Foto: Fernando luna José Woldenberg, prueba de fuego
Los resultados de las elecciones locales celebradas en 2001 y 2002
pueden ser la base para formular un escenario probable para las
elecciones federales de 2003.
Sin embargo, es preciso puntualizar algunas prevenciones sobre
la pertinencia de la relación entre los dos tipos de elecciones.
La primera consiste
en que una competencia electoral federal sigue una lógica
política diferente a la de las contiendas locales. Por tanto,
no se pueden extrapolar simplemente las tendencias de una hacia
las otras, y viceversa. Sin embargo, tampoco parece razonable imaginar
unos resultados federales por entero independientes y alejados de
las elecciones locales más recientes.
Otra prevención necesaria es que todo pronóstico basado
en antecedentes supone que las coordenadas básicas de la
situación política presente se mantendrán en
lo fundamental. Así, una condición para que el pronóstico
resulte razonable es que no ocurra ningún acontecimiento
nacional extraordinario dentro de los próximo nueve meses.
Descripción de los resultados
Durante los años 2001 y 2002 se han llevado a cabo comicios
locales ordinarios en 19 estados de la república. En el primer
año hubo elecciones en Yucatán, Chihuahua, Zacatecas,
Baja California, Aguascalientes, Oaxaca, Chiapas, Tamaulipas, Michoacán,
Durango, Puebla, Sinaloa y Tlaxcala; en 2002 en Baja California
Sur, Hidalgo, Quintana Roo, Nayarit, Coahuila y en Guerrero.
Resultados de las
elecciones de diputados locales de 2001 y 2002 Clic para agrandar
Aunque fueron varios
los tipos de elecciones que se efectuaron en unos estados y otros,
en este análisis se consideran solamente las elecciones de
diputados locales, a fin de tener una mayor homogeneidad relativa
de los datos.
En el conjunto de los estados los resultados electorales confirman
un hecho conocido: la preeminencia de los tres partidos mayores:
PRI, PAN y PRD, con formatos de competencia bipartidista en la mayoría
de las entidades.
Los dos primeros
partidos concentran más del 70% de la votación global
y entre los tres reúnen casi nueve de cada diez sufragios.
Por esta razón aquí se analiza en particular sólo
la votación de estos tres partidos, agrupando al resto en
el concepto de otros.
En los casos en que
uno de los tres partidos mayores concurrió en coalición,
la votación es atribuida, convencionalmente, al partido que
encabezó la alianza.
Consideramos en bloque los 19 estados en los que se realizaron comicios
en los años 2001 y 2002. El PRI ocupa el primer sitio en
votación, con un promedio ponderado de 43.6%; le sigue el
PAN, con 28.5% y luego el PRD, con 18.5%. Respecto de las elecciones
federales de 2000, estas cifras indican una leve recuperación
del PRI, una baja sensible del PAN y un repunte, también
leve, del PRD.
Como es natural, las votaciones por estado varían para cada
partido, y el rango de variación de cada uno da una idea
del grado de homogeneidad de su presencia electoral en el país.
En este aspecto el partido más homogéneo es el PRI,
con una votación mínima de 23% (en Baja California
Sur) y máxima de 57% (en Hidalgo).
En relación con su promedio porcentual por estado su desviación
estándar es de 11.1 y su coeficiente de variación
de 40%. El PRD oscila del 5% (en Chihuahua) al 40% (en Baja California
Sur). La homogeneidad en la distribución de la votación
de un partido es un signo de su implantación como corriente
electoral estable. Puede decirse que el PRI es el partido mejor
situado.
Hay que advertir que el 43% de votación que el PRI registra,
en promedio ponderado, en los 19 estados aludidos, no necesariamente
corresponde a su promedio nacional, porque habría que considerar
las 13 entidades federativas restantes. Son 10 las entidades en
las que habrá elecciones locales concurrentes con las federales
de 2003.
