Contralínea  

Nepotismo en el metro

Paulina Monroy
La corrupción y la discrecionalidad son ya practicas enraizadas en el Sistema de Transporte Colectivo Metro de la ciudad de México.

 

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Casi en su totalidad, las plazas laborales dentro del Sistema de Transporte Colectivo Metro (STC-Metro) están atenidas al nepotismo y a la arbitrariedad. Para los especialistas, el clientelismo del Sindicato Nacional de Trabajadores del Metro y la hegemonía del diputado local Fernando Espino Arévalo como líder sindical, van en detrimento de la calidad del servicio a los usuarios y las garantías de más de 12 mil empleados. 

Trabajadores del STC-Metro, que pidió omitir sus nombres, revelan que el ciento por ciento de las vacantes se dividen en un 90 por ciento a disposición del sindicato y un 10 por ciento a la dirección del Metro, encabezada por el ingeniero Francisco Bojorquez, de extracción panista: “Ese porcentaje que tiene el sindicato es para contrataciones de parientes, el resto lo maneja la empresa”. El margen reducido en las contrataciones por parte de la empresa se debe, en palabras de los operadores, a “la afiliación partidista del director del Metro que coincide con la de Espino”.

No así durante la jefatura de Andrés Manuel López Obrador, cuyas divergencias con Fernando Espino Arévalo -militante del partido Nueva Alianza, ex integrante del PRI y secretario general del sindicato por más de 25 años- provocaron además de un intento de desafuero para el entonces legislador priísta, la limitación de su poder sobre los puestos: “Espino ha estado peleado con el PRD y se dan con todo. Cuando llegó Andrés Manuel López Obrador a la jefatura de gobierno ya se habían sentenciado y todo fue muy restringido. No había manera de obtener contrataciones y se fueron a mitades la empresa y el sindicato”. 

Conjuntamente, la política de austeridad de AMLO contrajo la inversión para el Metro. “Los recursos eran recortados y desviados. López Obrador tenía la batuta en la mano y él decidía si orientar o no presupuesto.

“Obviamente cuando había alguien del PRI, Espino podía meter bien las manos en las plazas para sus trabajadores y contratos, y mediaba con la empresa para ver en qué se podía, o no, meter mano. Tenía manga ancha. Él ha tenido el control del Metro eternamente, y por él han corrido muchas oportunidades para que entren empleados gracias a sus allegados. Aparte goza de fuero que le permite ocultar todo tipo de situaciones anómalas”, describe los afiliados al órgano sindical.

En su opinión “siempre ha existido control de los sindicatos sobre sus empresas, en el sindicato los mismos trabajadores se turnan los puestos. Es una cadena que le va dar frutos a quien los emplea porque siempre va a tener el control de esa gente y de la que está por entrar”. 

También aseguran que “hay muchos trabajadores que están en desacuerdo con las políticas porque nos están dando en la torre. Estamos muy sujetos a los impuestos y en cuotas sindicales nos cobran alrededor de 70 pesos –el monto es mayor a la asignación para los miembros del SNTE–. Sí se llevan una buena recaudación”. 

Sindicato al viejo estilo

A la usanza de los llamados gremios “charros” o corporativistas, las relaciones de poder han mantenido al asambleísta legislativo, Fernando Espino Arévalo, como dirigente del Sindicato Nacional de Trabajadores de Metro. Elías Aguilar Bernardino, secretario general de la Universidad Obrera, sostiene: “Es un sindicato plegado al gobierno, con prácticas antidemocráticas y de corrupción que controla a los trabajadores para no permitirles una participación libre y amplia”.

El ahora vicecoordinador del grupo legislativo de Nueva Alianza, Espino Arévalo, se ha visto envuelto en irregularidades administrativas y tentativas de desafuero. Durante 2002 se reportaron las anomalías en que incurrió Espino, como una posible malversación de recursos por 6 millones de pesos, que se destinarían a la construcción de un balneario, una guardería y la adquisición de un autobús. Lo mismo se presumió para el caso de un centro vacacional en Ojo de Agua y un Centro de Desarrollo Infantil, obras que jamás fueron construidas. Además de una supuesta desviación de 700 millones de pesos por concepto de cuota sindical.

