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La SIEDO prepara un operativo para entrar a la casa donde se presume fue enterrado el periodista Alfredo Jiménez Mota, quien desapareció en abril de 2005. En una carta, un supuesto participante en el secuestro del reportero describe las torturas a las que éste habría sido sometido antes de ser ultimado. En la misiva, que ha abierto una línea de investigación en la oficina de la PGR, se vincula al presunto autor intelectual del homicidio con el gobernador de Sonora, Eduardo Bours
Enrique Aispuro
Una carta firmada por Saúl García Gaxiola, supuesto participante en la desaparición y muerte de Alfredo Jiménez Mota, dejó al descubierto el posible lugar donde éste habría sido sepultado. Fuentes vinculadas con la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO) reconocen la autenticidad del escrito.
Informan que se ha abierto una línea de investigación para encontrar los restos del reportero, levantado en abril de 2005, en un centro comercial en Hermosillo, Sonora. Señalan que la SIEDO negocia con García Gaxiola convertirlo en testigo protegido. El supuesto delincuente habría pedido “dinero y protección” a cambio de la información.
Funcionarios de la Procuraduría General de la República (PGR) dicen que se prepara un operativo para entrar a la casa de seguridad donde García Gaxiola asegura se encuentran los restos de Jiménez Mota. Y es que, afirman, el tema del periodista es prioritario para el presidente Felipe Calderón; para el titular de la PGR, Eduardo Medina, y para el subprocurador Noé Ramírez.
No obstante, a más de 40 días de que la procuraduría conoció el escrito –que enviara el gobernador de Sonora, Eduardo Bours Castelo, el pasado 10 de junio– el operativo aún no se realiza.
De acuerdo con las mismas fuentes de la PGR, el senador panista y precandidato a la gubernatura por Sonora, Javier Castelo, ha participado con la SIEDO en el esclarecimiento del crimen y ha intervenido en la presentación de varios testigos.
Jiménez Mota, reportero de El Imparcial de Sonora, desapareció el sábado 2 de abril de 2005. La última noticia que tuvieron de él en el periódico fue que iba a encontrarse con una persona, quien le pasaría información sobre el crimen organizado en el estado.
El periodista tenía 25 años cuando fue secuestrado. Fue jefe de prensa de la Policía Estatal Preventiva, en Culiacán, y luego reportero en los diarios Noroeste y El Debate. Hacía poco tiempo que había regresado a radicar a Hermosillo. En noviembre de 2004 entró a trabajar al diario, donde cubría la fuente policiaca y los hechos relacionados con el narcotráfico.
Javier Castelo Parada, senador por Sonora, dice que la desaparición de Jiménez Mota y su posible asesinato es un caso que impactó a la sociedad sonorense, porque es un atentado contra la libertad de expresión; “más cuando un periodista se atreve a tocar temas delicados sobre seguridad y crimen organizado”.
El legislador del Partido Acción Nacional considera que el reportero realizaba una labor “no sólo profesional, sino cívica y ciudadana” al ayudar a combatir el crimen organizado. En este caso, agrega, se comenta que el reportero contaba con información que involucraba autoridades estatales y locales, en particular las encargadas de la procuración de justicia, con el narcotráfico.
En la carta, García Gaxiola relata que fue Raúl Parra Enríquez –asesinado en abril de 2006, quien fuera jefe de los Números: célula local dedicada al narcotráfico– quien ordenó al sicario conocido como el Montoyita, asesinar al reportero y enterrarlo en la sala de una casa de seguridad ubicada en la colonia Villa Itson, en Ciudad Obregón.
El supuesto testigo refiere que Jiménez Mota fue torturado por Parra Enríquez, alias el 9, para que revelara quién le filtraba información sobre su persona y sus supuestos nexos con los gobiernos estatal y municipal.
En la carta se lee que Jiménez Mota, en medio de la tortura, habría dado el nombre de José Acosta Muñoz como la persona que le daba información sobre Parra y también le había prometido un video que inculpaba a jefes policiacos del estado.
La carta, de la que Contralínea posee copia, consta de nueve páginas escritas a mano. En el documento, García Gaxiola describe de forma detallada las últimas horas de vida del reportero, desde el momento de su secuestro, el 2 de abril de 2005, hasta su muerte, supuestamente ocurrida el seis de abril por la noche.
En la misiva, en poder de la SIEDO, García Gaxiola relata que el 9 advirtió a Jiménez Mota: “Mira, cabrón, aquí en Sonora por tu muerte no me hacen nada, porque desde Bours, hasta el procurador tienen un compromiso conmigo que no te imaginas, y nunca te van a encontrar”.
