exsecretario
de Comunicaciones y Transportes (1).
Santiago Creel, 3 denucnias
También han sido demandados los magistrados del Tribunal
Electoral del Distrito Federal (1); ministros de la Suprema Corte
de Justicia de la Nación (1); José Woldenberg; titular
del IFE (1); el diputado priista Óscar Levín Coppel
(1); Alejandro Gertz Manero, secretario de Seguridad Pública
(1); Diódoro Carrasco Altamirano, exsecretario de Gobernación
(1), y Rosario Robles, líder nacional del PRD (1). Sin embargo
todos estos casos no han procedido, lo que pone en entredicho la
funcionalidad del mismo.
La integración del juicio político a la Constitución
en 1982 tuvo un destinatario: el exsenador Jorge Díaz Serrano,
a quien en 1983 el presidente Miguel de la Madrid y la mayoría
priista en el Congreso de la Unión desaforaron para procesarlo
por corrupción durante su gestión como director de
Pemex. Desde entonces ningún otro juicio político
ha prosperado, a pesar de que a la Cámara han llegado centenares
de demandas contra funcionarios y exfuncionarios.
Los negativos efectos de esta medida de persecución política
están siendo revisados a fondo por los legisladores federales
a propósito de los procesos de desafuero contra el diputado
priista Carlos Romero Deschams y del senador Ricardo Aldana, acusados
de desviar más de 2 millones de pesos para la campaña
electoral del derrotado candidato priista Francisco Labastida Ochoa.
Son precisamente los priistas en la Cámara de Diputados ahora
que ya no son gobierno y sus integrantes son blanco de ataques políticos
los más interesados en impulsar una amplia reforma para regular
el procedimiento del juicio político y poner freno a la discrecionalidad
con que se utiliza esta herramienta jurídica.
El diputado priista Salvador Rocha Díaz, presidente de la
Comisión de Puntos Constitucionales y Legislación
afirma que el proceso legislativo contra sus correligionarios por
el escándalo del Pemexgate es una acción de carácter
político y no una investigación de un delito.
Lo vimos cuando en Chiapas el presidente dijo que si no le
habían dado permiso de salir venía lo de Pemex. Es
una venganza y la sociedad cada vez lo ve más claro. Las
cosas se están resolviendo en cuestión de mayorías
y no en función de razones. Sin ninguna responsabilidad se
decidió que la Sección Instructora se integrara con
dos diputados del PAN, dos del PRD y uno del PRI con el fin de asegurar
la mayoría, apunta.
Roberto Madrazo, 1 denuncia
En este momento señala es muy difícil
que el Congreso pueda legislar para evitar que el presidente maneje
a las instituciones a su antojo pues es evidente que hay una
alianza entre el PAN y el PRD con la intención de desprestigiar
al PRI, y no cree que se vaya a votar nada que limite las
atribuciones presidenciales o la actuación ilegal de la PGR.
Es obvio dice Rocha Díaz que la idea de dar a
la luz el asunto del Pemexgate es mantener el tema presente en los
medios de comunicación hasta que pase el periodo electoral.
Pero agrega les va a salir contraproducente en la medida
en que la población no va a votar por el PAN y así
lo veremos en las elecciones locales, pues está perdiendo
presencia porque el gobierno de Fox es un gobierno inepto, pues
por una parte quiere llegar a acuerdos y por otra está tratando
de desprestigiar a la única fuerza política con la
que podría lograrlos.
En este sentido el diputado Rocha Díaz reconoce que el juicio
político fue creado como un instrumento para guardar orden
y disciplina dentro del propio partido. Nunca se usó
hacia ninguno de la oposición por razones políticas.
Ahora que estamos en un México distinto y plural se ha convertido
en una herramienta perversa, es decir, las asociaciones pueden destituir
a otros. Lo único que trae esta norma es propiciar acuerdos
perversos.
Hay que darle un marco jurídico a la idea de que el
Congreso sea un órgano jurisdiccional que obligue a que el
propio Congreso se ajuste a la legalidad en lugar de que lo defina
mayoritariamente, reconoce.
En respuesta, el diputado Sergio Vaca Betancourt del Partido Acción
Nacional (PAN) asegura que es totalmente falso que se esté
dando una concertacesión con el PRI para acallar las mutuas
acusaciones de fraude electoral. En todo caso aunque Deschamps
y Aldana perdieran el fuero no significaría necesariamente
que ya estén con un pie en la cárcel, pues en ambos
casos las cámaras no juzgan, revira.
Por lo pronto, en el Congreso de la Unión esperan turno tres
iniciativas para reglamentar el juicio político y la declaración
de procedencia. Estas iniciativas presentadas desde 2000 por las
bancadas del PRI, PAN y PRD no han sido tomadas en cuenta por la
Cámara de Senadores y es muy difícil que puedan salir
adelante en la actual legislatura.
José Ángel Gurria
Algo común en las iniciativas es que las tres fracciones
parlamentarias están de acuerdo en la necesidad de hacer
una verdadera reforma integral del Estado en que la reglamentación
del juicio político sea una prioridad. Otra coincidencia
se da en la propuesta de simplificar este proceso para hacerlo más
ágil y que la normatividad sea clara para no caer en interpretaciones
subjetivas de la ley.