De esas 13 entidades, en siete el PRI tiene antecedentes de votación
relativamente constantes inferiores a 40%. Por tanto, puede esperarse
que estas entidades entre las que se cuentan las más
pobladas del país, el Distrito Federal y el Estado de México
hagan descender el nivel de votación nacional de este partido.
Como contrapartida, el PAN y el PRD cuentan en esas 13 entidades,
en promedio, con porcentajes de votación superiores al que
registran en el conjunto de las 19 entidades arriba mencionadas.
En consecuencia, puede esperarse que su nivel nacional se eleve
algunos puntos.
El examen combinado de estas variables sugiere que aunque el PRI
pueda mantenerse como la primera fuerza electoral nacional en las
próximas elecciones federales, es difícil que alcance
el estratégico 42% de votación necesaria para obtener
la mayoría absoluta de la Cámara. Desde luego, los
otros partidos parecen más alejados de esa posibilidad.
Sin embargo, nada asegura que se conserven las tendencias mostradas
en los comicios locales. Asumiendo que una competencia electoral
federal responde a variables un tanto diferentes a las de las contiendas
locales, hay que ser cautelosos con los pronósticos.
Algunas conclusiones y previsiones
Los resultados de las sucesivas elecciones locales durante 2001
y 2002, tanto en forma particular como en agregado nacional, muestran
una distribución de fuerzas electorales que no difiere mucho
de la que produjeron los comicios federales de 2000 en lo que se
refiere a la elección de diputados.
Si el ritmo de la acción gubernamental y de la vida parlamentaria
posteriores a los comicios de 2000 han estado determinados por la
falta de una mayoría política estable, los resultados
de las elecciones locales posteriores no han hecho sino confirmar
la ausencia de una hegemonía electoral en el conjunto nacional.
Los resultados agregados de los comicios locales de los dos últimos
años colocan al PRI muy cerca del estratégico 42%,
pero considerando las elecciones locales que se llevarán
a cabo durante el mismo año 2003 y el carácter nacional
de la disputa en las elecciones federales parece más probable
que el PRI sufra un moderado retroceso. De esta manera, le será
extremadamente difícil alcanzar la mayoría en la Cámara
de Diputados.
El desempeño electoral del PAN en los dos últimos
años sugiere que se halla aun más lejos que el PRI
de la posibilidad de lograr la mayoría en la Cámara.
Sin embargo, como el partido al que pertenece el presidente de la
república, su suerte electoral estará influida por
la del gobierno federal. Ahí reside su esperanza, pero también
su riesgo. Hasta ahora parece que el PAN ha pagado el costo del
desgaste del poder, sin beneficiarse mucho de la popularidad del
presidente Fox.
El nivel de votación del PRD, tanto en el 2000 como en los
comicios locales posteriores, se halla muy lejos de disputar la
mayoría parlamentaria, si bien ha obtenido algunas victorias
estatales y algunos avances moderados. Lo más probable es
que recupere una parte de la votación lograda en 1997 y siga
ocupando el tercer sitio en la votación.
Las expectativas de los partidos más pequeños son
las más difíciles de definir. Varios de ellos han
tenido algunos logros significativos en el ámbito local,
pero globalmente se mantienen muy lejos de los tres partidos mayores.
La incursión de tres nuevos partidos agrega un elemento de
impredecibilidad y de competencia por un nicho de mercado de suyo
muy reducido. Es de esperar que varios de ellos no logren sobrevivir.
En suma, los datos disponibles indican que las elecciones federales
de 2003 no constituirán la gran encrucijada del destino político
nacional, porque el escenario más probable para esos comicios
es que continúe la ausencia de mayoría en la Cámara
de Diputados.
En tal caso, seguirá prevaleciendo un Congreso dividido,
que divide la acción gubernamental y con frecuencia la obstruye.
Las fuerzas políticas tendrán que plantearse, entonces,
una estrategia de alianzas o compromisos y el rediseño político-institucional
para mejorar la relación de los poderes ejecutivo y legislativo,
a fin de resolver el problema de la gobernabilidad.