El testigo agrega que, previo a la advertencia de Parra Enríquez, el Montoyita le dijo al reportero que ese levantón era político, que todo estaba arreglado con el procurador Abel Murrieta.
Contralínea solicitó la postura oficial del gobierno de Sonora, a través de la oficina de Comunicación Social. Sin embargo, la administración de Eduardo Bours prefirió guardar silencio.
Altos mandos, supuestos involucrados
El senador Javier Castelo considera que el caso resurgió gracias a la carta firmada por el supuesto testigo del asesinato del periodista; pero, acota, serán las autoridades quienes realicen las investigaciones correspondientes para aclararlo, “en particular la parte donde se vinculan a mandos policiacos”.
El congresista dice que en Sonora se comenta que la publicación de la carta fue una estrategia del gobernador para “demostrar” que no esconde nada. “Pero lo importante será la respuesta de las autoridades, quienes a la fecha no han realizado ninguna declaración al respecto, aun cuando el escrito los incrimina”.
En la carta, García Gaxiola dice que el levantón fue planeado desde un racho en San Pedro, propiedad de quien identifica con el apodo de el Señor 2000. De ahí salieron rumbo a Hermosillo, escoltados por una patrulla de la judicial del estado, ahora Policía Estatal Investigadora.
Y fue en esa unidad donde Jiménez Mota habría sido transportado, con torretas abiertas, a la primera casa de seguridad, en Nogales.
Después, agrega, fueron tres policías municipales quienes les llevaron de comer a todos los que resguardaban el lugar, donde mantenían amordazado, de pies y manos, a Jiménez Mota.
García Gaxiola dice que “como a las dos de la tarde llegó el señor Raúl Parra Enríquez con varios agentes de la Procuraduría de Justicia del Estado (PJE), recuerdo a dos de ellos, se apellidaban Sánchez Lara y Valle Semental”.
Más adelante señala: “Como a las ocho de la noche del día seis de abril trasladamos al periodista a la casa de el Caribú (Armando Coronado Zazueta), en la colonia Villa Itson. Nos trasladamos en una Sonora blanca, dos patrullas de la PJE y tres de la municipal”.
En la carta, García Gaxiola recuerda que cuando llegaron a la casa de el Caribú había un hoyo en el centro de la sala. Minutos después, el Montoyita cumplió la orden de Raúl Parra y de un balazo en la nuca ultimó a Jiménez Mota, quien fue enterrado, completamente desnudo, en la excavación preparada para tal efecto.
Violentada,
la libertad de expresión
El senador Castelo dice que, durante su administración, Bours “no ha sido precisamente respetuoso de la libertad de expresión”. Recuerda que como diputado federal inició una campaña sobre las reformas estructurales del gobierno federal, la cual fue sacada del aire en la televisora estatal por órdenes del gobernador.
A decir de Castelo, los medios de comunicación locales están controlados totalmente por las autoridades estatales, y los independientes son perseguidos. “Contralínea es un claro ejemplo de ello, igual que el periódico Cambio. Es lamentable que en una democracia, donde la libertad de expresión es un elemento básico para avanzar, ésta no se dé en Sonora”.
A continuación, la transcripción de la carta manuscrita de García Gaxiola:
Hay ocasiones (en) que, cuando menos lo piensas, el destino te pone en lugares y horas inapropiados que luego te van a pesar. Tal es el caso cuando nos encontrábamos en el rancho del Sr. 2000, en San Pedro, y se nos dio la orden de alistar cinco vehículos y armas porque saldríamos a la ciudad de Hermosillo. Se me acercó a mí y me dijo que yo me subiera a una patrulla de la Judicial del Estado, ahora P.E.I. (Policía Estatal Investigadora) y que me acompañara un elemento nombrado Ignacio García.
Recuerdo que eran cerca de las 8:00 de la noche cuando salimos del rancho antes mencionado. Y así salimos para Hermosillo. En el camino me dijo Nacho que iríamos al centro comercial “soriana luis encinas”, que íbamos por una persona pero que no tendríamos problema alguno porque todo estaba arreglado.
Cuando llegamos a ese lugar, detrás de la patrulla venía el convoy de los cinco vehículos particulares, y enseguida de la patrulla venía una suburban de color oro con varias personas de negro y con pasamontañas. Luego se oyó por el radio, en clave: “La 37 que está parada casi en la entrada del cine contiguo al centro comercial”.
