Además, apunta la mayoría, los argumentos que sostiene Sergio Alonso Dorantes son bastante sólidos para entender que estamos ante un asunto que trata de resolverse “como sea”, pues detrás del asesinato de Alejandra Dehesa Pérez Reguera (2003) se encuentra la presión de la revista estadounidense Newsweek, de la cual ella era administradora.
Recientemente vimos como el gobierno mexicano usó a la Policía Federal Preventiva (PFP) para entrar a Oaxaca, luego de ser ultimado Bradley Ronald Will, corresponsal de la agencia Indymedia.
Este tipo de acciones son muy comunes en los gobiernos tercermundistas. Éstos para quedar bien con el imperio, hacen lo que sea supuestamente resolviendo asuntos en donde ni siquiera entienden qué ocurrió. La voz del amo, como en aquellos anuncios de los tocadiscos RCA Víctor de los años 50 y 60 del siglo pasado, es atendida sin mediar ni argumentos válidos ni pruebas sólidas.
Resulta, por lo que explica el fiscal del gobierno capitalino, Bernardo Bátiz, “un caso muy extraño porque no existen suficientes pruebas contra Sergio Dorantes”. Por lo tanto, nadie se explica el porqué de la orden de aprehensión contra nuestro compañero.
Menos cuando al parecer hay elementos sólidos para que se hable de un testigo pagado, contradicciones entre jueces y agentes del ministerio público y, como siempre lo que todos sufrimos, la prepotencia de las policías encargadas de investigar.
No se olvide que de cada cien delitos cometidos, sólo en un caso se detiene al aparente culpable y muchos de ellos son chivos expiatorios.
Los diferentes periodistas, independientemente de su relación con Sergio Alonso Dorantes, exigen, en verdad, justicia real y a fondo para el caso de éste y Alejandra Dehesa. Y felicitan a Contralínea por sus aportaciones que, una vez más, dan cuenta de lo torcido que está el sistema judicial mexicano (como se dice en la portada).
Otros casos
En la misma línea, diversos compañeros de la tecla desean que el quincenario dirigido por Miguel Badillo haga un recuento de los 20 asesinatos de quienes ejercemos este maravilloso y peligroso oficio.
Sería oportuno, insisten, en ir llevando a cabo los balances del sexenio que terminará muy mal, a pesar de que Fox, Marta y sus corifeos digan lo contrario. En este campo, hubo un número más elevado de reporteros que perdieron la vida en relación con el sexenio pasado, sobre todo a manos del narcotráfico. Y a pesar de los diferentes gobernadores de los estados que dijeron investigarían los hechos, de los supuestos llamados presidenciales de respetar y proteger la libertad de expresión e investigación y de una fiscalía para la defensa de quienes divulgan acontecimientos, todo quedó en palabrería, deseos de salir en los medios y un gasto inútil acerca de un problema que es fundamental para la democracia de cualquier país: el poder enterarse sin cortapisas de los graves sucesos nacionales.
Felicitaciones por lo de Oaxaca
El lector Erasmo Ramírez, maestro de aquella entidad, dice que una de las pocas coberturas serias y profesionales acerca del grave conflicto que padecen es la que encontró en este impreso. Ello porque no sólo es claro que Ulises fracasó en toda la línea y Fox trató de negar el conflicto, sino porque incluso Felipe Calderón mostró que es un político cualquiera al tratar de capitalizar la sangre derramada y las contradicciones y problemas actuales. Desde luego, insiste nuestro lector, el asunto no será tan fácil de resolver ni les resultará ganancioso a muchos. Más bien habrá que esperar, ya que la decisión de cientos de miles de paisanos quedó de manifiesto en la impresionante marcha del domingo 5 de noviembre.
Estará atento Ramírez a los próximos reportajes de Ana Lilia Pérez.
Publicado: Noviembre 2a quincena de 2006 | Año 5 | No. 68
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