Contrapoder

1a quincena Octubre 2008

De Fernández a Tatto, la corrupción panista

Álvaro Cepeda Neri

 

A pesar de las apariencias y reales coincidencias y continuidades entre el foxismo y el calderonismo, no cabe duda que son las dos caras de la misma moneda ultraderechista y derechista que engañaron a los ciudadanos, quienes con su voto pensaron que la alternancia presidencial solucionaría el problema de los 71 años de la monarquía sexenal hereditaria.


El despotismo autoritario obregonista-callista, relativizado por el populismo autoritario del cardenismo, se transformó al paso de los sexenios (1940-2000) en regímenes presidenciales más autocráticos y depredadores desde el alemanismo; y populistas-corporativos hasta el parteaguas sangriento del diazordacismo que alumbró al tal para cual de la demagogia del echeverriato al lopezportillismo, para abortar, con De la Madrid-Salinas-Zedillo, la “modernización” del capitalismo salvaje conocido como neoliberalismo económico a la par de una creciente criminalidad gubernamental.


El Partido Acción Nacional (PAN), nacido del callismo en 1939 y del matrimonio de los Gómez Morín con los resabios del movimiento cristero y el empresariado derechista-religioso, se presentó, durante sus 61 años de oposición, como la opción moralizadora, más proclive a la honestidad que a la honradez –que no es lo mismo–, para cristianizar el poder político y en busca de la salvación de las almas a través de la transformación del Estado laico en una teocracia, sometiendo la nación no a la Organización de las Naciones Unidas, sino al Stato della Citta del Vaticano, para obedecer al papado.


Así, los panistas, se pasaron la estafeta, se presentaron como la opción electoral que “salvaría” al país del priismo, y que Salinas y Zedillo (la mancuerna de la ejecución de Colosio) habían llevado a sus últimas consecuencias políticas y económicas con un saldo pavoroso de empobrecimiento masivo.


“¡Alternancia!” y “¡transición!” fueron los gritos cuando el foxismo, por escaso margen, logró su victoria en las urnas. Fox y su Asalto a palacio (el libro del empresario derechista Guillermo H. Cantú Charles) sorprendió la buena fe del electorado que llegó a creer (sin pensarlo) que al menos significaba avanzar al umbral de esa alternancia-transición.


No fue así, porque Fox llegaba con una pandilla de ladrones y, en ese momento, con su amante Mart(h)a Sahagún, la ferozmente ambiciosa, ya con intenciones de ser la sucesora. Los dos con sus respectivos hijos, sobre todo los Bribiesca que aprovecharon al padrastro para enriquecerse de la corrupción y la impunidad.


Aunque siempre fuera de los reflectores, el actuario José Antonio Fernández Ortiz, con manipulaciones seudomilitares, ocupó, en la campaña, la presidencia y coordinación de la mafia Amigos de Fox, integrada por mariscales regionales y soldados (afiliados con millonarias aportaciones, incluso de financieros estadunidenses de la ultraderecha religiosa).


En las juntas se utilizaban “términos militares”. Tras el asalto a Los Pinos y a la Presidencia por los foxistas, Fernández Ortiz fue nombrado director del Procampo y luego titular del Seguro Popular. En ambos cargos, el actuario, que se embolsó las listas de Los Amigos de Fox y que tuvo acceso al padrón electoral, incurrió en una corrupción que el mismo Fox no pudo tapar. Fernández Ortiz fue inhabilitado por la Secretaría de la Función Pública.


Su expediente duerme en la PGR por orden de Fox y de Calderón, que le han otorgado impunidad; aunque el periodismo de investigación lo ha exhibido, en las columnas de Miguel Badillo, Oficio de papel, en las revistas Contralínea, Proceso y otros medios.


El caso es que, como lapa, a ese Fernández Ortiz, en calidad de asesor y secretario particular, todo este tiempo estuvo pegado el expriista Adolfo Blanco Tatto –con estudios apenas de secundaria–, pero astuto y quien antes de afiliarse al PAN foxista estuvo a punto de convertirse en perredista.