Más allá de las acusaciones y contrario a los intentos de los disidentes sindicales por destituirlo, Espino ha gozado de la protección partidista, como señala Aguilar Bernardino: “se mantiene en el puesto por las alianzas políticas y el apoyo del PRI y el PAN. Nueva Alianza es un desprendimiento del PRI y se solidifica a través de su poder sobre los gremios. Se entiende que así sea porque Espino representa una fuerza económica y política, y el Metro es una empresa que incluso es señalada como la ‘caja chica’ del gobierno. 

“La falta de democracia al interior facilita la corrupción y el manejo discrecional de las plazas que resultan en un servicio deficiente porque no hay una selección estricta de personal, sino que está permeada por prácticas de clientelismo y amiguismo en este sindicato”, considera el secretario general de la Universidad Obrera. 

Al respecto Aguilar Bernardino puntualiza: “Mientras las prácticas no sean transparentes, continuarán los vicios, el amiguismo y el compradazgo. Un sindicato está para defender los derechos de los trabajadores, no para hacer negocios o dar preferencia a ciertos grupos sobre otros. Deben favorecer a todos los trabajadores, para alcanzar mejores condiciones. Cuando no se realiza así, se abre la puerta para muchas anomalías”.

De esta forma, comenta que dentro del STC-Metro son recurrentes los robos de material por parte de los trabajadores, y la relación de los líderes sindicales en la contratación para adquirir equipo. También expone, que son escasas las asambleas para informar a los trabajadores sobre el estado del organismo, y el contacto entre la mesa directiva y los empleados de base es nulo. “Se dice que gente de Espino Arévalo mandó rayar los vidrios de los vagones para justificar que no había mantenimiento y presionar así para la obtención de prerrogativas”, declara.

“Todos los sindicatos corporativos son antidemocráticos y caen en el manejo turbio de recursos. Además hay trabajadores que, en su intento por expresar su descontento con la dirigencia, han sido despedidos porque los consideran empleados conflictivos”.

Aguilar Bernardino observa que el temor de que el Sindicato Nacional de Trabajadores del Metro se democratice no tiene justificación. A su parecer, “no hay visos para que se corrijan las anomalías a no ser que el gobierno del Distrito Federal incida en ese sentido, pero es complicado. Con todo y que el gobierno es perredista, desde que la oposición tomó el poder no ha habido un cambio sustancial porque se enlaza el poder sindical y político”. 

Desde ese tenor, la doctora María Carmen Macías Vázquez, investigadora del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, señala que en la sindicalización de los trabajadores del Estado “se puede palpar más la relación matrimonial e indisoluble entre la administración pública y los órganos sindicales. Ello representa una carga para el trabajador que pretende liberarse de esas prácticas que entorpecen la consecución de mejoras”. 

La especialista en derecho laboral refiere que pese a una reciente disposición de la Suprema de Corte de Justicia que modifica la figura de sindicalización única para trabajadores del Estado –reforma que se logró luego de que trabajadores del Metro interpusieron un amparo– “es uno de los campos más duros para lograr la democratización.

“Hay una distancia entre el Sindicato de Trabajadores del Metro y el gobierno del Distrito Federal. Fue y sigue siendo una práctica común del GDF esta reticencia hasta para llevar una relación como sujetos inmersos en una realidad. Se supone que en un gobierno de ese tipo, al menos como se ostentan, no debería existir esta negativa. Finalmente sus ideales tienden a la mejora de la sociedad”, considera Macías Vázquez.

Para la investigadora, hablar de organizaciones sindicales es hablar de corrupción: “Desafortunadamente se practica, y es reprochable porque en esencia las organizaciones sindicales públicas o privadas deben ceñirse al estudio, mejoramiento y defensa de los agremiados, pero se distorsionan estos objetivos, porque quienes están en las mesas directivas hacen uso de su poder para favorecer familiares, desgraciadamente es una práctica muy común”.

