Contralínea  

Nación sin representantes y el senador de Televisa

Álvaro Cepeda Neri
El 60 por ciento de las apuestas y sorteos en México, es controlado por el zar del juego Jorge Hank Rhon, principal beneficiario de un puñado de políticos y empresarios, que completan Ramón Aguirre Velásquez, José María Guardia, Carlos Riva Palacio, Alejandro Soberón y Jorge Buelna, que lucran con las casas de apuestas y sorteos acusadas de ilegales.

 

 


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I.— Las democracias indirectas (por elementales que sean) tienen órganos que, a través de los procesos, se integran con representantes del pueblo o nación. En primer lugar existen los llamados representantes populares, conocidos mundialmente como diputados; en segundo lugar –ya en la democracia federalista– están los representantes de las entidades miembros del Estado Federal, que son los senadores. Éstos y aquéllos integran el Congreso General, donde la divisa, se cumpla o no, es la de que “la democracia es el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”, para normar la conducta política de unos y otros.

II.— Ésta conceptual frase es la certera síntesis del gobierno legislativo, judicial y ejecutivo de la democracia, lograda por el genio político de Abraham Lincoln, que sentenció: “Se puede engañar todo el tiempo a una parte del pueblo y a todo el pueblo una parte del tiempo, pero no se puede engañar todo el tiempo a todo el pueblo”. Y la Constitución mexicana, todavía vigente, con otras palabras, recoge lo que en ese estadista fue teoría y práctica política: “La soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo. Todo poder público dimana del pueblo y se instituye para beneficio de éste. El pueblo tiene, en todo tiempo, el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno” (Art. 39, de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos).

III.— El problema fundamental mexicano, es que nuestra todavía elemental democracia, republicana y federalista, sustentada en un Estado laico, con tolerancia política y religiosa, funcionando a duras penas como garantía de los derechos humanos, durante el priísmo (del alemanismo al zedillismo) se ha transformado en la práctica, en una oligarquía asociada con la plutocracia nativa y transnacional. Oligarquía, porque diputados, gobernadores, presidentes municipales, senadores, jueces y ministros con el presidente de la República en turno han dejado de gobernar en beneficio del pueblo y “gobiernan para su propio interés y acumulan –escribió Edmundo Ions– poderes especiales y privilegios que se niegan al ciudadano corriente”.

IV.— Una oligarquía, pues, en complicidad de mutuos beneficios, con la plutocracia, para gobernar en beneficio de los políticos y de los ricos. Nuestra democracia, con el foxismo, finalmente completó ya ese doble giro. Somos una nación teórica-constitucionalmente, una democracia; pero, en la realidad una modalidad de la autocracia donde unos pocos políticos y unos pocos ricos, son los poderes reales (¡oh, Lassalle!), que a la hora de los grandes intereses creados, se amafian para tomarlos e implantarlos en su beneficio. La manera como, ante la opinión pública, los diputados y senadores, en su apabullante mayoría (¡de los tres partidos: PRI, PAN y PRD!) aprobaron la Ley Televisa para beneficiar al monopolio Televisa-TV-Azteca y su oligopolio radiofónico, muestra y demuestra que la nación se ha quedado sin Congreso General. La nave estatal (¡oh, Bodino!) está a la deriva.

V.— Ya no tenemos representantes ni populares o sea nacionales ni de la Federación o sea de las 32 entidades federales. Y si ya, con el foxismo, el Estado dejó de tener un Poder Ejecutivo, por la ineficacia de su actual titular; y si, además, la Suprema Corte con sus fallos a favor de la oligarquía y plutocracia, dejó de encabezar a un Poder Judicial para impartir justicia democrática, republicana y constitucional, entonces al darle la espalda al pueblo en este trance, somos un Estado en manos de grupos que, como escribió Tocquevielle: “se han hecho indignos de gobernar”.

VI.— Que el dinero, y ya no en moneda mexicana, sino en dólares, sea el lubricante para la toma de decisiones que están perjudicando los intereses nacionales, es más que alarmante. Y que los dueños de esas “treinta monedas” para traicionar al pueblo sean de la plutocracia para de plano corromper a la oligarquía, significa que somos una nación sin representantes y que los procesos electorales son una farsa, porque más tardamos en elegir presidente de la República, diputados, gobernadores, órganos colegiados municipales y senadores, que éstos en ponerse, mayoritariamente, al servicio de la plutocracia con oligarquías salidas del engaño en las urnas.