Nos dirigimos a él y lo acorraló el vehículo dorado, descendiendo estas personas que lo tomaron por sorpresa, subiéndolo a la unidad de la policía, donde él, asustado, me preguntaba de qué se trataba, y mi compañero le dijo que se callara porque se lo iba a cargar la verga, al mismo tiempo que le ponía las esposas. Después nos dirigimos de nueva cuenta por el Blvd. Luis Encinas subiendo por la izquierda al Blvd. Rodríguez para dirigirnos a la salida a Nogales, para volver al rancho del Sr. 2000, donde él nos esperaba.
Con la sirena prendida y las torretas de la unidad, se nos hizo más rápido llegar.
Llegando lo bajamos arrastrándolo y lo colocamos en una de las esquinas de un cuarto de aproximadamente 4 x 3 metros. En unos minutos llegó hasta el lugar El 2000 junto con su brazo derecho, el montoyita. Y nos dijo que le pusiéramos cinta gris en las manos y pies, y que le metiéramos un pedazo de tela en la boca, y también (que) le pusiera cinta gris en toda la cabeza.
Luego El 2000 hizo una llamada a su compadre diciéndole que ya tenía a la 37 en su poder, preguntando qué proseguía. Después se quedó callado y solamente dijo “así se hará compadre”.
Después nos dijo al Montoyita y a mí que nos fuéramos a la pista “la fortuna” y que fuéramos a hablar con Iván Domínguez, que es el propietario, y que le comunicáramos a esta persona que iba a llegar un aparato (avioneta) y que por lo tanto no debía haber ninguna persona que pudiera ver ese aparato. Luego nos regresamos al rancho y le dijimos al señor que su orden ya estaba 5.3. Siendo como 20 para las 10 de la noche subimos al periodista amarrado de pies y manos a la suburban color oro en la parte trasera.
Recuerdo que iba manejando el Montoyita, y de copiloto iba el guacho Iván; en el asiento de atrás, dos personas más, a las que yo no conocía.
En la unidad de la P.J.E. (Policía Judicial del Estado), misma que iba guiando a la suburban hacía la pista “la fortuna”, iba Nacho García, y uno que le apodaban El Chapito, “Carlos Ramírez”. Yo iba en la parte de atrás de la suburban, cuidando al periodista.
Cuando llegamos a la pista, enseguida llegaron dos avionetas: una de color blanco con café y la otra blanca con azul, de las cuales descendieron los dos pilotos.
De la nave azul descendió el piloto apodado “el Jairo” en la que subimos al periodista, acompañado de mí y del Montoyita; y en la otra subieron al guacho León y dos más que venían en la suburban, despegando rumbo a (Ciudad) Obregón, llegando aproximadamente a las 11:30 o 12:00 de la noche, recibiéndonos el Cheyas, o El 24, acompañado de un comando de 20 personas y varias patrullas de la municipal y como tres del estado. Subimos al periodista a una Sonora Blanca trasladándolo en compañía de nosotros a la Villa Itson, a la casa del Cheyas. Las calles no me es posible recordar ya que no estoy familiarizado con ellas. En este domicilio 10 estuvieron interrogándolo. El chapito Montoya le preguntaba el nombre de la persona que le daba información de Raúl Parra Enriquez (a) El Nueve, y él solamente contestaba que le llegaba información anónima.
El Chapito se enojaba y le preguntaba cuánto le había pagado Alfredo Salazar o Marcos Paredes y él sólo contestaba que nada, que él no conocía a esas personas, y enojado El Chapito lo golpeaba con un barrote de 4 x 4 pulgadas en los tobillos y en la espalda, repitiéndole las preguntas al tiempo que lo golpeaba.
En ese instante le sonó el celular al Chapito y repetía en varias ocasiones que no contestaba a las preguntas que le estaban haciendo al periodista, y lo seguía golpeando ahora con una pistola cromada super. Luego de tanto golpe que se le propinó, empezó a sangrar en la cabeza. Siguiendo con el interrogatorio, se le preguntó en varias ocasiones que le diera la información de unos videos donde incriminan a unos Jefes Policiacos que él había preparado, y que también había publicado que iba a sacar a la luz pública.
El Chapito le decía que este levantón era político, que todo esto estaba arreglado desde el procurador “Abel Murrieta”, mismo que ya estaba enterado. El periodista no dejaba de quejarse de los golpes; el gaucho León se subía al cuerpo del periodista y brincaba encima de él.
Le sonó de nueva cuenta el celular al Chapito. Contestó y se le ordenó que le dejaran en paz hasta otro día, ya que iba a llegar el señor Raúl Parra Enríquez “alias el 9”.
Toda esa noche se quedó en la casa del Cheyas. Al otro día, como a las 10 de la mañana, El Montoyita lo siguió torturando, le pegaba con las cachas en las muñecas de las manos. Recuerdo que como a las dos horas llegaron unos tres municipales de ese municipio, que nos trajeron comida a todos nosotros.
