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¿Acuerdo o desacuerdo nacional?

Álvaro Cepeda Neri

“...yo me había dado prisa en ocupar mi lugar acostumbrado en los bancos altos del centro izquierda. Siempre he tenido por norma que, en los momentos de crisis, no sólo hay que estar presente en la asamblea de la que se forma parte, sino que es preciso mantenerse en el sitio donde habitualmente se os ve”.

Alexis de Tocqueville

 


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Estamos metidos hasta el cuello en una crisis general de fundamento principalmente político. Y solamente una decisión, con todos los riesgos a derecha e izquierda pasando por el centro del pluralismo ideológico, podría convertir la lucecita que se ve al fondo del túnel en una salida y no que sea un tren que a toda velocidad viene hacia nosotros como nación. Una nación cuyo cemento, cuando menos, presenta muy serias cuarteaduras, sobre todo porque más de la mitad de la población (y somos ya 103 millones y pico) y cuya cifra rebasa los 70 millones, sigue pagando las consecuencias del empobrecimiento masivo, y en estratos medios pobreza en sus diversas modalidades. Somos, pues, dos naciones en un país. Un país en quiebra, también, económica.

Somos dos naciones en un territorio partido o dividido en dos países. Y que al parecer, coincide, geopolíticamente, con la separación mundial del norte rico y el sur pobre, en el contexto del capitalismo más o menos racional y depredador del Grupo de los 7 con sus satélites. Y el capitalismo salvaje del neoliberalismo económico que la globalización, vía la radicalización del libre comercio y el libre mercado, impuso a los países-nación exportadores-explotadores de sus recursos naturales, con sus pueblos atrapados en el moderno subdesarrollo, sin mayor crecimiento ni desarrollo económico; con desempleo, víctimas del narcotráfico, la inseguridad colectiva para mantenerlos aterrados por el miedo y sus cúpulas políticas, de izquierda y/o de derecha, mayoritariamente alineadas con la despiadada voracidad empresarial (desnacionalizada) y bancaria-financiera internacional.

A lo mejor otros analistas (que los hay, pero sin haber todavía presentado un panorama completo) han visualizado lo que con retrospectiva y perspectiva histórica ha logrado Manuel Camacho Solís, con su libro: El desacuerdo nacional. Orígenes, consecuencias y propuestas de solución (edición Santillana Ediciones Generales y Aguilar.-2006). Es, en gran medida, una biografía política, centrada autobiográficamente, por cuanto que el autor ha sido, más que espectador, actor del drama mexicano y cuyo parteaguas histórico, del país como nación-sociedad, gobierno y Estado, indudablemente fue -en el contexto mundial de 1968-, en palabras y la conceptualización de Immanuel Wallerstein: 1968: revolución en el sistema-mundo. Tesis e interrogantes, el origen de una crisis que, aumenta y disminuye, pero que se resiste a concluir, hasta que no tomemos decisiones de fondo.

Eso exige e implica liquidar las persistencias del antiguo régimen, por lo que hace a sus consecuencias autoritarias y que pensamos se daría con la alternancia (frustrada en 1988) y malograda en el 2000, para desbrozar el camino hacia la implantación de la transición a más democracia para ir resolviendo “con más democracia los problemas de la democracia”. Camacho Solís acomete, con éxito intelectual y político, la revisión crítica de las políticas públicas y privadas que, por última vez se conjuntan en el lapso final (1970-1982) del ortizmenista “desarrollo estabilizador”. De esto parte el autor del libro y con su arsenal teórico de economía, abrevando en la historia del pensamiento y las prácticas políticas democráticas y del liberalismo político (aunque sospecho que sin mucha ni poca información del republicanismo) va penetrando los fenómenos que han embarazado la crisis que ahora mismo nos planteó la división-separación entre pobres y ricos.