Alejarse de dichas costumbres es, desde el punto de vista de Macías Vázquez, complicado: “Separarse de algo que les fructifica es difícil y se sigue practicando pero ya no en una lógica de realidad porque los mismos integrantes sindicalizados no están de acuerdo con la actuación de sus directivos. Se necesita reinvidicar el sindicalismo a partir de la democracia para que se cumplan los estatutos de la Constitución. Pues solamente a través de los sindicatos el trabajador puede rescatar su nivel de vida y exigir un salario, ya no más acorde o decoroso, un salario que al menos le deje ir sin pena”.

Aun así “entre más haya un sindicalismo en donde los trabajadores no tengan el ánimo de participar, quienes estén al frente como dirigentes cooptarán esta debilidad en su provecho. En cualquier agrupación sindical habrá siempre alguien que trate de callar la voz de los empleados. Se tendrá que trabajar porque los sindicatos respeten derechos fundamentales”, advierte la especialista.

Metro: el declive

A pesar de ocupar el quinto lugar a nivel mundial en tamaño y el tercero en captación de usuarios –tan sólo durante 2005, el Metro transportó a mil 450 millones de usuarios– “el servicio del Metro va en decadencia”, afirma el diputado Jacobo Manfredo Bonilla Cedillo, integrante de la Comisión de Transporte y Vialidad de la Asamblea Legislativa. 

Un informe del STC-Metro en 2006 reveló que en siete años el subterráneo registró 745 incidentes referentes a fallas técnicas. “No se ha invertido el dinero necesario para mejorar las instalaciones, es un servicio deficiente”, reprocha el asambleísta panista.

Elías Aguilar Bernardino alega que el sindicato de trabajadores del Metro “sirve como muro de contención para la inversión”. Lo que podría tener un mejor resultado en cuanto a lo invertido en funcionamiento se ve limitado por el papel que juega el sindicato. Como el partido que está en el gobierno del D.F. es opuesto al partido del líder sindical, hay una especie de boicot mutuo que obstaculiza mejoras. Cuando Espino Arévalo amenazó con el paro laboral era porque lo querían enjuiciar y se defendió utilizando el aparato sindical. Esto provocó una ‘sangría’ a la inversión, que no dio el resultado esperado”, refiere. 

Aun cuando hubo un recorte a organismos autónomos capitalinos para aumentar la partida presupuestal del Metro, Bonilla Cedillo expresa que “se trata de un pequeño incremento para construir nuevas líneas y brindar un mantenimiento normal, no para optimizarlo ciento por ciento. El presupuesto es exactamente igual que el año pasado sin ninguna mejora. No hay un solo quinto para nuevos proyectos, obra nueva, mejorar estaciones o compra de vagones”.

Y es que pese a los 7 mil 572 millones de pesos destinados al Metro, el sistema de transporte colectivo deberá enfrentar un déficit de mil 150 millones de pesos, un pago de 650 millones como anticipo adquirido el año pasado por herramientas y equipo, y 500 millones para el pago de energía eléctrica correspondiente al próximo semestre.

Con todo el STC-Metro muestra subejercicios en años anteriores. Por ejemplo en las cuentas públicas 2003 y 2004 dejan ver recursos sin ejercer por mil 270 y 970 mil millones de pesos, montos que, en su momento, denunciaron diputados locales, “eran producto de la cancelación de adquisiciones de refacciones y accesorios mayores para los vagones”. Mientras que el Fideicomiso para el Mejoramiento de las Vías de Comunicación, figura fiduciaria encargada de la construcción de segundos pisos, cuadriplicó su gasto en esos ejercicios fiscales.

“Hay contradicciones en el gobierno del Distrito Federal. Su intención es ayudar a ciudadanos con bajos recursos, pero no mejoran la inversión para transporte urbano, en su lugar prefieren construir mega obras”, subraya el integrante de la Comisión de Transporte y Vialidad.

“Habría que hablar de las situaciones típicas del sindicato, cualquier abuso por parte de un patrón debe ser castigado. Son temas que podríamos discutir y trabajar en la Asamblea Legislativa, ahí está Espino que, además de diputado, es líder sindical”, concluye Bonilla Cedillo.

 

Publicado: Marzo 1a quincena de 2007 | Año 5 | No. 74



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