VII.— La ya nueva Ley de Radio y Televisión, aprobada por mayoría del Congreso General, crea una comisión para estudiar y otorgar las concesiones para esos medios de comunicación, que le tocará a Fox (porque faculta al presidente de la República) nombrar a sus integrantes... “la misma gata, nada más revolcada”. Otra vez los poderes económicos de la plutocracia de Azcárraga y Salinas Pliego con sus socios, quienes constituyen y se mueven como un monopolio de radio y televisión, serán los que, a cambio de apoyos a la oligarquía presidencial en turno, designen a trasmano e interpósita persona a los mismos, aparentando transparencia.

VIII.— Los poderes fácticos: dinero y transas políticas entre la oligarquía que se apoderó de los tres poderes federales, estatales y municipales; y la plutocracia de los millonarios, para un largo plazo, que no es menos de medio siglo, se han impuesto al interés nacional y del pueblo, para seguir controlando los medios de comunicación. El poder político y el poder económico en unas cuantas manos para comprobar aquello de que “el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente”. Tenemos un padrinazgo de mafias que desgobierna al país, en los términos del gran teórico de nuestro tiempo: Mario Puzo, en lugar de Locke, Tocquevielle y Montesquieu.

IX.— La democracia mexicana, constitucionalmente federalista, republicana e imperio de la ley ha dejado de estar medianamente vigente y, en los espacios, ya muy restringidos, de su mínimo funcionamiento, en la prensa escrita y otras voces, hemos podido manifestar nuestro desacuerdo, no obstante que los hechos presagian que “lo que tenemos ante nosotros no es la alborada del estío, sino una noche polar de una dureza y una oscuridad heladas, cualesquiera que sea los grupos que ahora triunfen”, conforme a la anticipada concepción que tuvo Max Weber de crisis políticas, como ahora la nuestra.

X.— Doblan las campanas a duelo, porque la nación, nuestra pobre nación, está sufriendo una nueva embestida antidemocrática desde dentro, en el contexto del Bicentenario del Nacimiento de Juárez, por la invasión moderna de una oligarquía y una plutocracia agazapadas en un nuevo caballo de Troya, para asaltar al Estado Democrático, Republicano, Federal y Constitucional. Éste ha sido duramente conquistado por la continuidad de las generaciones, casi siempre violentamente revolucionario, porque las oligarquías y plutocracias abusan de las vías pacíficas. Queda una última esperanza, antes de que escape de nuestra Caja de Pandora: la del pueblo que tiene, “en todo tiempo, el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno”. Y es que no se puede engañar todo el tiempo a todo el pueblo.

XI.— Con estupor, la nación, a través de quienes están pendientes de las crisis, escándalos, pitorreos y demás escenas del espectáculo de la política “a la mexicana” de sus cada vez más desgobernantes, encaramados en los órganos del Estado, que se reparten las tajadas de los tres poderes (y no sólo federales, sino también municipales y estatales), asistieron a las maniobras que, finalmente, han impuesto la iniciativa de ley que presentaron Azcárraga-Televisa y Salinas Pliego-TV-Azteca, para seguir controlando y abusando, económica y políticamente, de los medios de comunicación masivos a través de sus monopolios de televisión y la radio.

XII.— Fue y es un golpe de Estado, perpetrado por dueños de ambas televisoras, con la anuencia y complicidad de la mayoría de los diputados federales y de la misma cantidad de senadores, para que se aprobara (y la promulgación la hará Fox por medio de Abascal) la Ley de Radio y Televisión a modo y a todo modo de los intereses empresariales de las dos televisoras y sus cadenas de radios. En su novela Todo Modo, Leonardo Sciascia plantea la pavorosa corrupción y mezcla de intereses de banqueros, industriales, clero político y mafias de la política. Es una novela policiaca, porque la política es ya objeto de conocimiento policiaco.

XIII.— Así, en lo que presenciamos, mientras tras bambalinas el senador Emilio Gamboa Patrón movía los hilos, quedó claro que Televisa es un poder por encima del gobierno federal y compite, al tú por tú, con el Estado. Nadie se sorprende si éste, en el corto plazo, pasa a ser propiedad de los Azcárraga y los Salinas Pliego. Y todo porque el Congreso General o Poder Legislativo Federal, con sus 500 diputados y 128 senadores, con excepción de unos cuantos que se cuentan con los dedos de las manos, se dejaron seducir o cedieron a la tentación de “tanto más cuanto”, para convertirse en empleados de las televisoras del Ajusco y de San Ángel.