Siempre muerto de hambre, consiguió una chamba en la delegación Azcapotzalco (cuando su titular fue Luis F. Martínez Fernández del Campo, priista de pies a cabeza) para sobrevivir como “aviador”. Blanco Tatto logró zafarse de la investigación y tras un braguetazo (su segundo casamiento: sus suegros le pagaron viaje, estancia y misa en el Vaticano, con avión fletado de ida y regreso) se conecta con el calderonismo para –sin ninguna experiencia, aunque presume de “licenciado”– ser nombrado director general de Pronósticos Deportivos.


Embarrado de corrupción durante su complicidad con Fernández Ortiz, Blanco Tatto aprovechó las relaciones de su exjefe (ahora desaparecido, forrado de enriquecimiento ilícito y protegido por Fox y Calderón), escaló en la campaña calderonista vía un matrimonio panista y entró directamente con Felipe de Jesús Calderón Hinojosa.


Blanco –también de epidermis y a quien se le proyecta la sangre hasta ponerse colorado– usó su astucia, y ya montado en la poderosa empresa de sorteos, se alió con ciertos periodistas a los que les da publicidad y, como se maneja con cierta autonomía de Max Cortázar, vuelca sus promociones en los diarios que a cambio no lo critican.


Empero, dentro de Pronósticos Deportivos, empleados y funcionarios han filtrado información de muy probables malos manejos. Según dicen, la Secretaría de la Función Pública, al parecer, ha recibido órdenes de hacerse de la “vista gorda” para pasar de largo en sus auditorías al organismo, como lo hace con la Lotería Nacional.


La protección a Blanco Tatto hace que toda la corrupción anterior permanezca oculta para quienes tienen la obligación de auditarlo. La misma Comisión de la Cámara de Diputados, encargada de vigilar a Pronósticos Deportivos, elude, misteriosamente, verificar al poderoso organismo de sorteos.


Sus entradas millonarias no son exhibidas y no se reportan sus utilidades a los centros de beneficencia social. Esta información la estoy acumulando para seguir la pista de lo que parece ser una nueva corrupción.


El grupo que rodea a Blanco Tatto es de recomendados, parientes y algunos excolaboradores de Fernández Ortiz, para continuar la relación de mutuos favores del foxismo al calderonismo. La investigación desde la Función Pública y la Comisión Legislativa la ha de completar una exhaustiva información.


Ésta ya empezó con el trámite ante el Instituto Federal de Acceso a la Información, a pesar de que este órgano intermediario suele (con su presidente propanista) tapar a los empleados de Calderón, y más cuando sabe que son sus protegidos. Sin embargo, Contralínea intentará penetrar los archivos de Pronósticos Deportivos para sacar a la luz pública una rendición de cuentas de esa institución que ha pasado de manos foxistas a las calderonistas.


Hay síntomas y hechos de corrupción entre el que fue presidente y coordinador de Los Amigos de Fox, donde se capturaron miles de millones de pesos de los que nunca dieron razón; y de quien en Procampo y el Seguro Popular dejó un rastro de malos manejos del dinero que, a pesar de la protección foxista, fue investigado e inhabilitado por la Función Pública.
Durante ese sexenio, Adolfo Blanco Ta-tto estuvo como brazo derecho y derechista de Fernández


Ortiz y no fue investigado en su patrimonio que ha crecido mayormente, a pesar de que, hasta antes del foxismo, vivía de la caridad y andaba con una mano adelante y otra detrás. Esta corrupción panista se suma a lo que la pandilla de Fox y el actual grupo compacto de Calderón se han embolsado para inaugurar, en dos sexenios, la más escandalosa corrupción que va de Fernández Ortiz-Blanco Tatto a la de Mouriño-Nava.

 

 

Revista Contralínea / México

Fecha de publicación: 1 de octubre de 2008 | Año 7 | No. 111

 

 

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