Además las fracciones se pronuncian por imponer sanciones
ejemplares a los funcionarios irresponsables y por revisar a fondo
la figura del fuero constitucional, que se ha desvirtuado a tal
grado que ha permitido la impunidad. Una propuesta realmente innovadora
es que el Congreso ceda su función de juez al Poder Judicial
de la Federación para que sea éste, sin carga política,
el que determine la responsabilidad de funcionarios sometidos a
juicio político.
El diputado perredista, Arturo Herviz, presidente de la Comisión
Jurisdiccional, opina que el juicio político debe ser un
procedimiento tan ágil que cualquier ciudadano pueda presentarlo
con la certeza de que se hará justicia en caso de que hubiera
elementos suficientes para sancionar a un funcionario.
Por su parte, el panista Sergio Vaca Betancourt se inclina por acotar
el fuero constitucional para que no triunfe la impunidad. Lo
que pide el pueblo es que si un funcionario es corrupto se vaya
a la cárcel, pero para eso se requiere otra mentalidad de
todos los partidos, señala.
Ley ambigua
En opinión de legisladores y especialistas se trata de un
recurso eminentemente político que no busca la justicia ni
castigar con vistas a enmendar, además de que su manejo está
a merced de venganzas entre miembros de grupos antagónicos.
Es un arma de persecución contra los opositores al régimen.
El juicio político no es imparcial ni está exento
de prejuicios. No busca la verdad; no siempre castigará al
culpable y absolverá al inocente. Es ante todo un instrumento
de poder; tiende a hacer llevaderas las relaciones de sometimiento
y obediencia. Responde a una moral: la del dominio, afirma
el constitucionalista Elizur Arteaga.
En el régimen priista completa el juicio
político se activaba cada que entraba en riesgo la clase
política y se optaba por sacrificar a uno de sus miembros.
Desde entonces es la amputación llevada al campo de las relaciones
de poder.
El juicio político no es de los ciudadanos sino un juicio
que llevan a cabo un grupo de políticos, evalúa por
su parte Clemente Valdés, catedrático de la Facultad
de Derecho y Ciencias Políticas de la UNAM, de la Escuela
Libre de Derecho y autor del libro El juicio político, la
impunidad, los encubrimientos y otras formas de opresión.
Así cualquier partido, cualquier alianza de partidos
o cualquier persona que controle la mayoría suficiente en
las Cámaras puede eliminar del panorama político a
los opositores a quienes considere enemigos, expone el investigador.
En referencia al único juicio que ha prosperado, el del exsenador
Díaz Serrano, Clemente Valdés recuerda que el presidente
De la Madrid tenía la mayoría de empleados en la Cámara
de Diputados y al ministerio público a su servicio.
Las contradicciones
A decir de especialistas y legisladores la normatividad del juicio
político y la declaración de procedencia es muy poco
clara, pues contiene lagunas, incoherencias y contradicciones que
hacen muy difícil su interpretación.
En conferencia de prensa en junio pasado el senador panista Juan
José Rodríguez Prats comentó que debido a la
deformación del lenguaje existe un gran debate sobre el juicio
político y que la Ley Federal de Responsabilidades de Servidores
Públicos (LFRSP) es tremendamente confusa y ambigua, porque
parece estar hecha para aplicar y hundir o aplicar y absolver de
toda culpa.
Reconoció que el juicio político sí se ha ejercido
en México, pero vía la fracción VI del
Artículo 76, o sea cuando el Senado declara desaparecidos
los poderes. Y citó ejemplos en prácticamente
toda la república: Soto Maimenes, en Chihuahua; Tomás
Marentes, en Yucatán; Bartlett Bautista, en Tabasco; Gómez
Maganda, en Guerreo, que fueron desconocidos, y perdieron su credibilidad
de funcionarios. Esto es lo que remite el juicio político,
repito son valores políticos, declaró.
Por su parte el catedrático Clemente Valdés argumenta
que lo discutible es que las normas establecidas en la LFRSP obligan
a los diputados y senadores que son quienes votan la destitución
del funcionario a que no vayan contra el texto constitucional,
pero resulta que la Constitución no dice mucho sobre
el procedimiento, de tal manera que pueden pasar por encima del
procedimiento puesto que la Constitución lo único
que exige es la votación de las mayorías que ahí
se señalan.
Valdés observa que en el caso de la declaración de
procedencia podría llegarse a contradicciones terribles:
Si se ve a la declaración de procedencia penal como
un juicio completo, sucedería que la resolución dictada
en la declaración de procedencia obligaría al juez
a dictar una determinación en el mismo sentido o el juez
podría no tomarla en cuenta, pero si no la toma en cuenta
la Cámara de Diputados quedaría en ridículo
.
Dice que de no legislarse en la materia las resoluciones que dicten
las cámaras de Diputados y Senadores seguirán respondiendo
al voto de mayoría o a la cantidad de amigos y enemigos que
tenga un funcionario. Lo importante puntualiza Clemente
Valdés es contar con un Ministerio Público independiente,
con jueces honestos para determinar la culpabilidad de un alto funcionario.
Si contamos con eso no necesitamos tapaderas: con una población
vigilante para denunciarlos y exigir que cumplan con su función.