Como a las 2:00 de la tarde llegó el Señor Raúl Parra Enríquez con varios agentes de la P.J.E. Recuerdo a dos de ellos que se apellidan Sánchez Lara, y el otro Valle Semental (sic) y se metieron al cuarto donde estaba el periodista.
Me pidieron que lo levantara del suelo y lo sentamos en una silla; luego el señor Parra se sentó en la cama, y le preguntó El Nueve (9) que quien le daba información de Los Números. El periodista le contestaba que el informante no lo conocía, y que un funcionario del Gobierno, que era del ISSSTESON y que le entregaba las cartas. En ese momento Raúl Parra le pegó con una pistola en la cara y le dijo que se dejara de pendejadas, que él sabía que eran los Salazar y que lo iban a madrear hasta que dijera la verdad.
Después le ordenó al Montoyita que lo golpeara y lo empezó a torturar con una pistola: se la ponía en el cuello ahorcando al periodista, retorciéndose muy feo.
Otra persona que yo no conocía le pegaba en el estómago patadas, al mismo tiempo que le gritaba si iba a decir quién le daba la información, y le contestaba lo mismo.
Recuerdo que el periodista sangraba mucho por tanto golpe que estaba recibiendo. Gritaba que lo mataran y que por su madrecita santa que él solamente hacía su trabajo como periodista. En eso el Montoyita le pegó muy fuerte en la cabeza cayendo inconsciente. Le siguieron pegando patadas, hasta los P.J.E.
A los 10 minutos reaccionó. Dio el nombre de una persona llamada José Acosta Muñoz, que le entregaba información y le iba a dar unos videos de jefes de la P.J.E (ahora P.E.I) donde se iban con Los Números, (y) que el día 10 de abril se los iba a dar al periodista.
Pedía hablar con el jefe de Los Números y le contesta Raúl Parra Enriquez que para qué quería hablar con el jefe. El periodista le contesta que para decirle que era su trabajo, que nunca agarró dinero de nadie para hacerle daño. El Nueve le contestó que se dejara de mentiras porque un funcionario de Sinaloa le dijo que había salido huyendo porque no había respetado un trato, que le dieron dinero, que ese cuento no se lo creía.
Luego le gritó con coraje: Te voy a matar porque yo soy El Nueve (9), con el que estás hablando. Y ordenó que le quitaran la cinta: Para que por última vez me veas, hijo de tu puta madre. El periodista le dijo que no se metiera con su madre, que el problema era él, no su mamá, en eso le pegaron patada en la cara el Sánchez Lara. Se le mira con la cara muy destrozada, un ojo muy mal por los golpes y El Nueve le dice: Mira, cabrón, aquí en Sonora por tu muerte no me hacen nada porque desde Bours hasta el procurador tienen un compromiso conmigo que no te imaginas, y nunca te van a encontrar, y me dejo de llamar Raúl Parra Enríquez.
Luego nos ordenó que lo volviéramos a enteipar (sic) la cara. Recuerdo que nos pedía agua; el periodista, recuerdo, se orinó en los pantalones.
Se retiró El 9 y le dijo al Montoyita que lo matara, que Cheyas ya sabía dónde, que iba a Hermosillo a decirle a Abel Murrieta que no fuera hacerla de pedo y que les quitó un peso de encima.
Como a las 8 de la noche del día 6 de abril trasladamos al periodista a otra casa del Caribú o Armando Coronado Zazueta, a la colonia Villa Itson. Nos trasladamos en una Sonora Blanca, dos patrullas de la P.J.E. y tres de la Municipal a esa casa.
Cuando llegamos, se encontraban otras personas desconocidas para mí. Había una en la pared de la sala, otra en la pared que daba al patio, y en la pared que dividía la sala había un hoyo en el medio. A los 15 minutos que llegamos metimos al periodista hacia la recámara que está cerca de la sala, pues era de tres recámaras que tiene la casa. Una de ellas está a un lado de la segunda media sala, que se encuentra entrando a mano derecha de la casa. Luego el Montoyita le pegó un balazo en la nuca al periodista. Lo sacamos yo, Sánchez Lara y el Guacho León, arrastrándolo hasta la otra sala. Luego lo echamos al hoyo y le echamos cal, le quitamos toda la ropa, quedó completamente desnudo.
Nos retiramos, se quedaron en el lugar los P.J.E.
Esto que yo estoy escribiendo es la única verdad.
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Revista Contralínea / México
Fecha de publicación: 01 de agosto de 2008 | Año 7 | No. 107
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