Con ánimo renovado, con resultados
y cifras que semejan buenas intenciones por recaudar más y
combatir la evasión, Hacienda advierte que incrementará
sus acciones fiscalizadoras.
Para Juan Carlos
Tamayo Pino, procurador fiscal de la Federación, el incremento
de la evasión fiscal en México y de otros delitos
que afectan al erario federal están vinculados con la impunidad
y los órganos de impartición de justicia, por lo que
anunció que la Secretaría de Hacienda apretará
su labor fiscalizadora, sin caer en el terrorismo fiscal.
En entrevista, el funcionario se niega a llamar por su nombre a
los grandes evasores del fisco, pero advierte que las autoridades
han identificado otras fuentes de evasión.
Se trata, dice, de algunas organizaciones no gubernamentales las
llamadas ONGs y asociaciones filantrópicas, que
están en la mira de la Secretaría de Hacienda para
su auditoría.
La defraudación fiscal durante años ha originado
debates muy importantes al gobierno federal y obviamente en materia
de recaudación, porque están muy vinculados con aspectos
de impunidad que han prevalecido en el país.
Según el procurador fiscal durante el sexenio pasado algunos
de los casos más sonados de evasión y defraudación
fiscal como el del exbanquero Carlos Cabal Peniche estuvieron
relacionados tanto con la fijación de las cauciones como
con los requerimientos en los plazos para la atención de
algunas querellas.
Por ello ahora, y como una forma de evitar la evasión fiscal,
la Secretaría de Hacienda aplica multas y recargos superiores
a 23%, nivel sumamente gravoso. La misma política de tasas
altas pide que este criterio se aplique en materia de cauciones
en contra de los defraudadores del fisco.
Los recargos, asegura el procurador fiscal, compensarán parte
de lo defraudado cuando los sujetos se administren o financien a
costa del erario público. No están invirtiendo
en la bolsa, están defraudando a la sociedad y están
atentando contra los programas sociales.
Juan Carlos Tamayo Pino justifica estas acciones contra la impunidad,
cuyos resultados por cierto no han dejado satisfecho a nadie, o
a casi nadie, salvo, claro, a las autoridades: Más
que presentar en este momento alguna reconsideración de cómo
actuamos las autoridades relacionadas con la impartición
de la justicia, tendríamos que volver a revisar las instituciones
que tenemos y volver a redefinir qué es lo que queremos hacer
con ellas para poder darle un mejor cauce a estos temas.
Tamayo Pino asumió hace un año la titularidad de la
Procuraduría Fiscal de la Federación, cargo en el
que sustituyó al controversial abogado Gabriel Reyes Orona,
quien afirmó que ya tenía identificados a más
de 300 peces gordos evasores fiscales que
pronto pisarían la cárcel. Pero eso sólo quedó
en su mente y en sus declaraciones.
Más prudente que su antecesor, Juan Carlos Tamayo Pino sólo
ilustra con cifras los resultados de las acciones de la institución
durante el periodo que le ha correspondido trabajar al frente de
la misma.
En casos de lavado dinero, delito que va aparejado, o al menos puede
investigarse paralelamente, el funcionario indica que se tienen
47 asuntos que representan mil 700 millones de pesos, cifra que
equivale casi al volumen de las 26 querellas que en materia de defraudación
fiscal resultaron favorables al fisco en este año y que son
del orden los mil 400 millones de pesos.
Para el 2003 se tienen por ejecutar 152 órdenes en materia
de evasión, algunas de las cuales alrededor de 20
corresponden a personas que están fuera del país,
los llamados extraditables.
A este respecto se habla de 6 mil 708 millones de pesos. Juan Carlos
Tamayo asume el compromiso de presentar los resultados y avances
sobre estos casos al término del primer semestre: Muy
probablemente voy a tener que decir que de los 20 señores
hoy hemos avanzado todo este trámite.
El procurador hace referencia a que los gastos para perseguir y
castigar a los evasores fiscales se han incrementado de manera exponencial.
Sin embargo, si evaluamos los costos que genera al gobierno
federal es por demás rentable hacerlo, porque estamos hablando
de lo que puede ganar la sociedad.