En México la estabilidad social está en riesgo: ninguno de los tres candidatos con mayores posibilidades de presidir la administración federal durante los próximos seis años cuenta con una propuesta consistente para combatir la pobreza, flagelo que afecta a la mitad de la población y que, de no atenderse, puede generar brotes de violencia, estiman algunos especialistas.
Las estadísticas oficiales sobre esta problemática, elaboradas hace un par de años por la Secretaría de Desarrollo Social, revelan que 48 millones 971 mil mexicanos padecen pobreza; de éstos, 18 millones 34 mil viven en pobreza extrema.
De acuerdo con el Informe sobre desarrollo humano 2005, elaborado por la ONU (que abarca esperanza de vida al nacer, tasa de alfabetización de adultos, tasa bruta combinada de matriculación educativa y producto interno bruto per cápita) México se ubica en el lugar 53, por debajo de países como Cuba, Argentina y Chile.
Según el documento, los mexicanos tienen como esperanza de vida al nacer un promedio de 75.1 años, la tasa de alfabetización de adultos es de 90.3 por ciento, la de matriculación educativa de 75 por ciento y el PIB per cápita es de 9 mil 168 dólares.
“Si observamos el saldo final del sexenio (de Vicente Fox) que comprende 48 millones de personas pobres, encontramos que no es posible hacer un país viable. El saldo ha sido malo, ha habido ineficiencia para resolver las necesidades sociales y esto tiene que ver con el hecho de cómo se distribuye la riqueza: en México, “la desigualdad en el ingreso es brutal y se ha mantenido a lo largo del tiempo”, explica el investigador Adolfo Sánchez Almanza.
El académico del Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) afirma que “más vale que quien llegue (a la Presidencia) resuelva ya las necesidades sociales porque acumular mucha presión social lleva el riesgo de que estalle de manera descontrolada. Si se van atendiendo esas necesidades disminuye la presión”.
Expertos en este tema reconocen que los punteros en las encuestas sobre preferencias electorales —Andrés Manuel López Obrador, Felipe Calderón y Roberto Madrazo— carecen de proyectos encaminados a abatir la pobreza, y esa puede ser una de las razones de que aumenten las posibilidades de que se generen brotes de violencia.
Y es que sin explicar cómo desalentarán los rezagos económicos de gran parte de la población, los candidatos de los partidos Acción Nacional (PAN), de la Revolución Democrática (PRD) y del Revolucionario Institucional (PRI) prometen reducir los índices de marginación y pobreza.
En el primer caso, Felipe Calderón propone transparentar el uso de los recursos del erario, aumentar la inversión y el empleo, cuidar la estabilidad económica, preservar el patrimonio público con tasas de interés que permitan promover la vivienda, mejorar los niveles de consumo y dar seguimiento a los programas de Oportunidades y Becas Educativas.
Para combatir la desigualdad social López Obrador, el candidato más identificado con los sectores más pobres del país y sus problemas sociales, afirma que regulará la economía de mercado con políticas de Estado, adaptará programas para establecer un crecimiento sostenido, generará empleos, garantizará el bienestar y promoverá la aplicación de un programa nacional de desarrollo social para las comunidades indígenas que será definido por región.
Y Roberto Madrazo sostiene el desarrollo del campo y buscará el progreso económico del “bolsillo” de la gente a través del consenso, el acuerdo y el trabajo político. Para el candidato de la "Alianza por México" la desigualdad es mucho más profunda que la pobreza por lo que impulsará el programa Progresa en las zonas más vulnerables.
Apuesta al corto plazo
Sánchez Almanza observa que en los planteamientos de los candidatos a la Presidencia de México hay dos posiciones: “la de Felipe Calderón y Roberto Madrazo es de continuidad, ellos han dicho que van a mantener la misma política del gobierno federal de Fox. La otra es la que plantea López Obrador que busca atender la pobreza por el lado productivo: generar empleo e ingreso, y distribuirlo de otra manera. Él está planteando el crecimiento económico como precondición”.
