En la prensa escrita se logra que permanezcan información y opiniones, documentalmente y al alcance de la mano, como testimonios de la vida diaria. Y como los extremos se tocan, entonces políticos y delincuentes tienen, entre otros puntos de coincidencias (robo, abusos, corrupción, impunidad) uno muy común: secuestrar y matar periodistas, con la macabra ilusión de que no fluya la información ni la crítica, lo cual es imposible ya que el relevo en la tarea periodística es constante.
“La vida del periodista –escribió Max Weber–, por lo contrario, es azarosa (abundante, pues, en peligros) desde todos los puntos de vista y está rodeada de unas condiciones que ponen a prueba la seguridad interna como quizás no lo hace ninguna otra situación... y, pese a todo, se encuentra entre ellos un número mucho mayor de lo que la gente cree, de hombres (y mujeres) valiosos y realmente auténticos”.
Desde el salinismo criminal, hasta su relevo por el PAN, las delincuencias aumentaron su poder económico y armamento, y el ataque a los informadores creció. Desaparecen misteriosamente reporteros que publicaban sus investigaciones sobre políticos. Y los homicidios están a la orden del día. No se ha perdido la cuenta, pero durante el foxismo hubo secuestros y homicidios de periodistas, sin que a la fecha se sepa sobre sus autores, y mucho menos si los primeros fueron realmente asesinados. Hay denuncias penales en la PGR, de cuando el foxismo y ahora con el calderonismo, que no prosperan por la complicidad y encubrimiento entre quienes ostentan cargos públicos.
La delincuencia organizada mata a plena luz del día, porque las policías, presidentes municipales, gobernadores y el presidente de la República están o parecen estar en un duelo simulado, y las únicas víctimas son quienes viven de su honrado trabajo y entre ellos, los mal pagados periodistas, sobre todo los reporteros.
El viernes 6 de abril, en Acapulco, tuvo lugar el homicidio de Amado Ramírez Dillanes, quien se desempeñó –nos informa la reportera Laura Reyes Maciel– como corresponsal de Televisa por 11 años y 20 como reportero en el puerto guerrerense. “El periodista recibió tres disparos de bala en la cabeza y uno más en la espalda” (El Universal: 7/IV/07).
Además de manipulaciones, censuras y “listas negras” desde Los Pinos, al frente de cuyas embestidas están Max Cortázar y Camilo Mouriño –los dos individuos de más confianza de Calderón–, se han archivado en la PGR, por órdenes de la Subprocuraduría de Derechos Humanos, las averiguaciones previas contra los gobernadores de Puebla y Sonora, porque así conviene a los intereses del calderonismo.
El homicidio de Amado Ramírez y el secuestro de Rodolfo Rincón del periódico Tabasco Hoy son, con las denuncias congeladas, ataques a los informadores durante el inicio de un sexenio derechizante que se echa encima de un proyecto para aprobar el aborto, mientras desatiende su obligación preventiva para evitar que por todo el país los sicarios del narcotráfico consuman homicidios y cada día disminuyan las garantías para quienes quieren sobrevivir pacíficamente, porque el gobierno federal y de las entidades han dejado de cumplir con su obligación policiaca. Y entre las víctimas están los informadores.
Publicado: Mayo 1a quincena de 2007 | Año 5 | No. 78
| Palabras dentro de este texto: |
| Álvaro Cepeda Neri, prensa escrita, robo, abusos, corrupción, impunidad, Max Weber, PAN, foxismo, policías, presidentes municipales, gobernadores, presidente de la República, listas negras, PGR, Amado Ramírez, Rodolfo Rincón, periódico Tabasco Hoy, aborto, sicarios del narcotráfico. |
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