En México, calidad artística no es sinónimo
de triunfo.
Esta película es un ejemplo, aunque ganó siete diosas
no encontraba distribuidora; el cine artístico no interesa.
Su director narra su aventura.
Cuento de hadas para
dormir cocodrilos es una película poética impregnada
de una atmósfera rulfiana: la búsqueda del padre.
El producto de esa
propuesta artística rinde frutos: siete diosas de plata en
la edición 2002, como mejor película entre ellas,
premiada por el público en el Festival de Cine de Acapulco,
pese a esas cartas credenciales esta cinta no tenía distribuidor,
aunque los productores negociaron con la compañía
Artecinema para ser exhibida comercialmente, pero hasta febrero
de 2003.
Ignacio Ortiz (Oaxaca,
1946), el director, narra la historia de este filme que evoca, por
el título, al gran Cocodrilo: Efraín Huerta, poeta
mayor.
Génesis de un proyecto: La primera idea es hacer una
película después de ocho años de no filmar.
Luego del primer largometraje -La orilla de la tierra (1993)- siempre
está el plan de hacer la siguiente película.
La idea surgió
a partir de dos hecchos recientes: una es el derrumbe del régimen
comunista, que se objetiviza para nuestra generación en la
caída del Muro de Berlín, afortunadamente; otra, mi
generación, donde a los 45 años ya no eres un joven
pero tampoco un viejo, tiene responsabilidades para con tus padres
e hijos.
Te sientes responsable
de ambos lados. Este tipo de personaje me interesó, esa búsqueda
de exigencia perenne de hallar satisfactor a su necesidad amorosa
eterna. Ese era el conflicto de estos personajes, de estas generaciones.
A partir de ello surge la idea de escribir una película que
abordara a un personaje de estas características.
A partir de ello,
Ignacio Ortiz comienza a construir la historia. En esta primera
idea argumental surge un tema que me interesa muchísimo el
problema indigenista. Sin embargo, eso hace que se pierda el mestizaje,
somos una sociedad de 300 años, se habla del nacionalismo
pero el problema es que un mestizo en continuo movimiento todavía
no se encuentra; ni es indígena ni criollo dueño de
los medios económicos, el dueño de la cultura, es
alquien que está absolutamete en un limbo. Llegué
a la conclusión de que no hay indigenismo autóctono,
de que existe un mestizaje dado por el cristianismo y la Coca Cola,
son los dos grandes elementos que han mestizado a México".
"A partir de
ello surgió la necesidad de abordar la historia de este país
a fondo; todo un periodo que ha sido olvidado, la Reforma, que es
cuando ocurrieron grandes cambios. Otro gran hecho histórico
es la revolución mexicana y el viaje de los primeros braceros
a Estados Unidos.
Lo que me interesaba
era a dónde va a ocurrir todo esto, en un lugar con la suficiente
capacidad de servir de eco histórico, por esa necesidad decidí
la locación en Oaxaca, Marcos Pérez, un pueblillo
en la mixteca que no aparece ni en el mapa". A la pregunta
si es una película basada en hechos históricos pero
sostenida en una ficción responde que sí: Es
una trama ficticia donde los hechos históricos son el telón
de fondo.
El cineasta dice
que la búsqueda del presupuesto fue la segunda parte de la
aventura: Busqué presupuesto, contacté con diferentes
compañías productoras y todas decían que no
podían producirlo. Decidí meter el proyecto a Imcine,
para concursar por un financiamiento de Foprocine (Fondo de Producción
para el Cine de Calidad).
Se aprobó
un primer apoyo de 300 mil dólares, obviamente que con este
dinero no se hace una película. Para acceder al fondo del
Imcine debía hacerse a través de una compañía
productora y como no había la posibilidad de involucrar a
ninguna productora, porque no aceptaban el guión, decidimos
formar Malayierba Producciones", conformada por Carlos
Carrera, Javier Patrón e Ignacio Ortiz, que han trabajado
juntos desde la cinta La mujer de Benjamín, La vida conyugal,
Sin remitente, para acceder al dinero y producir Cuento de hadas
para dormir cocodrilos.
La escasez de dinero
obliga al director a reelaborar el guión. Ortiz precisa que
el presupusto real para que pudiera hacerse la película era
de dos millones de dólares. El asunto era o me esperaba
a conseguir los casi dos millones de dólares o me aventuraba
a filmar con el apoyo dado por Foprocine: nos aventamos a filmar
y vino la reestructuración del guión de acuerdo al
presupuesto que existía.
Pensando en un ejército
de cien franceses que avanzaban sobre territorio mexicano decidimos
que uno solo debía representar a todos. Pensando en toda
una secuencia sobre la revolución con jinetes se me ocurrió
que un solo revolucionario podría funcionar. Adaptamos el
guión al presupuesto a 800 mil dólares".
La compañía
consigue otro apoyo de Foprocine de 450 mil dólares.
La posproducción es otro episodio de esta aventura: Vino
otro nuevo apoyo de Foprocine, no había forma de parar la
película, porque se perdía todo. Foprocine aportó
otros 300 mil dólares, destinados a servicios, salarios,
el costo total fue de 900 mil dólares".
El proceso cinematográfico
no termina cuando concluye una película sino cuando la cinta
está en contacto con su público, sostiene Ignacio
Ortiz: "Creo que hay una mitad de responsabilidad del espectador
para que exista el cine no solamente de los hacedores sino también
de los espectadores".
Al pregunatrle su
opinión acerca de la distribución de películas
en este país. Ignacio Ortiz responde: "El desarrollo
del cine mexicano también depende del espectador, en cuanto
éste vea cine mexicano se volverá crítico.
Un ejemplo es el Festival de Cine de Guadalajara, donde hay un premio
del público, éste se muestra activo. Una parte de
la responsabilidad la tiene el Estado, de poner en contacto al público
con el cine".
¿Por qué
el distribuidor? "Porque hay que hacer otra erogación
como son las copias, cada una cuesta en promedio mil dólares,
entonces alguien debe poner ese dinero, supuestamente es la función
de los distribuidores, luego viene la promoción, avisarle
al espectador que se proyecta la película, es obligación
del distribuidor".
Negociaron con Artecinema
para que Cuento de hadas para dormir cocodrilos se exhiba a principios
de febrero de 2003. Su director dice que "lo que más
me interesa es una bien organizada campaña de difusión,
no estoy diciendo que inviertan millones de pesos, simplemente que
se organice sin gastar tanto dinero, por ejemplo, hacer entrevistas
en los medios".
La gran paradoja
es que luego de ganar siete diosas de plata, aún el gran
público no la puede ver. A lo que Ignacio Ortiz responde
que no es un problema del Estado, pues ya cumplió su función:
la produjo, el siguiente paso es asunto de los distribuidores.