Aún dentro del lapso para enjuiciar políticamente al señor Vicente Fox, representados por los últimos nueve meses del año pasado, bastarían los hechos contra los periodistas durante su mal gobierno para deslindarle responsabilidades. Aparte, el haber dejado la desaparición de un reportero sin investigar a fondo, para encubrir al (des)gobernador Robinson-Bours de Sonora. Así también los homicidios de más de cinco comunicadores. Y el sinnúmero de agresiones, inquisiciones judiciales –como la enderezada contra Proceso, finalmente absuelto–, e inquisiciones administrativas, son suficiente catálogo para que ya estuviera respondiendo Fox por sus abusos y omisiones para dañar a la prensa escrita.
Esa prensa fue la única que salió al paso de los excesos foxistas y por eso se ganó la animadversión de la mafia presidencial. El PAN no resultó tan democrático como presumió en su medio siglo de partido opositor; en cuanto (más por la mala en la elección presidencial que por la buena) irrumpieron en los cargos públicos, mostraron su intolerancia a las libertades de información y crítica. Desde su toma de posesión, los foxistas, encabezados por el mismo Fox, se dedicaron a entorpecer las funciones de los medios de comunicación impresos. Contra estos se volcó la insidia y, para dárselas de “racionales”, ejercieron inquisiciones administrativas y judiciales, prohibidas por la Constitución, para tratar de mellar el filo de los derechos a informar verazmente y de libre opinión para analizar y criticar las decisiones gubernamentales.
“Si 2006 fue –como dijo el doctor José Luis Soberanes, presidente de la CNDH, a la Comisión Permanente del Congreso de la Unión– un año negro para el periodismo, yo agregaría (dijo Raúl González Pérez, de la Visitaduría de Quejas por Agresiones a los Periodistas de la misma CNDH), que no solamente 2006, sino que ya desde 2004 y 2005 se venía prefigurando esa tendencia de años negros” (El Financiero: 15/II/07).
Nada más en Sonora el mal gobierno plutocrático y oligárquico de Robinson-Bours tiene en su haber la venta obligada del periódico Cambio-Sonora por la actitud crítica con veraz información que mantenía contra la conducta del desgobernador. Y también, la desaparición del reportero Alfredo Jiménez, de El Imparcial, sin que a la fecha ni la Procuraduría sonorense ni la PGR, de Fox a Calderón, hayan encontrado siquiera una pista.
La narcopolítica, es decir, las complicidades entre capos y funcionarios, ha hecho uno de sus blancos preferidos a los periodistas que informan sobre sus conductas. “No podemos –dijo González Pérez–, descartar a los agentes del gobierno, sobre todo aquellos de las corporaciones policiacas, como agresores de los periodistas, porque es público que muchas de las agresiones que se identifican como provenientes de agentes del crimen organizado suponen la convivencia y connivencia que tales grupos tienen con los cuerpos policiacos”. Y González Pérez se queda corto, porque la narcopolítica se da desde los gobernadores quienes sellan el compromiso con los capos para “pescar a río revuelto”. Una vez más es el caso de Robinson-Bours y de cuyas actividades dio cuenta Contralínea-Sonora de marzo pasado. Así que sobre todo los últimos años del trienio foxista, la prensa: editores, reporteros y demás periodistas sufrieron el ataque del foxismo para impedir la crítica e información que señalan los abusos del poder.
cepedaneri@prodigy.net.mx
Publicado: Abril 2a quincena de 2007 | Año 5 | No. 77
|