XIV.— Representantes de la nación y el federalismo, los que aprobaron por mayoría la referida ley, han dejado de serlo. Uno de ellos, senador José Bonilla, descaradamente afirmó que no era servidor público y, con una concesión de radio a su nombre, alegó que por lo tanto podía votar y a favor de Televisa. Otro: Héctor Vicario Castrejón, en plena sesión, gritó a la oposición, encabezada por los SENADORES (así, con mayúsculas, porque con otros pocos defendieron a la nación): Javier Corral, Bartlett, Ojeda Zubieta y Reyes Velázquez): “Si quieren chingadazos, le entramos” (La Jornada: 29/III/06). El país casi vive un interregno: no tenemos gobernantes; los tres poderes han sido coptados por el sector privado.

XV.— Han privatizado los poderes públicos. Los poderes judicial, legislativo y ejecutivo federales se han convertido en una oligarquía al servicio de los empresarios y banqueros que integran la plutocracia nativa. Durante más de un año los intereses del monopolio televisivo y de radio, empujaron una ley cuyos contenidos les favorecen. Lograron que 357 diputados la aprobaran sin chistar. Remitida al Senado, encontró oposición, sustentada en argumentos veraces, que encabeza Javier Corral (senador por Chihuahua); pero Calígula-Televisa, con su senador Emilio Gamboa Patrón, logró que se aprobara en Comisiones la ya bautizada como “Ley Televisa”. Gamboa Patrón, un hábil trepador de la burocracia, tanto de la administración ejecutiva como de la legislativa.

XVI.— Ex secretario particular de Miguel de la Madrid, desde donde supo manipular las riendas presidenciales hasta lograr que Salinas fuera el sucesor, con arreglo a un entramado de intereses cupulares, de la Presidencia de la República de entonces con el PRI de los ochenta y la ya consolidada mafia política (que en los noventa optó por ejecutar a Colosio, para imponer a Zedillo, creyendo que éste era manejable). Tiene una larga cola como currículum, desde 1972, siempre al servicio de Televisa, aunque aparente desempeñarse como servidor público. Gamboa hace honor a su segundo apellido, ya que lo de Patrón es por obedecer, invariablemente, a ese monopolio televisivo.

XVII.— No será extraño que al terminar como senador por Yucatán (senador pluri o sea de regalo por sus méritos en el PRI), llegue a ser alto ejecutivo de Televisa, por sus “heroicos” servicios a la causa monopólica. Éste, con sus socios en la aventura golpista (Sadot Sánchez Carreño, Rubén Paredes Lara, Rodríguez Prats, Zarazúa Rocha, Nordhausen González, Miguel Camarena, Osuna Jaime, Rubio Barthell, López Sánchez y Vicario Castrejón), logró convencerlos mediante quién sabe qué artes y mañas. Fue una votación inducida por el gestor Gamboa Patrón, envalentonado porque un día antes Televisa y TV-Azteca, por medio de López Dóriga y Javier Alatorre, sacaron a relucir el amenazante poder del monopolio para infundir miedo y lanzar amenazas.

XVIII.— Los que en comisiones se opusieron, fueron a la vanguardia siempre: Javier Corral con Martínez Mireles, Wadi Amar, Reyes Velázquez y Castañeda Pérez, del PAN. En la misma línea, del PRD: Ojeda Zubieta y Ríos Álvarez. Y por el PRI: Manuel Bartlett y Gómez Flores. Estos legisladores pusieron los intereses nacionales, de libre competencia, de distribución más democrática de las concesiones, por encima de los intereses particulares y golpistas de la mafia televisiva. Con todo, la complicidad panista y priista, al mando de Gamboa Patrón, lograron avanzar para defender lo que representan Azcárraga y Salinas Pliego.

IXX.— Cuentan que Calígula (ver de Seutonio: Vidas de los Césares), nombró a su caballo preferido senador del imperio romano, en abierto reto y desprecio al Senado. Igual o muy parecido, Televisa tiene a su senador y éste, Emilio Gamboa Patrón, tiene en su haber ser consecuente con los intereses que representa. Individuo millonario (involucrado con Marcela Bodenstedt, quien había sido empleada y modelo en Televisa, la cual triangulaba con José Córdoba, el tenebroso asesor de Salinas, y la mafia del narcotráfico, ha sabido mantenerse en cargos relevantes, siempre al servicio de Televisa.

XX.— El senador de Calígula obedecía con maniobras de las riendas y no pocos latigazos. No así el senador de Televisa, porque Gamboa Patrón, que puede ser acusado de esto y aquello, jamás ha traicionado a los intereses que orgullosamente representa y nunca ha negado “la cruz de su parroquia”. No ha representado a la nación como federación, en cuanto senador. Tampoco en los cargos que ha tenido, no es, pues, el senador de Calígula. Pero sí el senador de Televisa. La diferencia es obvia.

 

 

Publicado: Mayo 2a quincena de 2006 | Año 4 | No.56



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