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El problema de las tarifas eléctricas

Martín Esparza Flores*
Entre las muchas promesas hechas en la pasada campaña presidencial, una que tuvo buen impacto fue la de disminuir las tarifas eléctricas. Se crearon muchas expectativas que, al final, como todo, quedaron en la pura ilusión. La ayuda se reduce a crear un aparato llamado “oportunidades energético” que otorgará cien pesos bimestrales a los beneficiarios del programa.

 

 


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No hace falta mucha malicia para darse cuenta que esta “solución” no resuelve nada. El problema de fondo es la abusiva reestructuración de las tarifas implementada por el foxismo en 2002. Hasta antes de febrero de ese año, la tarifa doméstica constaba de tres pasos: del primer kilowatt (Kw). hasta el 150, tenía un precio; del 151 al 400, otro precio ligeramente superior al anterior, y a partir de los 401 Kw el precio de cada uno se triplicaba.

El 7 de febrero de 2002, el Diario Oficial publicó los nuevos criterios de cobro: la tarifa doméstica (o tarifa 1) conservó los tres pasos, pero los rangos se cerraron y los precios se dispararon. Cabe agregar que en el sexenio anterior, las tarifas se incrementaron a un ritmo promedio de 4 por ciento anual. De esta forma, la tarifa 1 autorizada para marzo de 2007 establece que los primeros 150 Kw costarán poco más de 62 centavos cada uno; de 151 a 250, el precio casi se duplica (1.028 pesos), y del 251 al 500 se va a más del triple (2.178 pesos).

Pero lo que no tuvo nombre fue la creación de la tarifa “doméstica de alto consumo” (DAC) para los consumos superiores a los 500 Kw. bimestrales. Su costo: un cargo fijo de 56.63 pesos más 2.449 pesos ¡por cada Kw. a partir del primero consumido! (tarifas oficiales para marzo de 2007).

Unos meses después de que entrara en operación la reestructuración tarifaria foxista, la Cámara de Diputados publicó su estudio “Tarifas eléctricas: impacto en los hogares mexicanos por el incremento de las tarifas eléctricas residenciales. Análisis por deciles de ingresos”, donde transcribía las siguientes palabras del Secretario de Hacienda y Crédito Publico: “Respecto a la pregunta: ¿la medida es un aumento de tarifas o una reducción de los subsidios?, Francisco Gil Díaz respondió lo siguiente: la política consiste en incrementar las tarifas eléctricas y su efecto será la disminución o eliminación de los subsidios para la población que consuma más… estableció que desde hace varios años se ha postergado la actualización de las tarifas eléctricas para ponerlas a la par con sus costos de producción, lo que ha propiciado que el monto de los subsidios gubernamentales haya crecido desmesuradamente” (www.cddhcu.gob.mx/bibliot/publica/inveyana/econycom/tarelec).

En ese estudio, la Cámara de Diputados concluyó que la población favorecida con el subsidio eléctrico se redujo, por obra y gracia del decreto presidencial, del 75 por ciento a poco mas del 27 por ciento de los hogares, y que la más afectada sería la clase media, que consumía más de 350 Kw al bimestre, pues pagaría entre 45 y 80 por ciento más por concepto de luz.

Además, podemos añadir, se propiciaron prácticas que rompen las normas de convivencia civilizada: ante lo elevado de las facturas se incrementaron los casos de manipulación de medidores, de fraude en el consumo. Por eso pudimos observar que el número de usuarios con tarifa DAC pasaron de 170 mil 581 en 2002, a 98 mil 571 en 2005. A fines de ese año de 2005, y durante 2006, se implementaron operativos por cuenta de Luz y Fuerza del Centro para corregir esta situación y en la actualidad ya contamos nuevamente con 175 mil usuarios en esta tarifa.

Dos datos extra: con base en resultados anuales se infiere que cada usuario de tarifa 1 pagó el Kw consumido a un precio promedio de 0.883 pesos, mientras que quien se ubica en tarifa DAC lo hizo a 2.138 pesos. El de tarifa 1 pagó a LyFC un promedio de mil 57 pesos en un año y el de tarifa DAC pagó 11 mil 389 pesos en el mismo lapso.

Salta a la vista que se trata de una profunda injusticia. Habrá quien diga: “Pues son los ricos subsidiando a los pobres”. Pero no es cierto. La clase media no es “los ricos”. No es rico quien consume 500, 600 o 700 Kw. Ya son tantos los electrodomésticos de uso común o la presencia de equipos de cómputo en los hogares, que no se requiere ser Carlos Slim para disfrutarlos. Al contrario, esta gente vive permanentemente endeudada para gozar de ciertas condiciones mínimamente dignas, como para que encima el gobierno insista en vaciarles los bolsillos. El mismo presidente de la CRE, Francisco X. Salazar reconoció que hasta ahora los propósitos que mueven a la Secretaria de Hacienda en materia de fijación de tarifas eléctricas son sólo de "ajustes presupuestales, es decir, si nos falta auméntalas y si nos sobra bájalas" (El Universal, 07/02/01).

Es urgente la intervención del Congreso de la Unión para eliminar la tarifa DAC y reordenar el esquema tarifario sobre nuevos criterios de justicia social y acordes con el momento que vivimos. No es justo que todo se cargue sobre los usuarios responsables y cumplidores y se hagan de la vista gorda ante los fraudes eléctricos millonarios que realizan las grandes empresas industriales y comerciales, como el recientemente detectado en el periódico Uno más Uno.

 

Secretario General del Sindicato Mexicano de Electricistas

 

Publicado: Mayo 1a quincena de 2007 | Año 5 | No. 78



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