El economista de la UNAM señala que, a pesar de que la propuesta de López Obrador es la única que prevé aumentar el gasto público y reactivar la economía, no cuenta con una visión de largo plazo, lo que impide que haya una solución estructural del problema. “Por eso hay que entrar en una visión de mediano y largo plazo, de lo contrario no va a funcionar”.
En el caso de Felipe Calderón y Roberto Madrazo, Sánchez Almanza dice que insisten en privatizar las empresas paraestatales estratégicas, como las del sector energético, para obtener ciertos recursos, estimular la inversión privada extranjera y con eso impulsar el crecimiento de la economía. El error es que no colocan al Estado como interventor o regulador, sino que apuestan a las fuerzas del mercado, a seguir privatizando por privatizar.
El investigador añade que en las elecciones del próximo 6 de julio se decidirá “si seguimos apostándole al mercado, privatizando, con una política social compensatoria limitada, o si modificamos el modelo económico, le damos fuerza a la sociedad civil en el proceso y redistribuimos la riqueza de otra manera para atender la pobreza”.
Políticas de corto plazo
Aunque los especialistas observan que la plataforma política en materia de combate a la pobreza de López Obrador es la más viable, aseguran que es insuficiente pues se plantea a corto plazo.
Para Julio Boltvinik, académico del Colegio de México y diputado perredista, el planteamiento de López Obrador “no está lo suficientemente trabajado. Falta percepción de algunos problemas”. El experto en estudios de pobreza advierte que uno de los errores en la propuesta del candidato de la "Alianza por el bien de todos, primero los pobres", es la focalización territorial: “excluye por definición a los pobres que no viven en territorios marginados, como los habitantes de azoteas en la colonia Del Valle, aunque viven en una zona de baja marginación son ultra pobres. Eso es un error”.
Boltvinik añade que el "Proyecto alternativo de nación" plantea atender sólo las zonas de alta y muy alta marginación, “entonces termina teniendo una población más chiquita que la que está atendiendo (Vicente) Fox. Tiene que trabajar mucho para que esté bien elaborada y sea una política de largo alcance y sin este tipo de errores. Pero este problema se arregla con trabajo y lo va a lograr”.
Otro error del programa propuesto por López Obrador es que se plantea como sexenal y depende, por tanto, del acuerdo social. “La ruta de la superación estructural de la pobreza hay que plantearla en el largo plazo porque la competitividad en la globalización se tiene que ver a futuro en 50 años, y los efectos de políticas sexenales son insuficientes. Llegue quien llegue y haga lo que haga, la pobreza no se supera en seis años, la pobreza es un proceso, es un ciclo de vida y es generacional y multifactorial, no se puede resolver en seis años”, dice Sánchez Almanza.
Carlos Bazdresch, académico del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), expone que la propuesta mejor planteada en materia de combate a la pobreza es la de López Obrador, pues se basa en “la erradicación de la injusticia y opresión que actualmente prevalece hacía los más pobres”.
Para el investigador del CIDE la diferencia entre el candidato de la "Alianza por el bien de todos, primero los pobres" y los candidatos del PRI y del PAN es que el primero sí analiza las causas de la pobreza y el monto económico -equivalente a uno por ciento del producto interno bruto- que se debe destinar a su combate.
Adolfo Sánchez Almanza explica que lo que México necesita es cambiar el actual modelo económico, pues “es como un trailer que va atropellando gente y la política social es la ambulancia que los va recogiendo. Si no modificas ese modelo que es concentrador de la riqueza y que excluye a mucha gente, caemos en el absurdo de decir que el modelo económico está bien y lo que nos sobran son 48 millones de mexicanos pobres o la mitad de la población. No, el modelo está mal y el planteamiento debe ser al revés: cómo le hacemos para lograr la inclusión de la mitad de la población en los beneficios del desarrollo, eso implica la modificación de políticas y programas”.
Publicado: Mayo 2a quincena de 2006 | Año 4 | No.56
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