En ocho capítulos Camacho Solís nos presenta su concepción del mundo mexicano (la weltanschauung, atinado concepto acuñado por Immanuel Kant). Y con planteamientos políticos, económicos, sociales y culturales, ordena los dispersos fenómenos, para irlos analizando desde la retrospectiva de “por qué y cómo se deslegitimó y agotó el régimen político... para comprender el momento actual” y cuyo factor común, deduce certeramente Camacho Solís, es “el desacuerdo nacional” y se da a la tarea de “Explicar las razones del desacuerdo y llamar a un diálogo nacional” como temas del estudio. Es, a pesar de sus un poco más de 350 páginas, un ensayo, más que largo por sí mismo, de largo alcance sobre nuestra nación-mundo (con la venia de Braudel).

Nos propone un abanico de decisiones para resolver la crisis general que, tocquevilleanamente, y sin metáfora alguna, significa que estamos “sobre un volcán, estoy profundamente convencido de ello” (discurso del 29 de enero de 1848, vísperas de la segunda Revolución en Francia). El autor fundamenta, a lo largo de su investigación, del pasado inmediato y el presente que rebasa el futuro inmediato, que “En el horizonte se prefigura una crisis que se debe evitar. Sin crecimiento, con una política excluyente y cerrada, sin justicia imparcial (y debió agregar: republicana y democrática) sin diálogo verdadero, el país no llegará a su centenario, al 2010, sin una conflagración mayor que, en las condiciones actuales de la sociedad y del mundo, no resistiría”.

Párrafo que bien se complementa con aquel de Tocquevielle: “Creo que yo percibía más claramente que cualquier otro las causas generales que empujaban a la monarquía de julio (aquí debe sustituirse por: la monarquía presidencial sexenal) por la pendiente, hacia su ruina. Lo que no veía eran los accidentes que iban a precipitarla en ella. Pero los días que nos separaban aún de la catástrofe se sucedían rápidamente”. Y logra vislumbrar “que la tempestad está en el horizonte... avanza sobre (nosotros)”. Es gravísimo que el discurso El desacuerdo nacional no sea un libro que genere discusiones. No hay debate. Ni críticas. Tenemos un vacío a diestra y siniestra.

Y es que los prejuicios ideológicos y las ojerizas en los medios de comunicación escritos, orales y audiovisuales han decretado un silencio, únicamente porque su autor participa en la disputa electoral en el ala republicana, democrática y constitucional versus el liberalismo conservador donde militan los intelectuales orgánicos, el partido oficial y los grandes intereses económicos dispuestos, en su complicidad por asegurar la sucesión calderonista-foxista-panista, a ignorar y en última instancia, combatir a la oposición, desacreditarla e impedirle una competencia equitativa en elecciones libres, para imponer la continuidad de la facción calderonista, mientras más nos adentramos “en una crisis más complicada que las de las últimas décadas. La diferencia está -puntualiza certeramente Camacho Solís-, en que antes hubo gobierno para conducirlas y resolverlas; hoy no lo hay”.

El libro no tiene desperdicio. Es para leerse. Y estudiarlo, reflexionando sobre las propuestas, ahora mismo que hemos entrado de lleno a la crisis general y que, a la cita de Max Weber, hecha por Camacho Solís, no cabe duda que debe continuarse con las que finalizan su ensayo sobre la política y el político, en el momento cuando sea el candidato oficial o el de la oposición el declarado victorioso o que se anulen las elecciones: “Lo que tenemos ante nosotros no es la alborada del estío, sino una noche polar de una dureza y una oscuridad heladas, cualesquiera que sean los grupos que ahora triunfen”. Y más aún será la tragedia, si en lugar de limpiar los resultados se insiste en imponer, con toda la ilegalidad e ilegitimidad, al candidato oficialista.

Prevalecerá el desacuerdo nacional, como lúcidamente lo ha planteado Manuel Camacho Solís en su libro, donde va escalando los problemas y ofreciendo, a manera de propuestas abiertas a la crítica y el enriquecimiento, las posibles soluciones en busca de “la necesidad de un nuevo acuerdo nacional”. Esto, claro, con base en sacar de las urnas una elección imparcial para consolidar un liderazgo político ampliamente sustentado en un proceso electoral sin las persistencias del antiguo régimen.

 

 

Publicado: Septiembre 1a quincena de 2006 | Año 4 | No. 63



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